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Por: John Wesley
- EDITORIAL -
Estimados lectores:
A pesar de que hace más de 250 años que Juan
Wesley predicó este sermón, todavía conserva la
misma fuerza y eficacia que cuando Dios se lo inspiró. El mismo
efecto que produjo en la conciencia de los cristianos nominales de las
religiones de su época, puede producir en nosotros y llevarnos a
reflexionar respecto a nuestro cristianismo.
Es común hoy, como entonces que todo el mundo tenga
sus particulares opiniones de lo que es el cristianismo. Por lo general
no son más que eso: simples opiniones que carecen de sustento
bíblico. Para unos, ser cristiano es tan simple como "aceptar
a Cristo". Habrá quien enfatice el tratar de mejorar la calidad
moral de vida. Otros impondrán una serie de requisitos
inalcanzables y absurdos, dando importancia a lo que no tiene e
ignorando la esencia del cristianismo.
El estándar de auténtico cristianismo que
Wesley menciona es real: bíblico. Lo único aceptable por
el Señor Jesucristo. Menos que eso es sólo
religión sin alma; formas sin vida. Mero intentar ser cristiano
en las propias fuerzas sin la consagración y el amor necesarios
y sin la gracia de Cristo obrando efectivamente a favor de uno.
Amigo: ¿Está usted viviendo en el único
estándar aceptable? Es más; ¿Cuántos conoce
que lleven esta calidad de vida?.
Oramos a Dios para que por medio de este escrito el
cristianismo sea reivindicado a la altura y dignidad que merece nuestro
Señor Jesucristo. Amén.
A t e n t a m e n t e
Los Editores
EL CASI CRISTIANO
Por: John Wesley
MENSAJE
"El
casi cristiano"
Por
poco me persuades a ser cristiano (Hechos 26:28)
Existen muchas almas que hasta este punto llegan; pues desde
que se estableció en el mundo el cristianismo, ha habido un
sinnúmero, en todas épocas y de todas nacionalidades, que
casi se han decidido a ser cristianos. Mas viendo que nada vale ante la
presencia de Dios, el llegar tan sólo hasta este punto, es de la
mayor importancia que consideremos:
PRIMERO, lo que significa ser casi cristiano.
SEGUNDO, lo que es ser cristiano por completo.
CARACTERISTICAS DEL
I.- El ser casi
cristiano quiere decir: En primer lugar, la práctica de la
justicia pagana; y no creo que ninguno ponga en duda mi
afirmación, puesto que la justicia pagana abraza no sólo
los preceptos de sus filósofos, sino también esa rectitud
que los paganos esperan unos de otros y que muchos de ellos practican.
Sus maestros les enseñan: Que no deben ser injustos, ni tomar lo
que no les pertenece sin el consentimiento de su dueño; que a
los pobres no se debe oprimir, ni hacer extorsión a ninguno; que
en cualquier negocio que tengan con ellos, no se ha de engañar
ni defraudar a ricos, ni a pobres; que no priven a nadie de sus
derechos y si fuere posible, que nada deban a ninguno.
2.- Más aún: La mayoría de los paganos
reconocían la necesidad de rendir tributo a la verdad y a la
justicia y aborrecían, por consiguiente, no sólo al que
juraba en falso, poniendo a Dios por testigo de una mentira, sino
también al que acusaba falsamente a su projimo
calumniándolo. En verdad que no tenían sino desprecio
para los mentirosos de todas clases, considerándolos como la
deshonra del género humano y la peste de la sociedad.
3.- Además: Esperaban unos de otros cierta caridad y
misericordia; cualquier ayuda que se pudieran prestar sin detrimento
propio. Practicaban esta benevolencia, no sólo al prestar esos
pequeños servicios humanitarios que no causan al que los hace
gusto, ni molestias, sino también alimentando a los hambrientos;
vistiendo a los desnudos con la ropa que les sobraba, y en lo general a
los necesitados, lo que no les hacía falta. Hasta tal punto
llegaba la justicia de los paganos; justicia que también poseen
los que casi son cristianos.
