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AVANZAR - OSÉAS 10:12
Por A. W. Tozer

Traducido por Lasaro Flores
Vida Gracia Soberana


    Hay dos clases de tierra: La tierra barbechada y la tierra que ha sido quebrada por el arado.

    La tierra barbechada es nimiamente compuesta y satisfecha de sí misma, contenta, y protegida del movimiento del arado y la agitación del rastro. Tal campo, al reposar año trás año, viene a ser una marca conocida al cuervo y al gayo azul. Si tuviera inteligencia, pudiera tomar mucha satisfacción en su reputación: Tiene estabilidad; la natualeza la ha adoptado; puede ser dependida en permanecer lo mismo mientras los campos alrededor cambian de cafe a verde y luego para atrás a cafe otra vez. Segura y tranquila se tiende perezosamente al sol, el cuadro de un contentamiento letárgico.

    Pero esta pagando un precio terrible por su tranquilidad: nunca mira el milagro del crecimiemto; nunca siente los movimientos de una vida montura, ni mira las maravillas de la semilla rebosante, ni la belleza del grano madurando. Nunca podrá conocer el fruto porque tiene miedo del arado y del rastrillo.

    En opuesto directo a esto, el campo cultivado se ha rendido a la aventura de vivir. La cerca protegiente se ha abrido para admitir el arado, y el arado ha venido como siempre vienen los arados: practicamente, cruel, negociando y en aprisa. La paz ha sido perturbada por el labrador gritante y el zumbar de la maquinaria. El campo ha sentido los dolores del cambio; ha sido trastornado, revolteada, golpeada y quebrantada.

    Pero sus recompensas vienen duras sobre sus labores. La semilla lanza su milagro de vida hacia a luz del día, curiosa, explorando el mundo nuevo sobre ella. Sobre todo el campo la mano de Dios está obrando en el servicio antigüo y siempre renovadora de la creación. Cosas nuevas son nacidas para crecer y madurar y para consumar la profecía ilustre latente en la semilla cuando entra la tierra. Las maravillas de la naturaleza siguen el arado.

    También hay dos clases de vidas: la barbechada y la arada. Poe ejemplo, de la vida barbechada no tenemos que ír muy lejos. Son todas ellas muy copiosas entre nosotros.

    El hombre de la vida barbechada esta contento con sí mismo y el fruto que antes había producido. Él no quiere ser perturbado. Él se sonríe con una superioridad tolerante de los avivamientos, los ayunos, el examen de sí mismo, y todo el dolor de producir fruto y la angustia de avanzar. El espíritu de la aventura esta muerto dentro de sí. Él es estable, "fiel", siempre en su lugar acostumbrado (como el campo viejo), conservativo, y algo como una marca en la iglesia pequeña. Pero es estéril.

    La maldición de tal vida es que esta fija, ambos en tamaño y contenido. De ser ha tomado el lugar de a ser. Lo peor que se puede decir de tal hombre es que él es lo que él será. Él se ha acercado, y por el mismo hecho ha cercado afuera a Dios y el milagro.

Quebrantados Para Traér Fruto

    La vida arada es la vida que en el hecho del arrepentimiento, ha derribado las cercas protegientes y enviado el arado de confesión al alma. El urgir del Espíritu, la presión de las circunstancias y la pena de una vida infructuosa se han enteramente combinado para humillar el corazón. Tal vida ha puesto de sí la defensa, y ha abandonado la seguridad de la muerte por el riesgo de la vida.

    El discontento, el anhelo, la contrición, y la obediencia animosa a la voluntad de Dios: estos han golpeado y quebrado la tierra hasta que otra vez esta preparada para la semilla. Y como siempre, el fruto sigue el arado. La vida y el crecimiento comienza cuando Dios "venga y os enseñe (llueva) justicia" (Oséas 10:12). Tal individuo puede testificar; "Y fué allí la mano de Jehová sobre mí" (Ezequiel 3:22).

    Correspondiendo a estas dos clases de vida, la historia religiosa nos muestra dos fases de esto, la dinámica y la estática. Los períodos dinámicos eran aquellos tiempos heróicos cuando el pueblo de Dios se animaba a sí mismo para hacer el mandato del Señor y salir sin miedo para llevar Su testimonio al mundo. Ellos cambiaban la seguridad de la inacción por los peligros del progreso inspirado por Dios. Invariablemente el poder de Dios seguía tal acción. El milagro de Dios partía cuando y por dónde Su pueblo salía. Se paraba cuando Su pueblo se paraba.

