![]() |
¡LA FALTA DE LA HORA!
“Si yo
cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la
langosta que consuma
la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; Si se
humillare mi pueblo,
sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro,
y se
convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los
cielos, y
perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2
Crónicas
7:13, 14).
Hermanos amados y querido amigos, estoy convencido y
soy de convicción que La Falta De
La
Hora es que el pueblo de Dios debemos de humillarnos, y de orar, y de
buscar el
rostro de Dios, y de convertirnos de nuestros malos caminos, si habemos
de
experienciár algún avivamiento antes que el Señor
Jesús regrese por Su iglesia
y para juzgar al mundo. Quizás algunos me acusaran de ser
juzgador por decir
eso, pero, ¿se atreve alguno en decir que la iglesia profesante
cristiana de
hoy en día no necesita avivamiento? ¿Puede alguno probar,
por las Escrituras
que el estado espiritual del cristianismo de hoy en día es de un
nivel tan alto
que no necesitamos hacer lo que nuestro texto dice si habemos de
recibir una
“sanidad espiritual” desde lo alto? Yo, por mi parte, no lo puedo
decir; por
qué por lo que veo alrededor de mi temo que Dios ha cerrado los
cielos de
manera que las nubes ya no están lloviendo bendiciones sobre Su
pueblo, y que
Él ha mandado las langostas que consuman y devoren todo lo que
hacemos para la
causa del evangelio; y muy ciertamente, Él nos ha enviado una
pestilencia que
nos hallamos enfermizos y débiles, si no muriéndonos por
el lado. Tengo que
orar con el profeta antiguo, “Oh Jehová,
oído he tu palabra, y temí: Oh Jehová, aviva
tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla
conocer; en la ira acuérdate de la misericordia”
(Habacuc 3:2).
Oh pueblo de Dios, tenemos que considerar seriamente
que lo que estamos experienciando aquí en nuestra nación,
principalmente la
destrucción de la fábrica moral que fue establecida al
principio en el
fundamento de nuestro país sobre la Biblia y el Evangelio del
Señor Jesucristo,
es el juicio de Dios sobre Su pueblo. Sí, es muy fácil y
conveniente en culpar
á todo y á todos los demás por el aumento de la
impiedad y la maldad, como uno
puede ver en que es muy evidente; pero tiene que haber una razón
por ello. Es
verdad que parece que las riendas han sido soltadas, y que toda
iniquidad y
hecho de maldad esta a galope tendida alrededor de nosotros. Uno
tendrá que
estar en denegación, o de cerrar los ojos deliberadamente, para
no ver el
juicio de Dios sobre esta nación. Es verdad que los
impíos son responsables por
sus acciones, pero, ¿por qué es que a pesar de haber
más de 50% de cristianos
profesantes en los EE.UU. de América, no hay de todo
ningún poder o influencia
de este hecho supuesto, sobre los asuntos de este país?
¿Por qué es que
nosotros como nación podemos permitir el echar afuera de Dios, y
del Señor
Jesucristo y de la oración de nuestras escuelas, y la
“impropiedad política”,
si no un crimen, de vivir y de practicar nuestra fe en el Señor
Jesucristo en
el trabajo, y el homicidio de niños en el aborto, y el pecado de
Sodoma y de
Gomorra en tener tanta influencia, y la corrupción e infidelidad
de nuestros
políticos elegidos, y el aumento del terrorismo en nuestro
país, y ¡así de lo
demás! ¿Por qué? Porque el versículo 13 de
nuestro texto es verdad en cuanto al
pueblo de Dios de HOY EN DÍA; y ¡mucho más es
verdad aquí en nuestra nación! Dios
ha bendecido este país desmesuradamente; y todavía,
¡mira á donde ha llegado!
¡PARECE QUE DIOS HA ABANDONADO A ESTE PAÍS PORQUE EL
PUEBLO DE DIOS HA
ABANDONADO AL DIOS SUYO! Qué seamos recordados que “los
malos serán trasladados al infierno, todas las
gentes (naciones) que se olvidan de
Dios” (Salmo 9:17).