4.- La segunda cualidad del que casi es cristiano, es que
tiene la apariencia de piedad, de esa piedad que se menciona en el
Evangelio de Jesucristo, que tiene las señales exteriores de un
verdadero cristiano. Por consiguiente, los que casi son cristianos no
hacen nada de lo que el Evangelio prohibe: no toman el nombre de Dios
en vano; bendicen y no maldicen, no juran jamás, sino que sus
contestaciones son siempre: si, si; no, no; no profanan el día
del Señor, ni permiten que nadie lo profane, ni aún el
extranjero que está adentro de sus puertas; evitan no
sólo todo acto de adulterio, fornicación e impureza, sino
aún las palabras y miradas que tienden a pecar de esa manera;
más aún toda palabra ociosa, toda clase de
difamación, critica, murmuración, "palabras deshonestas o
truhanerías", cierta virtud entre los moralistas paganos; en una
palabra, se abstienen de toda clase de conversación que no "sea
bueno para edificación" y que por consiguiente, contrista "al
Espíritu Santo de Dios con el cual estáis sellados para
el día de Redención".
5.- Se abstienen de beber vino, de fiestas y
glotonerías, y evitan hasta donde les es posible, toda clase de
contención y disputas; procurando vivir en paz con todos los
hombres. Si se les hace alguna injusticia, no se vengan, ni devuelven
mal por mal. No injurian, no se burlan, ni se mofan de sus
prójimos por razón de sus debilidades. Voluntariamente no
lastiman, ni afligen, ni oprimen a nadie, sino que en todo hablan y
obran conforme a la regla "todas
las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros,
así también haced vosotros con ellos".
6.- En la práctica de la benevolencia, no se limitan
a obras fáciles y que cuestan poco esfuerzo, sino que trabajan y
sufren en bien de muchos, a fin de proteger eficazmente a unos cuantos
por lo menos. A pesar de los trabajos y las penas, todo lo que les
viene a la mano, lo hacen según sus fuerzas, ya sea en favor de
sus amigos o ya de sus enemigos; de los buenos o de los malos, porque
no siendo "perezosos" en este o en cualquier otro "deber", hacen toda clase de bien, según tienen oportunidad a "todos
los hombres" a sus almas lo mismo que a sus cuerpos. Reprenden a
los malos, instruyen a los ignorantes, fortalecen a los débiles,
animan a los buenos y consuelan a los afligidos. A los que duermen
espiritualmente procuran despertar, y guiar a aquellos a quienes Dios
ya ha movido al "Manantial
Abierto…. Para el pecado y la inmundicia", a fin de que se laven y queden limpios; amonestando
también a los que ya son salvos por la Fe, a honrar en todo el
Evangelio de Cristo.
7.- El que tiene la forma de la santidad usa también
de los medios de gracia, de todos ellos y siempre que hay la
oportunidad. Con frecuencia asiste a la casa de Dios y no como algunos,
quienes se presentan ante el Altísimo cargados de cosas de oro y
joyería, mostrando vanidad en el vestido y ya sea por sus mutuas
atenciones, impropias de la ocasión o su impertinente
frivolidad, demuestran que no tienen la forma, ni el poder de la
santidad. Rogamos a Dios que no hubiera entre nosotros algunas personas
de esta clase, que entran al Templo mirando por todas partes y con
todas las señales de indiferencia y descuido; si bien algunas
veces parece que piden la bendición de Dios sobre lo que van a
hacer; quienes durante el culto solemne se duermen o toman la postura
más cómoda posible o conversan y miran para todas partes,
como si no tuvieran nada serio que hacer y Dios estuviese durmiendo.
Estos no tienen ni la forma de piedad; el que la posee, se postra con
seriedad y presta atención a todas y cada una de las partes
solemnes del culto; muy especialmente al acercarse a la Mesa del
Señor, no lo hace liviana o descuidadamente, sino con tal aire,
modales y comportamiento, que parece decir: "Señor,
ten misericordia de mí, pecador".
8.- Si a todo esto se añade la práctica de la
oración con la Familia, que acostumbraban los jefes del hogar y
consagrar ciertos momentos del día a la comunión con Dios
en lo privado, observando una conducta irreprochable, tendremos una
idea completa de aquellos que practican el cristianismo exteriormente y
tienen la forma de la piedad. Sólo una cosa les falta para ser
casi cristianos: La sinceridad.
LA SINCERIDAD
9.- Sinceridad quiere decir un principio real, interior y
verdadero de cristianismo, del cual emanan todas estas acciones
exteriores. Y a la verdad, que si carecemos de este principio, no
tenemos la justicia de los paganos, ni siquiera la suficiente para
satisfacer las exigencias del poeta Epicureo. Aún ese falto de
juicio en sus momentos sobrios decía:
Operunt Pecare Boni Virtutis amore;
Operunt Pecate Mali, Formidini Poenoe.
