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POR QUÉ ES DIOS UN EXTRAÑO EN LA TIERRA
(
Por R. M. McCheyne)
 

«¡Oh, esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción!, ¿por qué has de ser como peregrino en la tierra y como caminante que se aparta para tener la noche? Por qué has de ser como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Tú, empero, estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares». (Jeremías 14:8-9).

En muchos lugares de Escocia hay buenas razones para creer que Dios no es un peregrino en el país, ya que el Se-ñor Jesucristo ha sido proclamado y conocido y el Espíritu santo ha realizado, conforme a su beneplácito su obra vivi-ficadora en muchísimos. Sin embargo, es de temer que en muchos otros lugares de nuestro país Dios es como un pere-grino y como un caminante que se aparta para tener la noche.

1. ¡Cuán pocas conversiones hay en medio de nos-otros! Cuando Dios está presente con su omnipotencia en algún país, entonces hay muchos que despiertan a un senti-miento de convicción de pecado y se juntan al redil de Cristo. Un ministro piadoso, hablando de tal tiempo, cuan-do tuvo lugar un gran avivamiento, decía: "Indicios y se-ñales de la presencia de Dios se manifestaban en casi todos los hogares. Era un tiempo de gozo en el círculo de toda familia por la salvación que hasta sus miembros había lle-vado. Los padres se regocijaban sobre sus pequeños, por-que eran nacidos de nuevo; los maridos por causa de la conversión real de sus esposas y las esposas de sus maridos. La ciudad -seguía diciendo- parecía estar llena de la presencia de Dios. Nunca antes se habían visto días de tanta plenitud de amor y de gozo, aunque hubiese numerosos con-flictos y quebrantos, como en realidad los había". Nada queda de todo ello ahora entre nosotros. ¡Ay, qué contraste tan aciago y triste nos ofrece la mayoría de nuestras familias ahora! ¡Cuántas familias nos rodean en las que no hay ningún miembro convertido, ningún alma salvada!

2. ¡Cuánta muerte hay aún entre los mismos verda-deros cristianos! En tiempos de avivamiento, cuando Dios está presente con todo su poder en algún país, no sólo son despertadas las personas no convertidas de forma que en tropel acuden a Cristo, sino que, aquellos que ellos mismos ya son convertidos, reciben sin medida el don del Espíritu Santo; casi se diría que experimentan un segundo nuevo nacimiento; son, diríamos, llevados al Palacio del Rey y di-cen acerca de Cristo: "¡Oh, si él me besara con ósculos de su boca, porque mejor son tus amores que el vino" (Can-tar de los Cantares 1:2). Un querido creyente decía en tal época: "Mi iniquidad, la que yo realmente veo en mí mismo, se me muestra enormemente grande, indeciblemente terrible, como si fuese un diluvio o un aluvión infinito, como si fuese una inmensa cordillera de montañas que amenazan caer so-bre mi cabeza. No sé cómo expresar de la manera mejor y más gráfica cómo veo mis pecados, como no sea diciendo que son infinitos montones sobre infinitos montones y multipli-cados infinitamente por infinito. Muy a menudo pululan por mi mente estas expresiones, como también por mi boca -in-finito sobre infinito, infinito por infinito." ¡ Q ué poco de este sentir hay entre nosotros! ¡Cuán poco parecemos sentir que el pecado sea una maldad infinita! ¡ Oh, cuán evidente es que Dios es un peregrino, un extraño en la tierra!

3. ¡Cuán grande es el atrevimiento y la desvergüenza de los pecadores en su pecado! Como en los días de Isaías, así es en los nuestros, en los que parece que muchos tienen "su cerviz de duro nervio de hierro y su frente de metal" (Isaías 48:4). Cuando Dios está presente en un país con poder, los pecadores, aunque sigan permaneciendo en sus pecados, sin convertirse, andan de otra manera, no tienen una osadía tan descarada como la que ostentan ahora. Un cierto temor y reverencia pesa sobre sus cabezas. ¡Ay, que no es así entre nosotros! Las compuertas del pecado están abiertas de par en par. "Como Sodoma predican su pecado, no lo disimulan" (Isaías 3:9). ¿ No es, pues, tiempo de cla-mar "oh esperanza de Israel, Guardador suyo?".

No deberíamos preguntarnos solemnemente cuáles son las causas por las que Dios es un peregrino en la tierra?

I. EN LOS MINISTROS.

Comencemos por aquellos que llevan los vasos del san-tuario.

