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Preparando La Tierra Para El Avivamiento

Por J. Edwin Orr

Traducido por Lasaro Flores

Mira que te he puesto en este día sobre gentes y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar” (Jeremías 1:10)

            De esta comisión séxtupla, cuatro mandatos son destructivos y solo las últimas dos son constructivas. Seguramente “para edificar y para plantar” es una obra grande. Pero tenía que ser precedido por un “arrancar y para destruir”, una destrucción y un demoler. ¡Seguramente esto se oye drástico! No obstante, era muy necesario, como el fondo histórico nos muestra. El reino judío había sido cubierto con malas hierbas, sobreedificado con superestructuras tradicionales. Tenían que ser quitados primero. Algún iconoclasismo era necesario. Se requiería alguna destrucción.

            Vamos a mirar en el jardín para una parabola. Andabamos por un jardín bello el cual ocupaba un pedazo de tierra que antes había sido desechada. El jardinero nos llevó por todo lado. “Esas rosas son bonitas,” le dijimos. “Yo las planté,” contesta el jardinero, con un orgullo justificado. “¡Qué seto tan bien adornado!”, notamos en seguida. “Yo también lo hice,” dice él. “¿Quién es responsible por ese borde “Sweet William” tan bonito?” Otra vez el jardinero se sonrío y reclamó el crédito. Seguimos adelante, pensando nosotros mismos que este jardinero había creado un testimonio magnífico de su destreza en el jardiniar.   

.           A la entrada del jardín, encontramos un anciano guardando un monton humiante de basura. “¿Qué has estado haciendo?” “Trabajando en el jardín,” dice él. “Bueno, entonces, ¿qué tienes que mostrar por tu trabajo?” “Nada, Señor,” contestó. “Entonces, ¡no has estado trabajando!” le dijimos. “Señor,” se defiende, “cuando venimos aquí, este jardín era un pedazo de tierra desechada, sobrecrecida con malas hierbas, llena de piedras y arena, pantanosa en una esquina, y todo alrededor sin esperanza.” Nos interesamos. “Bueno, Señor,” continua. “Yo rompí la tierra, y destruí las malas hierbas, y desenterraré las piedras, y carretearé la arena, y era mi trabajo de desaguadar la esquina pantanosa.” Escuchamos con un aprecio creciente. “Yo no estoy diciendo nada encontra el otro compañero quien plantó el jardín. Él hizo su trabajo bien. Pero, ¿dónde estaría su plantar si yo primero no hubiera arrancado y destruido las malas hierbas?” Los labores de ambos hombres era necesario, pero el arrancar y el destruir de las malas hierbas precedieron el plantar de las flores y las matas.

            Vamos acordarnos el primer trabajo de arrancar las malas hierbas y totalmente destruirlas. Una de las debilildades grandes hoy en día de muchas formas de ministerio es el tratar de sembrar buena semilla entre las espinas. Generalmente, las espinas continuan brotando, y la semilla es ahogada por ello, a pesár de las buenas intenciones del sembrador humano. La semilla sembrada en una tierra preparada solo requiere la acción de los elementos para producir el fruto en su tiempo. La semilla sembrada junto al camino, o en lugares piedragosos, o entre las espinas, tendrán sus prospectos de vida casi inmediamente amenazados severamente. De la misma manera, cambiando el modo de la ilustración, un cristiano quien está en una relación propia con Dios es generalmente hambriento por las grandes verdades y afirmaciones del Evangelio. Un mensaje constructivo no solo es deseable, sino necesario. El buen alimento, el más fino de la crema del trigo del Evangelio de Cristo, es asimilado ansiosamente por el cristiano quien vive en harmonía con Dios.

            No obstante, todos los cristianos no están en una relación propia con el Señor de ellos. La presente carestía obvia de avivamiento es debida latamente al hecho que la mayoría de los cristianos están afuera del toque de la fuente del poder Divino. Aún en las convenciones, el primer trabajo necesitado es de poner rectas las cosas en las vidas de los que asisten. De dar a un estómago enfermo un dosis excesiva de crema es de correr peligro de la indigestión. Aún un estómago infermo prefiere el gusto de la crema al sabor de un medicamento amargo. Todavía, el medicamento amargo es necesario, y no impide después el gustar y el digerir de la buena comida – al contrario, ello crea el apetito actual de la buena salud, lo cual es distinto de los deseos falsos de la indigestión.

            Por ejemplo, el mensaje glorioso de la posición de cada creyente en Cristo es de confortación a muchas almas. No obstante, no puede traér mucha bendición a un cristiano obstinado viviendo en desobediencia y en pecado consciente. PRIMERO, tiene que actuar sobre la enseñanza del arrepentimiento y confesión y la limpieza, y luego se puede confortar a sí mismo con las otras verdades. Una vez oí de una iglesia, a la cual tenía la crema de la doctrina dada dentro sus paredes, semana por semana. Juzgando de la calidad del ministerio levantador dado allí, uno esperaría de hallar a los miembros de la iglesia en un plano altísimo celestial. Pero en este caso, habían tenido una contienda la cual resultó en el pan y el vino siendo vertido en la altercación, y la policía fue llamada para restaurar la orden. Obviamente, necesitaban más que la crema. Malamente había falta del medicamento. La verdad posicional no puede ser enseñada provechosamente hasta que la enseñanza condicional tenga su efecto. No eches las perlas delante de los puercos. Tan grande es esta problema, que cuando el predicador se arroja encontra el pecado entre los creyentes y urge la pureza de vida, los críticos claman “Introspección,” y algunos insisten que está tratando en divertir los ojos del pueblo de Cristo a uno mismo y a las faltas.

            Una vez era mi experiencia feliz, de hablar en una convención bien conocida en Inglaterra. Era arreglado con los miembros del concilio que si la bendición viniera en el grado que se esperaba, yo estaría en libertad de continuar por doble el tiempo. Comenzando con el ministerio destructivo, el Señor uso Su palabra para crear la convicción profunda de corazón. El lugar estaba apretado. Los cristianos eran movidos a la confesión y arrepentimiento, y muchas almas eran salvas.

            En contraste, no muy lejos, estaba hablando en otra convención. Era una convención de buena reputación. Sentí ser llevado de primero hablar de los defectos de los creyentes y la necesidad de ponerse bien antes de gozarse de las buenas cosas de la fiesta. Los siguientes oradores parecían de dudar de tal método, y el mensaje de ellos parecía ser: “Ya estás completo en Cristo, así que no te afanes acercas de estos frioleras. Dios te acepta en el Amado, y no te tienes que preocupar.” Por días había esa corriente contraria de mensaje. Yo creía con todo mi corazón en la verdad del mensaje de ellos, pero yo pensaba que el tiempo estaba inmaturo para su aplicación.

            Con un corazón cargado, ore por la guianza clara en cuanto de continuar mi mensaje. El Señor puso un texto, un “nuevo” texto para mi, y lo predique. Antes que lo predicara, un orador se ocupo en las promesas gloriosas de Dios, promesas que eran para los hijos obedientes. Entonces, vino mi oportunidad. Asi que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios” (2 Corintios 7:1). Al fin dió la conexión, pero no tuvimos una grande avivamiento. Llevó muchas verdades a mi corazón. Vamos a confortarnos con las grandes verdades de nuestra posición en Cristo. Pero no hagamos excusa por decir que nuestra “cumplimiento” en Él nos permite en disimular del pecado conocido.

Referencia Usada: The Church Must First Repent (La Iglesia Tiene Que Primero Arrepentirse) por J. Edwin Orr