"Por
amor a la virtud dejan de pecar los Buenos;
más los malos por temor al castigo"
De manera que si un hombre deja de hacer lo malo,
simplemente por no incurrir en las penas, no hace ninguna gracia. "No
te ajusticiaran" "No alimentarás a los cuervos colgado de un
madero", dijo el pagano y en esto recibe su única recompensa.
Pero ni aún en la opinión de este poeta es un hombre
inofensivo éste, tan bueno como los paganos rectos. Por
consiguiente, no podemos decir con verdad de una persona, quien, guiada
por el móvil de evitar el castigo, la pérdida de sus
amistades, sus ganancias o su reputación, se abstiene de hacer
lo malo y práctica lo bueno, y usa todos los medios de gracia,
que casi es cristiano. Si no tiene mejores intenciones en su
corazón, es un hipócrita.
10.- Se necesita, por lo tanto, de la sinceridad para este
estado de casi cristiano; una intención decidida de servir a
Dios y un deseo firme de hacer su voluntad. Significa el deseo sincero
que el hombre tiene de agradar a Dios en todas las cosas; con sus
palabras, sus acciones, en todo lo que hace y deja de hacer. Este
propósito del hombre que casi es cristiano, afecta todo el tenor
de su vida; es el principio que lo impulsa a practicar el bien,
abstenerse de hacer lo malo y a usar los medios que Dios ha instituido.
11.- En este punto, probablemente pregunten algunos:
¿"Es posible que un hombre pueda ir tan lejos y, sin embargo, no
ser más que casi
cristiano"? "¿qué otra cosa
además se necesita para ser cristiano por completo"? En
contestación diré: que según los oráculos
sagrados de Dios y el testimonio de la experiencia, es muy posible
avanzar hasta tal punto y sin embargo, no ser más que un casi
cristiano.
12.- Hermanos, grande "es la confianza con la que os hablo" "Perdónadme
esta injuria" si declaro mi locura desde los techos de las casas para
vuestro bien y del Evangelio. Permitidme pues, que hable con toda
franqueza de mi mismo, como si hablare de otro hombre cualquiera; estoy
dispuesto a humillarme para ser después exaltado; y a ser
todavía más vil para que Dios sea glorificado.
13.- Durante largo tiempo y como muchos de vosotros
podéis testificar, no llegue sino hasta este punto; si bien
usaba de toda diligencia para desterrar lo malo y tener una conciencia
libre de toda culpa; "Redimiendo
el tiempo" me aprovechaba de todas las oportunidades que se presentaban
para hacer el bien a los hombres, usaba constante y esmeradamente de
todos los medios de gracia tantos públicos como privados;
procuraba observar la mejor conducta posible en todos lugares y toda
hora y, Dios es mi testigo, hacía yo todo esto con la mayor
sinceridad puesto que tenía vívidos deseos de servir al
Señor y resolución firme de hacer su voluntad en todo; de
agradar a Aquél que se había dignado llamarme a pelear "La
Buena Batalla" y a echar mano de la vida eterna; sin embargo, mi conciencia
me dice, movida por el Espíritu Santo, que durante todo ese
tiempo yo no era más que un casi
cristiano.
EL AMOR: LA PRINCIPAL CARACTERISTICA
DEL VERDADERO CRISTIANO
Si me pregunta: ¿Qué otra cosa además
de todo esto, significa el ser cristiano por completo?
Contestaré:
1.- En primer lugar, el amor de Dios quien así dice
en su Santa Palabra: "Amarás
pues al Señor tu Dios de todo tu corazón y de toda tu
alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas." Ese amor que llena el corazón, que se posesiona de
todos sus afectos y desarrolla las facultades del alma,
empleándolas en toda su plenitud. El espíritu de
aquél que de esta manera ama al Señor, de continuo se
regocija en Dios su Salvador; su deleite está en el
Señor, a quien de todas las cosas da gracias; todos sus deseos
son de Dios y permanece en él la memoria de su nombre; su
corazón a menudo exclama: "¿A
quién tengo yo en los cielos?" "Y fuera de ti nada deseo en la
tierra" Y ciertamente, ¿Qué otra cosa puede desear
además de Dios? A la verdad que no el mundo, ni las cosas del
mundo: Porque está crucificado al mundo y el mundo a él;
"Ha crucificado la carne con sus deseos y concupiscencias; "más
aún, está muerto a toda clase de soberbia porque "el
amor... no se envanece;" sino que por el contrario como el que vive en
el amor así "vive en Dios y Dios en él" y se considera a
sí mismo menos que nada.
