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La Comunión con Cristo Rotada y Restaurada
Escrito
por J. Hudson Taylor
"Por tanto, es menester que con más diligencia
atendamos á las
cosas que hemos oído, porque acaso no nos escurramos"
(Hebreos 2:1).
La experiencia de la mayor parte de nosotros,
mostramos fácilmente cómo la comunión con Cristo
puede ser rota, y cuán
necesarios son las exhortaciones de nuestro Señor a los que son
verdaderamente
ramas de la Vid verdadera, y limpiados por la Palabra que Él ha
hablado, de
permanecer en Él. El fracaso es nunca de Su lado. "He
aquí, yo estoy con vosotros todos los días”. Pero,
ay, la
novia a menudo se olvida la exhortación dirigida a ella en el
Salmos 45. "Oye, hija, y mira, é inclina tu
oído;
y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu
hermosura: E
inclínate á él, porque él es tu
Señor".
En esta sección, la novia se ha ido atrás
de su
posición de bendición a un estado de la
mundanería. Quizás la misma impaciencia
de su nueva alegría hizo los pies muy asegurados; quizás
ella pensó que, en
tanto que ella era concernida, no había necesidad de la
exhortación, "Hijitos, guardaos de los
ídolos”.
O ella puede haber pensado que el amor del mundo era tan completamente
quitado
que quizás pudiera volver atrás seguramente, y, por un
poco de compromiso de su
parte, ella quizás pudiera ganar a sus amigos para que
también siguieran a su
Señor. Quizás ella apenas pensó de todo, contento
que era salva y libre, se
olvidó que la corriente - el curso de este mundo - estaba contra
ella; e
insensiblemente deslizada, se volvió atrás a esa
posición fuera de la cual fue
llamada, ignorante todo el tiempo de la reincidencia. No es necesario;
cuando
la corriente está contra nosotros, para voltear la cabeza del
barco a la
corriente para llevarnos; o para un corredor en una carrera para
volverse atrás
para perder el premio.
Ah, con qué frecuencia el enemigo triunfa, por un
dispositivo u otro, a tentar al creyente fuera de esa posición
de la
consagración entera a Cristo en la cual solo la plenitud de Su
poder y de Su
amor puede ser experimentado. Decimos la plenitud de Su poder y de Su
amor;
porque puede que él no ha dejado de amar a su Señor. En
el pasaje antes de
nosotros, la novia todavía lo ama verdaderamente, aunque no
enteramente; hay
todavía un poder en Su Palabra que no es no percibida, aunque
ella ya no rinde
la obediencia instantánea. Ella muy poco se da cuenta
cómo esta haciendo mal a
su Señor, y cuán verdadero es la pared de la
separación entre ellos. A ella, la
mundanería parece sino como una cosa pequeña; ella no se
ha dado cuenta de la
verdad solemne de muchos pasajes en la Palabra de Dios que habla en
términos no
medidos de la locura, el peligro, el pecado de la amistad con el mundo.
"No améis al mundo, ni las cosas que
están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no
está en él.”
"Adúlteros y adúlteras, ¿no
sabéis
que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que
quisiere
ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. "No
os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué
compañía
tienes la justicia con la injusticia? ¿y qué
comunión la luz con las tinieblas?
¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿ó
qué parte el fiel con el infiel?... Por
lo cual Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y
no toquéis lo
inmundo; Y yo os recibiré, Y seré á vosotros
Padre, Y vosotros me seréis á mí
hijos é hijas, dice el Señor Todopoderoso". Tenemos
que hacer nuestra
elección: nosotros no podemos gozar del mundo y de Cristo. La
novia no había
aprendido esto, ella gozaría gustosamente de ambos, con no
pensar de su incompatibilidad.
Ella observa con alegría el enfoque del desposado. "¡La
voz de mi amado! He aquí él viene Saltando sobre los
montes,
brincando sobre los collados. Mi amado es semejante al gamo, ó
al cabrito de
los ciervos. Helo aquí, está tras nuestra pared, Mirando
por las ventanas,
Mostrándose por las rejas". El corazón de la novia
salta a oír la voz
de su Amado, al venir en busca de ella. Él ha cruzado las
colinas; Él se acerca
a ella; Él esta parado detrás de la pared; Él
aún mira por las ventanas; con la
licitación y palabras tiernas Él la corteja para salir a
Él. Él no pronuncia
ningún reproche, y Sus ruegos amorosos se hunden profundos en su
memoria.
"Mi
amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía,
hermosa mía, y vente. Porque
he aquí ha pasado el invierno, Hase mudado, la lluvia se fue;
Hanse mostrado
las flores en la tierra, El tiempo de la canción es venido, Y en
nuestro país
se ha oído la voz de la tórtola; La higuera ha echado sus
higos, Y las vides en
cierne Dieron olor: Levántate, oh amiga mía, hermosa
mía, y vente".
¿Pueden tales súplicas ser en balde? ¡Ay, que si
pueden, y serán! Pero con mas
palabras tiernas el desposado continúa: "Paloma
mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo
escondido de escarpados
parajes, Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; Porque
dulce es la voz tuya, y
hermoso tu aspecto". Maravilloso
pensar que Dios ha de desear la confraternidad con nosotros; y que
Aquél cuyo
amor una vez lo hizo Varón de dolores ahora puede ser hecho el
Hombre de
Alegrías por la devoción amorosa de corazones humanos.
Pero fuerte como sea Su
amor, y Su deseo para Su novia, Él no puede venir aún
más. Dónde ella ahora esta
Él nunca puede venir. Pero seguramente ella irá adelante
a El. ¿No tiene Él un
reclamo sobre ella? Ella siente y se goza de Su amor, pero
¿permitirá ella que
Su deseo cuente para nada? Porque, notaremos, que no es la novia
anhelando en
balde por su SEÑOR, sino que es el desposado quien la busca.
