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SER
AVIVADO O NO SER AVIVADO
“Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios
que tiene
misericordia” (Romanos
9:16).
Para muchos la enseñanza de la Soberanía de
Dios es
una doctrina desabrida porque va contra todo lo que el hombre soberbio
cree,
incluyendo muchos que profesan ser cristianos, a lo que tienen derecho.
En
hecho, muchos creen que Dios no tiene ningún derecho de
imponerse á sí mismo
sobre cualquiera sólo que lo permitan; y del otro lado, ellos
demandan que Dios
éste allí para ellos a cualquier tiempo que ellos sienten
que Él tiene que
hacer por ellos. Quizás pensarás que esto es muy extremo
en lo que digo, pero
la idea es que el hombre en su pecado tiene un espíritu de
soberbia que insiste
que Dios no puede, y no debe, de ser Soberano sobre sus asuntos;
¡no importa lo
que sean! No obstante, ellos también insisten, que Dios tiene
que ser obligado
a ellos a cualquier tiempo que le invocan por algo. Sólo que
hemos aprendido de
Jesús en ser mansos y humilde de corazón, éste
espíritu de soberbia será
evidente en todos nosotros.
Por supuesto, la soberbia es un pecado muy peligroso;
porque no solo se opone á la Soberanía de Dios, pero es
también diabólico
(Santiago 3:15). La soberbia efectuará la caída y la
destrucción del alma
(Proverbios 16:18; cp. 1 Timoteo 3:6); y por supuesto, la
separación de Dios
porque es imposible que la soberbia exista en Su presencia. Así
que es para
nuestro eterno bien que esta raíz malvada sea arrancada de
nuestros corazones;
de otro modo, nunca podemos de humillarnos delante de Dios para recibir
gracia
de Él. La Gracia de Dios es la única esperanza que
tenemos si hemos de
experienciar, no sólo la Salvación, pero también
el Avivamiento y el
Despertamiento Espiritual. Puede estar seguro de una cosa, que mientras
la
Soberbia reine sobre el corazón nunca habrá Avivamiento,
a pesar de todos
nuestros esfuerzos y planes.
Si ha de notar que nuestro texto tiene que ver con la
Soberanía de Dios en la Elección; y esto es visto en que
Él escogió a Isaac
sobre Ismael y Jacob sobre Esaú para que Su propósito en
la Elección fuera
cumplido en las vidas de estos individuos (Romanos 9:6-13). La verdad
humillante de esto es como es expresado en nuestro texto: “Así
que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia” (v.16).
Así que si no somos humillados por la verdad que cualquier bien
que recibamos
de Dios no depende de nosotros porque somos determinados para
obtenerlo, o
porque vamos detrás de ello lo más rápido que
podemos, sino que simplemente le
agrada a Dios de hacerlo, entonces cualquier cosa que hacemos para ese
“bien”
será resistido por Dios; y ¡eso incluye el Avivamiento! “Mas él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste
á los soberbios, y
da gracia á los humildes” (Santiago 4:6).
Por lo tanto, amado pueblo de Dios, ya que la
Soberanía de Dios es enlazado á Su Gracia Libre, y la
Gracia á nuestra
humillación, podemos ver la necesidad de que si hemos de
experienciar
Avivamiento, ¡necesitamos en ser HUMILLADOS! Por supuesto,
tenemos que tener en
cuenta que no es nuestra humillación
que causa al “Dios de toda gracia” (1
Pedro 5:10) a mandar a las nubes que lluevan otra vez con las lluvias
de
bendición; porque “no es del que quiere,
ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”; no
obstante, es
declarado por el Altísimo Jehová, quien es “el
Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo:
Yo
habito en la altura y la santidad, y con
el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el
espíritu de los
humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías
57:15). No podemos de escaparnos de esta verdad marchitadora de la
soberbia: ¡¡¡EL
AVIVAMIENTO DEPENDE SOBRE LA GRACIA LIBRE Y SOBERANA DE DIOS Y NUESTRA
HUMILLACIÓN!!!
Tenemos que entender que Dios no esta obligado de
enviarnos Avivamiento simplemente porque sentamos una fecha en
particular para
las Juntas de Avivamiento, (como es acostumbrado por muchos hoy en
día), o por
causa de una predicador en particular que viene como Avivador, o por
cualquier
cosa que hacemos; porque “no es del que
quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”. Sin
embargo, si hay algunas cosas que tenemos que hacer que son
consistentes con la
Soberanía de Dios. En 2 Crónicas 7 vemos la
conexión entre ambos. “Y apareció
Jehová á Salomón de noche, y
díjole: Yo he oído tu oración, y he
elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos,
que no haya lluvia, y si mandare á
la langosta que consuma la tierra, ó si
enviare pestilencia á mi pueblo; Si
se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y
oraren, y
buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces
yo oiré desde los cielos, y perdonaré
sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora
estarán
abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, á la
oración en este lugar: Pues que
ahora he elegido y santificado esta casa,
para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi
corazón estarán
ahí para siempre” (vv.12.16).
