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¡LA FALTA DE LA HORA!
Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:13, 14).

Hermanos amados y querido amigos, estoy convencido y soy de convicción que  La Falta De La Hora es que el pueblo de Dios debemos de humillarnos, y de orar, y de buscar el rostro de Dios, y de convertirnos de nuestros malos caminos, si habemos de experienciár algún avivamiento antes que el Señor Jesús regrese por Su iglesia y para juzgar al mundo. Quizás algunos me acusaran de ser juzgador por decir eso, pero, ¿se atreve alguno en decir que la iglesia profesante cristiana de hoy en día no necesita avivamiento? ¿Puede alguno probar, por las Escrituras que el estado espiritual del cristianismo de hoy en día es de un nivel tan alto que no necesitamos hacer lo que nuestro texto dice si habemos de recibir una “sanidad espiritual” desde lo alto? Yo, por mi parte, no lo puedo decir; por qué por lo que veo alrededor de mi temo que Dios ha cerrado los cielos de manera que las nubes ya no están lloviendo bendiciones sobre Su pueblo, y que Él ha mandado las langostas que consuman y devoren todo lo que hacemos para la causa del evangelio; y muy ciertamente, Él nos ha enviado una pestilencia que nos hallamos enfermizos y débiles, si no muriéndonos por el lado. Tengo que orar con el profeta antiguo, “Oh Jehová, oído he tu palabra, y temí: Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia (Habacuc 3:2).

Oh pueblo de Dios, tenemos que considerar seriamente que lo que estamos experienciando aquí en nuestra nación, principalmente la destrucción de la fábrica moral que fue establecida al principio en el fundamento de nuestro país sobre la Biblia y el Evangelio del Señor Jesucristo, es el juicio de Dios sobre Su pueblo. Sí, es muy fácil y conveniente en culpar á todo y á todos los demás por el aumento de la impiedad y la maldad, como uno puede ver en que es muy evidente; pero tiene que haber una razón por ello. Es verdad que parece que las riendas han sido soltadas, y que toda iniquidad y hecho de maldad esta a galope tendida alrededor de nosotros. Uno tendrá que estar en denegación, o de cerrar los ojos deliberadamente, para no ver el juicio de Dios sobre esta nación. Es verdad que los impíos son responsables por sus acciones, pero, ¿por qué es que a pesar de haber más de 50% de cristianos profesantes en los EE.UU. de América, no hay de todo ningún poder o influencia de este hecho supuesto, sobre los asuntos de este país? ¿Por qué es que nosotros como nación podemos permitir el echar afuera de Dios, y del Señor Jesucristo y de la oración de nuestras escuelas, y la “impropiedad política”, si no un crimen, de vivir y de practicar nuestra fe en el Señor Jesucristo en el trabajo, y el homicidio de niños en el aborto, y el pecado de Sodoma y de Gomorra en tener tanta influencia, y la corrupción e infidelidad de nuestros políticos elegidos, y el aumento del terrorismo en nuestro país, y ¡así de lo demás! ¿Por qué? Porque el versículo 13 de nuestro texto es verdad en cuanto al pueblo de Dios de HOY EN DÍA; y ¡mucho más es verdad aquí en nuestra nación! Dios ha bendecido este país desmesuradamente; y todavía, ¡mira á donde ha llegado! ¡PARECE QUE DIOS HA ABANDONADO A ESTE PAÍS PORQUE EL PUEBLO DE DIOS HA ABANDONADO AL DIOS SUYO! Qué seamos recordados que “los malos serán trasladados al infierno, todas las gentes (naciones) que se olvidan de Dios(Salmo 9:17).