Es mi oración que el Dios y el Padre de nuestro
Señor
Jesucristo, quien es “amador de
misericordia” (Miqueas 7:18) y “es
perdonador” (Salmo 86:5), se agrade de hablar á nuestros
corazones y de
darnos gracia para que el versículo 14 de nuestro texto
también sea verdad para
Su pueblo; no sólo aquí en los EE.UU. de América,
sino en todo país alrededor
del mundo. En cada lugar de esta “generación
mala y adulterina” (Mateo 16:4), cada uno del pueblo de Dios, “sobre los cuales (su) nombre es invocado”,
es responsable de orar continuamente por el Avivamiento y el
Despertamiento
Espiritual, lo cual Él ha enviado muchas veces antes por la
historia. Cada
cristiano, es a saber, “todo aquel que
invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19), tiene que estar y
necesita
que estar en sus rodillas (¡el rey Salomón lo hizo! – 2
Crónicas 6:13; ¿por qué
nosotros no?), exclamando á Dios por Su gracia y misericordia de
hacerlo otra
vez, y de hacer “descender la lluvia en
su tiempo”, para que caigan las “lluvias
de bendición” (Ezequiel 34:26) que traerán la
“sanidad espiritual” en
nuestra tierra antes que ¡SEA MUY
TARDE! Ya no podemos dilatar, amados, porque cada y todo día que
pasa nos trae
más cercas á aquel día que la puerta se
abrirá “cuando se manifestará el
Señor Jesús del cielo con los ángeles de su
potencia, en llama de fuego, para dar el pago á los que no
conocieron á Dios,
ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales
serán
castigados de eterna perdición por la presencia del
Señor, y por la gloria de
su potencia” (2 Tesalonicenses 1:7-9). Pero también
necesitamos que ser
recordados que “es menester que todos
nosotros (es a saber, el pueblo de Dios)
parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba
según lo que
hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno ó malo” (2
Corintios
5:10); “porque es tiempo de que el juicio
comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros,
¿qué será el
fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios” (1 Pedro
4:19)?
En nuestro texto hallamos tres cosas que necesitan de
ser consideradas muy seriamente las cuales son pertinentes al pueblo de
Dios de
hoy en día; y eso es, específicamente, á la
Iglesia profesante del Señor
Jesucristo, “sobre los cuales (su) nombre
es invocado”, es a saber, cada uno quien profesa ser cristiano; y
por lo
tanto, es limitado á ellos. Es verdad que “manifiesta
es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad é injusticia de
los hombres,
que detienen la verdad con injusticia” (Romanos 1:18); no
obstante, hay una
diferencia distinta en el tratamiento de Dios entre Su pueblo y los
impíos en
esta vida. Esto es hecho muy claro en Génesis 19, donde uno
puede ver la
diferencia del juicio de Dios sobre Sodoma y Gomorra por su pecado, y
Su juicio
sobre Lot y los resultados de ello. La diferencia es que los
impíos estaban
perdidos y se fueron á la perdición, mientras Lot, aunque
padeciendo el juicio
de Dios por su reincidencia, era “pío” y
“justo” (2 Pedro 2:6-9) y era salvo
por la gracia de Dios. Por eso es que podemos decir, sin ninguna
equivocación,
que nuestro texto es SÓLO aplicable para los creyentes
verdaderos del Señor
Jesucristo; y esto lo veremos en las siguientes consideraciones….
I. El Juicio
Reparador de Dios Sobre Su Pueblo (v.13); II. La Invitación
Graciosa de Dios Á
Su Pueblo (v.141); y III. La Promesa de Dios Para Su Pueblo (v.14b). Es mi
oración que
al exponer sobre estos tres puntos, según á la gracia que
me es dada, ¡que nos
lleve á nuestras rodillas y de caer en nuestros rostros delante
del Trono de
Gracia, y que “(nuestros) ojos” sean “fuentes
de aguas, para…llorar día y noche”
(Jeremías 9:1) al ser capacitados de ver La Falta De La Hora!
Pero no vamos á
engañarnos, amados, que es de la sabiduría y del poder
del hombre que el
Avivamiento y el Despertamiento Espiritual vendrá; porque como
no podemos
mandar á las nubes que lluevan otra vez, tenemos que mirar e
invocar á Aquél
quien hacer “llover sobre la tierra
deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre” (Job 38:26);
porque “lo que es imposible para con los hombres,
posible es para Dios” (Lucas 18:27). Vamos á contemplar con
mucha
certidumbre de fe que como nuestro Señor y Salvador murió
y resucitó de los
muertos, Él también puede Revivirnos, Renovarnos,
Restaurarnos, y Reformarnos
de manera que no solo podemos andar otra vez en novedad de vida, pero
también
en el poder de la Resurrección del Señor Jesucristo.