    Los períodos estáticos eran aquellos tiempos cuando el pueblo de Dios se cansaban de la lucha y buscaban una vida de paz y de seguridad. Ellos se ocupaban a sí mismos tratando de conservar las ganancias hechas en aquellos tiempos más atrevidos cuando el poder de Dios se movía entre ellos.

    La historia Bíblica esta llenos con ejemplos. "Y fuése Abram" (Génesis 12:4) en su aventura grande de fe, y Dios fué con él. Las revelaciones, las teofanías, el regalo de Palestina, los pactos y las promesas de ricas bendiciones de venir eran el resultado. Luego Israel se fué para Egipto, y las maravillas cesaron por cuatro-cientos años. Al fin de ese tiempo Moisés oyó el llamado de Dios y salió para retar al opresor. Un torbellino de poder acompañó ese reto, y muy pronto comenzó Israel a marchar. Mientras ella se atrevía a marchar, Dios enviaba Sus milagros para abrir el camino para ella. Cuando se acostaba como el campo barbechado, quitaba Su bendición y esperaba para que se levantara de nuevo y mandara Su poder.

    Este es un breve, pero justo, bosquejo de la historia de Israel, y tan bien de la Iglesia. Mientras tanto que"ellos, saliendo, predicaron en todas partes," el Señor obraba con ellos, "confirmando la palabra con las señales que se seguían" (Marcos 16:20). Pero cuando se retiraban a los monasterios o jugaban a edificar bellos catedrales, el socorro de Dios era quitado hasta cuando un Lutero o un Wesley se levantaba para retar al infierno ota vez. Luego invariablemente Dios derramada Su poder como antes. 

     En toda denominación, sociedad misionera, iglesia local o cristiano individuo, esta ley opera. Dios obra mientras Su pueblo viva atrevidamente. Él cesa cuando ellos ya no necesitan Su ayuda. Tan pronto que buscamos la protección afuera de Dios, lo hallamos para nuestra propia ruina. Edificaremos una pared de seguridad de dotes, leyes particulares, prestigio, y agencias multiplicadas para nuestros deberes, y un  paralísis lenta se pone de una vez, un paralísis que sólo termina en la muerte.

Los Milagros Siguen El Arado

    El poder de Dios sólo viene cuando es desafiado por el arado. Es sólo soltado en la Iglesia cuando ella está haciendo algo que lo demanda. Por la palabra "haciendo" no quiereo decir la mera actividad. Como lo es la Iglesia tiene plenitud de moverse con energía y prontitud, pero en todas sus actividades es muy cuidadosa en dejar su tierra no sembrada mayormente sin tocar. Es muy cuidadosa en confinar sus energías entre los límites marcados por el temor de seguridad completa. Por eso es que esta sin fruto; está segura, pero barbechada.

    Mire alrededor hoy en día y note en donde los milagros de poder están ocurriendo. Nunca en el seminario donde cada pensamiento es preparado para el alumno, para ser recibido sin pena y de segunda mano; nunca en la institución religiosa donde la tradición y el hábito ya de mucho tiempo ha hecho la fe innecesaria; nunca en la iglesia antigüa donde las tablas memoriales emplastadas sobre los muebles dan un testimonio silencio de una gloria que una vez era. Invariablemente en donde la fe atrevida está luchando encontra fuerzas superiores desesperadas, allí está Dios enviando "ayuda desde el santuario" (Salmo 20:2).

    En la sociedad misionera con la cual ha asociado por muchos años, he notado que el poder de Dios siempre ha estado suspenso sobre nuestras fronteras. Los milagros han acompañado nuestros avances y han cesado cuando y en donde nos hemos permitido en ser satisfechos y hemos cesado de avanzar. Un credo de poder no puede salvar un movimiento de la infertilidad. También tiene que haber la obra de poder.

    Pero yo estoy más concernido con el efecto de esta verdad sobre la iglesia local y el individuo. Mira á esa iglesia donde el fruto abundante era una vez la cosa esperada y regular, pero ahora hay poquito o nada de fruto, y el poder de Dios parece estár en reposo. ¿Qué es la problema? Dios no ha cambiado, ni Su propósito para esa iglesia ha cambiado en la medida más pequeña. No, la iglesia misma es la que ha cambiado.

