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Un predicador quien ora poquito podrá ver algunos resultos de sus labores, pero si es hací es porque alguien en alguna parte esta orando por él. El "fruto" es del que ora -- no del predicador. ¡Qué sorprendidos serán algunos de nosotros predicadores en algún día, cuando el Señor "pagará á cada uno conforme á sus obras" (Mateo 16:27). "¡Señor! ¡Esos eran mis conversos! Era yo quien conducía esa misión en donde tantos eran traídos al rebaño." Ah, sí -- yo predicaba, el quien rogaba, el que persuadía; pero, ¿era "yo" quien oraba?
Todo converso es el resulto del rogamiento del Espíritu Santo en contestación a las oraciones de algun creyente.
O Dios, conceda que tal sorpresa no sea la nuestra. O Señor, ¡enséñanos a orar!
Hemos tenido una visión de un Dios llamando alegadamente por la oración de sus hijos. ¿Cómo estoy tratando ese llamado? ¿Puedo decir con San Pablo, "No fuí rebelde á la visión celestial" (Hechos 26:19)? Otra vez repetimos, si habrá algunos pesares en el cielo, el más grande será que gastamos tan poquito tiempo en la intercesión verdadera mientras estábamos en la tierra.
¡Piensa del alcance ancho de la oración! "Pídeme, y te daré por heredad las gentes, Y por posesión tuya los términos de la tierra" (Salmo 2:8). ¡Todavía mucha gente ni se molesta en traér los detalles pequeños de sus propias vidas a Dios en oración, y nueve de diez cristianos nunca piensan de orar por los paganos!
Uno es bamboleado a la repugnancia de los cristianos para orar. Quizas es porque nunca han experienciado, o aun oído de, respuestas convincentes a la oración.
En este capítulo nos hemos propuesto en hacer lo "imposible". ¿Qué es eso? Anhelamos en traér al corazón y a la consciencia de cada lector el poder de la oración. Nos atrevemos en describir esto como "imposible". Porque si los hombres no creerán, y actuán en, los mandatos y promesas del Señor nuestro, ¿cómo esperamos que sean persuadidos por la mera exhortación humana?
Pero, ¿se acuerdan cuando el Señor nuestro, cuando hablando a Sus discípulos, les pidió que creeran que Él estaba en el Padre y el Padre en Él? Luego añadió: "Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras" (Juan 14:11). Era como si hubiera dicho, "Si Mi Persona, y Mi vida santa, y Mis palabras maravillosas no atráen fe en Mi, entonces mira a Mis obras: ¿de seguro ellas son suficientes para compeler la fe? Creedme por lo que Yo hago".
Luego continuó en prometer que si creían, ellos harían obras mayores que estas. Era después de este dicho que Él dió la primera de aquellas seis promesas maravillosas con respecto a la oración. Seguramente la inferencia es que esas "obras mayores" han de ser hechas solo como el resultado de la oración.
¿Podrá, por lo tanto, el discípulo seguir el método del Maestro? Obrero compañero, si tú faltas de agarrarte, si faltas de confiar en las promesas asombrosas de nuestro Señor en cuanto a la oración, ¿no las creerás "por las mismas obras"? Es a saber, por causa de aquellas "obras mayores" que los hombres y las mujeres están haciendo hoy en día -- o, más bien, las obras que el Señor Jesús está haciendo mediante la cooperación de mucha oración de ellos.
¿Qué es nuestro motivo? ¿Qué es la meta verdadera en nuestra vida? Seguramente que más de todo deseamos en ser abundantemente fructíferos en el servicio del Maestro. No buscamos ni posición, ni prominencia, ni poder. Pero si anhelamos en ser siervos fructíferos. Entonces, tenemos que estár en mucha oración. Dios puede hacer más por medio de nuestras oraciones que por medio de nuestra predicación. A.J. Gordon una vez dijo, "Puedes hacer más que orar, después que has orado, pero no puedes hacer más que orar hasta que has orado". ¡Si solo creeramos esto!