Es mi oración que el Dios y el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es “amador de misericordia” (Miqueas 7:18) y “es perdonador” (Salmo 86:5), se agrade de hablar á nuestros corazones y de darnos gracia para que el versículo 14 de nuestro texto también sea verdad para Su pueblo; no sólo aquí en los EE.UU. de América, sino en todo país alrededor del mundo. En cada lugar de esta “generación mala y adulterina” (Mateo 16:4), cada uno del pueblo de Dios, “sobre los cuales (su) nombre es invocado”, es responsable de orar continuamente por el Avivamiento y el Despertamiento Espiritual, lo cual Él ha enviado muchas veces antes por la historia. Cada cristiano, es a saber, “todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19), tiene que estar y necesita que estar en sus rodillas (¡el rey Salomón lo hizo! – 2 Crónicas 6:13; ¿por qué nosotros no?), exclamando á Dios por Su gracia y misericordia de hacerlo otra vez, y de hacer “descender la lluvia en su tiempo”, para que caigan las “lluvias de bendición” (Ezequiel 34:26) que traerán la “sanidad espiritual” en nuestra tierra antes que ¡SEA MUY TARDE! Ya no podemos dilatar, amados, porque cada y todo día que pasa nos trae más cercas á aquel día que la puerta se abrirá “cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su potencia, en llama de fuego, para dar el pago á los que no conocieron á Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia” (2 Tesalonicenses 1:7-9). Pero también necesitamos que ser recordados que “es menester que todos nosotros (es a saber, el pueblo de Dios) parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno ó malo” (2 Corintios 5:10); “porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios” (1 Pedro 4:19)?

En nuestro texto hallamos tres cosas que necesitan de ser consideradas muy seriamente las cuales son pertinentes al pueblo de Dios de hoy en día; y eso es, específicamente, á la Iglesia profesante del Señor Jesucristo, “sobre los cuales (su) nombre es invocado”, es a saber, cada uno quien profesa ser cristiano; y por lo tanto, es limitado á ellos. Es verdad que “manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad é injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia” (Romanos 1:18); no obstante, hay una diferencia distinta en el tratamiento de Dios entre Su pueblo y los impíos en esta vida. Esto es hecho muy claro en Génesis 19, donde uno puede ver la diferencia del juicio de Dios sobre Sodoma y Gomorra por su pecado, y Su juicio sobre Lot y los resultados de ello. La diferencia es que los impíos estaban perdidos y se fueron á la perdición, mientras Lot, aunque padeciendo el juicio de Dios por su reincidencia, era “pío” y “justo” (2 Pedro 2:6-9) y era salvo por la gracia de Dios. Por eso es que podemos decir, sin ninguna equivocación, que nuestro texto es SÓLO aplicable para los creyentes verdaderos del Señor Jesucristo; y esto lo veremos en las siguientes consideraciones….

I. El Juicio Reparador de Dios Sobre Su Pueblo (v.13); II. La Invitación Graciosa de Dios Á Su Pueblo (v.141); y III. La Promesa de Dios Para Su Pueblo (v.14b). Es mi oración que al exponer sobre estos tres puntos, según á la gracia que me es dada, ¡que nos lleve á nuestras rodillas y de caer en nuestros rostros delante del Trono de Gracia, y que “(nuestros) ojos” sean “fuentes de aguas, para…llorar día y noche” (Jeremías 9:1) al ser capacitados de ver La Falta De La Hora! Pero no vamos á engañarnos, amados, que es de la sabiduría y del poder del hombre que el Avivamiento y el Despertamiento Espiritual vendrá; porque como no podemos mandar á las nubes que lluevan otra vez, tenemos que mirar e invocar á Aquél quien hacer “llover sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre” (Job 38:26); porque “lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios” (Lucas 18:27). Vamos á contemplar con mucha certidumbre de fe que como nuestro Señor y Salvador murió y resucitó de los muertos, Él también puede Revivirnos, Renovarnos, Restaurarnos, y Reformarnos de manera que no solo podemos andar otra vez en novedad de vida, pero también en el poder de la Resurrección del Señor Jesucristo. Amén.

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Ahora, consideramos nuestro primero punto…

