free web hosting | website hosting | Business WebSite Hosting | Free Website Submission | shopping cart | php hosting
II. PROMESAS CASI INCREÍBLES


    "Cuando estamos con Cristo en gloria, mirando sobre la historia cumplida de la vida", el rasgo más admirable deser vista en esa vida será la falta de la oración.

    Seremos casi desatinados con asombro que hemos pasado tan poquito tiempo en la verdadera intercesión. Esto sería el turno nuestro de "maravillarnos".

    En el último discurso del Señor nuestro a Sus amados, poco ha antes de la más maravillosa de todas las oraciones, el Maestro muchas veces extendía Su cetro majestuoso de oro y decía, como si fuera, "¿Qué es tú petición? ¡Te será concedido, aun hasta lo entero de Mi reino!"

    ¿Creemos nosotros esto? Tenemos que hacerlo si creemos nuestras Biblias. ¿Debemos solo leer muy quietamente y pensativamente una de las promesas de nuestro Señor, repetidas tantas veces? Si nunca las hemos leído antes, debemos de abrír nuestros ojos descaminadamente, porque estas promesas son casi increíbles. De los labios de cualquier otro hombre serían completamente increíbles. Pero es el Señor del cielo y de la tierra Quien habla; y Él esta hablando en el momento más solemne de Su vida. Es la víspera de Su muerte y pasión. Es un mensaje de despedida.¡Ahora escuche!

    "De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Juan 14:12-14). Ahora, ¿podrán algunas palabras sera más distintas y más claras que estas? ¿Podrá cualquier otra promesa ser más grande y más sublime?¿Ha alquien más, en cualquier lugar, en cualquier tiempo, ofrecido siempre tanto como esto?

    ¡Qué bamboleados habián estado esos discípulos! Seguramente casi se podían haber creído sus propios oídos. Pero esa promesa es también hecha a tí y a mí.

    Y por si alcaso hubiera de haber algun error de parte de ellos, o de la nuestra, el Señor nuestro se repite unos cuantos minutos después. Sí, y el Espíritu Santo manda a San Juan que registre esas palabras otra vez: "Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos" (Juan 15:7,8).

    Estas palabras son de tal importancia seria, y tan momentosas, que el Salvador del mundo no estaba contento aun con una prolación trriple de ellas. Él urge a Sus discípulos a obedecer Su mandamiento a "pedid". En hecho, Él les dice que una seña de ser Sus "amigos" sería la obediencia de Sus mandamientos en todas las cosas (v.14). Luego una vez mas Él repite Sus deseos: "No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé" (Juan 15:16).

    Uno pensaría que nuestro Señor ya para ahora lo había hecho bastante claro que Él quería que oraran; que Él necesitaba sus oraciones, y que sin la oración no podían cumplir nada.  Pero a nuestra sorpresa intensa Él regresa otra vez al mismo asunto, diciendo muchísimo las mismas palabras.

    "Y aquel día no me preguntaréis nada" -- "me preguntas ninguna cuestión" (margen; Versión Revisada) -- "De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (Juan 16:23,24).

    Nunca antes nuestro Señor había puesto tanto peso en cualquier promesa o mandamiento -- ¡nunca! Esta promesa verdaderamente maravillosa nos es dada más de seís veces. Seís veces, casi en el mismo resuello, el Salvador nuestro nos manda que pídamos cualquier cosa que quiéramos. Esta es la más grande -- la más portentosa -- promesa siempre hecha a los hombres.No obstante, ¡la mayor parte de los hombres -- hombres cristianos -- practicamente la ignoran! ¿No es cierto?

    La grandeza excesiva de la promesa parece de sumergirnos. No obstante, sabemos que Él "es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos ó entendemos" (Efesios 3:20).

    Así que, nuestro bendito Maestro da la última exhortación,  antes que Él es asido, y atado, y azotado, y antes que su labios graciosos son silenciados en la cruz, "Pediréis en mi nombre...Pues el mismo Padre os ama" (Juan 16:26,27). Frecuentemente hemos gastado mucho tiempo reflejando sobre las siete palabras de nuestro Señor desde la cruz. Y esta bien que lo hagamos. ¿Hemos siquiera pasado una hora meditando sobre esto, la invitación séptupla de nuestro Salvador a orar?

    Hoy Él esta sentado en el trono de Su majestad en lo alto, y Él extiende Su cetro de Su poder a nosotros. ¿No debemos de tocarlo y decirle nuestros deseos? Él nos invita a tomar de Sus tesoros. Él anhela en concedernos "conforme á las riquezas de su gloria", para que puédamos "ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu" (Efesios 3:16). Él nos dice que nuestras fuerzas y nuestra fecundidad depende en nuestras oraciones. Él nos recuerda que el verdadero gozo nuestro depende en la oración contestada: "Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (Juan 16:24).

