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UN PUEBLO HUMILLADO Y UN DIOS SANTO

Por Timoteo King

Tomado de Restoration Ministries

Traducido por Lasaro Flores

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Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:13,14).

Aquellos con cualquier interés en el avivamiento, sin duda, han leído, orado, citado, y aún quizas predicado, sobre el texto anterior de Escritura llamando al pueblo de Dios de regresar á Él. En mis propias experiencias, frecuentemente he oído este texto como un llamado a los esfuerzos poderosos de oración para avivamiento. Esto es todo muy bien, ya que ningún avivamiento ha acontecido sin una temporada precediente de oraciones lagrimosas de parte del pueblo de Dios. En todo caso, temo que á menudo hemos pasado por alto que actualmente la oración es el seguno paso hacia de alcanzar el oído de Dios; por supuesto, el primero es que el pueblo de Dios “se humillare”.

Hacemos un grande deservicio á la causa de Cristo si llamamos al pueblo de Dios á la oración sin primero llamarlos de poner abajo su soberbia. ¡Lo más cercas que la oración y la soberbia jamás se juntarán es en el diccionario! “Los ojos altivos” es el primero en la lista de las siete cosas que son una abominación á Jehová (Proverbios 6:16-19). El Día del Señor es describido como un día cuando “la altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada” (Isaiás 2:11,17). El Día de Cuentas del Señor será “sobre todo soberbio y altivo, y sobre todo ensalzado; y será abatido” (v.12).

En Santiago 4:6 y en 1 Pedro 5:5, vemos que Dios actualmente se opone al soberbio. Es común para muchos cristianos hablar de como Satanás está peleando en contra la iglesia hoy en día, pero muchos serían horrorizados en considerar el pensamiento que Dios mismo actualmente se opondría a los esfuerzos de ellos si abrigan la soberbia en sus corazones. En hecho, los pecados múltiples del pueblo de Dios lo causan que cierre Sus oídos á las oraciones multiplicadas de ellos (Isaiás 1:15). Temo que aún nuestras oraciones más fervientes no serán oídas en lo alto hasta que estemos dispuestos de humillarnos y tratar con nuestros pecados numerosos.

“Humillarnos” –  ¿Qué Quiere Decir Esto?

¿Qué quiere actualmente decir para alguno humillarse delante de Dios? Primero, en ser humillado delante de Dios envuelve el reconcocer los caminos santos de Dios en contraste á nuestros caminos pecaminosos. Nuestra soberbia se tiende en ver nuestra propia justicia, nuestras propias buenas obras, nuestros propios planes e esquemas como cosas dignas de semejanza a Dios. La humildad es cuando vemos estas cosas como Dios mismo las vé, como verdaderamente son – infinitamente feas y manchadas con el pecado. Jonatán Edwards ha dicho, “Es por la (soberbia) que la mente se defiende a sí misma en otros errores, y se guarda a sí misma encontra la luz, por la cual podrá ser corregida y reclamada”.

En humillarnos es de ser despertado de la decepción que nuestra arrogancia ha creado. Un buen ejemplo de esto es la iglesia de Sardis describida en Apocalipsis 3:1-6. Cristo dice de ellos, “Yo conozco tus obras que tienes nombre que vives, y estás muerto”. Esta iglesia había sido convencida de su grandeza por lo que otros habían dicho de ellos; ellos habían desarrollado una reputación de ser una iglesia que realmente estaba “viva”. Sin imbargo, el Señor de esa iglesia no era ladeado por la opinión pública o impresionado por los programas superficiales de esta iglesia. Si verdaderamente habían buscado lo que Cristo pensaba de ellos, habían sido humillados en saber que realmente ellos estaban muertos.

Nosotros no debemos de confiar en la opinión pública para persuadirnos de qué importante somos. La iglesia de Laodicea describida en Apocalipsis 3:14-22 había concluído que ellos eran auto-suficientes sin la ayuda del opinión de los de afuera. El engaño arrogante de ellos es revelada por Cristo en el versículo 17: “Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo”. La tragedia grande es hallada en las frases contrastantes “tú dices” y “no conoces”. Entonces, como la iglesia de Laodicea, multitudes hoy en día que profesan ser cristianos se van extensamente en jactarse acercas de sus alcances, sus riquezas, sus capacidades, sus talentos y el prestigio de ellos.

