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LAS PRUEBAS DE UNA CONDICIÓN RECAÍDA
Por Richard Owen Roberts
International Awakening Ministries
Traducido por Lasaro Flores
VIDA GRACIA SOBERANA - http://vidagraciasoberana.bravepages.com
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    Cristianos recaídos son evidentes por dondequiera. Están en las iglesias y afuera de las iglesias. Están en las bancas de las iglesias o en los pulpítos. Están en las juntas o están aburridos. Sirven en las comisiones o enseñan en la escuela dominical. Los recaídos parecen ser más numerosos que los rectos y la influencia de ellos por vastamente más profunda por el mundo. Mientras no todos los recaídos  manifiestan las mismas formas, las pruebas de la condición de ellos no son difíciles para determinar. Las siguientes características merecen nuestra atención seria.

    1. Cuando la oración cesa en ser una parte vital en la vida de uno que profesa ser cristiano, la reincidencia está presente. Es espantoso en realizar que muchas iglesias no tienen juntas de oración publicas de ninguna clase. Más trastornante es el hecho que muchos cristianos individuales no tienen ningún tiempo regular sentado de oración privada durante en la cual tienen comunión con Dios. ¿Cómo puede una persona ser ambos cristiano y sin la oración? Como quiera que sea, la oración no tiene que estár enteramente faltando de la vida de una persona para que la reincidencia prevalézca. Cuando la oración viene a ser superficial y sin una seriedad moral, hay que más prueba amplia de la reincidencia. Algunos que dicen que oran nunca oran. La formulación de pensamientos e idéas a lo largo de líneas religiosas, el vociferando de palabras, la inclinación de la cabeza y el cuerpo y la repetición de frases, no es en, y de, si mismo, constituye la oración verdadera. Si el corazón no tiene una comunión seria con Dios, la oración genuína no está presente. La mera repetición de oraciones escritas, no importa que bellas constructidas son o parecidas sinceras, no garantízan la oración genuína. Cuando el corazón del hombre y el corazón de Dios se encuentran en comunión, allí hay la oración. La falta de la oración y una mera formalidad en vocear oraciones son marcas evidentes de una condición recaída.

    2. Cuando cesa el buscar por la verdad Biblica y uno está contento con el conocimiento de las cosa eternas ya adquiridas, allí no puede haber error de la presencia de la reincidencia. Casi todos los recaidos muestran un sentido de satisfacción con la verdad que ya han adquirido. Los recaídos raramente son diligentes en el estudio de la Biblia. Ellos no se hallan en un agarre de pasión para minar tesoros de la Palabra de Dios. Están contentos con las pequeñas perlas de sabiduría que sus madres pusieron alrededor de sus cuellos de la niñez espiritual de ellos, o con las joyas que el pastor mina a favor de ellos. No se hallan a si mismos diariamente en el huerto del Señor arracando flores raras y fragantes. Están contentos con el ramillete marchitado de flores que llevan a sus bautismos. Si alguna nueva verdad  Biblica viene a ellos, tiene que venir por los esfuerzos de otro, y no por la de ellos. Esto no quiere decir que los recaídos nunca leen la Biblia. Muchos recaídos han establecido por mucho tiempo hábitos de una devoción sumisa que nunca han quebrado, pero mientras continuan en leer las palabras de la Biblia, los recaídos están contentos con la verdad de Dios en su posesión.

    3. Cuando el conocimiento Biblico poseída o adquirida es tratado como hechos externos y no aplicada internamente, la reincidencia está presente. No todo recaído ha totalmente abandonado la adquisición de la verdad Biblica. Algunos pastores bien recaídos aprenden nuevo conocimiento Biblico semanalmente. Es posible aprender nuevas cosas de las Sagradas Escrituras sin ningun beneficio al alma. Si la verdad Biblica no entra el corazón y transforma la vida, su adquisición es sin merito eterno. La Biblia fue designada por Dios no meramente para informarnos, sino para transformarnos. Si la verdad Biblica ya adquirida no es practicada, la acumulación de verdad adicional no tiene, o tiene poco, efecto. Algunos recaídos enseñan en la Escuela Dominical cada semana. Cuidadosamente preparan sus lecciones y consideran diligentemente las verdades que van a presentar. Comoquiera, si la contemplación y la enseñanza de ellos de la Palabra de Dios no se mueve de la área de la cabeza de ellos al reino de sus corazones, ninguna cantidad de estudio y enseñanza adicional cambiara sus caminos recaídos. En la misma manera, el recaído se puede sentar en una iglesia que predica la Biblia cada vez que las puertas están abiertas. Pueden atentivamente escuchar las palabras habladas y alabar el predicador en su discubrimiento de la verdad Biblica, pero si esa Palabra no corre afuera el Yo, su condición recaída solo se empeorará cada vez que oye la Biblia proclamada.