Una mujer en India estaba decaída por falta de su vida y la obra. Ella era una misionera dedicada, pero por una razón u otra, las conversiones nunca habían resultado por su ministerio.
El Espíritu Santo parecía de decirle, "Ora mas". Pero ella resistía los impulsos del Espíritu por un tiempo. "Al fin", dijo ella, "senté aparte mucho de mi tiempo para la oración. Lo hice con temor y temblor por si alcaso mis obreros compañeros habrían de quejarse que estaba evitando mi trabajo. Después de unas cuantas semanas empezé a ver a hombres y a mujeres aceptando a Cristo como el Salvador suyo. Además, todo el distrito pronto era despertado, y la obra de los otros misioneros era bendecida como nunca antes había sido. Dios hizo más en seis meses que yo había logrado en hacer en seis años. Y", añadió, "nadie me acusó de tratar de evitar mi trabajo." Otra misionera en India sintió el mismo llamado a orar. Ninguna oposición venía de afuera, pero si venía de dentro. Pero ella persistió, y ¡en dos años los conversos bautizados se aumentaron seis veces!
Dios prometió: "Derramaré mi Espíritu--de gracia y de oración-- sobre toda carne" (Joel 2:28; Zacarías 12:10). ¿Qué tanto de ese Espíritu de "oración" es nuestro? ¡Seguramente tenemos que obtener ese Espíritu a todo costo! No obstante, si no estamos dispuestos en gastar tiempo en la "suplicación", Dios tendrá por necesidad de detener Su Espíritu, y seremos nombrados entre aquellos quienes "resist(en) siempre al Espíritu Santo" (Hechos 7:51), y posiblemente "apag(ando) el Espíritu" (1 Tesalonicenses 5:19). ¿No ha prometido nuestro Señor el Espíritu Santo a los que lo piden? "Vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él?" (Lucas 11:13).
¿No están los mismos conversos del paganismo avergozando algunos de nosostros?
Unos cuantos años pasados, cuando en India, tuve el gran gozo de ver algo del trabajo de Pandita Ramabai. Ella tenía un pupilaje de1,500 muchachas indostanas. Un día algunas de estas jovenes vienieron con sus Biblias y le preguntaron a una misionera lo qué quería decir San Lucas 12:49 - "Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?" La misionera trató de quitarselas con una contestación evasiva, no estando ella misma segura que querían decir esas palabras. Pero ellas no estaban satisfechas, así que estaban determinadas en orar por este fuego. Y al orar,--y porque oraban--el mismo fuego del cielo vino a sus almas. Un Pentecostés verdadero desde lo alto se les fue concedido. ¡No es maravilla que continuaron a orar!
Un grupo de estas jovenes sobre las cuales Dios había derramdo "el espíritu de...oración", vinieron a una misión donde yo había pasado unas semanas. "¿Podemos quedarnos aquí en su pueblo y orar por su obra?" preguntaron. El misionero no entretenía la idéa con alguna grande entusiásmo. Él sentía que ellas deberían de estar en la escuela, y no estar "vagueando" por el campo. Pero ellas solo pidieron por un salón o granero donde podían orar; y todos nosotros estimamos las oraciones por nuestra parte. Así que la petición de ellas era concedida, y el buen hombre se sentó a su cena, pensando. Como se pasaba la noche, un pastor indígeno llego. Completamente se descompuso. Con lágrimas corriendo bajo su rostro, él explicó que el Espíritu Santo de Dios lo había convencido de pecado, y que se sentía impulsado de venir y confesar abiertamente sus malhechos. Rápidamente era seguido por otro cristiano trás otro, todos bajo una profunda convicción de pecado.
Ese era un tirmpo reparable de bendición. Los recaídos eran restaurados, los creyentes eran santificados, y los paganos eran traídos al rebaño -- todos porque unos cuantos no más que niñas estaban orando.
