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LA HISTORIA DE LOS HECHOS PODEROSOS DE DIOS
Por C.H. Spurgeon
Traducido por Lasaro Flores


    Este sermon fue predicado el domingo del 17 de julio 1859, en el salón de música de Surrey Gardens. El uso de este edificio era necesario para acomodar las congregaciones regulares de entre 5,000 y 9,000 personas. Referencias son hechas en el sermon a los avivamientos entonces siendo experienciados en los Estados Unidos y eb el norte de Irlanda.

"OH Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos" (Salmo 44:1)

    Quizas no hay historias que se nos quedan por tanto tiempo como las que oímos en nuestra niñez, aquellos cuentos que se nos son dichos por nuestros padres , y en nuestras crianzas. Es una reflección triste que tantas de estas historias son vanas e ociosas, de modo que nuestras mentes en la niñez temprana son teñidas con fábulas, y inoculadas con narrativos mentirosas e extrañas.

    Entre los primeros cristianos y los creyentes antepasados en los tiempos antigüos, los cuentos de la cuna eran diferentes lejos de lo que son ahora, y las historias con las cuales sus hijos eran divertidos eran de una clase lejos diferente de aquellos que nos fascinaban en los días de nuestra niñez. Sin duda Abrahán hablaría a los niños acercas del diluvio, y les decía como las aguas cubrieron la tierra, y como Noé solo fue salvo en el arca. Los israelitas ancianos, cuando moraban en su propia tierra, habían todos de ellos de haber dicho a sus hijos acercas del Mar Rojo, y de las plagas que Dios obró en Egipto cuando sacó a Su pueblo de la casa de esclavitud. Entre los primeros cristianos sabemos que era el costumbre de recontar a sus hijos todo acercas de la vida de Cristo, los hechos de los apóstoles y los iguales interesantes narrativos. Y entre nuestros puritanos antepasados tales eran las historias que regalaban sus niñezes. Sentados al lado del fogón de chimenea, delante de aquellos azulejos viejos con los dibujos excéntrico singulares de la historia de Cristo, las madres enseñarían a sus hijos acercas de Jesús andando sobre el agua, o de Su multiplicar las barras de pan, o de Su transfiguración maravillosa, o de la crucifixión de Jesús.

    Oh, como quisiera que estos fueran los cuentos de la edad presente, que las historias de nuestra niñez otra vez fueran las historias de Cristo, y que cada uno de nosotros creera eso, después de todo, no hay nada que pueda ser tan interesante como aquello que es la verdad, y nada mas admirable que aquellas historias que son escritas en la Sagrada Escritura; nada que más pueda mover verdaderamente el corazón de un niño que las obras maravillosas de Dios que Él hizo en tiempos antigüos. Parece que el salmista quién escribió éste oda musical había oído de su padre, entregado a él por la tradición, las historias de las cosas maravillosas que Dios había hecho en su día; y después, éste dulce cantor en Israel lo enseñó a sus hijos, y así que era una generación atrás de otra llevado a llamar a Dios bendito, recordando Sus hechos poderosos.

    Ahora, yo intento en recordar a las mentes de ustedes con algunas de las cosas maravillosas que Dios ha hecho en el tiempo antigüo. Mi fin y objecto será en excitar sus pensamienos para buscar detrás de lo mismo; que mirando atrás sobre lo que Dios ha hecho, serán inducidos para mirar al frente con el ojo de expectación, esperando que Él otra vez estirará Su mano potente y Su brazo santo, y repetir aquellos hechos poderosos que Él hizo en tiempos pasados.

I. LAS HISTORIAS MARAVILLOSAS QUE OÍMOS DE LOS HECHOS ANTIGÜOS DEL SEÑOR.

    Hemos oído que Dios en tiempos ha hecho obras muy poderosas. El andar simple de cada día ha sido desordenado con maravillas de los cuales los hombres han sido extremamente maravillados. Dios no ha siempre permitido a Su iglesia que suba por grados despacios a la victoria, sino que le ha agradado a tiempos de pegar  con un golpe terrible, y postrar a Sus enemigos sobre la tierra, y envitar a Sus hijos que marchen sobre sus cuerpos postrados.

    Voltea atrás, entonces, a los testimonios antigüos, y recuerda lo que Dios ha hecho. ¿No recordarás lo que Él hizo en el Mar Rojo, cómo Él hirió a Egipto y toda su caballería, y cubrío el caballo y caro de Faraón en el Mar Rojo? ¿No has oído cómo Dios hirió a Og, rey de Basán, y a Sihón, rey del amorrheo, porque estorbaron el progreso de Su pueblo? ¿No has aprendido cómo Él probó que Su misericordia es para siempre, cuando Él mató aquellos grandes reyes y derribó a los poderosos de sus tronos? ¿No has leído también, cómo Dios hirió a los hijos de Canaán, y echó afuera los habitanates de allí, y dió la tierra a Su pueblo como posesión suya para siempre? ¿No has oído cómo cuando las huestes de Jabín vinieron encontra de ellos, las estrellas en sus cursos pelearon encontra Sísera? El río Kisón se los llevó, "aquél río antigüo, el río Kisón", y no quedo ninguno de ellos. ¿No se te ha dicho también, cómo, por la mano de Davíd, Dios hirió a los filisteos, y cómo por Su diestra Él hirió a los hijos de Ammón? ¿No has oído cómo Midián fue puesto a confusión, y los millares de Arabia fueron esparcidos por Asa en el día de su fe? ¿Y también no has oído, cómo el Señor envió un ventarrón sobre las huestes de Senaquerib, de tal manera que por la mañana todos eran muertos? ¡Dílas...dí estas cosas, Sus maravillas! ¡Habla de ellas en tus calles! ¡Enséñalas a tus hijos! Nos las dejes que se olviden, porque la diestra de Jehová ha hecho cosas maravillosas, Su nombre es conocido por toda la tierra.