I. El Juicio Reparador de Dios Sobre Su Pueblo (v.13): “Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi…” 

Demasiados muchos cristianos creen que el creyente ya ha sido juzgado en Cristo Jesús al momento de salvación, y que ya no tienen que estar interesados en un juicio futuro. Por supuesto, esto no es verdad; porque como ya he demostrado que el pueblo de Dios serán  juzgados y tendrán que dar una cuenta de sus vidas. Pero como lo dije antes, este juicio no tiene nada que ver con que si somos salvos o no; porque somos “santificados en Dios Padre, y conservados en Jesucristo” (Judas v.1), y Él “es poderoso para guardarnos sin caída (es a saber, de perder nuestra salvación y caer en apostasía), y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría” (v.24). Sin embargo, no hemos de tomar de sí que podemos vivir de cualquier manera y tener la seguridad de que somos salvos simplemente porque profesamos ser cristianos y pertenecer en alguna iglesia. Ya ven, no solo tenemos que estar delante del tribunal de Cristo como cristianos verdaderos, pero muy ciertamente en nuestra vida presente, padeceremos el juicio de Dios por nuestros pecados y reincidencias. Eso, amados, puede ser llamado El Juicio Reparador de Dios Sobre Su Pueblo, el cual tiene doble propósito: Para traernos al arrepentimiento de nuestros pecados, y para enviar Avivamiento á Su pueblo. A cualquier tiempo que esto acontezca á cualquiera de nosotros que profesa al Señor Jesucristo como el Salvador nuestro, entonces, y solo entonces, podemos ser verdaderamente asegurados que hemos sido “salvos en Jehová con salvación eterna”; de otra manera, á lo que se refiere Hebreos 12 puede ser verdad de nosotros: “Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, Ni desmayes cuando eres de él reprendido. Porque el Señor al que ama castiga, Y azota á cualquiera que recibe por hijo. Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como á hijos; porque ¿qué hijo es aquel á quien el padre no castiga? Mas si estáis fuera del castigo (o, Su juicio reparador), del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos (vv.5-8).


La primera observación que hacemos es que es Dios mismo quien trae este juicio sobre Su pueblo. Note que Él le dice á Salomón lo que Él hará: “Si yo cerrare los cielos…, si mandare á la langosta…, ó si enviare pestilencia”. En veces oigo á cristianos profesantes decir que porque Dios es bueno y misericordioso Él no hará tales cosas como las mencionadas, tales como sequedades, hambres, o plagas; y cuando ocurren, ¡muchos dicen que era el diablo! Pero, no lo puedes negar: Él mismo toma la responsabilidad por estas cosas (y esto lo digo reverentemente). Es verdad que Él utilizará á otros para traer Su juicios, o Su castigo, sobre Su pueblo, tal como Satanás con Job (capítulos 1 y 2); o los paganos para castigar á Su pueblo (compare Joel), Por todo el Antiguo Testamento, hallará muchos ocasiones de esto. No obstante, todavía es Dios mismo quien trata con Su pueblo, y en veces severamente, por sus pecados en esta vida.


Aún hoy en día, al presente, podemos estar seguros de una cosa: Si el pueblo de Dios persiste en sus reincidencias, Él enviaré el juicio sobre nosotros como prometido en nuestro texto; porque como somos avisados en Gálatas 6:7, 8 – “No os engañéis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”; y esto para que cuando “siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:32). ¿Se acuerdan lo que le aconteció á David por su pecado con Betsabé y por lo que hizo con su esposo, Urías, en 2 Samuel 11 y 12? “¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Uría Hetheo heriste á cuchillo, y tomaste por tu mujer á su mujer, y á él mataste con el cuchillo de los hijos de Ammón. Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada; por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Uría Hetheo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré á tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres á la vista de este sol…Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar á los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido morirá ciertamente(12:9-11, 14). Este, amados, es un principio Bíblico que nunca hemos de olvidarnos: Nuestro Padre celestial tratará con nosotros y nos recompensará si insistimos en menospreciar Su Palabra y á Él, pero también recordaremos que “al que ama castiga, como el padre al hijo á quien quiere” (Proverbios 3:12).


