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AVIVAMIENTO & AVIVAMIENTISMO:
Un Artículo de Revista
Por Terry Chrisope
Traducido por Lasaro Flores

    Revival and Revivalism: The Making and Marring of American Evangelicalism, 1750-1858.
by Iain H. Murray, Banner of Truth Trust, 1994. xxii + 455 pp. $27.95

    Éste es un libro que por viente años ha esperado. Es un tratamiento de un tiempo decisivo en la historia religiosa americana por uno quien es enteramente familiar con la literatura de avivamiento y quién poseé una posición teológica y un ingenio crítica propiamente para evaluár los eventos que relatan. Como un resultado, los asuntos levantados por el tratamiento de Iain Murray son nada menos que momentósos para los Bautistas del Sur como tan bien para el evangelicolismo a lo general.

    El argumento esencial de Murray es empaquetado en su título y subtítulo. Él contiende que sí hay una diferencia entre el avivamiento y el avivamientismo, una diferencia que se ha perdido a ambos al evangelicoísmo americano y a los historiadores académicos. El avivamiento genuíno es el resultado de la actividad del Espíritu de Dios en las vidas humanas y en la historia humana, y no está bajo el control humano. El avivamientísmo, en contraste, es la manifestación de la organización, la energía, y el activismo humano y puede existir donde el Espíritu de Dios no es activo en alguna manera extraordinaria. Murray arguye que el embotar de ésta distinción había sido cumplido durante y después del Segúndo Gran Despertamiento en América en al primer medio del siglo 19, y era efectuádo bajo la influencia del metodísmo americano y del evangelista presbiteriano Carlos G. Finney. Es la salida resultante del avivamientismo que constituye para Murray el embotar del evangelicoísmo americano.

    Murray sienta la escena para estos desarrollos en examinar primero lo que él considera avivamientos genuínos que ocurrieron durante la parte posterior y las consecuencias del Despertamiento Grande, primariamente durante el segundo medio del siglo 18, especialmente entre los presbiteranios y los bautistas. Él hace observaciones pertinentes acercas de la naturaleza y las características de éstos avivamientos, incluyendo la orientación teológica calvinista de sus líderes y la falta de cualquier medios especiales para promover el avivamineto.

    Los capítulos intermedios del libro trata del Segundo Gran Despertamiento, el cuál ocupaba el cuarto primero del siglo 19. Aquí Murray toma nota de la influencia fuerte metodísta sobre la teología y la practica de avivamiento, una influencia que animó la organización de juntas del vulgo, el registrar de los números de conversiones, y el uso del "llamado del altar" o la invitación de pasar al frente. Por varias razones estas innovaciones fueron aceptadas extensamente, y es en estos desarrollos que Murray piensa que el avivamientismo fue nacido como los medios ingeniados por humanos para producir resultos intentadamente espirituales.

    El tercer final del libro describe la popularización del avivamientismo en el cristianismo americano. Una teología y practica similares a los del metodísmo había de florecer en el este bajo el ímpetu prevenido por Carlos G. Finney quién, aunque no originó estos métodos, vinieron a ser instrumentales en popularizárlos y esparramárlos. El apuntalamiento teológico de los medios de Finney era la apropiación de la habilidad completa humana para responder a las demandas del evangelio y la falta correspondiente en utilizar todos los medios disponibles para promover lo que era llamado "avivamiento". La división entre los cristianos ocurrió cuando los adherentes de la teología familiar de avivamiento como una obra soberana de Dios levantaron preguntas acercas de, y objecciones a, las "nuevas medidas" de Finney y la teología que las reforzaba. Aquellos quienes levantaban tales preguntas muy prontos eran castigados como siendo "encontra-avivamiento" y opuestos al evangelismo, aunque patentemente esto no era el caso. Parecía a muchos que una nueva epoca en el evangelismo e avivamiento estaba siendo nacida, y la reclamación parecía en ser soportada por los números de nuevos conversos producidos. El uso de medios prescribidos de juntas prolongadas, rogaciones emocionales, y llamadas al altar eran suponidas de producir sin fallar el deseado avivamiento, y si no lo hacía era debido a la falta humana en vez a algún propósito contraria en la voluntad divina. Estos nuevos medios barrió a los bautistas y virtualmente a todos los demás protestantes delante de ellos, y vino a ser el entendimiento aceptado de avivamiento al fin del siglo. Cualquier recuerdo del concepto antepasado era casi todo perdido.