    Con todo, las maravillas que nos son más conciernentes son de la era cristiana; y seguramente, estas no son secundarias a las del Antigüo Testamento. ¿Nunca has leído cómo Dios se ganó gran conocimiento en el día de Pentecostés? Voltéa a éste libro del testimonio de las maravillas del Señor y lee. Pedro el pescador se levantó y predicó en el nombre del Señor su Dios. Una multitud se juntó y el Espíritu de Dios cayó sobre ellos; y aconteció que tres mil en un día fueron compungidos de corazón por la mano de Dios, y creyeron en el Señor Jesucristo. ¿Y no saben ustedes cómo los doce apóstoles con los discipulos fueron por dondequiera predicando la Palabra, y los ídolos cayeron de sus tronos? Las ciudades abrieron las puertas de ancho, y los mensajeros de Cristo andaron por las calles y predicaron. Es cierto que de primero fueron corridos por aquí y por allá, y cazados como perdizes sobre las montañas; pero, ¿no te acuerdas de cómo el Señor se ha ganado la victoria, así que en cien años después de el clavar a Cristo en la cruz, el evangelio ha sido predicado en cada nación, y las islas de la mar han oído el sonido de él? ¿Y te has olividado cómo los paganos eran bautizados, miles en un tiempo, en cada río? ¿Qué corriente hay en Europa que no pueda testificar de la majestad del evangelio? ¿Qué ciudad hay en la tierra que no pueda decir cómo la verdad de Dios ha triunfado, y cómo los paganos han abandonado los dioses falsos de ellos, y han doblado la rodilla a Jesús el crucificado? El primer esparcimiento del evangelio es un milagro que nunca será eclipsado. Sea lo que Dios ha hecho en el Mar Rojo, todavía ha hecho much más entre cien años después del tiempo que Cristo vino al mundo. Parece que ha sido como un fuego del cielo que ha corrido a lo largo de la tierra. Nada ha podido resistir su fiuerza. El relampago de la verdad ha estremecido cada pináculo del templo del ídolo y Jesús ha sido adorado desde el levantar del sol hasta el bajar del mismo. Ésto es una de las cosas que hemos oído de los tiempos antigüos.

    Y, ¿nunca has oído de las cosas poderosas que Dios ha hecho por los predicadores algunos cienes de años desde esa fecha? ¿No se te ha dicho acercas de la boca dorada de Crísostom, que, cuando predicaba la iglesia se llenaba con oidores atentivos; y ahí, parado y alzando manos santas, hablaba con una majestad única la palabra de Dios en verdad y en justicia; la gente escuchando, inclinados hacia a frente para pescar cada palabra, y luego quebrantanto el silencio con el aplaudir y el estampar de los pies; luego silencios otra vez por un tiempo, encantados por el orador poderoso, y otra vez llevados por el entusiásmo, brincando a los pies, aplaudiendo las manos, y gritando por el gozo? Sin número era las conversiones en su día. Dios era magnificado excedamente, porque los pecadores eran abundantemente salvos.
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    Y, ¿tus padres nunca te han dicho de las cosas maravillosas que fueron hechas después cuando las tinieblas negras de la superstición cubría la tierra, cuando el Papado se sentaba sobre su trono e estiraba su vara de hierro por las naciones y cerraba las ventanas del cielo, y apagaba las mismas estrellas de Dios y causaba las tinieblas pesadas cubrír la gente? ¿Nunca has oído cómo Martín Lutero se levantó y predicó el evangelio de la gracia de Dios, y cómo temblaban las naciones, y el mundo oyó la voz de Dios y vivió? ¿No has oído de Zuingle entre los suizos, y de Calvino en la ciudad de Ginebra, y de las obras poderosas que Dios hizo por ellos? ¿Cómo británicos se han olvidado de los predicadores poderosos de la verdad -- han vuestros oídos cesado en hormiguear con el cuento maravilloso de los predicadores que Wuiclif envió a cada pueblo marcatero y cada aldea de Inglaterra, predicando el evangelio de Dios? Oh, ¿no nos dice la historia que estos hombres eran como tizónes entre el medio de rastrajo seco; que las voces suyas era como el rugido de un león, y las salidas de ellos como el lanzarse de un leoncío? Si rempugaban la nación delante de ellos, y en cuanto a los enemigos, decían, "Destrúilos". Nadie podía estár firmes delante de ellos, poque el Señor el Dios de ellos los había ceñido con poder.