Pero note ahora nuestra segunda observación es en cómo Él juzga á Su pueblo: “Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo. Muchas veces el Padre celestial enviará juicios temporales, o físicos, es a saber, naturales sobre sus hijos, tales como mencionados aquí. En hecho, Salomón confiesa esto en el capítulo 6 anterior al orar: “Si tu pueblo Israel cayere delante de los enemigos, por haber prevaricado contra ti” (v.24); “Si los cielos se cerraren, que no haya lluvias por haber pecado contra ti” (v.26); “Y si hubiere hambre en la tierra, ó si hubiere pestilencia, si hubiere tizoncillo ó añublo, langosta ó pulgón; ó si los cercaren sus enemigos en la tierra de su domicilio; cualquiera plaga ó enfermedad que sea” (v.28); “Si pecaren contra ti, (pues no hay hombre que no peque,) y te airares contra ellos, y los entregares delante de sus enemigos, para que los que los tomaren los lleven cautivos á tierra de enemigos, lejos ó cerca” (v.36). Además, Isaías nos dice lo que dice Dios: “Y aun á las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella” (5:6); “Y envió Jehová pestilencia á Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado” (2 Samuel 24:15); etc., etc. O, ¿piensas que las cosas que nuestro país ha padecido a través de los años, tales como la Grande Depresión, o más recientemente, los ataques terroristas de 9/11, y los desastres naturales como el Huracán Katrina, etc., han sido causados arbitrariamente por el hombre o la “naturaleza”? No, amados, pueden creer que Dios estaba detrás de todo esto; y ¡me atrevo decir que todos tales “juicios” resultaron por causa del pueblo de Dios, y las reincidencias y desobediencia suyas! 


Quizás algunos disputaran que esto no puede ser verdad ya que toda la gente podrá pasar por tales cosas, incluyendo cristianos o no-cristianos. Sí, eso es verdad; pero, ¿quién puede negar que cuando sequedades, hambres o plagas ocurren, todos sufren, o sean cristianos o no? No obstante, nuestro texto nos dice que Dios hace todas estas cosas á Su pueblo, especialmente en el sentido ESPIRITUAL. Por esto queremos decir a), que cuando Dios cierra los cielos para que no llueva, esto tiene referencia á las “lluvias de bendición” espirituales (Ezequiel 36:24) y el derramamiento de Su gracia sobre Su pueblo, por la cual crecemos en la fe y somos fuertes en el Señor. Pero la reincidencia en nuestras vidas impedirá esto. Luego b), las langostas consumiendo la tierra, a lo menos, de la cosecha plantada y causando un hambre en la tierra. Con todo, espiritualmente es lo que leemos en Amós 8:11 que Dios “enviaré hambre á la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír palabra de Jehová”. ¡Qué verdad es esto HOY EN DÏA que “las langostas” han consumido de lo que se profesa ser el cristianismo “las palabras de la fe y de la buena doctrina” (1 Timoteo 4:6) que han sido plantadas por los fieles siervos de Dios, que aunque muchos del pueblo de Dios están hambrientos “e irán errantes de mar á mar: desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán” (Amós 8:12). ¡Eso es lo que la reincidencia causa al pueblo de Dios! Además, c), cuando Dios envía pestilencia á Su pueblo, puedes creer que tiene referencia á plagas espirituales, las cuales pueden ser describidas como “enfermedades espirituales” que han debilitado, aún hasta el punto que muchos cristianos profesantes pueden reclamar “que tienen nombre que viven, y están muertos” (Apocalipsis 3:1); o como lo pone 2 Timoteo 3:5: “Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella”. En otras palabras, pueden portarse como “cristianos”, pero sus mismas vidas niegan la Vida de Cristo en ellos; y por lo tanto, ¡porque están tan enfermos de la “pestilencia” muchos se mueren en el camino! ¡¡¡Este es el peligro de la reincidencia!!!


Puedes ver, entonces, que el pecado en las vidas del pueblo de Dios es un negocio serio para con Él. ¡El no juega con nosotros! Aunque podemos decir con David que muchas veces Dios “no ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; Ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados” (Salmo 103:10); sin embargo, aunque Él es “perdonador” y “sana nuestra rebeldía” (Salmo 103:10; Óseas 14:4), si continuaremos en nuestro pecado Él será con nosotros como en seguido: “Porque yo seré como león á Ephraim, y como cachorro de león á la casa de Judá: yo, yo arrebataré, y andaré; tomaré, y no habrá quien liberte. Andaré, y tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi” (Óseas 5:14, 15). Así que, pueblo de Dios, vamos honestamente confesar que los juicios de Dios sobre nosotros son para nuestro bien, y es para traernos atrás á Él en Cristo Jesús; por lo tanto, “venid y volvámonos á Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer á Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá á nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana á la tierra” (Óseas 6:1-3).