<>    Una examinación pequeña de sí misma revelará que ella y sus miembros han venido a ser barbechados. Ha vivido por sus afanes anteriores y ahora ha venido a aceptar una manera de vida más fácil. Está contenta en llevar acabo su programa sin trabajo con suficiente dinero para pagar sus deudas y una membresía suficientye grande para asegurar su futuro.

    Sus miembros ahora ponen la vista en ella para la seguridad en vez de guianza en la batalla entre lo bueno y lo malo. Ha venido a ser una escuela en lugar de unas barracas. Sus miembros son estudiantes, y no soldados. Ellos estudian las experiencias de otros en vez de buscar sus propias experiencias.

    La única manera de poder para tal iglesia es de salir de esconderse y una vez más ponerse en la vereda de obediencia rodeada con peligro. Su seguridad es su enemigo más destructiva. La iglesia que teme el arado escribirá su propia epitafio. La iglesia que usa el arado anda en el camino de avivamiento.

El Poder En Acción

    Si habemos de avanzar tenemos que tener poder. Ya que "poder" es una palabra de muchos usos y abusos, déjame explicar lo que quiero decir con ella.

<>    Quiero decir aquella energía efectiva que Dios, en ambos tiempos Bíblicos y post-Bíblicos, ha soltado en la Iglesia y en las circunstancias que la rodean, que la hizo fructífera en el labor e invincible delante de sus enemigos. ¿Milagros? Sí. ¿Repuestas a la oración? ¿La providencia especial? Todas estas cosas - y más.

    Es sumado en las palabras del Evangelio de Marcos: "Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que seguían" (Marcos 16:20). Todo el libro de los Hechos y los capítulos más nobles de la historia eclesiastíca desde los tiempos del Nuevo Testamento son sino una extensión de ese versículo.

    Por el poder quiero decir aquella inspiración divina que mueve el corazón y persuade el oidor a arrepentirse y creer en Cristo. No es elocuencia. No es lógico. No es un argumento. No es ninguna de estas cosas, aunque una o todas pueden acompañarlo.

    Es más penetrante que el pensamiento, más desconcertante que la consciencia, más convencedora que el razonamiento. Es una maravilla súbtil que sigue la predicación ungida, una operación misteriosa de espíritu sobre el espíritu.

    Tales palabras como aquellas en el segundo capítulo de Hebreos están como una reprensión á los cristianos íncredulos de nuestro día: "Testificando juntamente con ellos Dios, con señales y milagros, y diversas maravillas, y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad" (Hebreos 2:4).

No Impedido Por Prejuicios Doctrinales

    Un observador disinteresado, leyendo sin el impedimiento del prejuicio doctrinal, seguramente agarrará de las Escrituras que Dios desea de avanzar Su obra entre los hombres por los derramamientos frecuentes del Espíritu sobre Su pueblo, como ellos lo necesitan, y están preparados para recibirlos.

    Hacemos esta declaración con el conocimiento pleno que será desafiado ardientemente por algunos maestros. "No es Bíblico", diran ellos, "de orar por, o esperar, un derramamiento del Espíritu hoy en día. El Espíritu ha sido derramado una vez para siempre en Pentecostés y no ha dejado la Iglesia desde aquel tiempo. En orar ahora por el Espíritu es en ignorar el hecho histórico de Pentecostés."

    Esa es el argumento usado para desanimar la expectación, y ha sido exitoso en desalentar el fervor de muchas congregaciones, y silenciar sus oraciones. Hay un lógico especioso acercas de esta objección, aún un aire de ortodoxia superior; pero por todo eso, es contrario a la Palabra de Dios y afuera de harmonía con las operaciones de Dios en la historia eclesiastíca.

Llenado Con El Espíritu - Y Llenado Otra Vez

    La Biblia no fomenta esta doctrina resfriante de esta bendición de una vez para siempre. Al contrario, ella nos anima en esperar "aguas sobre el secadal, y ríos sobre la tierra árida...y...bendición" (Isaías 44:3). El Espíritu tiene que llenar, no sólo aquella "compañía...como de ciento y veinte en número" (Hechos 1:15), pero también a otros, o las bendiciones de esa experiencia cesarán con la muerte del último mienbro de esa banda original.