Las iglesias modernas competen en ser la más grande, la más rápida en crecimiento, la más prosperada o la mayor en notoriedad. No economizan ningún gasto en levantar estadísticas, en imprimir literatura, en hacer radiodifusiones y proclamar qué ricos y opulentos están en falta de nada. ¿Es éste el reporte que Cristo daría si le buscamos por Su perspectiva? ¿Ensalzaría Él nuestras  virtudes e aplaudaría nuestros esfuerzos tan ruidosamente como nosotros mismos? O, ¿sería Él más probable en descubrir el hecho de que realmente somos “cuitados y miserables y pobres y ciegos y desnudos”? Al comenzar de ignorar la opinión pública y vernos en la luz de la Palabra de Dios, y al cesár de creer nuestras autas-alabanzas y ver lo que Dios piensa de nosotros, comenzamos a ver lo que quiere decir que es ser humillado.

¿Realmente Acordamos Con Dios?

No solo tenemos que venir al lugar donde reconocemos que nuestros caminos son impíos en contraste a los caminos de Dios, pero en segundo lugar, en ser humillado quiere decir de venir a un lugar donde estamos con Dios condenando nuestros caminos impíos. Cuando Biblia habla de confesar nuestro pecados en 1 Juan 1:9, la palabra griega quiere decir “de hablar la misma cosa como” o “de acordar”. Así que, cuando confesamos nuestros pecados a Dios, no quiere decir que le estamos informando de algo que Él no esta cauto. Quiere decir que estamos acordando con Él de algo que Él vé muy claro. Él tiene pleno conocimiento de que nuestro pecado es en verdad pecado. 

Él vé los pecados que a nosotros están en tinieblas – nuestra soberbia, nuestra concupiscencia, nuestra rebedía, nuestra desobediencia – como si estuvieran en el sol del medio día. La confesión quiere decir que dijemos con Dios, “Estos son pecados graves que ofenden Tu santidad y causaron el padecimiento y la muerte de Tu Hijo inocente y precioso”. Por lo tanto, el pecado no confesado puede ser caracterizado como una disputa de continuo con el todo-sabio Dios. Quiere decir que sabemos mejor que el Santo de que constituye la santidad verdadera.

Hoy en día hay un espíritu de pulidad entre los que profesan ser cristianos que tiene que ser echado fuera. No tenemos dificultad en condenar los pecados de otros, pero nuestra auto-justicia nos ha hecho callosos cuando viene de condenar sinceramente nuestro propios pecados. Ningún mejor otra ilustración puede ser dada que la del Rey David en 2 Samuel, capítulos 11 y 12. Por casi un año David se había revolcado en su adulterio, asesinato y despecho de la Palabra de Dios antes que Dios enviara al profeta Natán para tratar con él.

Dios mostró a David su pecado por un reporte parabólico de un hombre rico con grandes rebaños quien robó la borreja de una oveja amada de un hombre pobre (vea 2 Samuel 12:1-4). David, siendo un pastor antecedente, sabía lo que era ver a animales rapaces tratando de llevar a las borregas de su propio rebaño, y él tuvo en varios ocasiones levantarse y matar al león o al oso que trataban de asolar sus borregas. Su enojo era excitado y amargamente denunció al hombre y le pronunció una sentencia áspera sobre él (v.5).  

Era aquí que el profeta tronó, “¡Tú eres el hombre!” David sin saberlo había condenado sus propios transgresiones. Nosotros, como David, hemos venido a separar y escogido por Dios que pecados Él realmente aborrece. El cristiano moderno clama, “Dios realmente aborrece al gobierno liberal, el aborto, la homosexualidad, el feminismo militante, etc.” En hecho, estos son abominaciones para Él; pero, ¿qué acontecería si volteavamos la luz difusadora de la Palabra de Dios sobre la iglesia cristiana moderna?

¿La Acción Política o La Proclamación del Evangelio?

¿Te encolerizas porque el gobierno liberal ha legislado a Dios fuera de sus instituciones? ¡Tú eres el hombre! En el siglo primero, el gobierno no permitía a ningún dios ser adorado delante de César. Nuestros hermanos cristianos eran echados a los leónes porque rehusaban de renunciar el Señor de ellos. La estrategia del moderno discípulo americano es de brincar en la arena y tratar de consumirse a los leónes en el nombre de Cristo.