Amén.
*************************************************************************************************
Ahora, consideramos nuestro primero punto…
En continuar con nuestro mensaje, ahora consideramos
nuestro segundo punto, el cual es II. La
Invitación Graciosa de Dios á Su Pueblo (v.14a). Una
de las verdades de más
esperanzas de la Palabra de Dios es que aunque en veces Dios trata con
nosotros
severamente por nuestros pecados y reincidencias, todavía
también hallamos que
Él siempre nos esta llamando para atrás á
Él. No puedes leer las Escrituras y
no hallar que esto es verdad. Pueden haber tiempos que nuestras almas
rehúsan
de ser consoladas por causa de nuestro pecado, no obstante podemos
estar
asegurados que Él nunca nos dejará o abandonará en
nuestras reincidencias, sino
que en Su gracia nos dirá lo que tenemos que hacer para ser
perdonados y para
tener nuestras rebeldías sanadas. Tal es La Invitación
Graciosa de Dios á Su
Pueblo de nuestro texto.
Ahora, tenemos que tener en cuenta que las
invitaciones de Dios son condicionales.
Por esto se significa que para que la promesa sea cumplida hay ciertas
cosas
con las cuales tenemos que conformarnos, tal como vemos en nuestro
texto. Pero
también tengan presente que sólo podemos hacerlas por la
gracia de Dios. Esto
es por qué podemos estar seguros que seremos Revividos, seremos
Renovados, seremos
Restaurados y seremos Reformados; y la prueba que Su gracia es eficaz
en
nosotros es que haremos esas cosas que se requieren en Su
invitación, es decir,
nos humillamos, oramos, buscamos Su rostro y nos convertimos de
nuestros malos
caminos. Amados, es imposible hacerlos
sin Su gracia. Por eso es que el Avivamiento y el Despertamiento
Espiritual no es el hacer
ni la ingeniosidad del hombre, pero
totalmente de la Gracia Libre y Soberana de Él; porque como esta
escrito: “Así que no es del que quiere, ni del que
corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).
Habiendo dicho eso, ahora vamos a ver lo que Gracia
hace para el cristiano reincidente: Primero,
nos causa a “humillarnos”. La
soberbia es el pecado primario en la reincidencia. Nos hace rebeldes y
obstinados. El “Yo, el Mí y el Yo
mismo”
reinan en nuestros corazones; porque se ha volteado de Dios al Yo. La
soberbia
nos hace amar al pecado, vivir en el pecado y para el pecado. Pero
entonces la
Gracia entra y nos da un corazón roto y un espíritu
contrito; “Cercano está Jehová á los
quebrantados de
corazón; Y salvará á los contritos de
espíritu” (Salmo 34:18) para “para hacer
vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el
corazón de los
quebrantados” (Isaías 57:15). A más de esto, “Dios resiste á los soberbios, y da gracia á
los humildes”
(Santiago 4:6). Ahora la soberbia es expulsada, y cayendo ante de Dios
en
quebrantamiento y en arrepentimiento, nos “humillamos…bajo
la poderosa mano de Dios” (1 Pedro 5:6), confesando nuestros
pecados como
El ordena a Su pueblo en Jeremías 3:13, 22, “Conoce
empero tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado…
Convertíos,
hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones”.
Pero en segundo
lugar, encontramos que debemos de “orar”.
Aunque Dios puede de Su gracia soberana revivir a Su pueblo sin
nosotros haciendo absolutamente
nada, ¡mas encontramos que esto no es así! De hecho,
la oración se requiere
si habemos de experimentar el Avivamiento, no sólo personalmente
pero también
corporalmente. Además, ¿qué sería la
primera cosa que un reincidente humillado
haría, si no a “orar”? La soberbia a
causa del pecado previene orar y nos causará que digamos como
los impíos, “¿Y de qué nos
aprovechará que oremos á él?”