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En continuar con nuestro mensaje, ahora consideramos nuestro segundo punto, el cual es II. La Invitación Graciosa de Dios á Su Pueblo (v.14a). Una de las verdades de más esperanzas de la Palabra de Dios es que aunque en veces Dios trata con nosotros severamente por nuestros pecados y reincidencias, todavía también hallamos que Él siempre nos esta llamando para atrás á Él. No puedes leer las Escrituras y no hallar que esto es verdad. Pueden haber tiempos que nuestras almas rehúsan de ser consoladas por causa de nuestro pecado, no obstante podemos estar asegurados que Él nunca nos dejará o abandonará en nuestras reincidencias, sino que en Su gracia nos dirá lo que tenemos que hacer para ser perdonados y para tener nuestras rebeldías sanadas. Tal es La Invitación Graciosa de Dios á Su Pueblo de nuestro texto.

Ahora, tenemos que tener en cuenta que las invitaciones de Dios son condicionales. Por esto se significa que para que la promesa sea cumplida hay ciertas cosas con las cuales tenemos que conformarnos, tal como vemos en nuestro texto. Pero también tengan presente que sólo podemos hacerlas por la gracia de Dios. Esto es por qué podemos estar seguros que seremos Revividos, seremos Renovados, seremos Restaurados y seremos Reformados; y la prueba que Su gracia es eficaz en nosotros es que haremos esas cosas que se requieren en Su invitación, es decir, nos humillamos, oramos, buscamos Su rostro y nos convertimos de nuestros malos caminos. Amados, es imposible hacerlos sin Su gracia. Por eso es que el Avivamiento y el  Despertamiento Espiritual no es  el hacer ni la ingeniosidad del hombre, pero totalmente de la Gracia Libre y Soberana de Él; porque como esta escrito: “Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).

Habiendo dicho eso, ahora vamos a ver lo que Gracia hace para el cristiano reincidente: Primero, nos causa a “humillarnos”. La soberbia es el pecado primario en la reincidencia. Nos hace rebeldes y obstinados. El “Yo,  el Mí y el Yo mismo” reinan en nuestros corazones; porque se ha volteado de Dios al Yo. La soberbia nos hace amar al pecado, vivir en el pecado y para el pecado. Pero entonces la Gracia entra y nos da un corazón roto y un espíritu contrito; “Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; Y salvará á los contritos de espíritu” (Salmo 34:18) para “para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15). A más de esto, “Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes” (Santiago 4:6). Ahora la soberbia es expulsada, y cayendo ante de Dios en quebrantamiento y en arrepentimiento, nos “humillamos…bajo la poderosa mano de Dios” (1 Pedro 5:6), confesando nuestros pecados como El ordena a Su pueblo en Jeremías 3:13, 22, “Conoce empero tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado… Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones”.

Pero en segundo lugar, encontramos que debemos de “orar”. Aunque Dios puede de Su gracia soberana revivir a Su pueblo sin nosotros haciendo absolutamente nada, ¡mas encontramos que esto no es así! De hecho, la oración se requiere si habemos de experimentar el Avivamiento, no sólo personalmente pero también corporalmente. Además, ¿qué sería la primera cosa que un reincidente humillado haría, si no a “orar”? La soberbia a causa del pecado previene orar y nos causará que digamos como los impíos, “¿Y de qué nos aprovechará que oremos á él?” (Job 21:14). La oración debe ser una delicia para el pueblo de Dios, pero si no es, ¡es porque no estamos en la comunión con El! No obstante, aquí en este instante somos requeridos a  “orar” si habemos de experienciár el Avivamiento; porque la oración hace algo que nada más hace. Muestra que hemos sido humillados y que miramos fuera de nosotros mismos para nuestra necesidad. “Conviértete, oh Israel, á Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros palabras, y convertíos á Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien…” (Óseas 14:1, 2). No pienses por un momento que podemos tener el Avivamiento sin la oración, pero la oración que viene de un corazón roto que es arrepentido a causa de nuestros muchos pecados y exclama por el perdón y la Restauración.