    El estudio de Murray es persuasivo y poderos con sosiego. El argumento suyo levanta fuerzas al avanzar por el libro. Una revista breve apenas le puede hacer justicia. Pero algunos de los asuntos que Murray levanta son dignos de notarlos aquí y debe de provocar una discusión seria, especialmente entre los bautistas del sur, quienes, generalmente hablando, han asimilado e institucionalizado los métodos abogados por Finney y sus seguidores.

    El primero, y quizas el asunto más fundamental de ser levantado por éste libro es aquella de la teología de la conversión. Aproximadamente antes de 1830 un concepto calvinista de la inhabilidad humana y la necesidad de la operación de la divina gracia prevalecía entre los protestantes americanos, excepto entre los metodistas. Un entendimiento correspondiente de avivamiento como un derramamiento soberano del poder divino acompañaba éste perspectivo. Después de 1830 la teología metodista de conversión (conocido como el arminianismo o semí-pelagianismo) gradualmente pero extensamente, vino a ser aceptada. Este punto de vista ve la conversión como dependiendo en el responder del albedrío humana autónoma en vez de ser el resultado de la obra especial del Espíritu Santo. Esta teología era asociada con la nueva perspectiva de avivamientos, una que los miraba como el producto de los medios humanos usados para promoverlos. Éste entendimiento revisado de conversión y el avivamiento tenía ningún otro proponente energético que Carlos G. Finney, cuyos puntos de vistas vinieron a prevalecer entre los protestantes evangélicos americanos.

    La pregunta la cual éste asunto presenta a los bautistas del sur es ésta: ¿Puede la teología reformada de la conversión hallada en tales documentos como la Confesión Bautista de 1689 (adoptada extensamente entre los bautistas americanos, incluyendo los del sur) y enseñada por tales teólogos como Juan L. Dagg y Santiago P. Boyce ser cuadrada con la teología reforzando el avivamientismo de Finney? Si no, ¿entonces se puede la teología calvinista de nuestra herencia ser mostrada en ser no-Bíblica e errónea? Si se puede, entonces, el mover a la nueva teología es justificada. Pero si no se puede, entonces la empresa entera del avivamientísmo y su teología reforzante es traída a la duda. A lo menos, el asunto necesita en ser arengada seriamente por bautistas del sur pensativos. Si los fundadores de la convención y sus institutos han de ser repudiados junto con la soteriología reformada de ellos, entonces que sea hecha con plena cautela de la herencia que están rechazando. Pero si las confesiones bautistas más antigüadas y los fundadores de nuestra convención son hallados en abrazar una teología más fiel al testimonio Bíblico, entonces la nueva teología y su entendimiento del avivamiento tiene que, en debido orden, ha de ser corregida y un regreso a la posición más Bíblica ser preseguida.

    Un asunto secundario que se presenta a sí mismo es la de la condición general del cristianísmo contemporeáno. Los oponentes del avivamientísmo profetizaron consecuencias horrendas para las iglesias si éste nuevo modo de operación prevaleciera. En hecho, si parece que estamos viendo el cumplimiento de sus profecías. Muchas preguntas le ocurren al observador pensativo: ¿Por qué hay tal condición tan baja espiritual entre las iglesias evangélicas de esta tierra? ¿Por qué es que un gran porcentaje de los "conversos" producidos por los métodos modernos evangelísticos parecen recaér y contar por nada sino solo estadíticas en reportes organizacionales? ¿Por qué es que la mayoría de los miembros en muchas de las iglesias bautistas del sur son miembros no-activos o no-residentes?

   ¿Podrá ser que las respuestas a éstas preguntas es que durante éstos 75 años pasados nuestras iglesias empezaron a ocuparse de un evangelismo defectuoso que no se focaba en la gracia divina sino en una habilidad humana presumida para efectar la regeneración de uno mismo? ¿Podrá ser que debido a éstos medios defectuosos, muchos de los que se suponen ser conversos, realmente no son conversos de verdad? ¿Podrá ser que ésto es por qué muchos "conversos" se desesparecen cuando cese el estímulo del momento? ¿Podrá ser que muchos de éstas almas "medio-conversos" (leer "irregenerados") llenan nuestras iglesias y allí manifiestan su mortandad espiritual?