(Job 21:14). La oración debe ser una delicia para el pueblo de
Dios, pero si no
es, ¡es porque no estamos en la comunión con El! No
obstante, aquí en este
instante somos requeridos a “orar”
si habemos de experienciár el
Avivamiento; porque la oración hace algo que nada más
hace. Muestra que hemos
sido humillados y que miramos fuera de nosotros mismos para nuestra
necesidad. “Conviértete, oh Israel, á
Jehová tu Dios:
porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros palabras, y
convertíos á
Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien…”
(Óseas 14:1,
2). No pienses por un momento que podemos tener el Avivamiento sin la
oración,
pero la oración que viene de un corazón roto que es
arrepentido a causa de
nuestros muchos pecados y exclama por el perdón y la
Restauración.
Luego, terceramente,
si somos verdaderamente humillados y verdaderamente oramos, “buscaremos
su rostro”. Es decir, aquél con
un corazón roto y un espíritu contrito tiene la urgencia,
de no sólo ser
perdonado, pero poder en venir á la presencia de Dios y hallar
la gracia
perdonadora en Él. Dios mismo le dice al reincidente en
Óseas 5:15, “Andaré, y tornaré
á mi lugar hasta que
conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia
madrugarán á mi”. Note
que se dice que si nosotros no hacemos así, estamos apartados de
Él. Pero si ahora
somos humillados y orando a causa de Su juicio (v.13), “¡En (nuestra) angustia madrugamos á (él)”!
Haremos como David dijo: “Mi corazón ha dicho de
ti: Buscad mi
rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová” (Salmo 27:8).
Buscar Su cara revela
que uno es serio en siendo restaurado en la comunión con Dios,
como viendo Su
cara indicando la alegría que viene de ser perdonando y andando
en la alegría
del Señor; porque “orará á Dios, y le
amará, Y verá su faz con júbilo” (Job 33:26).
Finalmente, en el cuarto
lugar, debemos de “convertirnos de
(nuestros) malos caminos”. Si nosotros no hacemos esto, amados,
entonces
reclamando que nos hemos humillado, y oramos, y buscamos el rostro de
Dios,
será para el nada. En seguir andando en “nuestros
malos caminos“ revela que no somos rotos de corazón y
contritos de
espíritu; y no tenemos “el dolor que es
según Dios”, que” obra
arrepentimiento saludable” (2 Corintios 7:10). Pero en la otra
mano, si nos
hemos “convertirnos de (nuestros) malos
caminos”, entonces ¡esto significa que nos hemos vuelto a
Dios y á Sus
caminos! La evidencia de esto es la manifestación de un
“cambió de vida” que
ocurre cuando nos “convertimos
de (nuestros) malos caminos”.
Ahora, deberá ser notado que todo esto, es decir,
que nos
humillamos, que oramos, que buscamos el rostro de Dios, y que nos
apartamos de
nuestros malos caminos es imposible por, y de, nuestro propio. Tratemos
tanto
como queremos, nunca seremos capaces de hacer nada a menos que “Dios es el que en nosotros obra así el
querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).
¡Por eso
tiene que ser TODO DE GRACIA! Por eso tenemos que mirar á
Aquél quien es “el Dios de toda gracia” (1
Pedro 5:10),
y recibir de Él “gracia sobre gracia”
(Juan 1:16) del principio al fin. El Avivamiento verdadero es la
manifestación
de la Gracia Libre y Soberana de Dios sobre Sus pueblo. ¡No
vienen a causa de
reuniones planeadas especiales de avivamiento; no vienen a causa de
algún
predicador popular en particular; no viene a causa de algunos medios
que quizás
utilicemos o de ideas que quizás pensamos! ¡No! El
Avivamiento verdadero viene
porque ha complacido a nuestro Dios a “renovar
nuestros días como al principio” (Lamentaciones
5:21) y a “medicinar
(nuestra) rebelión”
(Óseas 14:4). Ah, ¡ojala que así sea para
nosotros HOY en Jesucristo! Amén.
*************************************************************************************************
Ahora, venimos á III.
La Promesa de Dios para Su Pueblo (v.14b); y es: “Entonces
yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y
sanaré
su tierra”. Al principio de este punto quiero acentuar que la
promesa aquí
es para Su pueblo, “sobre los cuales (su)
nombre es invocado”.