2.- En segundo lugar, otra de las señales del
verdadero cristiano, es el amor que profesa a sus semejantes, pues el
Señor ha dicho: "Amarás a tu prójimo como a ti
mismo". Si alguno preguntase: "¿Quién es mi
prójimo?" le contestaríamos: todos los hombres del mundo,
todas y cada una de las criaturas de Aquél que es el Padre de
los espíritus de toda carne. No debemos exceptuar a nuestros
enemigos, ni a los enemigos de Dios y de sus propias almas, sino que
los debemos amar como a nosotros mismos, como "Cristo nos ama a
nosotros"; y el que quiera comprender esta clase de amor, que medite
sobre la descripción que Pablo da de ella. "Es
sufrida, es benigna... no tiene envidia" no juzga con ligereza; "no
se envanece", sino que convierte al que ama en humilde siervo de todos.
El amor no hace nada indebido... no busca lo suyo, sino el bien de los
demás y que todos sean salvos; "no se irrita", sino que desecha
la ira que solo existe en quien no ama; "no se
goza de la injusticia, más se goza de la verdad; todo lo sufre,
todo lo cree, todo lo espera".
OTRA CARACTERISTICA INDISPENSABLE: LA FE
3.- Aún hay otro requisito para ser verdaderamente
cristiano, que pudiera considerarse por separado, si bien no es
distinto de los anteriores, sino al contrario, la base de todos ellos:
"La Fe". Excelentes cosas se dicen de esta virtud en los
Oráculos de Dios. "Todo aquél que cree que Jesús
es el Cristo, es nacido de Dios." Dijo el discípulo amado. " A
todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de
Dios, a los que creen en su nombre." "Y esta es la victoria que vence
al mundo, nuestra Fe". El Señor mismo declara que: "El que
cree en mí, aunque este muerto vivirá."
4.- Nadie se engañe a sí mismo. "Necesario es
ver claramente que la Fe que no produce arrepentimiento, amor y buenas
obras, no es la fe viva y verdadera, sino está muerta y es
diabólica; porque aún los demonios mismos creen que
Jesucristo nació de una virgen; que hizo muchos milagros y
declaró ser el Hijo de Dios; que sufrió una muerte
penosísima por nuestras culpas y para redimirnos de la muerte
eterna; que al tercer día resucitó de entre los muertos,
que subió a los cielos y está sentado a la diestra de
Dios Padre y que el día del Juicio vendrá otra vez a
juzgar a los vivos y muertos. Estos artículos de nuestra Fe y
todo lo que está escrito en el Antiguo y Nuevo Testamento, los
demonios creen firmemente, y sin embargo, permanecen en su estado de
condenación porque les falta esta verdadera Fe cristiana.
5.- Consiste la verdadera y única Fe cristiana, Fe,
en tener una plena seguridad y completa certeza de que Cristo nos ha
salvado de la muerte eterna. Es una confianza firme y una certidumbre
inalterable de que Dios nos ha perdonado nuestros pecados por los
méritos de Cristo, y que nos hemos reconciliado con Él;
lo que inspira amor en nuestros corazones y la obediencia de sus santos
mandamientos.
6.- Ahora bien, todo aquél que tenga esta Fe "que
purifica el corazón "(Por
medio del poder de Dios que reside en Él) de la soberbia, la ira, de los deseos impuros, "de toda
maldad", "de toda inmundicia de carne y de Espíritu;" y por otra
parte lo llena con un amor hacia Dios y sus semejantes, más
poderoso que la misma muerte, amor que lo impulsa a hacer las obras de
Dios; a gastar y gastarse a sí mismo, trabajando en bien de
todos los hombres; que sufre con gozo los reproches por causa de
Cristo, el que se burlen de él, lo desprecien, que todos lo
aborrezcan, más aún, todo lo que Dios en su
sabiduría permite que la malicia de los hombres o los demonios
inflijan sobre él; cualquiera que tenga este Fe y trabaje
impulsado por este amor, es no solamente casi, sino cristiano por
completo.