    4. Cuando pensamientos serios acercas de las cosas eternas cesan en ser regular y agarrantes, debe de ser como una luz advertiente al recaído. En los días primeros de una andar nuevo con Cristo, la mente de esa persona ontinuamente voltea a los asuntos espirituales. Cuando comienza la reincidencia, menos y menos voltea la mente hacia al cielo, a Dios, a la eternidad y a la santidad. En las primeras etapas de la declinación, en veces los pensamientos espirituales podrán venir frecuentemente, pero son menos agarrantes. A la persona que siendo más y más lleno de sus propios caminos, simplemente hay menos lugar para los pensamientos de la eternidad. De primero, puede haber una sabienda consciente de que las modas de pensar están cambiando, pero al progresar la recaída, es menos y menos obvio al recaído que ésta transformación esta ocurriendo. Eventualmente, una reprendida benévola es tratado con escarnio y el atrás-resbalado se levanta para justificar su propia partida del Dios viviente.

    5. Cuando los servicios de la iglesia pierden sus deleites, probablemente una condición recaída existe. El reciente convertido halla la participación en los servicios de la iglesia un estremecer de gusto y un gozo. Nunca piensan que se cansarán de esas nuevas bendiciones discubridas. El cantar de cada himno es una experiencia de ser recordada. El oír de las Escrituras leídas publicamente son un deleite puro. Se sientan a la orilla de sus asientos para oír el sermon y casi no pueden hallar palabras para dar gracias al predicador por su contribución inmensa a sus vidas. No contentos en venir solo en los domingos por las mañanas, ellos aun enfadan a los ancianos por su presencia en toda junta declarada de la iglesia. Luego la reincidenica entra. "¿Qué le ha pasado al predicador'" ellos piensan. "¿Cómo ha perdido su fuego? ¿Por qué parecen que los himnos animadores ahora parecen ser tan lentos?" Aun las Escrituras han perdido su filo cortante. El recaído ahora halla difícil para asistir aun los servicios el domingo por la mañana. El acercarse afectuoso del pastor y de la gente ahora parece ser entremetidos. En vez de arriesgar una conversación incomoda con un diacono demasiado celoso, el recaído pronto se sale de los servicios y se va a casa, hambriento espiritualmente y descontento. No hallando ninguna ayuda en tal iglesia, él abandona la asistencia de todo o busca una iglesia donde los recaídos son más cómodos.

    6. Cuando discusiones espirituales puntuados son una vergüenza, esa es una prueba cierta de la reincidencia. La persona en fuego por Jesucristo se deleita en cada oportunidad para hablar acercas de Él. Ningún lugar parece ser inapropiado para una vital conversación espiritual. Cuando comienza la reincidencia, la iglesia parece ser el mejor lugar para discutir asuntos religiosos. Pronto parece ser inapropiado de todo en hablar seriamente de asuntos espirituales en la compañia mezclada. No es muy pronto antes que la discusión libre de asuntos eternos vienen a ser una fuente de una vergüenza aguda. Si alguien toma la libertad de hablar al recaído acercas del bienestar de su alma en la esquina de la calle, en un avion o en un tren conmutador, su ira se encendecerá. Por miedo de una confrontación publica, el recaído es apto de hacer diversión de un compañero de trabajo de seria mente quien persiste en hablarle libremente de asuntos espirituales en el trabajo. El recaído es apto en irse tan lejos hasta proclamar vehementemente, "Hay dos cosas que nunca discuto - la religión y la política". Marca esto, si la discusión publica de asuntos espirituales profundamente importantes son una vergüenza para tí, no puede haber ninguna cuestión acercas de tu condición recaída. La persona cuyo amor para Cristo es corriente se deleitará en cada oportunidad, publica o privada, en oirle ser exaltado con reverncia.