    Todo esto parece ser bastante razonable, pero tenemos una palabra más segura de la Escritura: algún tiempo después de Pentecostés una compañia de creyentes se juntaron para orar por fortaleza y poder para encontrar la emergencia que los enfrentaba, y para alistar el socorro de Dios de parte de ellos.

    "Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza" (Hechos 4:31).

    Algunos de estos erán del número original llenados en Pentecostés. Es apenas concebible que Dios actuó contrario a Su propia voluntad en llenarlos otra vez después de Pentecostés. Todavía otros derramamientos están registrados en Hechos 8, 10, y 19. Todos estos ocurrieron algunis años después del hecho original.

La Dispensación Del Santo Espíritu

<>    En breve, la enseñanza del Nuevo Testamento es que el derramamiento en Pentecostés era el comienzo histórico de una era que había de ser caracterizada por un derramamiento continuo del Espíritu Santo. Por medio del profeta Joél, Dios había prometido que Él, en los últimos días, derramararía Su Espíritu sobre toda carne. Que la promesa de Dios del poder derramado era intentado para la Iglesia por todo el tiempo de su guerra terrenal nos es confirmado por la experiencia registrada de 1900 años.
   
    Movimientos poderosos llamados "reformación", ímpetus de actividad misionera, rebosarmientos repentinas de la llama de avivamiento sobre las comunidades y las naciones - ha sido la seña del fuego para indicar las partidas de Dios. En estos días en los cuales vivimos hay evidencias que Dios todavía está derramando Su Espíritu sobre los hombres. Estas obras poderosas sólo pueden ser explicadas como nuevo capítulos en el libro no terminado de Dios - los Hechos del Espíritu Santo.

    Si Dios ahora quiere derramar Su Espíritu sobre nosotros, ¿por qué es que más cristianos y más iglesias no reciben una experiencia de poder como aquella de la Iglesia primitiva? Que algunos lo han recibido lo es admitido gozasamente, pero ¿por qué es el número tan poquitos? Cuando la provisión es tan ancha y la promesa tan segura, ¿qué es lo que nos estorba?

    Un obstaculo a la recepción de poder es un temor de extensión ancha de nuestras emociones a cualquier tiempo que tocan la vida religiosa. Esto se ha tan extendido que ha llegado a ser una fobia con muchas gentes serias. Hombres que deben saber mejor se arrodillarán por una hora al lado de un buscador, todo el tiempo avisandole encontra sus emociones como encontra del diablo mismo.

    Maestros de la Biblia declaman encontra los sentimientos hasta que nos avergozamos en admitir que hemos entretenido algo tan depravado. El sentimiento y la fe son tan opuestos uno al otro en la enseñanza moderna, y el oidor es dado de entender que cualquier exhibición de emoción es indecoroso, si no carnal, y ha de ser evitado a cualquier costo.

    Este anti-emocionalismo, aunque apadrinado por alguna buena gente y camina en compañia muy ortodoxo, es sin imbargo, una inferencia incierta, y no una doctrina de las Escrituras.

    ¿Dónde en la Biblia se dice que el sentimiento y la fe están desunidos? La verdad es que la fe engendra el sentimiento como tan cierto que la vida engendra la moción. Podemos tener el sentimiento sin fe, es cierto, pero nunca podemos tener fe sin el sentimiento. La fe como una luz fría inemocional es totalmente desconocida en las Escrituras.

    La fe de aquellos héroes de la Biblia listada en el Libro de los Hebreos invariablemente despertaba la emoción y los llevaba a una acción positiva en la dirección de su fe. Una declaración, una promesa, un aviso siempre producía una excitación de sentimiento correspondiente en el corazón del creyente.

    Noé "con temor aparejó" (Hebreos 11:7), Abraham "se gozó" (Juan 8:56) y "obedeció" (Hebreos 11:8). El Libro de los Hechos es casi alegre con el gozo. Quizas el mejor sumario de todo el asunto es hecho por Pablo cuando escribiendo a los Romanos, "Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo" (Romanos 14:17). Y Pedro dice, "Creyendo,...os alegráis con gozo inefable y glorificado" (1 Pedro 1:8).

