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Las Marcas del Avivamiento

Santiago I. Packer

Traducido por Lasaro Flores

Los caracteres distintivos de los movimientos de avivamiento sobre la superficie varían extensamente, quizás por el resulto de diferentes engastaduras, pero todavía, en verdad, se parece que Dios se deleita en la variedad. Sin embargo, al nivel del análisis más profunda, hay factores constantes que pueden ser reconocidos en todos los avivamientos bíblicos y posbíblicos, sea lo que sea sus engastes culturales, raciales, e históricos. Son cinco por número, y son delineados en seguida.

Una conciencia de la presencia de Dios. El carácter distintivo fundamental y primero en el avivamiento es el sentido de que Dios se ha acercado temiblemente en Su santidad, misericordia, y poder. Esto es sentido como el cumplimiento de la oración de Isaías 64:1ff: Oh si rompiese los cielos, y descendieras, y á tu presencia se escurriesen los montes, … para que hicieras notorio tu nombre á tus enemigos, y las gentes temblasen á tu presencia”. Dios “viene”, “visita”, y se “acerca” á Su pueblo, y hace conocer Su majestad. El efecto es el mismo como era para Isaías, cuando él vio “al Señor sentado sobre un trono alto y sublime” en el templo y oyó el canto de los ángeles – “Santo, santo santo” – y era forzado á clamar, Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos” (Isaías 6:1-5). Es esta manifestación abrasador y escudriñador de la presencia de Dios con la cual comienza el avivamiento, y por su continúo que el avivamiento es sostenido.

Respondiendo á la Palabra de Dios. El sentido de la presencia de Dios imparte nueva autoridad á Su verdad. El mensaje de la Escritura la cual anteriormente sólo hacía un impacto superficial, aún si eso, ahora escudriñe sus oidores y lectores hasta lo profundo de su ser. La declaración que “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12) es verificada una y otra vez más. El mensaje de Dios – el llamado del evangelio á el arrepentimiento, á la fe y santidad, á la alabanza y la oración, el testimonio y adoración – se autentica a sí misma indudablemente á las consciencias de los hombres, y no hay lugar para media medidas en responder.

La Sensibilidad al Pecado. Un saber profundo de que cosas son pecaminosas y que tan pecadores somos es la tercera característica del avivamiento que nos llama a notar. Ningún levantar de incitamiento o interés religioso merece ser llamado avivamiento si no hay un sentido profundo del pecado en su corazón. La venida de Dios, y el impacto consecuente de Su Palabra, hace a los cristianos mucho más sensitivos al pecado de lo que eran anteriormente: las conciencias se enternecen y una humillación profunda sucede. La perversidad, lo feo, la inmundicia y la culpa del pecado son vistos y sentidos con una vivacidad nueva. Debajo de las condiciones del avivamiento las conciencias son tan avivadas que la convicción de la propia pecaminosidad de cada persona viene a ser fuerte y terrible, produciendo agonías del pensamiento que son más allá de imaginar hasta cuando acontecen. El evangelio del perdón por medio de la cruz de Cristo, viene a ser amada como nunca antes, según la gente ve su falta de ella tanto mucho más claramente.

Pero la convicción del pecado es un medio, no un fin; el Espíritu de Dios convence del pecado para producir arrepentimiento, y una de las características más seguras de los movimientos de avivamiento es la profundidad del arrepentimiento á la cual son llevados ambos los santos y los pecadores. El arrepentimiento, como lo conocemos, no es básicamente el gemir y el remordimiento, sino el voltear y el cambio. Los escuchadores de Pedro en el día de Pentecostés fueron compungidos de corazón” , lo cual literalmente quiere decir ser infligido con un golpe violento, un imagen vivo de una experiencia dolorosa agudamente. Destrozada, la congregación clamo, Varones hermanos, ¿qué haremos?”  Pedro les mostró el camino de la fe, el arrepentimiento, y el discipulado por medio de Jesucristo, y tres mil de ellos lo tomaron (Hechos 2:37-41). El avivamiento siempre incluye una conciencia profunda de la pecaminosidad de uno propio, llevándolo á un arrepentimiento profundo y un abrazar de corazón del Cristo glorificado, amador, y perdonador.

La Viveza en la Comunidad. Una iglesia avivada esta llena de la vida, del gozo, y del poder del Espíritu Santo. Con la venida del Espíritu, la comunión con Cristo es traída al mero centro de nuestra adoración y devoción; el Cristo glorificado es mostrado, conocido, amado, servido, y exaltado. El amor y la generosidad, la unidad y el gozo, la seguridad y el denuedo, un espíritu de alabanza y de oración, y una pasión para alcanzar en ganar a otros son marcas repetidas de una gente que experiencia el avivamiento. Así es el poder divino en sus predicadores, un poder que no tiene nada que ver con la elocuencia natural. 

La Fructiferidad en el Testimonio. El avivamiento siempre tiene un derramamiento ético y evangelístico en el mundo. Cuando Dios aviva la iglesia, la vida nueva se rebosa de la iglesia para la conversión de los de afuera y la renovación de la sociedad. Los cristianos vienen a ser intrépidos en testificar y incansables en el servicio de su Salvador. Ellos proclaman por palabra y hecho el poder de la vida nueva, almas son ganadas, y surge una conciencia de comunidad informada por valores cristianos. También en tiempos de avivamiento Dios actúa rápidamente; Su obra se accelara. La verdad se extiende, y gentes son nacidos de nuevo y crecen en Cristo, con una rapidez maravillosa.

Tal en diseño es el modelo constante por el cual los movimientos genuinos de avivamiento se identifican á sí mismos. Los cristianos en avivamiento son en efecto hallados viviendo en la presencia de Dios (coram Deo), atendiendo á Su Palabra, sintiendo un interés agudo acercas del pecado y de la justicia, regocijando en la seguridad del amor de Cristo y de su propia salvación, espontáneamente constantes en la adoración, e incansables activos en testificar y en el servicio, abasteciendo estas actividades por la alabanza y la oración. La pregunta que nos urge es si el avivamiento es desplegada en la actualidad en las vidas de la comunidades e individuos cristianos: si esta calidad de la vida cristiana está allí o no.


Santiago I. Packer es un profesor de la Teología Histórica y Sistemática en el Colegio Regent en Vancouver, British Columbia, y el autor de numerosos libros. Sus escritos sobre el avivamiento incluyen: Dios En Nuestro Medio (Buscando y Recibiendo Avivamiento de Continuo), en Paso Con el Espíritu (cap. 7), y Una Búsqueda para la Piedad (La Visión Puritana de la Vida Cristiana) (cap. 3 & 19).