Pero, ¿que quiere decir en ser “humilde”? Ello
quiere
decir en doblar la rodilla; de esto,
de humillar, o deprimir. En otras
palabras, quiere decir en no ser tan alto o
poderoso; o de ser tan orgullosos de nosotros mismos. Es en tener la
actitud de
Jacob cuando oró y dijo; “Menor soy que
todas las misericordias,
y que toda la verdad que has usado para con tu siervo”
(Génesis 32:10); o
es como el publicano, “Mas el publicano
estando lejos no quería ni aun alzar los
ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí picador”
(Lucas 18:13). Entonces, ¡esto
es lo que quiere decir de ser humilde! Es de confesarnos de ser tan
indignos y
de caer sobre nuestro rostro al pie del Trono de la Gracia,
¡rogando lo menos
de las misericordias de Dios y Su Gracia Libre! Cuando esto es verdad
de mí y
de ti (perdona la gramática), entonces estamos preparados para
el Avivamiento;
porque esta es la promesa de Dios en Isaías 57:15. En hecho,
podemos ilustrar
esto en refiriéndonos al leproso que vino al Señor
Jesús para la sanidad de su
lepra: “Y un leproso vino á él, rogándole;
é hincada la rodilla, le dice: Si
quieres, puedes limpiarme” (Marcos 1:40); “He aquí un hombre
lleno de
lepra, el cual viendo á Jesús,
postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Lucas 5:12).
Quizás alguien dirá que esto no tiene nada
que ver con
el Avivamiento; pero, ¿qué es el Avivamiento si no de
Revivir, Renovar,
Restaurar y Reformar al cristiano reincidente quien ha sido infectado
con la
lepra del pecado? En hecho, tal como la lepra tiene un poder sobre el
leproso
que no puede hacer nada acercas de ello, igualmente el pecado sobre el
cristiano reincidente. Pero note que el leproso “humillado” se
lanzó a sí mismo
sobre la Soberanía del Señor en “rogándole,…
Señor, si quieres”. “Así que no es
del que quiere, ni del que
corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos
9:16). Así que, puedes ver
que era una “fe humilde” que trajo la sanidad al leproso; de la misma
manera,
podemos declarar aseguradamente, que es una “fe humilde” que
traerá el
Avivamiento al pueblo de Dios, pero todavía no es porque lo
“queremos” o
“corremos” detrás de él, sino ¡porque le agrada a
nuestro Dios Soberano en
tener “misericordia”! Esto es hecho claro por las Escrituras en
referencia al
Avivamiento y el Despertamiento Espiritual.
Pero, ¿cómo podemos saber que somos
verdaderamente
humillados? Bueno, podemos regresar a 2 Crónicas 7 y ver que es
la prueba que
hemos sido humillados. Ahora, hay mucho que podemos aprender de este
pasaje,
pero vamos a limitarnos a aquello que tiene que ver con el Avivamiento.
Como
probablemente saben que este es uno de los pasajes favoritos que muchos
usan
para predicar Avivamiento, y pueden notar que comienza con “humillarnos
nosotros mismos”. Note que Jehová mismo declara, “Si
se humillare mi pueblo, sobre los cuales mi nombre es invocado…” (v.14).
Podemos ver que se está dirigiendo a cristianos reincidentes;
porque, ¿quiénes son
Su pueblo sino sobre los cuales Su Nombre es invocado? Por supuesto,
son
reincidentes por que lo que sigue demuestra que están viviendo
en pecado. Pero
el Señor nos dice que si hemos de recibir “sanidad”, entonces
tiene que
comenzar con “humillarnos nosotros mismos”. De otra manera, ¡lo
siguiente no será verdad! Así que,
¿qué es la
prueba de ser “humillado”?
Primeramente,
en “humillarnos nosotros mismos” esta conectado con la
“oración”. La soberbia
impide la oración verdadera; así que, ¿por
qué necesita el reincidente orar por
el Avivamiento si él lo puede efectuar por su propia voluntad o
esfuerzos? En
un sentido, ¡¡¡él de todo no necesita la
misericordia de Dios!!! Pero la
oración verdadera sólo puede ser verdad para uno que, no
sólo ve su inhabilidad
total para suplir su falta, pero ¡que SÓLO HAY UNO quien
lo puede hacer! La
oración verdadera sólo puede venir de uno quien puede
decir, “¿A quién tengo yo en los cielos? Y
fuera de
ti nada deseo en la tierra” (Salmo 73:25). Por supuesto, la
oración verdadera
no es meramente la repetición de palabras, sino es una que es
producido por el “espíritu de gracia y de
oración”
(Zacarías 12:10), en el cual “el Espíritu
ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene,
no lo sabemos;
sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos
indecibles. Mas el que
escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del
Espíritu, porque conforme
á la voluntad de Dios, demanda por los santos” (Romanos
8:26,27). Éste,
amados, es la oración verdadera, y ¡solo puede ser verdad
para uno quien ha
sido humillado!