    En venir un poco más cercas a nuestros tiempos, en verdad nuestros padres nos han dicho de las cosas maravillosas que Dios hizo en los días de Wesley y Whitfield. Las iglesias estaban todas dormidas. La falta de religión era la regla del día. Las mismas calles parecían correr con la maldad, y los canalones plenos llenos con la iniquidad del pecado. Se levantó Whitfield y Wesley, varones cuyos corazones Dios había tocado, y se atrevieron en predicar el evangelio de la gracia de Dios. Repentemente, como en un momento, se oyó el ímpetu como alas, y la iglesia dice, "¿Quién son estos que volan como una nube, y como las palomas a sus ventanas?" ¡Ellos vinien! ¡Ellos vienen! sin número como las aves del cielo, con una ímpetu semejante a vientos poderosos que no serán resistidos. Entre unos cuantos años, de la predicación de estos dos varones, Inglaterra fue penetrada con la verdad evangélica. La Palabra de Dios era conocida en cada pueblo, y casi no había una aldea en la cual los metodístas no habian penetrado. En esos días del coche despacio, cuando el cristianismo parece haber nudado los carretones antigüos en los cuales nuestros padres antes viajaban -- donde el negocio corre con el vapor, ahí muchas veces la religión se arrastra en su panza a lo largo de la tierra -- somos asombrados a estos cuentos, y pensamos de ellas como maravillas. No obstante, vamos a creerlas; ellas vienen a nosotros como asuntos substanciales de la historia. Y las cosas maravillosas que Dios hizo en los tiempos antigüos, Él todavía por Su gracia hará otra vez. "Aquél quien es poderoso ha hecho grandes cosas y santo es su nombre".

    Hay un rasgo especial á la cuál quiero llamar su atención en cuanto a las obras de Dios en los tiempos antigüos; ellas comunican una maravilla e interest creciente del hecho que todas eran cosas repentinas. Los conocidos ancianos en nuestras iglesias creen que las cosas tienen que crecer, suavemante, por grados; tenemos que ír adelante paso por paso. La acción concentrada y el labor continúo, ellos dicen, ultimamente traerá el suceso. Pero la maravilla es, todas las obras de Dios han sido repentinas. Cuando Pedro se levantó a predicar, no se tomó seis semanas para convertír a los tres mil. Ellos fueron convertidos a una vez y bautizados ese mismo día; en ese hora ellos voltearon á Dios, y vinieron a ser tan verdaderamente discípulos de Cristo como lo pudieran haber sido hechos si sus conversiones fueran tomado sesenta años.

    Así fue en el día de Martín Lutero: no tomó siglos a Lutero para abrirse camino por la oscuridad grueso de Roma. Dios encendió la vela y la vela ardió, y había la luz en un instante -- Dios obra repentinamente. Si se podría haber parado cualquiera en Wurtemburg, y haber dicho: "¿Se puede hacer el Papado a descorazonarse, se puede hacer el Vaticano que se sacude?", la respuesta habría sido: "No; se tomará por lo menos mil años para hacerlo. El Papado, la serpiente magnífica, se ha tan torcido entre las naciones, y los ha atado tan seguros en su pliegue, que ellos no pueden ser entregados menos por un proceso largo". "No así," a lo menos, Dios lo dice. Él hirió el dragón adoloridamente, y las naciones fueron libertadas; El cortó las puertas de latón, y rompió en partes las barras de hierro, y la gente fueron librados en una hora. La libertad vino no en el curso de años, pero en un instante. La gente que caminó en la oscuridad vio una luz magnífica, y sobre ellos que moraron en la tierra de la sombra de muerte, se hizo la luz brillar.

    Tal era en el día de Whitefield. El reprender de una iglesia dormilona no era el trabajo de edades; se hizo inmediatamente. ¿Nunca has oído del avivamiento magnífico bajo Whitefield? Tome como un caso el de Cambuslang. El predicaba en el patio de la iglesia a una congregación grande, que no podía entrar en ningún edificio; y mientras predicaba, el poder de Dios vino sobre la gente, y uno detrás del otro se cayó como si ellos fueran golpeados; y se estimó que no menos de tres mil personas gritaban a la vez bajo la convicción del pecado. El continuó predicando, ahora tronando como Boanerges, y luego un consolador como Barnabé, y la obra se extendió, y ninguna lengua puede decir las cosas magníficas que Dios hizo bajo de ese un sermón de Whitefield.

    Así ha sido en todos los avivamientos. La obra de Dios ha sido hecha repentinamente. Como con aplaude de un trueno Dios ha descendido de la alto; no lentamente, pero con el derecho a manera de rey se paséa sobre querubines; sobre las alas del viento poderoso Él vuela. Repentino ha sido el trabajo; los hombres apenas pueden creer que es verdadero, se hizo en tan breve de un espacio de tiempo.

    Atestigué el avivamiento magnífico que pasa en, y alrededor de, Belfast. Después que mirando detenidamente la cuestión, y después de ver un confiado y hermano amado que vive en esa vencidad, yo soy convencido, a pesar de qué los enemigos puedan decir, que es un trabajo genuino de la gracia, y que Dios está haciendo maravillas allí. Un amigo que llamó a verme ayer, me digo que los hombres más bajos y más viles, las hembras más depravadas en Belfast, han sido visitados con este epilepsia extraordinario, según el mundo lo llama; pero con este apresurar extraño del Espíritu, como nosotros lo tenemos. Los hombres que han sido borrachos tienen repentinamente un impulso que los obliga a orar. Ellos han resistido; ellos han buscado a su bebida para ponerlo fuera; pero cuando ellos han estado maldiciendo, buscando a apagár el Espíritu por su blasfemia, Dios al fin los trajo a sus rodillas, y ellos han sido obligados para llorar por la misericordia con chillidos penetrantes, y a agonizar en la oración. Entonces después de un tiempo, que el maligno parece haber sido arrojada de ellos, y en un esatdo tranquilo de ánimo santo y feliz, ellos han hecho una profesión de su fe en Cristo, y han caminado en Su temor y amor.

