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La Barrera A la
Reformación Y
al Avivamiento
Para empezar con... una
oración silencia
"O Señor, ¿qué mal no hemos hecho? O
si hay mal
que no hemos hecho, ¿qué mal hay que no hemos hablado? Si
hay cualquier cosa
que no hemos hablado, ¿qué mal hay que no hemos pensado
hacer? Pero Tú, O Señor,
eres bueno. Tú eres misericordioso.
Tú vistes cuán profundo nos hemos hundidos en la muerte,
y era Tu poder que
desaguó seco la fuente de corrupción en las profundidades
de nuestros
corazones. Todo lo que Tú has pedido de nosotros era de negar
nuestras propias voluntades
y aceptar la Tuya. Perdónanos por cada fracaso de no hacerlo y
ayudamos a
seguirte en todo camino y para siempre, por Jesucristo nuestro
Señor,
Amén". [Adaptado
de
las Confesiones
de
Agustín,
IX, X]
En apreciar el pecado quiere decir de amorosamente en
nuestros corazones; en amarlo; en abrazarlo; en estimarlo.
Todos tenemos doctorados para racionalizar nuestro
pecado, ¿no es verdad? Yo sé que yo sí. Todos nos
hemos graduado con honores
altos en su educación y nos viene naturalmente a todos nosotros.
Pero como
David, hasta que podamos decir, "A
ti, á ti solo he pecado", no seremos hecho con ello. El
pecado puede
doler a otros y a nosotros mismos, pero todo pecado es una afrenta a y
contra
Dios mismo.
El hipócrita cuando agarrado en un pecado puede
decir,
"lava mis vestidos y hazlos limpios".
IOW, hazme presentable otra vez; limpia sólo mi
reputación, mi personaje
exterior, etc. Él no es nada sino una tumba de cal que quiere
aparecer bueno
por fuera, mientras todo el tiempo por dentro él está
repleto con nada sino con
el hedor de huesos de hombres muertos. Yo he estado allí; esa
era mi vida... ¿has
jamás sido también un cristiano fingido? Pero el que es
verdaderamente
quebrantado, contrito y arrepentido sobre su pecado dirá
humildemente antes un
Dios santo, "Señor, lávame,
límpiame, perdóname y restáurame el gozo de mi
salvación". Ningunas excusas;
ninguna justificación de sí mismo; ninguna vueltas;
ninguna culpa á la Mamá o al
Papá; ningunas diversiones terapéuticas.
Únicamente solo delante de Dios poseyendo
nuestro pecado, confesándoselo a Él y no deteniendo nada
atrás; entonces
volteándonos de ello en arrepentimiento, y por Su gracia
santificadora continuando
en vivir conforme a Su Palabra. Como el apóstol Pablo instruye
al joven Timoteo
tímido al decir, "Huye también los
deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con
los que
invocan al Señor de puro corazón" (2 Timoteo 2:22).
La Maldad del Pecado
El pecado ataca a Dios y dice, "A mí no me
importa lo que Tú has dicho, yo haré lo que quiero". Este
sería el asesino
de Dios. El pecado hiciera a Dios no Dios si pudiera. El pecado ensucia
la
conciencia. El pecado es irracional y pierde la bendición. El
pecado es
doloroso—daña. El pecado maldice. El pecado es degradante… yegua
la imagen de
Dios y del hombre. Como Sansón, corta las cerraduras de la
pureza y deja a los
hombres moralmente débiles. El pecado envenena las primaveras
del amor y voltea
la belleza en la lepra. El pecado derrota la mente, el corazón,
el albedrío,
los afectos y ha hecho un mundo entero de personas—toda la
humanidad—los hijos
de ira por la naturaleza; objetos de la ira de Dios. El pecado trae al
hombre
bajo la dominación de Satanás y su sistema enfermo del
pecado, el cual él
controla. El hombre y el mundo son esclavos del pecado, a la
rebelión abierta y
del desafío a Dios y un esclavo a Satanás.
Jonatan
Edwards dijo estas palabras poderosas: "El
pecado naturalmente es estimado en alto grado por nosotros; en partir
con él es
comparado con arrancar nuestro ojo derecho. Los hombres pueden
abstenerse de
maneras acostumbradas del pecado por un ratito, y pueden negar sus
concupiscencias en un grado parcial, con menos dificultad; pero es un
trabajo
de romper el corazón, finalmente partir con todo pecado, y para
dar nuestras
más estimadas concupiscencias una cuenta del divorcio, para
despacharlos
totalmente. Pero esto debemos hacer, si seguiríamos a aquellos
que verdaderamente
voltean a Dios: si, no sólo debemos abandonar el pecado, pero
debemos, en un
sentido, abandonar todo el mundo, Lucas 14:33 - “Así
pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas
que
posee, no puede ser mi discípulo”.
El pastor
Ralph Venning (1662, La Iglesia de San
Olave
en Southwark, Inglaterra) dice, "El pecado
es un
estafador, una mentira, y por lo tanto queda en acecho privadamente y
se pone
nombres y colores falsos; porque si ha de aparecerse como sí
mismo -- como hará
eventualmente a todos, o para conversión o para confusión
-- asustaría a los
hombres en ataques agonizantes, como hizo al apóstol, y cuando
ellos vienen a sí
mismos lo aborrecerían y lo odiarían, como Pablo y el
Pródigo lo hicieron. Los
hombres nunca serían tan fuertes en pecar sino que el pecado los
endurece engañándolos;
así que el escritor de los Hebreos dice, “Mirad,
hermanos,… porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de
pecado” (Hebreos
3:12, 13). El pecado utiliza toda clase de artes, métodos y
estratagemas para
atraernos y seducirnos. Utiliza muchas artimañas sobre nosotros
y tiene todas
las facilidades de engañar y estafarnos. De modo que puedo con
verdad decir que
el pecado no ha aprendido sino ha enseñado todas las
disimulaciones de engaños,
adulaciones y diplomacias falsas que es encontrado en los tribunales;
las
estratagemas de la guerra; los sofismas y falacias de las escuelas; los
fraudes
de tenderos, si en la ciudad o el condado; las artimañas de
tramposos y
malabaristas, las emboscadas de ladrones, las pretensiones de falsos
amigos,
los varios métodos de maestros falsos -- estos y cada otro de
estafador y
engaño en el mundo, el pecado enseña y practica sobre
nosotros para hacernos
pecar".
Por eso, amado, Proverbios 28:13 lo dice tan
convincentemente, "El que encubre
sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta,
alcanzará
misericordia". IOW, lo qué el hombre destapa (confiesa),
Dios por Su
gracia lo cubierta; pero lo qué el hombre cubierta, Dios
destapará.
Mi favorito Puritano teólogo, Tomás Watson,
dice,
"El conocimiento sin el arrepentimiento será pero una antorcha
de iluminar
a los hombres al infierno".
"Porque
la gracia de Dios que trae salvación á todos los hombres,
se manifestó. Enseñándonos
que, renunciando á la impiedad y á los deseos mundanos,
vivamos en este siglo
templada, y justa, y píamente" -Tito
2:11-12