    7. Cuando el deporte, la recreación, y la diversión son una parte necesaria y grande de tu estílo de vida, puedes asumir que la reincidencia está en fuerza. Pablo confesó que en el ejercicio físico había provecho. Jesús demostró el valor de hacerse a un lado de las deberes diarios para el descanso y la revitalización. No obstante, el foco corriente en la diversión y los juegos tiene nada que ver en común con un estílo de vida Biblico Tan serio se ha sido el amor del hombre para la diversión que algunas iglesias aun tienen competencia  unas con otras para que una presentación de "estrellas" guían los servicios publicos. Aún unas pocas de iglesias consideran en tener servicios especiales en competencia con los eventos de deportes. Es más cierto que muchos predicadores aseguran que los servicios el domingo por la mañana terminen a los doce en punto que en decir algo de valor. Él no más pronto incurrirá la ira  de su congregación de pensamientos diversionales en detenerlo de los juegos y las meriendas del domingo por la tarde de que él mismo se deprivirá de su propia diversión del sábado por la tarde.

    Los cristianos no son salvados para jugar sino para servir. Si los eventos de deporte son tan importantes para tí como el progreso espiritual, tú estás recaído. Si tienes que escoger entre la iglesia y la diversión y la diversión gana, tú estás recaído. Si devotas más tiempo para jugar y el ejercicio en vez que a la oración y la Palabra de Dios, no puede haber duda de tu verdadera condición espiritual. En tu caso, la reincidencia no solo ha comenzado, pero ha progresado a un nivel deplorable.

    8. Cuando los pecados del cuerpo y del pensamiento son consentidos sin ningún alboroto en tú consciencia, tu condición recaída es cierta. Antes de la conversión es de ser esperado que los pecados jugarán estrago con la consciencia. Los irregenerados son conocidos en tener una consciencia cauterizada y apenas pueden ser requeridos en derramar lágrimas en cuanto al los pecados. Pero, ¿cómo puede un cristiano, quien ha sido hecho una nueva criatura en Cristo Jesús y a quien "todas las cosas son hechas nuevas", manifestár esta misma callosidad? Solo por un método: La reincidencia.

    Cuando un cristiano está andando en compañerismo con Jesucristo, él tiene una sensitividad a lo recto y a lo mal similár a aquel que caracterizaba a Jesús en Su vida en la tierra. Pero deja que ese andar con Cristo se desmejóre y la sensitividad se desparecerá. El recaído es caracterizado por su descuidado al pecado personal. Lo que antes parecía inconcebiblemente horréndo viene a ser insignificante para molestarse uno. Los pecados que antes eran cuidadosamente evitados, ahora el recaído los abraza con gusto. Al llenarse más y más de sí mismo, el recaído mira con un calor creciente sobre esos pecados del cuerpo y del pensamiento, los cuales hacen su posición confortable y agradable, demostrar su libertad de limitaciones no necesarias y probar que puede dicernir el bien del mal como el Todopoderoso. Una vez ahitado al mero pensamiento del pecado, el recaído ahora puede ocuparse en la iniquidad grosera con apenas una conmoción de la consciencia o una lágrima de pesar.

    9. Cuando las aspiraciones para la santidad como la de Cristo cesan en ser dominantes en tu vida y pensamientos, allí está la reincidencia. Para el recaído, la santidad parece ser ambos inasequible e innecesario. No así para el cristiano ferveroso quien toma de corazón el mandato Biblico..."Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:16). Conociendo la verdad de las palabras, "la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 1:14), el cristiano activo hace la santidad Biblica la gran meta de su vida. Cada vez que cae corto, aún por una fracción, es angustiado y confiesa sus faltas al Señor con ruegos para el socorro para poder hacer mejor.

    No así el recaído. Cansado de las demandas de Dios sobre su vida, él echa fuera las aspiraciones para la santidad con la concentración de sí mismo hasta que los pensamientos de la santidad pierden su agarre y actualmente viene a ser como repugnantes a él. Cuando antes vivía para ser santo, ahora él prefería más pronto morirse en vez de ser santo. Habiendo ahorcado el amor para la santidad, el recaído halla contentamiento en su condición corriente. Él ya ni tiene hambre ni sed por la justicia, ni siente pesar de su falta.