    Los Católicos romanos han sido convertidos. Pensé que era una cosa extraordinaria; pero ellos verdaderamente han sido convertidos muy frecuentemente  en Ballymena y en Belfast. De hecho, se me dice que los sacerdotes ahora venden botellas pequeñas de agua santa para que la gente tomen, para que ellos puedan ser preservados de este contagio desesperado del Espíritu Santo. Esta agua santa se dice tener tal eficacia, que los que no asisten cualquiera de las reuniones no son probables de ser entremetidos por el Espíritu Santo, tal los sacerdotes les dicen. Pero si ellos van a las reuniones, aún esta agua santa no los preserva -ellos son tan expuestos caer como presa a la influencia Divina. Pienso que ellos son tan probables de hacerlo, tanto como sin ella.

    Todo esto ha sido producido repentinamente, y aunque podemos esperar encontrar alguna porción del entusiasmo natural, mas yo estoy persuadido que es en lo principal una obra duradera, espiritual y real. Hay una espuma pequeña en la superficie, pero hay una corriente que corre profunda que no deberá ser resistida, barriendo debajo, y llevando todo delante de él. Hay por lo menos algo que despertar nuestro interés, cuando entendemos que en el pueblo pequeño de Ballymena en el día del mercado, los publicanos siempre han tomado cien libras por el whisky, y ahora ellos no pueden tomar un soberano todo el día Helando en todas las casas públicas. Los hombres que eran una vez borrachos ahora se reúnen para la oración, y la gente después que oyen un sermón no se van hasta que el ministro habrá predicado otro, y a veces un tercero; y por FIN él es obligado a decir: "Ustedes se deben de ir, estoy agotado." Entonces ellos se separarán en grupos en las calles y en sus casas, clamando aDios que permita esta extensión poderosa de la obra, que pecadores se pueden convertir a El. "Bueno," dice uno, "nosotros no lo podemos creer." Muy probable tu no puedes, pero algunos de nosotros podemos, porque nosotros lo hemos oído con nuestras oídos, y nuestros padres nos han dicho de las obras poderosas que Dios hizo en sus días, y nosotros somos preparados para creer que ese Dios puede ahora hacer las mismas obras.

    Tengo que aquí observar que en todas estas historias antigüas hay una muy clara semblante. A cualquier tiempo que Dios ha hecho una obra grande ha sido por algún instrumento muy insignificante. Cuando mató a Goliat fue por el pequeño David, quien era solo un joven rubio. No guardes la espada de Goliat -- yo siempre pensaba eso ser un error de David -- guardar, no la espada de Goliat, sino guardar una piedra, y atesorar la honda en la armería de Dios para siempre. Cuando Dios había de matar a Sísera, era una mujer que tenía que hacerlo con un martío y un clavo. Dios ha hecho Sus obras grandiosas por los instrumentos más bajos: eso es un hecho muy verdadero de todas las obras de Dios -- Pedro el pescador en Pentecostés, Lutéro el monje humilde en la Reformación. El muchacho de ollas Whitfield del Old Bell Inn en Gloucester en el tiempo del avivamiento del último siglo -- y así tiene que ser hasta el fin. Dios no trabaja por la caballería y la carretería de Faraón, sino que Él trabaja con la vara de Moisés; Sus maravillas no son hechas con el tornado y la tempestad; Él las hace con "un silbo apacible y delicado" para que la gloria sea de Él y la honra toda solo de Él. ¿No abré esto un campo de animo para tí y para mí? ¿Por qué no podemos estár aquí empleados haciendo una obra poderosa para Dios

    Además, hemos notado en todas estas historias de las obras grandes de Dios en los tiempos viejos, que cualquier cosa que Él ha hecho ha sido por alguien quien ha tenido una fe muy grande. Yo verdaderamente creo en este momento, que si Dios lo quisiera, toda alma en esta salon sería convertida ahora mismo. Si Dios escogiera en extender las operaciones de Su propio Espíritu poderoso, el corazón más endurecido no pudiera resistirlo. "Del que quiere, tiene misericordia". Él hará como le agrade; nadie puede parar Su mano. "Bueno", dirá uno, "yo no espero en ver algunas cosas grandes". Entonces, mi querido amigo, no serás contrariado, porque no las verás; pero aquellos quienes las esperan, las verán. Hombres de gran fe harán grandes cosas. Era la fe de Elías que mató los sacerdotes de Baal. Si él hubiera tenido el corazón pequeño que algunos de ustedes tienen, los sacerdotes de Baal todavía reinarían sobre el pueblo, y nunca habían sido muertos con la espada. Era la fe de Elías que le mando decir: "Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él". Y otra vez: "Elijan ellos un buey, y córtenlo en pedazos, y póngalo sobre leña, mas no pongan fuego debajo;...invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el Nombre de Jehová". Era su fe noble que le mando decir: "Prended a los profetas de Baal, que no escape ninguno"; y él los trajó al arroyo de Cisón, y los mató allí -- un holocausto para Dios. La razón porque el nombre de Dios fue tan magnificado, era porque la fe de Elías en Dios era tan poderosa y heroico.

    Cuando el Papa envió su bula pontificia a Lutéro, Lutéro la quemó. Parado entre el medio de la multitud con el papel flameante en su mano él dice, "Ven esto, esta es la bula del Papa". ¿Qué le importaba de todos los Papas que siempre estarán en el infierno o fuera de él? Y cuando fue para Worms a la junta con la Dieta grande, sus seguidores le dijeron: "Estás en peligro, no vayas". "No", dijo Lutéro, "si hubiera tantos diablos en Worms como hay tejas en los capacetes de las casas, yo no temeré; yo iré" -- y a Worms él fué, confiado en el Señor su Dios. Era lo mismo con Whitfield; él creyó y él esperó que Dios hiciera grandes cosas. Cuando subía al pulpito, él creía que Dios bendecería a la gente, y Dios sí lo hacía. La fe pequeña hará cosas pequeñas, pero la fe grande será honrada grandemente. ¡O Dios! nuestros padres nos han dicho esto, que cualquier tiempo que tuvieran grande fe Tú siempre la honrabas en hacer grandes obras.