Pocos disputarán que el gobierno de nuestra nación ha venido a ser puramente pagano. Su hostilidad hacia Dios, y su tolerancia hacia la perversión de Su santa ley y su legalización de las abominaciones más groseras es prueba de esto. Bien que, en la iglesia la Gran Comisión ha venido a ser, “Por lo tanto, íd y peticiona al gobierno a regresar a sus raíces cristianas”. Aunque tan noble y patriótico se oye este sentimiento, es una afrenta a nuestro llamamiento en Cristo. Primero, nuestro ultraje a la maldad de esta nación es un testimonio de nuestra ignorancia. Un entendimiento simple de la doctrina Bíblica de la depravación total del hombre explica esta condición. ¿Por qué debemos de estár tan horrorizados y sorprendidos en hallar a los paganos impíos actuando como paganos impíos? ¿Por qué nosotros que tenemos la luz de la Palabra de Dios estamos tan maravillados de los hijos de las tinieblas llendo más profundo en las tinieblas 

En el segundo lugar, las preguntas más sensibles deben de ser, “¿Qué le ha pasado a la luz? ¿Ha perdido su sabor la sal de la tierra? ¿Por qué la iglesia ha perdido su capacidad de voltear al mundo al revés?” Es interesante de notar que cuando el pueblo de Dios estaban en rebeldía encontra á Él, parecía que había una pregunta que nadie preguntaba, “¿Dónde está Jehová?” Vea Jeremías 2:6-8; aún aquellos quienes conocían la ley no hacían la pregunta, “¿Dónde está Jehová?” En nuestros esfuerzos para establecer la moralidad en nuestro gobierno (un esfuerzo que ha sido una falta miserable sobre las tres décadas pasadas), también nosotros, hemos fallado sobre un factor muy importante: No debemos de estár tan concernidos de que si Dios está presente en la Casa Blanca, o en el Congreso o la Corte Suprema, sino que si Él está, o no, presente en nuestras iglesias. De una perspectiva divina, es reprehensible para los que profesan ser cristianos de clamar encontra la ausencia de Dios en las instituciones del gobierno, mientras Su santa presencia no es ni aún hecho menos en la iglesia.

¿Tú condenas el holocausto inmenso del aborto que ensucia nuestra nación? El matar de niños no es una cosa nueva; los profetas del Antigüo Testamento frecuentemente tronaban encontra las prácticas de los Israelitas que sacrificaban a sus niños al ídolo Moloch (vea Levítico 20:2.5; Jeremías 32:35; también Ezequiel 16:21; 20:26,31; 23:37). ¡Pero tú eres el hombre! La iglesia hoy en día ha ignorado la verdad que hay otras maneras de destruír a los niños. En este día malo, los hogares de cristianos profesantes se han silenciado en enseñar a sus hijos acercas de las verdades vivificantes del evangelio. Los padres han abandonado la mayordomía de enseñar a sus hijos e hijas de amar al Señor su Dios con todo sus corazones, con toda sus almas, con todo sus mentes y con todas sus fuerzas. Pero, en aquél Día cuando Dios llame por una cuenta de los hijos extraviados y los jovenes rebeldes de esta generación, Él no llamará a la media prejuciodada, ni a un Hollywood corrumpido, ni a las escuelas impías del gobierno, ni a los músicos excesos del rock y rap, ni a los necios que estos niños y jovenes han hecho sus compañeros. Serán los padres – los papases y las mamases – quienes han de responder al Santo Juez.

¿Asesinato del No-nacido o del Nuevo Nacido?

¿Verdaderamente aborreces el asesinato de los no-nacidos y eres repulsado por el desprecio flagrante por la vida humana en las clínicas de aborto? ¡Tú eres el hombre! Si Dios hubiera de cargar un cartel y protestar una “institución de asesinato”, ¿en dónde pusiera Su “sentar”? Déja que Su Palabra hable por sí misma: Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí” (1 Juan 3:15, mi enfasis). Parecemos de pensar que Dios está más entristecido sobre la matanza de millones de fetos que estár sobre la amargura, las divisiones, la falta del perdón, las facciones y el pelear que acontecen en muchas iglesias americanas en este día.