    Llevando el asunto más adelante: ¿Por qué no a habído ningún avivamiento general en los estados unidos desde aquél de 1857-58 (del cuál Murray trata al fin del libro)?¿Podrá ser que los métodos y la teología centrado en el hombre que fueron intentados para promover el avivamiento han tenido el efecto opuesto, y en hecho, han servido para impedir el avivameinto genuíno? Y, tenemos que preguntar, ¿cómo podían los oponentes de los métodos de Finney exactamente predecir en los 1830s y los 1840s la devastación espiritual que ocurriría como el resultado de los nuevos medios? Como Murray lo apunta, generaciones subsecuentes no comprendieron latamente de por qué éstos hombres levantaban dudas acercas del avivamientísmo. "Por qué Archiblad Alexander creía que el aceptar de 'la nueva religión' quería decir que la gloria se había apartado; por qué Nettleton pensaba que la aceptación sería 'la ruina a la causa de avivamientos'; por qué Juan W. Nevin sostenía que si la ortodoxia antigüa perdía la lucha, el fallecimeinto formaría la 'historia y el complexo entero' de las iglesias en tiempos venideros" (p.357). La razón que éstos hombres podían hacer tales reclamaciones - las cuales ahora parecen ser plenamente justificadas - no es porque eran prescientes sino que eran guiados por un entendimiento doctrinal el cual les daba una percepción espiritual a los resultados de la nueva teología y las nuevas medidas.

    Tercero, y ciertamente al centro de todas estas preguntas, es un asunto con la cuál será extremamente difícil para muchos bautistas del sur en tratar Bíblicamente e objectivamente con él. Éste es el asunto de llamar al altar o el sistema de la invitación (lo cuál no es sinónimo con invitar a la gente que vengan a Cristo). Murray arguye que el uso de ésta estratagema - llamando a los oidores que respongan con alguna clase de movimiento físico, tal como en venir al frente en los servicios - refleja una teología la cuál ha reemplazado la gracia divina con una habilidad humana, la cual es suficiente fuerte para responder a Dios y a las demandas del evangelio. La teología calvinista antigüa negaba tal habilidad, de esta manera dejando al oidor cerrado a la gracia divina como la única respuesta para sus faltas - una gracia que tiene que derramar un corazón de fe como tan bien el perdon de pecados. La nueva teología dispone la habilida plena humana para responder a cualquier tiempo que uno quiera hacerlo; la único que se necesita es la presentación al oyente de la motivación propia para animarlo y asegurar su respuesta. Con ésta vista se levantó la apelación directa en "hacer algo" físico, lo cuál es incoporado en el llamamiento al altar.

    Pero un peligro grande está envuelto aquí. Es el peligro que un movimiento físico (venir al frente) será confusado con un hecho espiritual (creyendo en Cristo), así virtualmente engañando aquellos quienes responden al llamado del movimeinto físico. Tristemente, tal confusión es muy frecuentemente hallado hoy en día entre las iglesias bautistas del sur.

    La gran dificultad es, de cierto, que el sistema de la invitación ha venido a ser tan institucionalizada en la vida de los bautistas del sur que mucha gente - los legos como tan bien los pastores y predicadores - no pueden concebir del evangelismo sucediendo en ninguna otra manera. En verdad, hacer objección a la propiedad Bíblica del llamamiento al altar será vista por muchos como un asalto sobre el evangelismo. Y ciertamente es el caso que el llamamiento al altar son los medios por el cual los evangelistas y pastores cuentan los conversos y por el cual las iglesias cuentan los mienbros nuevos y miden la efectividad de los predicadores. Por lo tanto, mucha gente se sentirían amanezados por la sugerencia que el sistema de la invitación como es comunmente practicado es el resultado de una telogía erronea. Y no obstante, una acción de leer cuidadosa de la historia presentada por Murray indica que precisamente este es el caso. El llamamiento de altar era la innovación central del avivamientismo, la incorporación simbólico y practico de su teología. La eliminación de él tendrá que ser el primer paso necesario hacía del recobre del avivamiento genuíno.