    No los detendré ya más sobre este punto, sino en hacer una observación. Todas las obras grandes de Dios han sido atendidas con grande oración, tan bien como con tan grande fe. ¿Han oído del comienzo del grande avivamiento Americano? Un hombre desconocido y humilde, se le puso en su corazón en orar a Dios que bendiciera a su país. Después de orar y luchar y en hacer la pregunta que estremece el alma, "Señor, ¿qué quieres que haga? Señor, ¿qué quieres que haga?", él fue y rento un cuarto, y puso un anuncio que hiba haber una junta de oración en tal hora del día. Él fué a la propia hora, y no había ninguna persona allí; empezó a orar, y él solo oró por una media hora. Uno vino al fin de la media hora, y luego dos más, y creo que cerró con seis personas. Cuando vino la siguiente semana, y puede ser que vinieron como cincuenta personas a diferentes tiempos; al fin la junta de oración creció a cien, luego otros comenzaron otras juntas de oración; al fin casi no había una calle en Nueva York que no estaba sin una junta de oración. Mercaderes hallaron tiempo de venir, al medio día, para orar. Las juntas de oración vinieron a ser diarias, durando acercas de una hora; peticiones y ruegos eran presentadas, estas eran simplemente pedidas y ofrecidas delante de Dios, y las contestaciones venían; y muchos eran los corazones alegres que se paraban y testificaban que la oración ofrecida la semana pasada ya había sido cumplida. Entonces era cuando todos estaban en oración seria, que de repente el Espíritu de Dios cayó sobre la gente, y era dicho que en una cierta aldea un predicador estaba predicando en serio, y que había visto cienes convertidos en una semana. El asunto se esparramó hasta y por los Estados del Norte -- estos avivamientos de religión se hicieron universal, y hay veces que se ha dicho que hasta un cuarto de millon de personas fueron convertidas a Dios en el espacio corto de dos o tres meses.

    El mismo efecto era producido en Ballymena y Belfast por los mismos medios. El hermano pensó que se le puso en su corazón a orar, y él oró; luego decidió tener una junta de oración regular; día trás día se juntaron en rogar por la bendición, y el fuego descendió y la obra fue hecha. Los pecadores eran convertidos, no por unos o por dos, sino por los cienes y miles, y el nombre del Señor era magnificado tremendamente por el progreso de Su evangelio. Amados, yo solo les estoy diciendo los hechos. Haga cada uno de ustedes su propia estimación de ellas.

II. LAS DESVENTAJAS DEBAJO LOS CUALES ÉSTAS HISTORIAS ANTIGÜAS LABORAN FRECUENTEMENTE.

    Cuando la gente oye de lo que Dios había hecho, una de las cosas que dicen es: "Oh, eso era de un tiempo muy largo pasado". Se imagínan que los tiempos se han mudados desde entonces. Uno dice: "Yo puedo creer caulquier cosa de la Reformación--la cuentas más grandes que posiblemente pueden ser dadas, yo las puedo recibir"."Y yo también en cuanto a Whitefield y Wesley", dice otro, "todo eso es muy verdad. Ellos laboraban vigorosamente y sucesamente, pero eso fue muchos años pasados. Las cosas eran de un estado diferente de lo que son ahora". Lo concedo; pero quiero saber que tienen que ver las cosas con esto. Yo pensaba que era Dios que lo hizo. ¿Ha cambiado Dios? ¿No es Él un Dios inmutable, el mismo ayer, hoy, y para siempre? ¿No provee esto un argumento para probar que lo que Dios ha hecho en un tiempo lo puede hacer en otro tiempo? Pienso que lo puede rempugar un poquito más, y decir que lo que Él ha hecho en un tiempo, es un profecía de lo que intenta hacer otra vez--que las obras poderosas que han sido cumplidas en el tiempo antigüo serán todas repetidas, y el canto del Señor será cantado otra vez en Sión, y otra vez será glorificado grandemente.

    Otros entre ustedes dicen, "Oh, bueno, yo miro sobre estas cosas como grandes maravillas y milagros. No debemos de esperarlas cada día". Esa es la misma razón por que no las vemos. Si hubiéramos aprendido de esperarlas, sin duda las  hubiéramos recibido, pero las hemos puestos en la tabla fija, como siendo afuera de la orden común de nuestra religión moderada, como siendo mera curiosidades de la historia Bíblica. Nos imaginamos de tales cosas, aunque verdades son, de ser maravillas de la providencia; no podemos imaginarnos en ser según el trabajar ordinario de Su poder poderoso. Les ruego, amigos míos, abjuren esa idéa, quitalo de sus pensamientos. Cualquier cosa que Dios ha hecho en la manera de convertir pecadores es de ser visto como un precedente, porque "no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni hase agravado su oído para oir". Si estamos estrechados de todo, no estamos estrechados en Él, sino que estamos estrechados en nosotros mismos. Vamos a tomar la culpa sobre nosotros mismos, y con seriedad buscar que Dios nos restauré la fe de los hombres del pasado, para que puedamos regocijarnos ricamente de Su gracia como en los tiempos pasados.

