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UN INCENTIVO PARA EL AVIVAMIENTO

“Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

El incentivo más grande, creo yo, para un Avivamiento personal es en conocer y en experienciar el amor del Señor Jesús. Ahora, yo no digo esto en un sentido general, sino en una manera personal e íntima como describido aquí en nuestro texto por el apóstol Pablo. Es una cosa en decir que el Señor Jesús nos ama como el apóstol Juan lo dice en su primera epístola, capítulo 4, versículo 19: Nosotros le amamos á él, porque él nos amó primero”. Pero es una cosa poder decir: “El...Hijo de Dios...me amó” (Gálatas 2:20).

Note que el amor del Señor Jesús tiene que ver de como vivimos como cristianos. Por qué, ¿qué es el Avivamiento si no es en vivir en Su amor y por causa de Su amor? De lo otra lado, cuando recayemos, la razón obvia que lo hacemos es porque dejamos nuestro “primer amor” (Apocalipsis 2:4); o como la palabra “dejado” puede ser traducido “enviar de” uno Su amor. Todavía, es también verdad que es Su amor que nos trae para atrás a Él: “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor” (Oseas 11:4). Qué le agrade al Señor de traérnos para atrás a Él para que puedamos decir con la Sulamita, “Y su bandera sobre mí fué amor” (Cantares 2:4). ¡Aleluya!

La primera observación que hago es que el amor del Señor para mi ha de causarme de vivir la vida crucificada. Sería una contradicción decir que ha experienciado Avivamiento, y todavía no estár dispuesto de morir á mí mismo. Ya ves, la reincidencia es una vida de “auto-amor”, es decir, “amor á sí mismo”; porque es el “yo, el para mi, y de mi” que es amado por el reincidente. En hacer esto, el cristiano reincidente está rechazando el amor del Señor Jesús para vivir para él mismo. ¡Es imposible para el reincidente de vivir para el Señor simplemente porque no hay un amor reciproco entre ellos!

Note que Pablo dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo...”. En unión con Cristo, cada creyente ha muerto, ha sido sepultado, y resucitado junto con Él. Ref. á Romanos 6:1-14; Efesios 2:4-6. Esto, entonces, quiere decir que la vida crucificada no es una opción, sino que es una realidad. En hecho, por causa de el amor del Señor para el creyente, ellos han de poder de confesar con Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí”. ¡Esto quiere decir que tenemos que morir al “YO”! Tenemos que hacer esto cada día como el Señor nuestro nos dice en Lucas 9:23 – “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame”. Este el efecto que le amor del Señor debde tener sobre Mí, y sobre cada uno que profesa el Nombre del Señor.

La siguiente observación que hacemos es que en andar en el amor del Señor Jesucristo es un andar de fe. Note lo que Pablo dice: “Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí”. Más adelante, Pablo nos dice de “la fe que obra por la caridad (amor)” (Gálatas 5:6). En otras palabras, podemos decir que es una fe la cual es hecha active, or es “dada energía” por el amor de Cristo. Por supuesto, esto debe de ser la manera “normal” de vivir para el cristiano; porque acuérdanse que “por fe andamos, no por vista”, o sentimientos, o emociones, etc. (2 Corintios 5:7). Al contrario, se nos manda de “andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave” (Efesios 5:2).

Pero es interesante que Pablo dice que él vive “en la fe del Hijo de Dios”, y no “por la fe en el Hijo de Dios”. Esto hace mucha diferencia porque determina la fuente de “la fe que obra por la caridad”. Generalmente oyes a cristianos hablar acercas de la fe de ellos, es a saber, “Mi fe esto”, o “Mi fe aquello”. Bueno, en un sentido, es verdad que la fe salvadora en el Señor Jesucristo es mi fe, pero no porque originó de mí, sino “porque á vosotros es concedido por Cristo,...que creáis en él” (Filipenses 1:29); o como lo declara Efesios 2:8 – “Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Así que lo que dice Pablo es que la vida práctica de fe qu él vive es de la misma fe como la del Señor Jesucristo, ¡la cual es “dada energía” por el amor del Señor por él!

Finalmente, la última observación que hago es con respecto a nuestra responsabilidad en guardarnos en el amor del Señor; o como dice Judas: “Conservaos en el amor de Dios” (v.21). En hacerlo, esto nos debe de guardarnos, de no sólo recaér fácilmente en el pecado, pero de amarlo de tal manera para serle obediente. Considere lo que Él dice en Juan 14:15,21 – “Si me amáis, guardad mis mandamientos... El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama”: Pero lo triste es que nos resfriamos en nuestro amor al Señor porque nuestros corazones se fijan sobre otras cosas, las cuales nos quitan de el amor del Señor; y así que no siendo “arraigados y fundados en” (Su) “amor”, no podemos “conocer” (o experienciar) “el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento”, lo cual nos llena “de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:17,19). Pero lo más que crecemos en “conocer y experienciar” Su amor, entonces Su amor “nos constriñe,...para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14,15).