Luego, terceramente, si somos verdaderamente humillados y verdaderamente oramos, “buscaremos su rostro”. Es decir, aquél con un corazón roto y un espíritu contrito tiene la urgencia, de no sólo ser perdonado, pero poder en venir á la presencia de Dios y hallar la gracia perdonadora en Él. Dios mismo le dice al reincidente en Óseas 5:15, “Andaré, y tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi”. Note que se dice que si nosotros no hacemos así, estamos apartados de Él. Pero si ahora somos humillados y orando a causa de Su juicio (v.13), “¡En (nuestra) angustia madrugamos á (él)”! Haremos como David dijo: “Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová” (Salmo 27:8). Buscar Su cara revela que uno es serio en siendo restaurado en la comunión con Dios, como viendo Su cara indicando la alegría que viene de ser perdonando y andando en la alegría del Señor; porque “orará á Dios, y le amará, Y verá su faz con júbilo” (Job 33:26).

Finalmente, en el cuarto lugar, debemos de “convertirnos de (nuestros) malos caminos”. Si nosotros no hacemos esto, amados, entonces reclamando que nos hemos humillado, y oramos, y buscamos el rostro de Dios, será para el nada. En seguir andando en “nuestros malos caminos“ revela que no somos rotos de corazón y contritos de espíritu; y no tenemos “el dolor que es según Dios”, que” obra arrepentimiento saludable” (2 Corintios 7:10). Pero en la otra mano, si nos hemos “convertirnos de (nuestros) malos caminos”, entonces ¡esto significa que nos hemos vuelto a Dios y á Sus caminos! La evidencia de esto es la manifestación de un “cambió de vida” que ocurre cuando nos  convertimos de (nuestros) malos caminos”.

Ahora, deberá ser notado que todo esto, es decir, que nos humillamos, que oramos, que buscamos el rostro de Dios, y que nos apartamos de nuestros malos caminos es imposible por, y de, nuestro propio. Tratemos tanto como queremos, nunca seremos capaces de hacer nada a menos que “Dios es el que en nosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). ¡Por eso tiene que ser TODO DE GRACIA! Por eso tenemos que mirar á Aquél quien es “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10), y recibir de Él “gracia sobre gracia” (Juan 1:16) del principio al fin. El Avivamiento verdadero es la manifestación de la Gracia Libre y Soberana de Dios sobre Sus pueblo. ¡No vienen a causa de reuniones planeadas especiales de avivamiento; no vienen a causa de algún predicador popular en particular; no viene a causa de algunos medios que quizás utilicemos o de ideas que quizás pensamos! ¡No! El Avivamiento verdadero viene porque ha complacido a nuestro Dios a “renovar nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5:21) y a medicinar (nuestra) rebelión (Óseas 14:4). Ah, ¡ojala que así sea para nosotros HOY en Jesucristo! Amén.

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Ahora, venimos á III. La Promesa de Dios para Su Pueblo (v.14b); y es: “Entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. Al principio de este punto quiero acentuar que la promesa aquí es para Su pueblo, “sobre los cuales (su) nombre es invocado”. Es decir, esto no es una promesa para la salvación al incrédulo, pero para ésos que ya son el pueblo de Dios, es decir cristianos verdaderos que han reincidido en el pecado. Nosotros siempre tenemos que mantener esto en mente para que no demos la promesa del Avivamiento a ésos que todavía están espiritualmente "muertos en…delitos y pecados" (Efesios 2:1) simplemente porque lo que ellos necesitan es "nacer otra vez" (Juan 3:3, 7). Ya ven, los cristianos reincidentes tienen todavía la Vida de Dios en ellos, aunque hayan retrocedido en el pecado. ¡Ellos son como una planta marchitada que ya no más es regada ni fertilizada y ha sido infestada con insectos o enfermedades maliciosos, pero puede ser devuelta todavía a una condición sana y saludable; mientras que el pecador que está desprovisto de la Vida de Cristo no puede experimentar el Avivamiento en que no tienen una Vida que se pueda Revivir! ¿Por qué? Porque "este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene al vida: el que no tiene la Hijo de Dios, no tiene la vida" (1 Juan 5:11, 12).