    Todavía hay otra desventaja debajo que laboran estas historias antigüas. El hecho es, que no las hemos visto. Porque podré hablarles por un bien tiempo acercas de avivamientos, pero ustedes no creeran tanto como un medio de ellos, ni así verdaderamente un medio, como si uno ocurriera entre ustedes mismos. Si ustedes lo vieran con sus propios ojos, entonces verán el poder de ello. Si hubieran vivido en el día de Whitefield, o habían oído a Grimshaw predicar, ustedes creerían cualquier cosa. Grimshaw predicaba 24 veces a la semana: él predicaba muchas veces en la corrida de un día caluroso, llendo de lugar a lugar en caballo. Ese varón sí predicaba. Parecía que como si el cielo descendía a la tierra para escucharlo. Él hablaba con un ardor verdadero, con todo el fuego de ardor que siempre ha ardído en el pecho mortal, y la gente temblaba mientras lo escuchaban, y decían, "Ciertamente esta es la voz de Dios". Era lo mismo con Whitefield. La gente parecía de moverse de un lado a otro mientras hablaba, aun como la mies del campo se mueve con el viento. Tan poderosa era la energía de Dios que depués de oír tal sermon los hombres de más duro corazón se hiban diciendo: "Tiene que haber algo en ello, nunca he oído algo semejante".

    ¿No puedes realizar que estos son hechos literales? ¿Se ponen delante de tus ojos en toda su resplandor? Entonces pienso que las historias que has oído han de tener un efecto propio y verdadero sobre sus propias vidas.

III. LAS INFERENCIAS PROPIAS QUE HAN DE SER SACADAS DE LAS HISTORIAS ANTIGÜAS DE LAS OBRAS PODEROSAS DE DIOS.

    ¡Quisiera que pudiera hablar con el fuego de algunos de aquellos hombres cuyos nombres ha mencionado! Oren por mí, para que el Espíritu de Dios repose sobre mí, para que pueda orar con ustedes por un poco tiempo con todas mis fuerzas, buscando a exhortarles y moverlos para que puedan obtener un avivamiento semejante entre ustedes.

    Mis queridos amigos, el primer efecto que el leer de la historia de las obras poderosas de Dios deben de tener sobre nosotros es la de gratitud y alabanza. ¿No tenemos nada de que cantar hoy en día?---entonces cantaremos de días de otro tiempo. Si no podemos cantar a nuestro buen Amado un cántico tocante a lo que está haciendo entre nosotros, no obstante, tomaremos nuestras arpas de los sauces, y cantemos un canto antigüo, y bendecimos y alabemos Su santo Nombre por las cosas que Él hizo con Su iglesia antigüa, por las maravillas que Él obró en Egipto, y en todas las tierras por las cuales llevó a Su pueblo, y de donde los sacó con mano alto y con brazo extendido.

    Cuando hemos empezado a alabar a Dios por lo que ha hecho, pienso que me puedo osar a impresar sobre ustedes otro un gran deber. Deja lo que Dios ha hecho te sugiere la oración que Él repetiera las semejantes señas y maravillas entre nosotros. ¡Oh!, varones y hermanos, qué sentiría este corazón si yo pudiera creer que había entre ustedes quienes se irían a sus casa y oraran por un avivamiento de religión--varones cuya fe sería bastante grande, y cuyo amor bastante ardiente para llevarlos desde este momento para ejercer intercesiones sin cesár para que Dios se manifestara entre nosotros y hiciera cosas maravillosas aquí, como en los tiempos de las generaciones antepasadas.

    Por qué, ¿qué objectos hay aquí por nuestra compasión en esta asamblea presente? Mirando alrededor, observo uno y otro cuyas historias conozco de casualidad, pero qué tantos hay todavía inconversos--hombres quienes han temblado y saben que lo han hecho, pero han sacudido sus temores, y otra vez más están atreviendo sus destinos, determinados en ser suicidios a sus propias almas y de quitarse de ellos aquella gracia que parecía en un tiempo estár luchando en sus corazones. Se están volteando de las entradas del cielo, y corriendo a rienda suelta a las puertas del infierno; y, ¿no estirirás tus manos a Dios para pararlos de esta resolución desesperada? Si en esta congregación hubiera solo un inconverso y te lo podía puntar y decir: "Allí esta sentado, un alma que nunca ha sentido el amor de Dios, y nunca ha sido movido a la arrepentimiento", ¿con qué tanta curiosidad ansiosa cada ojo lo considerá? Pienso que de miles de cristianos aquí, no hubiera ninguno quien rehusara de ír a casa y orar por ese individuo solitario inconverso. Pero, ¡oh!, mis hermanos, no es solo uno que está en peligro del fuego infernal; aquí hay cienes y miles de nuestras criaturas compañeros.

    ¿Debiera todavía darles otra razón por que han de orar? Hasta aquí todos otros medios han sido usados sin efecto. Dios es mi testigo cómo frecuentemente he luchado en este pulpito en ser los medios de la conversión de los hombres. En predicar ha derramado mi corazón. No podía decir más de lo que ha dicho, y espero que mi cuarto privado es un testigo al hecho que no he cesado sentir cuando ha cesado en hablar; pero tengo un corazón para orar por aquellos de ustedes que nunca son afectados, o quienes, si son afectados, todavía apagan el Espíritu de Dios. Ha hecho lo mayor. ¿No vendrás tú al socorro del Señor encontra los poderosos? ¿No cumplirarán tus oraciones lo que mi predicación falta en hacer? Aquí están; los encomiendo a ustedes: varones y mujeres cuyos corazones rehusan en derritirse, cuyas rodillas inflexibles no se doblan; se los entrego a ustedes y les pido que oren por ellos. Lleven sus casos a Dios en sus rodillas. ¡Esposa! nunca ceses de orar por tu esposo inconverso. ¡Esposo! nunca dejes tu suplicación hasta que mires a tu esposa convertida. ¡Padres y madres! ¿no tienes hijos inconversos? ¿No los haz traído aquí domingo trás domingo, y permanecen lo mismo como antes? Los envías primero a una iglesia y luego a otra, y todavía siguen lo mismo. La ira de Dios permanece sobre ellos. Tienen que morir; y si han de morir ahora, de cierto estás consciente que las llamas del infierno los tienen que tragar. Y, ¿rehusas en orar por ellos? Duros corazones, almas brutales, si conociendo a Cristo ustedes mismos no oran por aquellos que vinieron de sus propios lomos -- sus hijos según a la carne.