Dios no hace acepción de personas. Si cualquiera uno esta dispuesto para conformarse a Sus condiciones, Él por Su parte aseguradamente cumplirá Sus promesas. ¿No arde nuestro corazón dentro de nosotros al oír del poder maravilloso de Dios? Y ese poder es nuestro en pedírlo. Yo se que hay "condiciones". Pero yo y tú podemos cumplirlas todas ellas por medio de Cristo. Y nosotros quienes no tenemos el privilegio de servir a Dios en India u otra misión de ultramar, todavía podemos tener nuestra parte en traér abajo una bendición semejante. Cuando el Avivamiento en Gales estaba en su colmo, un misionero galo escribió rogando a la gente que orara de que India fuera movido en la manera semejante. Así que diariamente los carboneros se reunían media hora antes de amanecer a la entrada de la mina de carbón para orar por su camarada del ultramar. En un tiempo de unas cuantas semanas, el mensaje agradable era enviada: "La bendición ha venido".
¿No es exactamente esplendido en saber que por nuestras oraciones podemos traér abajo lluvias de bendición sobre India, o Africa, o China, tan pronto como podemos recibir las cuantas gotas necesitadas para nuestra propia terreno pequeño?
Muchos de nosotros recordamos las cosas maravillosas que Dios hizo en Coréa unos cuantos años pasados, enteramente en contestación a la oración. Unos cuantos misioneros habían decidido en juntarse para orar diariamente a mediodía. Al fin del mes, uno hermano propuso que, "como nada había ocurrido", que la junta de oración había de ser descontinuáda. "Vamos que cada uno ore en casa según sea conveniente", dijo él. No obstante, los otros protestaron que ellos debieran aun de gastar más tiempo en la oración cada día. Así que continuaron la junta diaria de oración por cuatro meses. Luego repentinamente la bendición empezó de ser derramada. Los servicios de la iglesia aquí y allá eran descompuestos por el llorar y el confesar del pecado. A lo largo, una avivamiento se prorrumpió. En un lugar un domingo, durante los servicios de la tarde, el líder de la iglesia se levantó y confesó que había robado cien dolares en administrar el legado de un viuda. Inmediatamente la convicción del pecado barrió por la congregación. No terminó ese servicio hasta las dos de la mañana del lunes. El poder maravilloso de Dios era sentido como nunca antes. Y cuando la iglesia era purificada, muchos pecadores hallaron la salvación.
Multitudes se congregaban a las iglesias solo por la curiosidad. Algunos venían para burlarse, pero el temor los tomó, y se quedaron a orar. Entre los "curiosos" estaba un jefe bandido, el líder de una banda de ladrónes. Él fue convencido y convertido. Se fué directamente al magistrado y se entregó. "No tienes ningún acusador", le dico el oficial asombrado, "¡pero todavía te acusas tú mismo! No tenemos ninguna ley en Coréa para enfrentar tu caso". Así que lo despidió.
Uno de los misioneros declaró, "Se provechó en haber gastado muchos meses en la oración, porque cuando Dios dió el Espíritu Santo, Él cumplió más en medio día que los misioneros juntos habían cumplido en medio año". En menos de dos meses, más de 2,000 paganos eran convertidos. El celo ardiente de esos conversos ha venido a ser un dicho trillado. Algunos de ellos dieron todo lo que tenían para edificar una iglesia, y lloraban porque no podían dar mas. Es súperfluo en decir, que ellos realizaron el poder de la oración. Esos mismos conversos eran bautizados con el "espíritu...de oración". En una iglesia era anunciado que una junta diaria de oración sería a las 4:30 cada mañana. El día primero 400 gentes vinieron mucho antes de la hora sentada -- ¡prontos para orar! Rapidamente el número se aumentó a 600 al pasar los días. En Seoul, 1,100 era la asistencia promedial en la junta de oración de cada semana.
Los paganos venían -- para ver lo que estaba ocurriendo. Ellos exclamaban en asombramiento, "El Dios Viviente está entre ustedes". Esos pobres paganos vieron lo que muchos cristianos faltaban en ver. ¿No dijo Cristo, "Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos" (Mateo 18:20). Lo que es posible en Coréa es posible aquí. Dios "no hace acepción" de naciones. Él anhela en bendicirnos, anhela en derramar Su Espíritu osbre nosotros.