    ¡Y todavía permitimos al diablo a persuadirnos en descuidar de la oración! Él nos hace creer que podemos hacer más por nuestros esfuerzos propios que por nuestras oraciones -- por nuestra comunicación con los hombres que por nuestra intercesión con Dios. ¡Se va más allá de la comprensión de uno que tan poquita atención ha de darse a la invitación séptupla del Señor nuestro -- mandamiento -- promesa! ¿Cómo nos atrevemos a trabajar por Cristo sin estar mucho en nuestras rodillas? Muy recientemente un "obrero" diligente cristiano -- un maestro de la ecuela dominical y comunicante -- me escribió diciendo, "Yo nunca he tenido una contestación a la oración en toda mi vida". Pero, ¿por qué? ¿Es Dios un mentiroso? ¿No es Dios digno de confianza? ¿No cuentan Sus promesas por nada? ¿No quiere decir Él lo que dice? Y sin duda hay muchos leyendo estas palabras quienes en sus corazones están diciendo la misma cosa que aquel obrero cristiano. Payson esta correcto -- es Bíblico -- cuando dice: "Si queremos hacer mucho por Dios, tenemos que pedir mucho de Dios: tenemos que ser hombres de oración". Si nuestras oraciones no son contestadas -- siempre contestadas, pero no necesariamente concedidas -- la falta tiene que ser enteramente en nosotros, y no en Dios. Dios se deleita en contestar la oración; y nos ha dado Su palabra que Él contestará.

    Obreros compañeros en Su viña, es muy evidente que nuestro Maestro nos deséa que pídamos, y que pídamos mucho. ¡Él nos dice que glorificamos a Dios en hacerlo! Nada es más allá del alcance de la oración el cual no es más allá de la voluntad de Dios -- y no deseamos de írnos más allá de Su voluntad.

    No nos atrevemos en decir que las palabras de nuestro Señor no son verdaderas. No obstante, en alguna manera u otra pocos cristianos realmente parecen de creerlas. ¿Qué nos detiene? ¿Qué sella nuestros labios? ¿Qué nos quita de hacer mucho de la oración? ¿Dudamos de Su amor? ¡Nunca! Él dió Su vida por nosotros y á nosotros. ¿Dudamos el amor del Padre? No. "Pues el mismo Padre os ama" (Juan 16:27), dijo Cristo cuando urgía a Sus discipulos a orar.

    ¿Dudamos Su poder? Ni por un minuto. ¿No ha dicho, "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id,... y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días" (Mateo 28:18-20)? ¿Dudamos Su sabiduría? ¿Desconfiamos Su escogimiento por nosotros? Ni por un minuto. Pero todavía que tan poquitos de Sus seguidores realmente consideran la oración digna de nuestro tiempo. De seguro negarían esto -- pero las acciones hablan más recio que las palabras. ¿Tenemos miedo de poner a Dios a la prueba? Él ha dicho que lo podemos hacerlo. "Traed todos los diezmos al alfolí,... y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde" (Malaquías 3:10). Siempre que Dios nos hace una promesa, vamos a decir audazmente como lo hizo San Pablo, "Yo confío en Dios que será así como me ha dicho" (Hechos 27:25).

    ¿Habemos de comenzar hoy este día de ser hombres de oración, si nunca lo hemos hecho antes? No vamos hacerlo a un lado hasta un tiempo más conveniente. Dios quiere que yo ore. El Savador querido quiere que yo ore. Él necesita mis oraciones. Tanto -- en hecho, que todo -- depende en las oraciones. ¿Cómo nos atrevemos a detenernos? Vamos cada uno de nosotros hacer esta pregunta en nuestras rodillas, "Si nadie en el mundo orare por la salvación de los pecadores más fervientemente y más frecuentemente que yo, ¿qué tantos de ellos serían convertidos a Dios por medio de la oración?"

    ¿Gastamos diez minutos al día en la oración? ¿Lo consideramos bastante importante para eso?

    ¡Diez minutos al día en nuestras rodillas en la oración -- cuando el Reino del Cielo puede ser tenido al pedirlo!

    ¿Diez minutos? ¡Parece ser una porción muy inadecuada de nuestro tiempo para gastar en agarrandonos de Dios - "Y nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para tenerte" (Isaías 64:7)!

    Y, ¿es oración cuando si "dijimos" nuestras oraciones, o solo estamos diariamente repitiendo unas cuantas frases que practicamente han venido a ser sin sentido, mientras nuestras pensamientos se desvían de aquí y allá?

    Si Dios hubiera de contestar las palabras que repetimos esta mañana en nuestras rodillas, ¿lo reconociéramos? ¿Reconociéramos la contestación? ¿Aun nos recordamos lo que habíamos pedido? Él si contesta. Él nos ha dado Su palabra para ello. Él siempre contesta  toda oración verdadera de fe.