7.- Más ¿Dónde están los
testigos vivientes de todas estas cosas? Os ruego, hermanos, en la
presencia de ese Dios ante quien están "el Infierno y la
Perdición.... ¿Cuanto más los corazones de los
hombres? "Que os preguntéis cada uno en vuestro corazón:
¿Pertenezco a ese número? ¿Soy recto,
misericordioso y amante de la verdad, siquiera como los mejores
paganos? Si así es, ¿Tengo solamente la forma exterior
del cristiano? ¿Me abstengo de hacer lo malo, de todo lo que la
Palabra de Dios prohibe? ¿Hago con todas mis fuerzas todo lo que
me viene a la mano por hacer? ¿Uso de los medios instituidos por
Dios siempre que se ofrece la oportunidad? ¿Y hago todo esto con
el deseo sincero de agradar a Dios en todas las cosas?.
8.- ¿No tenéis muchos de vosotros la
conciencia de encontraros muy lejos de ese estado de mente y
corazón; de que ni siquiera estáis próximos a ser
cristianos; de que no llegáis a la altura de la rectitud de los
paganos; de que ni aún tenéis la forma de la santidad
cristiana? Pues mucho menos ha encontrado Dios sinceridad en vosotros,
el verdadero deseo de agradarle en todas las cosas. No habéis
tenido ni la intención de consagrar todas vuestras palabras y
obras, vuestros negocios y estudios, vuestras diversiones a su gloria.
No habéis determinado ni siquiera deseado, hacer todo "en el
nombre del Señor Jesús" y ofrecerlo todo como un
sacrificio espiritual, agradable a Dios por Jesucristo.
9.- Más suponiendo que hayáis determinado y
decidido hacerlo ¿Será suficiente el hacer
propósitos y el tener buenos deseos, para ser un verdadero
cristiano? En ninguna manera. De nada sirven los buenos
propósitos y las sanas determinaciones, a no ser que se pongan
en práctica. Bien ha dicho alguien que "El Infierno esta
empedrado de buenas intenciones." Queda por resolver la gran pregunta:
¿Está vuestro corazón lleno del amor de Dios?
¿Podéis exclamar con sinceridad: "¡Mi Dios y mi
todo!"? ¿Tenéis otro deseo además de poseerlo en
vuestro corazón? ¿Os sentís felices en el amor de
Dios? ¿Tenéis en Él vuestra gloria, vuestra
delicia y regocijo? ¿Lleváis impreso en vuestro
corazón este mandamiento: "Que el que ama a Dios, ame
también a su hermano"? ¿Amáis pues a vuestros
semejantes como a vosotros mismos? ¿Amáis a todos los
hombres, aún a vuestros enemigos y los enemigos de Dios, como a
vuestra propia alma como Cristo os amó a vosotros?
¿Creéis que Cristo os amó y se dio a si mismo por
vosotros? ¿Tenéis Fe en su Sangre? ¿Creéis
que el Cordero de Dios "ha quitado" vuestros pecados y los ha tirado
como una piedra en lo profundo del mar? ¿Creéis que ha
raído el decreto que os era contrario, quitándolo de en
medio y clavándolo en la cruz? ¿Habéis obtenido la
redención por medio de su sangre, aún la remisión
de vuestros pecados? Y por último, ¿Da su Espíritu
testimonio con vuestro espíritu de que sois hijos de Dios?
El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que
está en medio de nosotros, sabe que si algún hombre muere
sin esta fe y sin este amor, mejor le fuera a tal hombre el no haber
nacido. Despiértate, pues, tú que duermes e invoca a
Dios; llámale ahora, en el día cuando se le puede
encontrar; no le dejes descansar hasta que haga pasar todo "su bien
delante de tu rostro", hasta que te declare el nombre del Señor
"Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y
grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares,
que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado." Que
ningún hombre os engañe, ni os detenga antes de que la
hayáis obtenido, sino al contrario llamad de día y de
noche a Aquél que "Cuando
aún éramos pecadores, a su tiempo murió por los
impíos", hasta que sepáis en quien habéis creído
y podáis decir: "¡Señor Mío, y Dios
Mío!" Orando sin cesar y sin desmayar hasta que podáis
levantar vuestras manos hacia el cielo y decir, sé que vive por
siempre: "Señor
tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo."
Quiera el Señor que todos los que aquí estamos
reunidos sepamos no solamente lo que es ser casi cristiano, sino
verdaderos y completos cristianos; estando gratuitamente justificados
por su gracia, por medio de la redención que es en Jesús;
sabiendo que tenemos paz con Dios por medio de Jesucristo;
regocijándonos con la esperanza de la gracia de Dios y teniendo
el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu
Santo que nos es dado.