Ahora, si nosotros -- aquí en este tal-llamado país cristiano -- realmente creemos en la oración, es a saber, en las promesas graciosas propias de nuestro Señor, ¿habemos de evitar las juntas de oración? Si tenemos algun concernimiento genuíno por la condición perdida de miles en nuestra propia tierra y diez miles en la tierras paganas, ¿habemos de detener nuestras oraciones? Seguramente no lo pensamos, o debemos de orar más. "Pídeme, y te daré..." (Salmo 2:8), dice un Dios todo-amoroso y todo-poderoso, y ¡apenas no hacemos caso a Sus palabras!
De seguro, los conversos del paganismo nos ponen en vergüenza. En mis viajes yo vine a Rawal Pindi, en el noroeste de India. ¿Qué piensan ocurrió ahí? Algunas de las jovenes de Pandita Ramabai fueron allí a acampar. Pero un poco antes de esto, Pandita Ramabai les había dicho a las muchachas, "Si ahay alguna bendición en India, la podemos tener. Vamos a pedirle a Dios que nos diga que tenemos que hacer para tener la bendición."
Al leer su Biblia, ella se detuvo sobre el versículo, "Esperasen la promesa del Padre...Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros" (Hechos 1:4,8). "¡Un momento! ¡Qué, nosotros nunca hemos hecho esto!" exclamó ella. "Hemos orado, ¡pero nunca hemos esperado alguna bendición mayor hoy que la que tuvimos ayer!" Oh, ¡cómo oraron! Una junta de oración duró seis horas y, ¡qué bendición maravillosa derramó Dios en contestación a sus oraciones!
Mientras algunas de estas jovenes estaban en Rawal Pindi, una misionera, mirando hacía afuera de su tienda como a mediaoche, era sorprendida en ver un luz ardiendo en una de las tiendas de las muchachas --- una cosa muy contrario a las reglas. Yendo para corregír el asunto, halló a la más joven de las diez muchachas --- un niña de quince años --- arrodillada en la esquina más lejos de la tienda, con una pequeña vela de sebo en una mano y una lista de nombres para intercesión en la otra. Tenía 500 nombres en su lista --- 500 de las 1,500 muchachas en la escuela de Pandita Ramabai. Hora tras hora las estaba nombrando delante de Dios. No es maravilla que por dondequiera que esas jovenes salían, la bendición de Dios bajaba, y sobre cualquiera por quienes esas jovenes oraban.
El pastor Ding Li Mei de China tiene el nombre de 1,100 estudiantes en su lista de oración. Cienes de ellos han sido ganado para Cristo mediante su oraciones. Y tan salidos son sus conversos que muchos de ellos han entrado en el ministerio cristianio.
Sería una cosa muy fácil de añadir a estas historias admirables e inspiradoras de bendición por medio de la oración. Pero no hay necesidad que lo haga. Yo sé que Dios quiere que yo ore. Yo sé que Dios quiere que tú ores.
"Si hay una bendición en Inglaterra, la podemos tener". No, más que esto -- si hay alguna bendición en Cristo la podemos tener. "Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo" (Efesios 1:3). El almacén grande de Dios esta lleno de bendiciones. Solo la oracion puede abrír ese almacén. La oración es la llave, y la fe ambos voltéa la llave y abre la puerta, y reclama la bendición. "Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios" (Mateo 5:8). Y en verlo es de orar rectamente.
¡Escucha! Hemos venido --tu y yo-- una vez más a la partida de caminos. Todas nuestras faltas pasadas, toda nuestra insuficiencia e ineficiencia pasada, toda nuestra infructuosidad pasada en el servicio, podrá ser ahora desterrada, una vez y para siempre, si solo le damos a la oración su lugar propio. Hazlo hoy. No te esperes por un tiempo más conveniente.