Dos cosas vemos aquí porque debemos “estad en (su) amor” (Juan 15:9). Primero, considera QUIEN nos ama, o a mí. ¡Es el bendito y amado “Hijo de Dios”! En hacerlo, acuérdate que porque Él es el Hijo eterno de Dios, Su amor es eterno; y así que Él ama “con amor eterno” (Jeremías 31:3), como un cantante cristiano una vez cantaba, “Él me amaba entonces; y Él me ama ahora”; y de seguro, ¡Él me amará para siempre! También, Su amor es inmerecido; en otras palabras, no merecemos de ser amado por Él, pero todavía Él promete, “amarélos de voluntad” (Oseas 14:4). Además, es un amor inalterable. Porque Él es inmutable, o como dice en Malaquías 3:6 – “Porque yo Jehová, no me mudo”, ¡Su amor siempre permanece el mismo! ¡No hay absolutamente nada que puede cambiar Su amor por los suyos! Finalmente, a lo menos para este artículo, Su amor es infalible. Por esto quiero decir que Su amor nos traerá por medio de cualquier cosa, y por todo. “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35-39). ¡Aleluya!

Secundariamente, consider lo QUE Él hizo por causa de Su Amor. Nuestro texto declara: “El Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí”. Pero note, no es simplemente que Él dió “algo”; pero que Él “se entregó á sí mismo...”. Oh, ¡cuán grande amor es éste! Sí, uno podría estár dispuesto para dar algo por causa del amor, o sea sus posesiones, o su tiempo, o aún su vida, etc., (Romanos 5:7 – “Ciertamente apenas muere algun por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno”.), pero en darte tú mismo, ¡es en dar TODO lo que eres! Aunque Pablo puede aplicar esta verdad preciosa a todos a los elegidos, todavía aquí él lo aplica personalmente, cuando él dice que el “Hijo de Dios,...se entregó á sí mismo por mí”. Oh, ¡en conocer que el Señor Jesucristo, no solo dejó la gloria que tenía con el Padre (Juan 17:5) “siendo en forma de Dios” (Filipenses 2:6) y “igual á Dios” (mismo versículo), y “se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres”, pero que Él también “hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (vv.7,8)! Sí, ¡cuán grande amor es éste que el Hijo eterno de Dios aún consideria en dar Su Vida y Sangre por el primero de los pecadores (1 Timoteo 1:15) para ser el Sacrificio por sus pecados, y para tomar la Justicia y la Ira de Dios sobre sí mismo por Pablo para que él no tuviera que pagar por sus pecados....; sí, oh SÍ, cuán grande amor es éste que movió Aquél quien es “el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20), no solo en derramár Su Sangre (Hechos 20:28) para limpiarme “de todo pecado” (1 Juan 1:7), pero también aunque “no conoció pecado”, de ser hecho “pecado por (mí), para que (yo fuera) hecho justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21)! Oh, sí, ¡Aleluya! ¡¡¡GRANDE ES SU AMOR POR MÍ!!!

Ahora, solo queda de preguntar: ¿Qué efecto tiene esto en mí y en mi vida? ¿Puedo verdaderamente decir que porque el Señor “me amó, y se entregó á sí mismo por mí”, que AHORA verdaderamente también puedo decir al Señor: ¡“Yo te amo, y me entrego por TÍ”? Por supuesto, si ya estás andando en el amor, del Señor y, para Él, muy probablemente lo puedes decir con toda fe y en verdad. A tí te dijo: Aguárdate en éste Amor, y no dejes que nada, y quiero decir que ABSOLUTAMENTE NADA, se entremeta entre  tí y el Señor hasta el punto que comienzas a dudar de SU amor por tí, y tu amor para Él se resfríe. Guarda “puestos los ojos...en Jesús” (Hebreos 12:2) para ser recordado de Su grande amor para tí en la Cruz del Calvario. Guárdate cercas de Él en la oración y en Su Palabra; y haciendo esto, podrás decir a otros: “Todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalem” (Cantares 5:16). Amén.

Pero oh, ¡qué tantos de nosotros nos hemos recaídos en el pecado por causa de la frialdad de nuestro amor para el Señor hasta el punto que nuestros corazones se endurecen que ya no podemos decir con seguridad que el “Hijo de Dios me amó, y se entregó á sí mismo por mí”! Esto es lo que le acontece al reincidente; y de seguro, NO PUEDE decir al Señor: “Yo te amo, y me entregó por Tí”. Si esto es verdad de cualquier de nosotros, entonces nuestra única esperanza es que le agrade al Señor de Su amor de traérnos para atrás á Él; porque ¡estamos totalmente desvalidos e incapaces para hacer cualquier cosa acercas de ello! Él sería totalmente justo en dejarnos á las consecuencias de nuestra reincidencia, pero todavía...... “Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos” (Oseas 14:4). Oh, amigo mío, si haz sido hecho consciente de tu reincidencia y rebeldía, mira á la cruz y vé la prueba de Su grande amor por tí, y con corazón quebrantado e espíritu contrito en “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21), clama á Dios: “Vuélve(me), oh Jehová, á ti, y (me volveré): Renueva (mis) días como al principio” (Lamentaciones 5:21); y “Así no (me) volveré de ti: Vida (me) darás, é invocaré tu nombre” (Salmo 80:18), así que “Vivifícame según tu palabra” (119:25). Amén.