1. Es de temer que abunda demasiado urea predica-ción no fiel a la Palabra para los no convertidos. - Jeremías se lamentaba por este hecho en sus días. "Curan el quebran-tamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz" (Jeremías 6:14). ¿ No es ésta la misma razón que debiera movernos a lamentarnos como Jeremías en nuestros días? La mayoría de nuestras congre-gaciones están fuera de Cristo y se hallan expuestas noche y día a la ira del Señor Dios todopoderoso: y ello debemos atribuirlo al hecho de que gran parte de las ansias y pre-ocupaciones de los pastores no es preocuparse por la ver-dadera salvación de ellos, y sus sermones no se ocupan prin-cipalmente de su caso tan desesperado. Todas las palabras de los hombres y de los ángeles no pueden describir la ho-rrenda situación de los que están sin Cristo y aun siendo esto así, es de temer que no hablamos a los perdidos con aquella claridad, frecuencia y urgencia que fuera de desear. ¡Ay, cuán pocos ministros son como los ángeles de Sodoma, misericordiosamente osados, de forma tal que tomando a los pecadores de la mano los empujaban, lis arrastraban fuera del peligro! (Génesis 19:16), pues los pecadores son lentos, tardos para huir por sí mismos ¡Cuán pocos obedecen aquella palabra de Judas: "haced salvos a otros por temor, arrebatándolos del fuego"!

Muchos de aquellos que cumplen todo esto fielmente, no ;n hacen, sin embargo, tierna y dulcemente. Tenemos más de la amargura del hombre que de la ternura amorosa de Dios. No se compadecen de los hombres en las entrañas de Jesucristo. Pablo escribía acerca de "los enemigos de la cruz de Cristo" ¡con lágrimas en sus ojos! Hay muy poco de este llanto y sentir entre los ministros de Dios ahora. "Co-nociendo los terrores de Dios" -citando literalmente el suerte texto griego de 2 Corintios 5:11-, Pablo persuadía a los hombres. Hoy en día no es fácil ver rastro de este es-píritu persuasivo en los pastores actuales. ¿Cómo podemos entrañarnos de que los huesos sean muy secos, muy secos y que Dios sea un peregrino en la tierra?

2. Es de temer que haya mucha infidelidad al mani-festar a Cristo como el refugio de los pecadores. - Cuando un pecador ha sido convertido recientemente, se afana en persuadir a otro para que acuda a Cristo; el camino es tan llano, tan fácil -piensa-, tan precioso. ¡Oh si yo fue-se un ministro -dice-, cómo persuadiría a los hombres! Éste es u n sentimiento verdadero y un sentimiento recto. Pero ¡oh! cuán poco hay de él entre los ministros. David dijo: "Creí, por tanto hablé". Pocos son como David en esto. Pablo dijo que él "no se propuso saber otra cosa en-tre los hombres, sino a Cristo, y a éste crucificado". Pocos son como Pablo en esto. Muchos no hacen el objetivo y fin de su ministerio testificar de Jesús como el refugio de los pecadores. Es de temer que muchos son como los escribas y los fariseos: "detienen la puerta con su mano, que ni ellos entran ni a los que están entrando dejan entrar". Al-gunos exponen a Cristo clara y fielmente, ¿pero dónde está aquella manera de rogar, de constreñir de Pablo a los hom-bres para que se reconciliasen con Dios? N o invitamos a los pecadores con ternura, no rogamos encarecidamente a los hombres que acudan a Cristo, no les pedimos con autoridad acudan a las bodas del Cordero, no les compelemos a en-trar, no "estamos de parto hasta que Cristo sea formado" en ellos "la esperanza de gloria." ¡Oh! ¿Cómo puede mara-villarnos que Dios sea un peregrino en la tierra?

II. EN LOS CRISTIANOS

1. Con relación a la Palabra de Dios. - Parece que hay poca sed de oír la Palabra de Dios entre los cristianos de hoy en día. Del mismo modo que un estómago delicado obliga a comer escasamente, así parece que muchos cristia-nos están sometidos a una verdadera dieta espiritual ahora. Muchos cristianos parece que oyen la Palabra de Dios mez-clando orgullo en vez de fe. Acuden más como jueces que como niños. Pocos se comportan como niños de pecho. La ma-yoría prefiere la silla de Moisés que la silla de María a los pies de Jesús. Muchos vienen a oírla palabra de un hombre que ha de morir, más bien que la palabra del Dios vivo.¡Oh! ¿no debe enseñarse a los cristianos esta oración: "Oh esperanza de Israel”?

2. Con respecto a la oración –Abunda el trabajo de arar  y sembrar, pero no, en cambio, el de remover el terreno con oración. Dios y vuestra conciencia son testigos de cuán poco oráis. Sabéis que seríais hombres de poder si fueseis hombres de oración y, sin embargo, no queréis orar. Inestables, inconstantes como las aguas, no os enorgullezcáis. Lutero  dedicaba sus tres mejores horas del día a la oración. ¡Cuán pocos Luteros tenemos ahora! John Welch se pasaba siete horas diarias en oración. ¡Cuán pocos John Welch hay ahora!

 Es de temer que hay poquísima oración ahora entre los cristianos. El sumo sacerdote llevaba los nombres de los hijos de Israel sobre sus espaldas y delante de su pecho cuando entraba ante la presencia de Dios en el lugar santísimo, un cuadro de lo que ahora hace Cristo y de lo que los cristianos deberían hacer. Dios y vuestras conciencias sois testigos de cuán poco intercedéis en favor de vuestros hijos y vuestros siervos, vuestros vecinos, la iglesia de vues-tros padres, y los impíos que os rodean en los ambientes en que os desenvolvéis cuán poco oráis por los ministros, por el don del Espíritu Santo, por la conversión del mundo.