Es fácil de amar a los no-nacidos. Ellos abiertamente no desconvenien contigo, ellos no dicen cosas para dañarte, ellos no manifiestan una conducta calculada para ofenderte, ni despliegan algunas de las obras de la carne en la iglesia. Vamos a enfrentarlo, ellos totalmente no son semejantes a aquella gente irritantes que tienes que ver día tras día, semana tras semana, a quienes eres forzado, por la virtud del hecho que Cristo también murió por ellos, en llamarlos “hermanos”. Sin imbargo, estos son la misma gente que eres mandado – mandado, haz de entender – de amar como Cristo te amó. “Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).

Crusando por un Dios Santo es una cosa; pero es completamente una cosa diferente de ser humillado en la presencia de ese Dios Santo. El cruzado viene a ser molido y quebrantado en la vista de Su santidad pura. Esto es de lo mejor ilustrado en aquel pasaje clásico de Isaías 6. El capítulo 5 muestra a este siervo fiel de Jehová pronunciando los ¡ayes! sobre los hijos rebeldes de Judá (vea los versículos 8,11,18,20,21,22); pero cuando viene en la presencia de Aquél quien es “Santo, Santo, Santo”, no es sólo la nación rebelde de Judá que es percibido como inmundo. Isaías responde; “Ay de mí! Que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (6:5).

En la presencia del Rey Santo, Isaías vió que no era sólo la gente alrededor de él que eran inmundos; él, también, estaba en ruina por la polución de su propia alma. Los fuegos misioneros fueron avivados en él sólo después que un carbón limpiador del altar recien usado había tocado sus labios. Qué el día esté cercas cuando los siervos de Dios vean que su propio pecado es tan ofensivo como la del mundo, y que la iglesia otra vez ministre con una pasión nacida de la santidad, en vez de la auta-justicia.

Nuestra Humildad y La Misericordia de Dios

El principio final en cuanto a la humildad es esta: En ser humillado quiere decir de presentarnos a un Dios quien es abundante de gracia y de misericordia. Enfrentando la fealdad de nuestra soberbia, rebelión e incredulidad es visto por mal en esta cultura que ha hecho un “auto-imagen” positivo una marca indispensable del cristianismo. El quebrantamiento y la humildad son vistos como obstáculos al verdadero crecimiento espiritual en vez de requisitos para ello.

Pero es solo con los quebrantados y de corazón contrito que Dios ha acordado de morar (vea Isaías 57:15 y 66:2), y a esos Él alegremente les dá la bienvenida. Tenemos que arrepentirnos de la falsedad que nos ha convencido que la iglesia sólo tiene unos cuantos errores y alguna falta de fianza para vencer, en vez de una multitud de pecados y transgresiones de que arrepentirnos. Roy Hession nos da grande ánimo en este asunto:

“Algunos podrán estár inclinados de preguntar o si es justo de llamar a tales cosas como la auto-sentimiento interior, la reserva, y el temor, pecados. ‘Llamalos enfermedades, disabilidades, debilidades temperamental, si quieres’, algunos han dicho, ‘pero no pecados. En hacer esto nos llevará a la esclavitud’. No obstante, lo contrario es verdad. Si estas cosa no son pecados, entonces tenemos que soportarlas por el resto de nuestras vidas; no hay libertad de ellas. Pero si estas cosas y otras como ellas en verdad son pecados, entonces hay una Fuente para ellas, y podemos experienciar la limpieza de ellas, si las ponemos inmediatamente bajo Su sangre preciosa, el momento que somos conscientes de ellas. Y ellas son pecados. El origen de ellas es la incredulidad y una forma invertida de la soberbia, y ellas le han escondido y estorbado tiempos inumerable”. (The Calvary Road, Christian Literature Crusade, 1988, p. 29).

Nunca es un llamado al pueblo de Dios para el arrepentimiento, intentado en ser una oportunidad de venir delante de Él para condenación; es siempre un llamamiento para recibir la limpieza y la restauración. El llamado para humillarnos delante de Dios nunca es un llamado para moler la iglesia a la impotencia, sino para resucitarla en poder. Que esta verdad nos dé ánimo para buscar al Señor con mayor fervencia para la restauración y el avivamiento.