    En cuarto lugar, es probablemente que la mentalidad del avivamientísmo tiende a promover un anti-intelectualismo en las iglesias y entre los cristianos evangélicos afectado por ello. Su entrada simplística teológica y su énfasis demasiado sobre las emociones e albedrío desanima a la atención seria a la teología conocida por nuestros antepasados espirituales, resultando en el "enmudeciendo" de la iglesia. Consecuentemente, muchos cristianos modernos y sus pastores, no solo son incapaces para empeñarse en un discurso teológico, pero también son incapaces en empeñarse con la cultura alrededor de ellos al nivel intelectual. Sospecho que la vacuidad teológica, el emocionalismo, y la superficialidad intelectual del avivamientísmo voltéa a mucha gente inteligentes de una consideración de las reclamaciones verdaderas del cristianismo. Tales factores también podrán de impugar a gentes intelectualmente serias entre las iglesias evangelicas fuera del cristianismo histórico y hacía el moderatísmo, el liberalísmo, el nuevo-ortodoxia, o a iglesias  liturgicamente orientadas. Además, el avivamientísmo da a los oponentes del cristianismo una herramienta para descontar la realidad de lo sobrenatural en la vida cristiana contemporánea: si resultados pueden ser obtenidos por la manipulación emocional, y desviando la mente, entonces no hay necesidad en atribuír cualquier de los efectos a la influencia del Espíritu de Dios.

    Entre otros asuntos levantados por el libro de Murray, otro quinto y final tiene que ser mencionado. Esa es de la cuestión de el acercarse del cristiano a la histoia. Marcos Noll, un historiador del colegio Wheaton y un autor prolífico, ha criticado la obra de Murray como subsumiendo el estudio histórico bajo la disciplina de teología y de empeñandose en medios que Noll clasifíca "tribulismo". Citando al historiador Grant Wacker, Noll considera el tribulismo en ser "ciencia que es formada con una criteria étnica o parroquial o faccionario o privada - en una palabra, no-publica - de lo que cuenta para evidencia útil, garantías seguras, y conclusiones sanas". En esta entrada los detalles son "todos enlazados por armazónes explicativos que solo los que poseen información de primera mano hallan creíble" (Christianity Today; Abríl 24, 1995; p.34).

    Esto se oye bastante semejante a como el Nuevo Testamento fue escrito y, in hecho, todavía tiene que ser entendido. Uno solo puede comprender su sentido como sea iluminado por el Espíritu de Dios y regenerado a la vida espiritual. Si la regeneración posee alguna realidad y no es meramente un figmento de la imaginación cristiana, entonces lo que hará, entre otras cosas, reorientár el pensamiento de uno a los propósitos de Dios como explicado en las Escrituras. Entonces, la Biblia cuando interpretada correctamente, provee al cristiano una colecta de criteria para hacer juicios históricos, juicios que en veces hacen conflictos con los de los incrédulos. Y la criteria son comprendidos solo por los que están adentro - los regenerados, es a saber, los creyentes cristianos. Admitiblemente, es notoriamente dificil para discernir los propósitos de Dios en las actividades de la providencia, no obstante, esta diferencia entre el cristiano y el mundo en acercarse a la historia es lo que hace la entrada del cristiano distinto - y cristiano. Esto es lo que Murray está afirmando y Noll parece estár negando. La pregunta viene a ser particularmente aguda cuando tratando con manifestaciones alegadas de la actividad divina en la historia, tales como avivamientos. Podemos en dar gracias a Murray y a Noll en traér atención a este problema mientras confesando que más discusión se necesita.

    En suma, el caso de Murray es presentado persuasivamente y sin rencor. Si su argumento será usada para efectar reformación esto está en las manos de nuestro Dios soberano. Ciertamente habrá una resistencia terca, porque el evangelicoísmo moderno es impregnado en los etos del avivamientísmo y frecuentemente muchos no pueden concebir de ningún otro mode de la vida de iglesia e evangelismo.

    Si estuviera en mi poder para requerir a pastores bautistas del sur en leer cualquier libro singular este año además de la Biblia, éste sería el que escogería. No se de nada que fuera mejor calculado para provocar la discusión de asuntos fundamentales que es tan desesperadamente necesitado en los circulos de los bautistas del sur. No solo es el honor de Dios y la salud espiritual de las iglesias en riesgo, pero también los destinos eternos de la gente.