Ahora como hemos notado previamente que el Avivamiento es condicional; y por esto significamos que ésos del pueblo de Dios que han reincidido tienen que conformarse con ciertas cosas, es decir, ellos tienen que “humillarse…, y oraren, y buscaren… el rostro de Dios, y se convirtieren de sus malos caminos” para que la promesa de Dios se pueda cumplir en ellos. Esto es sacado por la palabra, "entonces". Es decir, es SOLO CUANDO respondemos a la invitación amable de Dios que Su promesa será verdad. ¿Piensa usted que Dios revivirá á cualquiera que está repleto de la soberbia, no ora en todo, no tiene urgencia para ver el rostro de Dios, y continúa en sus caminos malvados? Usted puede marcar esto: ¡EN NINGUNA MANERA! Pero cuando el reincidente responde a Su invitación, es a causa de la Gracia Libre y Soberana de Dios que no sólo suministra estas gracias, pero también los capacita para hacerlo. Si Dios no lo hace, entonces el reincidente morirá; porque como la planta que se marchita no puede revivirse de sí misma, tampoco puede el cristiano reincidente.

Pero Dios ha prometido "medicinar su rebelión" (Óseas 14:4) para que aquellos que son "plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán” (Salmo 92:13). ¡Sí, Él "revivirá" a Su pueblo; Él "renovará" a Su pueblo; Él "restaurará" a Su pueblo; y muy ciertamente, Él "reformará" a Su pueblo; y será TODO DE, y POR SU GRACIA! No obstante, no nos engañemos en pensar que eso siendo el caso, todo lo que hacemos es esperar pasivamente hasta que Dios sea complacido para mandar el Avivamiento. ¡NO! Al contrario, nosotros deberemos ser como Elías, que aunque Dios le prometió que El mandaría la lluvia después de 3 ½ años de la sequía, todavía Elías obedeció y oró hasta que la nube del tamaño de una mano de hombre llegó a ser una lluvia torrencial. Refiérase a 1 Reyes 18:1, 41-45. Igualmente, amado, vamos a humillarnos nosotros mismos, vamos a orar, vamos a buscar el rostro de Dios, y seguramente, vamos apartarnos de nuestros malos caminos, si verdaderamente deseamos el Avivamiento; y esto será una manifestación de la gracia de Dios sobre, y en, nosotros. ¡TODA GLORIA SEA PARA ÉL SOLO! AMEN.

Ahora, vamos a considerar la Promesa de Dios para Su Pueblo: Primero, El promete "oír desde los cielos". Eso del comienzo nos debe recordar A QUIEN estamos orando, sino a Aquél cuya "habitación,” esta en “los cielos" (1 Reyes 8:30) y "que ha enaltecido su habitación" (Salmo 113:5). Verdaderamente eso nos debe humillar y hacernos confesar: “¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti nada deseo en la tierra" (Salmo 73:25). No obstante, Él promete "oírnos, que significa entonces, que no "en vano le buscaremos" (Isaías 45:19), de modo que podemos decir con David: "Oh Jehová, de mañana oirás mi voz;” (significando que no deberemos demorar buscar el rostro de Dios), “De mañana me presentaré á ti, y esperaré" (5:3), esperando una respuesta con gran anticipación. También, vamos a ser recordados que si esperamos que Dios nos oiga, deberemos venir con un corazón humilde y un espíritu contrito a causa de nuestro pecado; de otro modo El no oirá como Isaías nos advierte, "Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oír" (59:2). Sobre todo, si esperamos que Él nos oiga, deberemos entrar en el Nombre precioso de Su Hijo; porque es Su Nombre por el cual Su pueblo es llamado. Es SOLO en el Señor Jesucristo que podemos obtener el oído de Dios en nuestras oraciones. Aparte de Él Dios no nos oirá.

En segundo lugar, Dios promete "perdonar (nuestros) pecados”. Eso es lo que es la reincidencia: Retrocediendo á, y viviendo en, el pecado. Usted puede estar seguro de una cosa: Traerá los juicios de Dios sobre nosotros como ya hemos notado previamente. Pero la promesa es que cuando Dios oye de los cielos, Él perdonará nuestros pecados. Pero otra vez vamos a ser recordados que podemos ser perdonados SOLO según a la manera de Dios, lo cual se expresada en Su invitación graciosa: "Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces…”, y SOLO ENTONCES es la promesa verdadera para el reincidente arrepentido. Se dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad" (1 Juan 1:9). Aquí confesar nuestros pecados concuerda simplemente con Dios acercas del pecado y de las consecuencias de ello; y así que envuelve lo que deberemos hacer para obtener el perdón para nuestros pecados. Pero, no nos olvidemos que la MANERA de Dios está en Su Hijo, en el Señor Jesucristo; porque es SOLO en Él que el cristiano reincidente puede responder a la invitación y recibir la promesa; porque no sólo “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (v.7), pero en Él Mismo "abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo; Y él es la propiciación por nuestros pecados.…” (2:1,2), satisfaciendo todas las demandas que Dios hace para el perdón de TODOS nuestros pecados.

