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La Promesa De Avivamiento

Acomodado por David Smithers

Traducido por Lasaro Flores

En su libro, “El Dotamiento de Poder”, Oswald J. Smith nos anima de que el avivamiento es una promesa definita de Dios, solo esperando de ser asida. Oswald J. Smith escribe, “’Y será en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne’ (Hechos 2:17). Ahora, todavía estamos viviendo ‘en los postreros días’. El Pentecostés era el nacimiento de la Iglesia. Pero si Pedro podía hablar de Pentecostés como ‘los postreros días’, entonces estamos viviendo en las ‘últimas horas’ de ‘los postreros días’. Esta es la noche del sábado en la historia de la Iglesia. Dios ha declarado que ‘en los postreros días’ Él derramaría de Su Espíritu. La promesa era parcialmente cumplida en el día de Pentecostés. Pero queda para nosotros en ver el cumplimiento completo y final. Déjame otra vez recordarles que esta es todavía la dispensación del Espíritu Santo. Entonces, ¿tenemos Escritura para justificar la esperanza de otro derramamiento del Espíritu de Dios al entrar las ‘últimas horas’ de esta edad? Yo creo que sí. Es mi convicción profunda, más profunda, que Dios está esperando para derramar Su Espíritu otra vez, y dondequiera que Él encuentre un pueblo quienes se conforman a Sus condiciones, Él dará diluvios de avivamiento. El derramamiento del Espíritu Santo es la falta más grande de la hora. Cualquier lo podrá tener y esperarlo. Ésta es la solucion de todas las problemas. No el dinero, sino el Espíritu derramado. No como obtener la atención de la gente, sino como asegurar la operación del Espíritu Santo. No es el predicar mejor, sino el predicar por el Espíritu Santo. ‘Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne’. Esta, mis hermanos, es la falta más grande de la hora”.

Es tiempo para la Iglesia de unírse acercas de su falta desesperada de avivamiento. ¡Tenemos que reconocer nuestra condición verdadera! Vamos acordar en oración con aquél antigüo místico Alemán, Tersteegen, para la promesa de avivamiento. “¡O Señor Jesús! Que puédamos todos ser congregados y esperar con un deseo ardiente por el poder de lo alto, y el derramamiento de Tu precioso Santo Espíritu. Esto Tú nos haz prometido. Como nos haz reunidos juntos como un cuerpo, así une nuestros pensamientos para que puédamos mutuamente buscar, desear, y suspirar detrás de Tí en nuestros espíritus. Purga nuestros corazones de todas distracciones y de todo aquello que no nos lleva á Tí, para que puédamos meditar sólo en Tí. ¡O Señor Jesús! ¿Qué somos nosotros sin el fervor de Tu Espíritu, sin la luz y la vida de Tu Espíritu en nuestros corazones? En realidad, no somos nada sino cristianos formales y muertos que ni te conocen, ni te aman, ni te glorifiquen. ¡Ven entonces, bendito Consolador! ¡Desciende sobre esta congregación! ¡Entra en cada corazón! Y aunque sea que no puédamos todos ser llenos de Tí, a lo menos unas cuantas gotas de Tu gracia fluyan en nosostros en esta ocasión, para que por esta agua de vida nuestros corazones sean mutuamente resfrescados e incitados para consagrarnos y ofrecernos á Tí enteramente. ¡Qué puedamos completamente abandonar todo lo que no eres Tú! ¡O Señor Jesús! Perdonanos si siempre hemos entristecido Tu Santo Espíritu, resistido Sus influencias, y por alejarnos de ellas. ¡O deja que Tu sangre muy sagrada cubra y haga expiación por estos y todos otros pecados! Estad en medio de nosotros, y graciosamente y misericordiosamente manifiéstate Tú mismo a nuestras almas como los discípulos para que puédamos proclamar eficazmente el evangelio a otros. Haz esto, y oye y contesta esta nuestra oración, por amor de Tus méritos y preciosa sangre!”