Todo lo que es digno de tener depende sobre la decisión que hacemos. ¡Verdaderamente Dios es un Dios admirable! Y unas de las cosas más admirable de Él es que Él pone todo lo de Él a la disposición de la oración de fe. La oración de fe de una corazón limpio nunca falta. Dios nos ha dado Su palabra en cuanto a esto. No obstante, vastamente más marvilloso es el hecho asombroso que hombres y mujeres cristianos que no han de creer la Palabra de Dios, o faltar de ponerla a la prueba.
Cuando "Cristo es el todo" (Colosenses 3:11) --- cuando Él es Salvador y Señor y Rey de todo nuestro ser, entonces realmente Él es Quien ora nuestras oraciones. Así que, en verdad podemos alterar una palabra de un versículo bien conocido y decir que el Señor Jesús "viv(e) siempre para interceder" (Hebreos 7:25) en nosotros. Oh, ¡qué pudieramos hacer al Señor Jesús que se "marav(ille)", no de nuestra incredulidad, sino de nuestra fe! Cuando nuestro Señor otra vez se "maraville", y diga de nosotros, "De cierto os digo, que ni aun...he hallado fe tanta" (Mateo 8:10), entonces en verdad lo "paralítico" (v.6) será transformado en poder.
¿No ha venido el Señor nuestro a echar "fuego" sobre nosotros? ¿Estamos ya "encendido(s)"? ¿No puede Él usarnos tanto como Él uso aquellas niñas simples de Khedgaon? Dios no hace acepción de personas. Si verdaderamente y humildemente podemos decir, "Porque para mí el vivir es Cristo" (Filipenses 1:21), ¿no manifestará Su poder potente en nosotros?
Algunos de nosotros hemos estado leyendo acercas de Hyde el Oraradór. Verdaderamente, su intercesión cambiaba las cosas. Los hombres nos dicen que se conmovían cuando Juan Hyde oraba. Eran animados hasta su ser más interior cuando él solo apelaba el Nombre "¡Jesús! - ¡Jesús! - ¡Jesús!", y un bautismo de amor y de poder venía sobre ellos.
Pero no era Juan Hyde, sino que era el Espíritu Santo de Dios quien un hombre consagrado, lleno con ese Espíritu, traía sobre todos alrededor de él. ¿No podemos todos hacernos "Juan Oraradores"? Dices tú que "¡No"! Él tenía un don especial de oración. Muy bien - ¿cómo lo obtuvo? Él una vez era solo un cristiano ordinario - así como cualquiera uno de nosotros.
¿Han notado que, humanamente hablando, él debía su vida de oración a las oraciones de un amigo de su padre? Ahora, agarrate de este punto. Es una de muy grande importancia, y una que puede afectar profundamente tu vida entera. Quizas seré permitido en decir la historia completa, porque tanto depende en ella. ¿Habemos de citar a Juan Hyde mismo? El abordaba un navío en rumbo para India, para donde él íba como misionero. Él dice, "Mi padre tenía un amigo, quién deseaba mucho en ser un misionero foráneo, pero no era permitido de ír. Este amigo me escribió una carta encargo del navío. La recibe unas cuantas horas de salida del puerto de Nueva York. No eran muchas las palabras, pero el significado de ellas era esto: 'No cesaré de orar por tí, querido Juan, hasta que seas lleno del Espíritu Santo.' Cuando hube leído la carta, manoseandola con enojo, la arrojé a la cubierta. ¿Pensaba este amigo que no había recibido el bautismo del Espíritu, o que pensaba de ír a India sin este equipo? Estaba enojado. Pero de aquí a poco, prevaleció el mejor juicio, y levanté la carta y la leí otra vez. Posiblemente necesitaba algo que todavía no había recibido. Me paseaba arriba y abajo sobre la cubierta, una batalla rugiendo por dentro. Me sentía desconsolado: yo amaba el escritor; yo sabía que vivía una vida santa, y allí en mi corazón había una convicción que él estaba correcto, y que yo no era apto para ser un misionero.... Esto continuó por dos o tres días hasta que estaba perfectamente miserable.... Al fin, en una clase de desesperación, le pedí al Señor que me llenara con el Espíritu Santo; y al momento que hice esto.... me empezé a verme yo mismo, y qué ambición egoísta tenía."