    Pero veremos lo que la Biblia tiene que decir sobre este punto en un capítulo más adelante. Ahora estamos pensando de la cantidad de tiempo que gastamos en la oración.

    "¿Qué tantas veces oras?" era la pregunta que se le hizo a una mujer cristiana. "Tres veces al día, y toda el día además", pronto era la respuesta. Pero, ¿qué tantos hay como esas? ¿Es la oración para mí solo un deber, o es un privilegio -- un placer -- un gozo verdadero -- una necesidad?

    Vamos a obtener una visión nueva de Cristo en toda Su gloria, y una mirada nueva de todas "las riquezas de su gloria" (Efesios 3:16), las cuales Él pone a nuestra disposición, y de todo el poder eficaz dado a Él. Luego, vamos a recibir una visión fresca del mundo y de todas sus faltas. (Y el mundo nunca ha estado tan necesitado como lo es hoy.)

    ¡Cómo! la maravilla no es que oramos tan poquito, pero ¡qué hemos de levantarnos de nuestras rodillas si realizamos nuestras propias faltas; las faltas de nuestro hogar y de nuestros amados; las faltas de nuestro pastor y de la Iglesia; las faltas de nuestra ciudad -- de nuestro país -- de los paganos y el mundo Mahometano! Todas estas faltas puede ser suplidas por las riquezas de Dios en Cristo Jesús. San Pablo no tiene ninguna duda acercas de esto -- ni tampoco nosotros. ¡Sí! "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme á sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19). Pero para compartir Sus riquezas tenemos que orar; "porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan" (Romanos 10:12).

    Tan grande es la importanica de la oración que Dios ha tomado cuidado para anticipar todas las excusas o objecciones que uno es capaz de hacer.

    Los hombres arguyen sus debilidades o sus flaquezas -- o declaran que ellos no saben como orar.

    Dios previó esta inhabilidad muchas edades pasadas. ¿No inspiró Él a San Pablo a decir: "Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme á la voluntad de Dios, demanda por los santos" (Romanos 8:26,27).

    S'i. Cada provisión es hecha por nosotros. Pero solo el Espíritu Santo puede "desp(ertar)... para tener(nos)", es saber, "agarrarnos de Dios". Y si solo nos rendiéramos al impulsar del Espíritu muy seguramente siguiéramos el ejemplo de los apóstoles pasados, quienes "persisti(eron) en la oración" (Hechos 6:4) y "perseveraban...en las oraciones" (2:42).

    Podemos estar totalmente asegurados de esto -- la influencia de un hombre en el mundo puede ser medida, no por su elocuencia, o su celo, o su ortodoxia, o por su energía, pero por sus oraciones. Sí, iremos más adelante y mantenemos que ningun hombre puede vivir recto quien no ora correcto.

    Podemos trabajar para Cristo desde la mañana hasta la noche; podemos pasar mucho tiempo en el estudio de la Biblia; podemos ser muy serios y fieles y "aceptables" en nuestra predicación y en nuestra conducta individual, pero ninguna de estas cosas podrán ser verdaderamente eficazes solo que seamos mucho en la oración. Solo seremos llenos de la buenas obras; y no "fructificando en toda buena obra" (Colosenses 1:10). En ser poquito con Dios en la oración es de ser poquito para Dios en el servicio. Mucha oración secreta quiere decir mucho poder público. Sin imbargo, ¿no es cierto que aunque nuestra organización es casi bien perfecta, el agonizar nuestra en la oración esta bien próxima a morir?

    Los hombres estan maravillados porque el Avivamiento se tarda en su venida. Hay solo una cosa que la detiene, y es la falta de la oración. Todos los Avivamientos han sido los resultados de la oración. A veces uno podrá anhelar la voz de un arcángel, pero, ¿que provecho sería eso si la voz de Cristo mismo no nos mueve a orar? Parece casi absurdo para que un hombre tome el pregón cuando ya el Salvador nuestro ha declarado Sus promesas "sin límite". No obstante, sentimos que algo tiene que ser hecho, y creemos que el Espíritu Santo esta impulsando a los hombres que se acuerden a sí mismos y a otros de las palabras y del poder de Cristo. Ningunas palabras mías podrán impresionar a los hombres del valor de la oración, la falta de la oración, y de la omnipotencia de la oración.

    ¡Pero estas prolaciones salen impregnadas en la oración de que Dios el Espíritu Santo mismo convence a los hombres y mujeres cristianas del pecado del olvido de la oración, y los impúje a sus rodillas, para clamar a Dios de día y noche en la intercesión prevaleciente, y de fe, y ardiente! El Señor Jesús, ahora en los celestiales, nos llama a caér en nustras rodillas y pedir las riquezas de Su gracia.