¡Ay que Él ha de buscar
en balde!
"Cazadnos
las zorras, las zorras pequeñas, que echan á perder las
viñas",
Él continúa. Los enemigos pueden ser pequeños,
pero la travesura hecha es grande.
Un rocío pequeño de flor, tan diminutos que apenas pueden
ser percibidos, es
estropeado fácilmente, pero con lo cual la productividad de una
rama entera
puede ser siempre destruida. ¡Y cuán numerosos son las
zorras pequeñas! Los
compromisos pequeños con el mundo; la desobediencia a la voz
tranquila pequeña
en las cosas pequeñas; las indulgencias pequeñas de la
carne al descuido del deber;
los golpes pequeños de la política; haciendo el mal en
las cosas pequeñas para
que el bien pueda suceder; y la belleza y la productividad de la vid
son
sacrificados. Tenemos una ilustración triste del engaño
del pecado en la
respuesta de la novia. En vez de saltar para encontrarlo, ella primero
alivia
su propio corazón por el recuerdo de Su fidelidad, y de su
unión con Él: "Mi amado es mío, y yo
suya; El
apacienta entre lirios". Mi posición es una de seguridad, no
tengo
necesidad de preocuparme por ello. El es mío, y yo son de
Él; y nada puede
alterar esa relación. Yo puedo ahora encontrarlo en cualquier
tiempo, Él
alimenta a Su rebaño entre los lirios. Mientras el sol de
prosperidad brilla
sobre mí, yo puedo gozarme seguramente aquí sin
Él. Si el ensayo y la oscuridad
vienen, Él será seguro en no fallarme. "Hasta
que apunte el día, y huyan las sombras, Tórnate, amado
mío; sé semejante al
gamo, ó al cabrito de los ciervos, Sobre los montes de Bether".
¡Descuidado de Su deseo, ella así levemente lo despide,
con el pensamiento, un
poco después puedo gozar de Su amor; y el desposado entristecido
se retira! ¡Pobre
novia insensata! Ella pronto encontrará que las cosas que una
vez satisfacían
ya no más pueden satisfacer; y que es más fácil de
hacer oídos sordos a Su
llamad tierno que recordar o encontrar a su Señor ausente.
El día llegó a ser fresco, y las sombras
huyeron
lejos; pero Él no volvió. Luego en la noche solemne ella
descubrió su error:
Estaba oscuro, y ella estaba sola. Retirándose para descansar
ella todavía
esperaba Su regreso - la lección que la mundanería es una
barra absoluta a la
comunión plena todavía no aprendida. "Por
las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma:
Búsquelo, y no lo
hallé". Ella espera y se fatigaba: Su ausencia llega a ser
insoportable. "Levantaréme ahora, y
rodearé por la ciudad; Por las calles y por las plazas
Buscaré al que ama mi
alma: Busquélo, y no lo hallé". ¡Cuán
diferente su posición de lo que
quizás había sido! En vez de buscarlo a Él solo,
desolada y en la oscuridad,
ella quizás había ido adelante con Él en el sol,
inclinándose sobre Su brazo.
Ella quizás había cambiado la vista parcial de su Amado
por el enrejado, cuando
ella ya no podía decir "Nada entre medio”, por la alegría
de Su abrazo, y
de Su confesión pública de ella como Su novia escogida. "Halláronme los guardas que rondan la ciudad, Y
díjeles: ¿Habéis
visto al que ama mi alma? Pasando de ellos un poco, Hallé luego
al que mi alma
ama". Ella ya había obedecido Su orden, "Levante…,
y vente”. Sin el temor del reproche, ella lo
buscaba en la oscuridad; y cuando ella comenzó a confesar a su
SEÑOR, pronto lo
encontró y fue restaurado a Su favor:
"Trabé
de él, y no lo dejé, Hasta que lo metí en casa de
mi madre, Y en la cámara de
la que me engendró".
Jerusalén de arriba es la madre de
todos nosotros. Allí es donde, la comunión es gozada, no
en maneras mundanas ni
en las indulgencias tercas. La comunión restaurada
completamente, la sección
cierra, como hecho en el primero, con la carga amorosa del desposado
que
ninguno debe perturbar a Su novia. "Yo
os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, Por las gamas y por las
ciervas del
campo, (Por todo lo que es amable y bello y constante)
Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que
quiera".
Que puédanos todos nosotros, mientras vivimos
aquí
abajo, en el mundo, pero no de él, encontrar nuestro hogar en
los lugares
celestiales a lo cual hemos sido levantados, y en el cual estamos
sentados
juntos con Cristo. Mandados en el mundo para testificar de nuestro
MAESTRO, que
puédanos jamás ser extranjeros allí, preparados
para confesarlo el objeto verdadero
de nuestra devoción del alma. "¡Cuán
amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!
Codicia y aun
ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: Mi
corazón y mi carne cantan
al Dios vivo. Aun el gorrión halla casa, Y la golondrina nido
para sí, donde
ponga sus pollos En tus altares, oh Jehová de los
ejércitos, Rey mío, y Dios
mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa: Perpetuamente
te alabarán…Porque
mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos:
Escogería antes estar á
la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad.
Porque
sol y escudo es Jehová Dios: Gracia y gloria dará
Jehová: No quitará el bien á
los que en integridad andan. Jehová de los ejércitos,
Dichoso el hombre que en
ti confía" (Salmo 84).
Referencia:
Union and Comunión
(Unión y Comunión) por J. Hudson Taylor