Excesos Carnales

    Otro impedimento es el temor del fanaticismo. La revulsión instinctiva de los excesos carnales y la conducta necia y indisciplinada de la parte de algunos quienes profesan altos alcances espirituales han cerrado la puerta a una vida de poder para muchos de los hijos verdaderos de Dios.

    Tales victimas tienen que ser enseñados que el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús, y es tan gracioso y bello como el Salvador mismo. Las palabras de Pablo tienen que ser guardados en el pensar: "Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza" (2 Timmoteo 1:7). El Espíritu Santo es el remedio para el fanaticismo, y no la causa de ello.

    Otra cosa que mucho estorba el pueblo de Dios es una dureza de corazón causado por oír a hombres, sin el Espíritu Santo, constantemente predicando acercas del Espíritu. No hay una doctrina tan resfriada como la doctrina del Espíritu cuando sostenida en una pasividad fría y en una incredulidad personal. ¡Los oidores se retiran en una apatía embotada de la exhortación de ser llenos con el Espíritu si el Espíritu mismo no está dando la exhortación por medio del predicador!

    Los oidores sienten la falta y se van con corazones adormecidos. Lo de ellos no es una oposición á la verdad, sino una reacción inconsciente de lo que no es realidad.

    Luego mencionaré otra cosa que claramente estorba los creyentes de conocer el poder del Espíritu Santo: Es el hábito de instruír a los buscadores en "recibirlo por fe" cuando vienen a ser concernidos acercas de la falta de ellos del poder del Espíritu.

    Es una verdad escrita por todo el Nuevo Testamento que los beneficios de la expiación han de ser recibidas por fe. Esto es básico en la teología del rescate, y cualquier abandono de ello será fatal a la verdadera experiencia cristiana. Pablo enfáticamente enseña que el Espíritu es recibido mediante la fe, y reprende a cualquiera que enseñe de otra manera. Así que parece, en la superficie de ello, en ser un proceder sano en instruír a un buscador de "recibirlo por fe". Pero hay algo mal en alguna parte.

    Uno es forzado en maravillar si las palabras "por fe" quieren decir la misma cosa cuando usado por los maestros modernos que como cuando usado por Pablo.

<>    Un contraste distinto es observable entre cristianos llenos del Espíritu en el tiempo de Pablo y muchos quienes reclaman de ser llenos con el Espíritu hoy en día. De seguro, los conversos de Pablo recibían el Espíritu por la fe, pero ¡ellos actualmente lo recibían! Miles ahora pasan por la moción de recibirlo por le fe, pero muestran por su debilidad continua que no lo conocen en un poder real!

Fe - Viva Y Flamante

    La problema parece ser con nuestra concepción de fe. La fe, como Pablo la veía, era una cosa viva y flamante, llevando al rendimiento, y obediencia a los mandamientos de Cristo. La fe en nuestro día frecuentemente quiere decir no más que un asentimiento mental a una doctrina.

    Muchas personas, convencidos de su falta de poder, pero no queriendo de pasar por una lucha dolorosa de muerte a la vida vieja, voltean con alivio a esta doctrina de "recibirlo por fe" como una salida de su dificultad. Así no se avergüenzan - y los permite marchar juntos con el verdadero Israel.

    Pero son ellos quienes constituyen la "diversa suerte de gentes" (Éxodo 12:38; cp. Nehemías 13:3) que detienen el progreso de la Iglesia y causan la mayor parte de las problemas cuando las cosas se aprietan. Y a menos que lo vean diferentemente y deciden de ír por el camino difícil, están destinados para gastar el resto de sus vidas impotentes en una frustración secreta.

    Que sea recordado que nadie jamás ha recibido el poder del Espíritu Santo sin saberlo. Él siempre se anuncia a sí mismo al conocimiento interior. Dios derramará Su Espíritu sobre nosotros en respuesta a la fe simple, pero la fe verdadera será acompañada con una pobreza profunda de espíritu y anhelos poderosos del corazón, y se expresará "con gran clamor y lágrimas" (Hebreos 5:7).


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"HERALD OF HIS COMING" July 1997 Vol. 56 No. 7 (667) International Edition

Tomado de Paths To Power by A.W. Tozer. Copyright by Christian Publications, Inc. 1-800-233-4443. Usado con permiso.