    Nadie se atreve de prescribir a otro que tanto tiempo debe de gastar en la oración, ni tampoco sugerimos que uno debe de hacer un voto de orar tantos minutos o horas al día. De cierto, el mandato Bíblico es de "Ora(r) sin cesar" (1 Tesalonicenses 5:17). Evidentemente esta la "actitud de orar" -- la actitud de la vida de uno.

    Aquí estamos hablando de hechos definitivos de la oración. ¿Has a cualquier tiempo guardado compás a tus oraciones? ¡Creemos que la mayoría de nuestros lectores se admirarían y confundían si guardaban compás a sí mismos!

    Algunos años pasados el escritor se enfrentó con este asunto de la oración. Él sintió que para sí mismo una hora por día era el mínimo que pasaría orando. Cada día él notaba cuidadosamente en un registro su vida de oración. Al pasar el tiempo se encontró con un laborador a quien Dios estaba usando mucho.

    Cuando se le preguntó a que principalmente atribuía su suceso, este hombre quietamente respondió, "Bueno, yo no lo pudiera hacer sin dos horas oración privada al día."

    Luego vino cruzando mi camino un misionero lleno del Espíritu del ultramar, quien humildemente hablaba de las cosas maravillosas que Dios estaba haciendo mediante su ministerio. (Uno podía veer que se la daba toda la alabanza y toda la gloria a Dios.) "A menudo, yo lo he hallado que es necesario de pasar cuatro horas al día en oración", dijo este misionero.

    Y nos recordamos cómo el Misionero Más Eminente de todos en veces pasaba noches enteras en la oración. ¿Por qué? Nuestro bendito Señor no oraba simplemente como un ejemplo para nosotros: Él nunca hacía las cosas meramente como un ejemplo. Él oraba porque Él necesitaba orar. Como el Hombre perfecto, la oración era un necesidad para Él. Entonces, ¿qué tanto más es necesario para tí y para mi?

    "¡Cuatro horas al día en oración!" exclamaba un hombre quien estaba dando toda su vida entera como un misionero médico. "¿Cuatro horas? ¡Dame diez minutos y he acabado!" Esa era un confesión honesta y brava -- aunque era una triste. Con todo, ¿si algunos de nosotros habláramos tan honestamente__?

    Ahora, no era por acidente que estos hombres cruzaron mi camino. Dios estaba hablando por medio de ellos. Era solo otro "llamado a la oración" de "el Dios de la paciencia", quien es también "de la consolación" (Romanos 15:5); y cuando el mensaje quedo de ellos se undió en mi alma un libro llego a mis manos "por fortuna", algunas gentes dirán. Brevemente y simplemente decía la historia de Juan Hyde -- "Orandór Hyde"", como vino ser llamado. Así como Dios envió a San Juan el Bautista para preparar el camino de nuestro Señor en Su primera venida, así Él ha enviado en estos últimos días a San Juan el Orandór, para hacer las veredas derechas para Su venida otra vez. "Orandór Hyde" -- ¡Qué nombre! Al leer uno esta vida maravillosa de oración, uno empieza a preguntarse, "¿He yo jamás orado?"

    He hallado que otros estaban haciendo la misma pregunta. Una señora, quien es notada por su intercesión admirable, me escribió diciendome, "Cuando puse abajo este libro, ¡empeze a pensar que yo nunca realmente había orado!"

    Pero aquí tenemos que dejar el asunto. ¿Debemos de ponernos en nuestras rodillas ante Dios y permitir Su Santo Espíritu que nos escudriñe de un lado a otro? ¿Somos sinceros? ¿En verdad deseamos en hacer la voluntad de Dios? ¿En verdad creemos Sus promesas? Si así es, ¿no nos llevará a gastar más tiempo en nuestras rodillas delante de Dios? No hagas un voto de orar "tal tanto"en un día. Resuelva en orar mucho, pero la oración para que sea de valor, tiene que espontánea, y no ser constreñida.

    Pero tenemos que tener en cuenta que solo las resoluciones parar tomar más tiempo para la oración, y de conquistar la repugnancia a orar, no se probará de eficaz duradero solo que haiga un rendimiento absoluto y de todo corazón al Señor Jesucristo. Si nunca hemos tomado este paso, lo tenemos que tomar ahora si deseamos en ser hombres de oración.

    Estoy muy seguro de esta verdad: Dios quiere que yo ore: quiere que tú ores. La pregunta es, ¿estamos dispuesto para orar?

    Salvador gracioso, derrama sobre nosotros la plenitud del Espíritu Santo, para que en verdad lleguemos a ser Cristianos Arodillados.

A Dios tu cada falta
Desplega en oración instante.
Ora siempre; ora y no desmayes:
¡Ora! Sin cesár ora.



Continuár a Capítulo III: "Pídeme, y te daré"

Regresa a Tabla