Es decir, esto no es una promesa para la salvación al
incrédulo, pero para ésos
que ya son el pueblo de Dios, es decir cristianos verdaderos que han
reincidido
en el pecado. Nosotros siempre tenemos que mantener esto en mente para
que no demos
la promesa del Avivamiento a ésos que todavía
están espiritualmente "muertos en…delitos y pecados"
(Efesios 2:1) simplemente porque lo que ellos necesitan es "nacer
otra vez" (Juan 3:3, 7). Ya ven, los cristianos
reincidentes tienen todavía la Vida
de Dios en ellos, aunque hayan retrocedido en el pecado. ¡Ellos
son como una
planta marchitada que ya no más es regada ni fertilizada y ha
sido infestada
con insectos o enfermedades maliciosos, pero puede ser devuelta
todavía a una condición
sana y saludable; mientras que el pecador que está desprovisto
de la Vida de
Cristo no puede experimentar el
Avivamiento en que no tienen una Vida que se pueda Revivir! ¿Por
qué? Porque "este es el testimonio: Que Dios nos ha
dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El
que tiene al Hijo, tiene al vida: el que no tiene la Hijo de Dios,
no tiene la vida" (1 Juan 5:11, 12).
Ahora como hemos notado previamente que el Avivamiento
es condicional; y por esto
significamos que ésos del pueblo de Dios que han reincidido
tienen que
conformarse con ciertas cosas, es decir, ellos tienen que “humillarse…,
y oraren, y buscaren… el rostro de Dios, y se
convirtieren de sus malos caminos” para que la promesa de Dios se
pueda
cumplir en ellos. Esto es sacado por la palabra, "entonces".
Es decir, es SOLO CUANDO respondemos a la
invitación amable de Dios que Su promesa será verdad.
¿Piensa usted que Dios
revivirá á cualquiera que está repleto de la
soberbia, no ora en todo, no tiene
urgencia para ver el rostro de Dios, y continúa en sus caminos
malvados? Usted
puede marcar esto: ¡EN NINGUNA MANERA! Pero cuando el reincidente
responde a Su
invitación, es a causa de la Gracia Libre y Soberana de Dios que
no sólo
suministra estas gracias, pero también los capacita para
hacerlo. Si Dios no lo
hace, entonces el reincidente morirá; porque como la planta que
se marchita no
puede revivirse de sí misma, tampoco puede el cristiano
reincidente.
Pero Dios ha prometido "medicinar su
rebelión" (Óseas 14:4) para que aquellos
que son "plantados en la casa de
Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán”
(Salmo 92:13). ¡Sí, Él
"revivirá" a Su pueblo; Él "renovará" a Su pueblo;
Él
"restaurará" a Su pueblo; y muy ciertamente, Él
"reformará"
a Su pueblo; y será TODO DE, y POR SU GRACIA! No obstante, no
nos engañemos en
pensar que eso siendo el caso, todo lo que hacemos es esperar
pasivamente hasta
que Dios sea complacido para mandar el Avivamiento. ¡NO! Al
contrario, nosotros
deberemos ser como Elías, que aunque Dios le prometió que
El mandaría la lluvia
después de 3 ½ años de la sequía,
todavía Elías obedeció y oró hasta que la
nube del tamaño de una mano de hombre llegó a ser una
lluvia torrencial.
Refiérase a 1 Reyes 18:1, 41-45. Igualmente, amado, vamos a
humillarnos
nosotros mismos, vamos a orar, vamos a buscar el rostro de Dios, y
seguramente,
vamos apartarnos de nuestros malos caminos, si verdaderamente deseamos
el Avivamiento;
y esto será una manifestación de la gracia de Dios sobre,
y en, nosotros. ¡TODA
GLORIA SEA PARA ÉL SOLO! AMEN.