     Nosotros no sabemos lo qué hará Dios si solo oramos por una bendición. Miren al movimiento que ya hemos visto; hemos atestiguado de Exeter Hall, St. Paul's Cathedral y Westminster Abbey atracados hasta las puertas, pero todavía no hemos visto ningun efecto de estas juntas poderosas. ¿No hemos tratado de predicar sin tratar de orar? ¿No es probable que la iglesia ha estirado su mano predicadora pero no su mano de oración? ¡Oh queridos amigos! vamos a agonizar en la oración, y vendrá a pasar que este Salón de Música testificará de los suspiros y gemidos de los penitentes y los cantos de los convertidos. Todavía acontecerá que este hueste vasto no vendrá y se irá como lo hace ahora, sino un poco lo mejor; pero los hombres saldrán de este salón, alabando a Dios y diciendo; "Era bueno estár aquí; no era nada más que la casa de Dios, y la misma entrada del cielo". Baste esto para excitarlos a la oración.

    Otra inferencia que debemos sacar es que todas las historias que hemos oído debe de corregir cualquier auto-dependencia que quizas se ha metido en nuestros corazones traicioneros. Quizas nosotros como congregación hemos empezado en depender en nuestros números y todo lo demás. Quizas hemos pensado, "Verdaderamente Dios tiene que bendecirnos mediante el ministerio". Ahora, deje que las historias que nuestros padres nos han dicho los recuerde, y me recuerden, que Dios no salva por muchos o por poquitos; que no está en nosotros para hacer esto sino que Dios tiene que hacerlo todo; puede ser que algún predicador escondido, cuyo nombre nunca ha sido conocido, todavía empezará en esta ciudad de Londres y predicará al Señor con una poder más grande que obispos o ministros que antes han conocido. Yo le daré la bienvenida; Dios sea con él, deja que venga de donde sea, solo que Dios lo despache, y deje que la obra sea hecha. Como quiera que sea, quizas Dios intenta de bendecir la agencia usada en este lugar para tu bien y para tu conversión. Si así es, yo sería tres veces feliz en pensar que tal sería el caso. Pero no pongan ninguna dependencia sobre el instrumento. No, cuando los hombres se ríen de nosotros y más se burlan de nosotros, Dios nos bendice más; y ahora no es una cosa disreputable en asistír al Salón de Música. Ya no somos tan despreciados como una vez lo éramos, pero pregunto que si tenemos una bendición tan grande como antes lo teníamos. Estamos dispuestos para soportar otro acomentimiento en la picota, en pasar por otra prueba rigurosa con cada periódico encontra de nosotros, y con cada hombre silbidiándonos y abusándonos, si le agrada a Dios, si Él solo nos dá una bendición. Pero deja que Él eche fuera cualquier idéa que nuestro propio arco y nuestra propia espada nos dará la victoria. Nunca alcanzarémos un avivamiento aquí solo que creemos que es el Señor, y el Señor solo, que lo puede hacer.

    Habiendo dicho esta declaración, trataré de moverlos con la confianza que el resultado que ha dibujado podrá ser obtenido, y que las historias que hemos oído de los tiempos pasados pueden ser verdaderos en nuestro día. ¿Por qué no deben de ser convertidos cada uno de mis oidores? ¿Hay alguna limitación en el Espíritu de Dios? ¿Por qué no ha de ser el ministro más débil los medios para salvación de miles? ¿Es el brazo de Dios acortado? Cuando les ruego que oren que Dios haga el ministerio vivo y poderoso, como una espada de dos filos, para la salvación de pecadores, no estoy poniendo una taréa dificil, mucho menos imposible. Tenemos que solo pedir y recibir. Antes que clamamos, Dios contestará; y mientras estamos todavía hablando, Él oira. Solo Dios sabe que resultará de este sermon, si le agrada de bendecirlo. Desde este momento puedes orar de más; desde este momento podrá Dios bendecir más este ministerio. Desde esta hora otros púlpitos podrán más llenarse de vida y vigor que de antes. Desde este mismo momento la Palabra de Dios podrá fluír, y correr, y arrojarse, y obtenerse una victoria sin límite y admirable.

    Solo lucha en la oración, juntanse en sus casas, vayan a sus recamaras, sed instante, sed serios en tiempo y fuera de tiempo, agoníza por las almas, y todo lo que has oído se olvidará en lo que vas a ver; y todo lo que otros te han dicho será como nada comparado con lo que oíras con tus oídos y mirarás con tus ojos entre el medio de ustedes.