Terceramente, El promete "sanar su tierra". Por supuesto, en el sentido literal esto significa que la tierra del pueblo de Dios necesitaba la "sanidad" a causa de los juicios de Dios sobre ella debido a la sequía, al hambre, y a la pestilencia. Nunca nos olvidaremos que hay tiempos que Dios utilizará las catástrofes naturales para castigar a Su pueblo a causa de su pecado, o a sus enemigos para hacer lo mismo. En cualquier caso, Él puede restaurar la tierra; y aquí El promete hacerlo en respuesta a Su invitación graciosa. Pero esto es muy verdadero en el sentido espiritual porque el PECADO es envuelto para la necesidad de la sanidad, o sea como aquí o en el espíritu. La reincidencia necesita la santidad; y si el reincidente no es revivido, o renovado, o restaurado, y es reformado, ¿qué esperanza puede haber para él? Todavía, hay la esperanza; porque el Señor promete en Óseas 14:4, "Yo medicinaré su rebelión"; o como Él dice en Jeremías, "Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones” (3:22). Creo que podemos aplicar esto a nuestro país; porque América era fundada sobre la Palabra de Dios y dada a Su pueblo cuando los primeros cristianos aterrizaron aquí, y así que "esta tierra es nuestra tierra" que necesita "sanidad" debido a los juicios que han caído sobre nuestra nación por los pecados del pueblo de Dios. También, lo podemos aplicar a la Iglesia, que es "plantío de Jehová" (Isaías 61:3) que necesita la sanidad de Dios a causa de Sus juicios sobre ella; y esto podemos ver en Óseas al ver como el pueblo de Dios confiesa: "Venid y volvámonos á Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará” (6:1).

Pero, oh amado pueblo de Dios, ¿cuánta sanidad cada uno de nosotros necesitamos a causa de nuestros PROPIOS pecados personales? ¿Podemos confesar que mucho de lo que esta mal con la "cristiandad" de hoy es nuestro propio defecto? Sí, yo sé; es difícil de mirarme a mi mismo y admitir que podría ser mis pecados que ha causado que Dios parara la lluvia (porque recuerda que cuando llueve, ¡las personas alrededor de usted se mojan también!); o mi testimonio infiel ha traído las "langostas" para devorar todo lo que hacemos para el Señor; y la muy ciertamente, mi vida mundana y carnal ha afectado a mis compañeros cristianos hasta el punto que las "pestilencias" del pecado han contaminado sus vidas espirituales. ¡Quizás usted se siente que soy drástico en decir esto, pero creen que usted tiene que concordar conmigo que hay algo radicalmente mal con mucho de lo que se profesa la cristiandad de hoy; y por causa de ello, los juicios de Dios están sobre nosotros, y han afectado nuestra "tierra"! LA FALTA DE LA HORA no sólo es exclamar con el Salmista, “Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado" (41:4), pero también que el SEÑOR "aviva su obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos la haga conocer; En la ira acordase de la misericordia" (Habacuc 3:2) para Su pueblo. Sí, necesitamos que solicitar por el Avivamiento y la Sanidad, implorando la Sangre y la Justicia de nuestro precioso Señor y del Salvador Jesucristo para que Su Vida otra vez se manifieste en Poder al andar en Santidad, y en Obediencia y en la Separación. “O Dios Poderoso, ordena que las nubes "lluevan" otra vez, manejan las "cigarras" lejos con Su Espíritu, y nos limpia de nuestras "pestilencias" con el toque de la mano; y lo hace para Tu gloria en el Nombre precioso de Su amado Hijo, nuestro Señor y el Salvador Jesucristo, a quien son la gloria ahora y para siempre. Amén.