Ahora, vamos a considerar la Promesa de Dios para Su
Pueblo: Primero, El promete "oír
desde los cielos". Eso
del comienzo nos debe recordar A QUIEN estamos orando, sino a
Aquél cuya "habitación,” esta en “los cielos" (1 Reyes 8:30) y "que ha
enaltecido su habitación" (Salmo
113:5). Verdaderamente eso nos debe humillar y hacernos confesar: “¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de
ti nada deseo en la tierra" (Salmo 73:25). No obstante, Él
promete "oírnos, que significa entonces,
que no "en vano le buscaremos" (Isaías
45:19), de modo que podemos decir con David: "Oh
Jehová, de mañana oirás mi voz;” (significando
que no
deberemos demorar buscar el rostro de Dios), “De
mañana me presentaré á ti, y esperaré"
(5:3), esperando
una respuesta con gran anticipación. También, vamos a ser
recordados que si
esperamos que Dios nos oiga, deberemos venir con un corazón
humilde y un
espíritu contrito a causa de nuestro pecado; de otro modo El no
oirá como Isaías
nos advierte, "Mas vuestras
iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su
rostro de vosotros, para no oír" (59:2). Sobre todo, si
esperamos
que Él nos oiga, deberemos entrar en el Nombre precioso de Su
Hijo; porque es
Su Nombre por el cual Su pueblo es llamado. Es SOLO en el Señor
Jesucristo que
podemos obtener el oído de Dios en nuestras oraciones. Aparte de
Él Dios no nos
oirá.
En segundo
lugar, Dios promete "perdonar
(nuestros) pecados”. Eso es lo que es la reincidencia:
Retrocediendo á, y
viviendo en, el pecado. Usted puede estar seguro de una cosa:
Traerá los
juicios de Dios sobre nosotros como ya hemos notado previamente. Pero
la
promesa es que cuando Dios oye de los cielos, Él
perdonará nuestros pecados.
Pero otra vez vamos a ser recordados que podemos ser perdonados SOLO
según a la
manera de Dios, lo cual se expresada en Su invitación graciosa: "Si se humillare mi pueblo, sobre los
cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se
convirtieren
de sus malos caminos; entonces…”, y SOLO ENTONCES es la promesa
verdadera
para el reincidente arrepentido. Se dice que “si
confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos
perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad" (1 Juan
1:9).
Aquí confesar nuestros pecados concuerda simplemente con Dios
acercas del
pecado y de las consecuencias de ello; y así que envuelve lo que
deberemos
hacer para obtener el perdón para nuestros pecados. Pero, no nos
olvidemos que
la MANERA de Dios está en Su Hijo, en el Señor
Jesucristo; porque es SOLO en Él
que el cristiano reincidente puede responder a la invitación y
recibir la
promesa; porque no sólo “la sangre de
Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (v.7), pero en
Él Mismo "abogado tenemos para con el Padre,
á
Jesucristo el justo; Y él es la propiciación por nuestros
pecados.…” (2:1,2),
satisfaciendo todas las demandas que Dios hace para el perdón de
TODOS nuestros
pecados.
Terceramente,
El promete "sanar su tierra".
Por supuesto, en el sentido literal esto significa que la tierra del
pueblo de
Dios necesitaba la "sanidad" a causa de los juicios de Dios sobre
ella debido a la sequía, al hambre, y a la pestilencia. Nunca
nos olvidaremos
que hay tiempos que Dios utilizará las catástrofes
naturales para castigar a Su
pueblo a causa de su pecado, o a sus enemigos para hacer lo mismo. En
cualquier
caso, Él puede restaurar la tierra; y aquí El promete
hacerlo en respuesta a Su
invitación graciosa. Pero esto es muy verdadero en el sentido
espiritual porque
el PECADO es envuelto para la necesidad de la sanidad, o sea como
aquí o en el espíritu.
La reincidencia necesita la santidad; y si el reincidente no es
revivido, o
renovado, o restaurado, y es reformado, ¿qué esperanza
puede haber para él?
Todavía, hay la esperanza; porque el Señor promete en
Óseas 14:4, "Yo medicinaré su
rebelión"; o
como Él dice en Jeremías, "Convertíos,
hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones” (3:22). Creo
que podemos aplicar
esto a nuestro país; porque América era fundada sobre la
Palabra de Dios y dada
a Su pueblo cuando los primeros cristianos aterrizaron aquí, y
así que
"esta tierra es nuestra tierra" que necesita "sanidad"
debido a los juicios que han caído sobre nuestra nación
por los pecados del
pueblo de Dios. También, lo podemos aplicar a la Iglesia, que es
"plantío de Jehová" (Isaías
61:3) que necesita la sanidad de Dios a causa de Sus juicios sobre
ella; y esto
podemos ver en Óseas al ver como el pueblo de Dios confiesa: "Venid y volvámonos á Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará” (6:1).