Es de temer que hay poca unión en la oración. Los cris-tianos se avergüenzan de juntarse para orar en común. Cris-to ha prometido: "Si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos" (Mat. 18:19). Muchos cristianos son negligentes echando en olvido esta promesa. E n los Hechos encontramos que cuando los apóstoles y los discípulos oraron juntos, "vino u n estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sen-tados" (Hechos 2:2).¡Oh, cuán a menudo y por cuánto tiem-po hemos tenido en poco este camino de obtener la unción del Espíritu Santo! ¿ No hablan con desprecio algunas per-sonas de la oración unida? He aquí una razón por la que Dios manda que las nubes, cuya función normal es producir la lluvia, no lluevan sobre nosotros. É1 aguarda hasta que le busquemos juntos y entonces abrirá las ventanas del cielo y derramará su bendición. ¡Oh, que todos los cristianos mirando al cielo clamasen: "Oh esperanza de Israel"!

III. EN LOS INCONVERSOS

Hay mucho que avergüenza a los ministros y mucho que avergüenza a los creyentes, pero mucho más es lo que avergüenza a los no convertidos.

1. Los pecadores hoy en día tienen una gran insensibilidad a su propia condición de perdidos. –Muchos saben que nunca se han acercado ni creído al Hijo de Dios y, no obstante, viven satisfechos y felices. Muchos saben que no han nacido de nuevo y que la Biblia dice que no verán el reino de Dios, y aunque anden por caminos de perdición se alegran como si fuesen herederos del reino de Dios en vez de herederos del infierno. Esto es lo que hace que Dios esté lejos y sea un peregrino en la tierra.

2. Los pecadores hoy en día tienen una gran insensibilidad a su propia necesidad de Jesucristo. - La Biblia le declara ser el amigo de los pecadores y, sin embargo, ¡cuántos que leen esto están contentos viviendo sin cono-cerle! Aunque los cristianos están hablando siempre de las excelencias de Cristo, que es "el primero entre diez mil y todo É1 codiciable", ellos, sin embargo, no descubren en É1 "pa-recer ni hermosura", no ven en É1 "atractivo para desearle". prefieren oír hablar del cielo o del infierno más que de Cristo. ¡ Ah! Éste es el pecado cumbre de Escocia, el desprecio de Cristo, el rechazamiento del libre ofrecimiento del Salvador. ¡Oh!, vosotros, víboras sordas, que no queréis oir la voz del encantador, sois vosotros quienes hacéis que Dios sea un peregrino en la tierra y "como caminante que se aparta para tener la noche"!

3. Ha habido mucha resistencia al Espíritu Santo en nuestros días. - En algunas partes de Escocia esto ha sido muy real. Muchos han sido heridos en su corazón y sus con-vicciones han sido muy removidas. Algunos han sido traídos a sentir profunda inquietud por su alma, pero han mirado atrás como la mujer de Lot, y como ella, se han convertido en estatuas de sal. ¡Oh, esto mantiene a Dios fuera!

Queridos pecadores, no convertidos, vosotros sabéis bien poco cuán interesados debierais estar de que éste fuese un tiempo de avivamiento. No está en nuestro ánimo decir que vengan juicios sobre vosotros, o fuego del cielo y fuego del infierno; pero sí que os hemos de decir muy claramente que, a menos que el Espíritu Santo de Dios descienda sobre nues-tras parroquias o capillas como lluvia sobre la hierba, mu-chas almas que están ahora en un país de paz pronto esta-rán en un mundo de angustia y crujir de dientes. Quizá no habrá juicios repentinos; no volverá a caer del cielo un in-fierno como cayó sobre Sodoma, quizá la tierra no volverá a abrirse para engullir su presa, como sucedió con el "campo de Israel"; pero los quebrantadores del día del Señor, los mentirosos, los perjuros, los borrachos, los impuros y obsce-nos, los formalistas religiosos, los mundanos y las hipócri-tas, es decir, todos los que estáis sin Cristo, uno a uno si-lenciosa, pero ciertamente, ¡seréis llevados a la eternidad oscura y fatal! Venid, por tanto, y permitid que cada cris-tiano y, sobre todo, cada ministro derrame en llanto sobre vosotros su corazón y clame a Dios: ¡ Oh, esperanza de Is-rael, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué has de ser como peregrino en la tierra y como caminante que se aparta para tener la noche?".
Ha sido la práctica de muchos ministros en Inglate-rra y Escocia llevar a cabo cada domingo de siete a ocho de la mañana una reunión de oración. Muchos ministros de nuestra propia iglesia se han encontrado ante el trono de la gra-cia a esta hora. Muchas congregaciones, en diferentes par-tes de Escocia, han acordado orar en secreto y en familia de ocho a nueve todos los domingos por la mañana.

¿ No podrían los ministros cristianos y los creyentes de Escocia mantener su unión en oración para que la nube de bendición, ahora del tamaño de una mano humana, se en-grandeciese para cubrir totalmente el firmamento y traer-nos tiempos del refrigerio de la presencia del Señor?

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