Pero todavía no recibió la bendición que buscaba. Llegando a India, fue con un misionero compañero a un servicio de aire libre. "El misionero habló," dice Juan Hyde, "y se me dijo que él estaba hablando acercas de Jesucristo como el Salvador verdadero del pecado. Cuando terminó su mensaje, un hombre con aspecto respetuoso, hablando buen inglés, le preguntó al misionero que si él así había sido salvo. La pregunta hirío lo vivo de mi corazón; porque si me había sido preguntado, tenía que confesar que Cristo no me había salvado completamente, porque sabía que había un pecado en mi vida que no había sido quitado. Realize que era una deshonra al nombre de Cristo de tener que confesar que estaba predicando un Cristo que no me había librado del pecado, aunque estaba proclamando a otros que Él era un Salvador perfecto. Regresé a mi cuarto y me encerré, y le dije al Señor que tenía que ser una de dos cosas: o me tenía que dar la victoria sobre todos mis pecados, y especialmente sobre el pecado que fácilmente me dominaba, o tenía que regresar a América y buscar allí por algún otro trabajo. Yo dije que no me podía parar a predicar el Evangelio hasta que pudiera testificar de su poder en mi propia vida. Yo... realize qué razonable era esto, y el Señor me aseguró que Él podía y estaba dispuesto para librarme de todo pecado. Él sí me libró, y desde entonces no he tenido duda de esto."
Era entonces, y solo entonces, que Juan Hyde se hizo Juan el Oraradór. Y es solo por tal rendimiento entero y tal reclamación definita en ser librado del poder del pecado en nuestras vidas que tú y yo podemos ser hombres de oración eficaz. No obstante, el punto que deseamos enfatizar es el ya mencionado. Un hombre comparativamente desconocido ora por Juan Hyde, quién entonces es desconocido al mundo, y por sus oraciones traé tal bendición sobre él que ahora todos lo conocen como "Juan el Oraradór". ¿No dijistes en tu corazón, querido lector, un poco tiempo pasado, que no podías esperar en ser un Juan Oraradór? De seguro, no todos podemos dar mucho tiempo a la oración. Por razones físicas u otras podemos ser estorbados de orar por largo tiempo. Pero todos podemos tener su espíritu de oración. Y, ¿no podemos hacer por otros lo que el amigo no nombrado hizo por Juan Hyde?
¿No podemos orar la bendición sobre otros -- sobre tu vicario o pastor? ¿Sobre tu amigo? ¿Sobre tu familia? ¡Qué ministerio sería el nuestro si solo entraranos en él! Pero para hacerlo tenemos que hacer un rendimiento completo como el que hizo Juna Hyde. ¿Lo hemos hecho? El descuido en la oración es debido a la falta en el corazón. Solo "los de limpio corazón... verán á Dios" (Mateo 5:8). Y solo aquellos quienes "invocan al Señor de puro corazón" (2 Timoteo 2:22) pueden confiadamente reclamar contestaciones a sus oraciones.
¡Qué avivamiento prorrumpería! ¡qué bendición poderosa caería si solo todos quienes leen estas palabras reclamarían la plenitud del Espíritu Santo ahora!
¿Puedes ver porque es que Dios quiere que oremos? ¿Puedes ver ahora porque todo lo que es digno de tener depende en la oración? Hay varias razones, pero una sobresalta muy claramente y vivamente delante de nosotros después de leer este capítulo. Es solo esto: si pedimos a Dios y Dios no nos dá, la culpa está con nosotros. Toda oración no contestada es un llamado de clarín para escudriñar el corazón para ver que mal hay allí; porque la promesa es inerrable en su claridad: "Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Juan 14:14).
¡Verdaderamente, aquel quien ora pone, no a Dios, sino su propia vida espiritual a la prueba!
"Déjame acercarme más a Tí, Jesús,
Oh, más cercas cada día;
Déjame apoyarme más fuerte en Tí, Jesús,
Sí, más fuerte toda la vía".
(Mi traducción)