Pero, secundariamente,
el reincidente quien ha sido “humillado” y
quien verdaderamente “ora”, no solo viene
con un “espíritu humillado y contrito”, pero también con
una urgencia para ver
la faz de Dios. El reincidente verdaderamente arrepentido no
simplemente esta
contento con orar, como tan necesario que es, pero quiere ver la faz de
Dios;
así como ora David: “Mi corazón ha dicho
de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro
buscaré, oh Jehová. No
escondas tu rostro de mí” (Salmo 27:8,9); o quizás
como Jehová mismo dice
en Óseas 5:15, “Andaré, y tornaré
á mi
lugar hasta que conozcan su pecado, y
busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi”.
Como sea, uno quien
ha sido “humillado” deseará de ver el rostro de Dios, porque
allí conocerá que
él ha sido hecho “acepto en el amado” (Efesios
1:6); de otra manera, lo que Jehová le dijo a Moisés
será verdad de él: “No podrás ver mi
rostro: porque no me verá
hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20). Pero esto no puede
ser verdad para el
reincidente arrepentido y verdaderamente humillado quien puede ver la
gracia
gloriosa de Dios “en la faz de
Jesucristo” (2 Corintios 4:6), que resplandecerá en el
corazón en ver Su
Amor, el Perdón, la Compasión, la Misericordia y la
Bondad en Su Hijo amado al
buscar Su rostro.
Luego, en el tercer
lugar, uno que ha sido verdaderamente “humillado” dará prueba de
esto en
convertirse “de sus malos caminos” (2
Crónicas 7:14). Es dicho que “de sus
caminos será harto el apartado de razón” (Proverbios
14:14); y, ¿qué es
esto sino la soberbia? Sabes que para uno de continuar en “sus
malos caminos” es decirle a Dios, “¿Qué crees que
eres en
decirme qué haga, o lo que no haga? Yo tengo todo derecho para
vivir como
quiero, y nadie tiene el derecho en decirme de otra manera “.
Quizás dirás,
“¿No nos dio Dios un libre albedrío para escoger como yo
quiera?” Bueno, de
seguro que harás tus decisiones “libremente”, pero todavía
eres responsable a Dios por las decisiones que haces,
porque ¡Él todavía es SOBERANO sobre ti! Pero
cualquier camino que llevas que
no es el camino de Dios es un “malo
camino”; y es tú corazón soberbio
que lo hace. Por lo tanto, si no te conviertes “de tus
malos caminos”, entonces lo que sigue no es verdad para ti;
por lo que ya hemos notado, “Dios
resiste a los soberbios”.
Pero ahora, notaremos la Soberanía de Dios con
respecto a lo que hemos dicho: Primero, es declarado lo que tenemos que
hacer
si queremos Avivamiento: “Si se humillare
mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren
mi
rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces…”
(aquí vemos la Soberanía de Dios; porque sólo
entonces), “oiré desde los cielos, y
perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.
En otras palabras, amados, lo que nuestro Dios Soberano nos está
diciendo es
que si esperamos que Él nos oiga “desde
los cielos, y (perdone nuestros) pecados, y (sane nuestra) tierra”,
lo cual
es Revivir, Renovar, Restaurar y Reformar a Su pueblo con un
Avivamiento
Verdadero, “entonces” nos dice que Él
tiene todo derecho de mandar que sean los requisitos para que Él
nos envíe
Avivamiento. “Entonces” también nos
dice que si no queremos someternos a Sus requisitos, entonces Él
no enviará Avivamiento, no importa qué
planes o fechas sentamos para Avivamiento. Pero otra vez déjame
enfatizar, que
esto principia con humillándonos; y esto comienza con reconocer
la Soberanía de
Dios en todo esto. Romanos 9:16 todavía es verdad aquí;
porque “no es del que quiere, ni del que corre,
sino de Dios que tiene misericordia”.
Ahora, ¿dónde se pueden encontrar el
humillarnos
nosotros mismos y la Soberanía de Dios y ser reconciliados? Hay
sólo un lugar;
y eso en el Trono de Gracia. Allí, se nos dice, podemos llegar “confiadamente”, no solo “para alcanzar
misericordia”, pero también
para “hallar gracia para el oportuno
socorro” (Hebreos 4:16). Al venir lanzándonos al pie del
Trono de Gracia,
(donde la Soberbia no tiene lugar), el que es “amador de
misericordia” (Miqueas 7:18), nos mostrará misericordia,
aunque no somos dignos de las
pequeñas de ellas, sino porque le agrada a Él de hacerlo.
Sí, podemos decir
aseguradamente con Daniel: “De Jehová
nuestro Dios es el tener misericordia,
y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (9:9).
Pero también,
podemos “hallar gracia para el oportuno
socorro”; porque, ¿cómo podemos orar, buscar Su
rostro, y convertirnos de
nuestros malos caminos, si no es de las riquezas de Su gracia? Otra
vez, somos
asegurados que Él “da gracia á los
humildes”; y amados, somos prometidos que de la plenitud de nuestro
Señor
Jesús podemos recibir “gracia sobre
gracia” (Juan 1:16) en que es SOLO en Su Nombre y Méritos
que lo podemos
hacer; y en que esto verdad para cada uno de nosotros, entonces podemos
humilladamente someternos a esa Palabra que dice: ““Así
que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia” (Romanos 9:16). Amén.