    Este sermon fue predicado el domingo del 17 de 1859 en el Salón de Música de Surrey Gardens. Este edificio era necesario para acomodar las congregaciones regulares de entre 5,000 a 9,000 personas. Referencias son hechas en el sermon a los avivamientos que entonces se estaban experienciando en los Estados Unidos y de la parte del norte en Irlanda. El pasaje siguiente del Narrativo de Jorge Müller delinea los principios del despertamiento en Irlanda.


EL PRINCIPIO DEL ESPERTAMIENTO IRLANDÉS

    En noviembre 1856, un joven irlandés, el Sr. James McQuilkin, era traído al conocimiento del Señor. Muy pronto después de su conversión, él vió mi Narrativo publicado, , generalmente, los dos primeros volumens de éste libro. Él tenía gran deseo en leerlo, y en efecto, lo procuró, acerca de enero 1857. Dios lo bendició en gran manera a su alma, especialmente en mostrarle lo que podía ser obtenido por la oración. Se dijo a sí mismo algo como esto: "Mira lo que el Sr. Müller obtuvo simplemente por la oración. Así de esta manera puedo obtener la bendición por la oración".

    Ahora, él mismo se puso a orar, que el Señor le diera un compañero espiritual, uno quien conociera el Señor. Luego después se dió a conocer con un joven creyente. Estos empezaron una junta de oración en uno de las escuales dominicales en la parroquía de Connor. Habiendo recibido una respuesta a su oración en obtener un compañero espiritual, el Sr. James McQuilkin le pidió al Señor que lo llevara a conocer a algunos más de Su escondidos. Inmediatamente después el Señor le dió dos más varones jovenes, quienes previamente eran creyentes, en tanto que él podía juzgar.

    En el otoño de 1857, el Sr. James McQuilkin le dijo a estos tres jovenes, quienes le fueron dados a él por la oración de fe, qué bendición había él recibido de mi Narrativo, de cómo lo había llevado a ver el poder de la oración de fe; y él propuso que habían de juntarse para oración para buscar la bendición del Señor sobre sus varios labores en las escuelas dominicales, y las juntas de oración, y la predicación del evangelio. De cuerdo con esto, en el otoño de 1857, estos cuatro jovenes se juntaron para oración cada viernes por la noche en una pequeña escuela cercas de la aldea de Kells en la parroquía de Conner.

    Para este tiempo en 1857, se había conocido de la obra grande y poderosa del Espíritu en los Estados Unidos, y el Sr. James McQuilkin se dijo a sí mismo, "Por que nosotros aquí no hemos de tener tal obra bendita, viendo que Dios hizo tal grandes cosas para el Sr. Müller, simplemente en contestación a la oración". En el primero de enero de 1858, el Señor les dió la primera contestación extraordinaria a la oración en la conversión de un siervo de alquería. Fue recibido entre ellos, y así que hubo cinco quienes sa daban a la oración. Poco tiempo después, otro joven como de 20 años, fue convertido; ahora habían seis. Esto grandemente animó a los primeros tres quienes se habían juntado con el Sr. James McQuilkin. Ahora otros eran convertidos, quienes eran recibidos en el número; pero solo creyentes eran admitidos a estas juntas de compañerismo, en las cuales ellos leían, oraban, y ofrecían a cada uno unos cuantos pensamientos de las Escrituras.

    Estas juntas y otras para la predicación del evangelio eran tenidas en la parroquía de Conner, Antrim, en el norte de Irlanda. Hasta este tiempo todo estaba llendo muy quietamente, aunque muchas almas eran convertidas. No había postraciones físicas, como después. Cercas de la Navidad en 1858, un joven de Ahoghill, quien había venido a vivir en Connor, y quien había sido convertido mediante este compañía pequeña de creyentes, fué a ver a sus amigos en Ahoghill, y les habló acercas de sus almas, y de la obra de Dios en Connor. Sus amigos deseaban en ver algunos de estos conversos.

    De consiguiente, el Sr. James McQuilkin, con dos de los primeros quienes se reunían para orar, fueron el 2 de febrero de 1859, y tuvieron una junta en Ahoghill en una de las iglesias presbiterianas. Algunos creyeron, y otros se burlaban, y otros pensaban que había mucha presunción en estos jovenes conversos; no obstante, muchos deseaban en tener otra junta. Esta fue detenida por los mismos tres jovenes en el 16 de febrero de 1859; y ahora el Espíritu de Dios empezó a obrar, y obrar poderosamente. Las almas eran convertidas, y desde ese tiempo las conversiones se multiplicaron rapidamente. Algunos de estos conversos se fueron a otros lugares, y llevaron el fuego espiritual, en una maner de hablar, con ellos. La obra bendita del Espíritu de Dios se esparramó por muchos lugares.

    Tal era el comienzo de esa obra poderosa del Espíritu Santo, el cúal fue para la conversión de cienes de miles. Algunos de mis lectores se acordarán como en 1859 este fuego fue encendida en Inglaterra, Gales y Escocia; como se esparramó por Inglaterra, Gales y Escocia; como el continente de Europa estaba más o menos participando de esta obra poderosa del Espíritu Santo; como había llevado a miles que se entregaran a la obra de evangelistas; y como hasta el año 1874, no solo los efectos de esta obra, primero comenzados en Irlanda, son sentidos, pero que todavía más o menos esta obra bendita está generalmente ocurriendo en Europa

    Es casi supérfluo en añadir, que en ningún grado el honor es debido a los instrumentos, sino solo al Espíritu Santo; no obstante, estos hechos son registrados para que pueda ser visto que deleites Dios tiene en contestar abundantemente a la oración de fe de Sus hijos.

    Narrativo de los Tratamientos del Señor con Jorge Müller, Vol. III.