    10. Cuando la adquisición del dinero y de los bienes vienen a ser una dominante parte de tu pensamiento, tienes una confirmación clara de la reincidencia. Cuando uno que profesa ser cristiano empieza a focar en el dinero, los coches, en casas, en tierras, en surtido de mercancías, los bonos y adornos, claramente está en el camino del recaído. La Biblia no condena la posesión de dinero o de los bienes, ni tampoco prohíbe el uso liberal de ellos, pero en ningún lenguaje incierto prohibe el amor al dinero y una adherencia del corazón a las cosas. Se espera que el creyente viva como un peregrino quien va pasando por este mundo de bienes. Él no debe de enlazar su corazón a aquello que se está pereciendo, sino que debe de poner "la mirad en las cosas de arriba" (Colosense 3:1). Él de debe de poner sus "tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan" (Mateo 6:20).

    El recaído no vivirá por éstas reglas. Él no puede aguantar en ver tantas riquezas alrededor de él sin colocár su propia parte. En vivir para la eternidad - en verdad tán lejos cuando todo lo presente está alrededor de él - es una taréa en la cual el recaído ya no quiere ocuparse. Cuando tú mismo te hallas agarrandote detrás del aquí y del ahora, toma cuidado, tu reincidencia se está mostrando.

    11. Cuando puedes cantar palabras y cantos religiosas sin el corazón, estad seguro que la reincindencia está presente. Mucho del cantar público de himnos y música del Evangelio tiene que ser totalmente desagradable a Dios. Considere la facilidad con la cuál los cristianos cantan,
         ¡Oh Cristo! Yo te amo, que mío eres sé;
            Ya todo pecado por ti dejaré.
cuando ningún abandono de pecado es intentado y ningún nuevo amor a Cristo está presente, o
         Más dulce al pasar los años...
cuando la amargura llena el corazón más y más con cada año que pasa.

    Contemple la oración frecuentemente repetida, Tú voluntad sea hecha en la tierra, como es en el cielo, levantada domingo trás domingo por los hombres y las mujeres quienes rehusan firmemente en hacer la voluntad de Dios ellos mismos, y seguramente no están en ninguna posición para ayudar su cumplimiento en las vidas de otros. Considere las juntas testimoniales en las cuales solamente los eventos de años pasados son narrados porque el que testifica no tiene experiencias corrientes con el Señor que pueda compartir. La habilidad en voceár frases religiosas, canciones, oraciones y testiminios sin ninguna profundidad de sentimiento es una seña cierta de la reincidencia. Todo cristiano honesto puede esperar ocasiones cuando se inclina a la voluntad  de Dios solamente con la más grande dificultad, pero en tales ocasiones tiene la gracia de estár silencio. Sin imbargo, el recaído no halla ninguna dificultad en hablar hipocritamente. En voceár las palabras y las frases de afecto y de cometerse que actualmente son extraños a su propio corazón no ponen ninguna dificultad más grande  que en continuar en su condición recaída.

12. Cuando puedes oír el nombre del Señor tomado en vanidad, los interéses espirituales burlados y asuntos eternos tratados locuazamente, y no ser movido a la indignación e acción, estás recaído. El cristiano verdadero no solo reverencia el nombre de Dios, pero también no puede soportar el mal uso por otros del nombre de Dios por sin tristeza y dolor profundo. En permanecer silencio entre los burladores es un constreñimiento que gente pía no pueden sufrir. En oír las cosas sagradas tratadas con desprecio y los asuntos eternos tratados livianamente sin indignación es más allá de la habilidad de todos quienes verdaderamante aman a Dios con todos sus corazones y mentes. Aquellos quienes andan en comunión con Cristo tienen que ser esperados en tomar la oposición encontra todas tales obras de tinieblas.

    El recaído no tiene ninguna problema en juntarse con los profanos. El lenguaje sucio y las palabras ofensivas de ellos no trae ninguna molestia a su alma. En ofender al jurador en pedirle suavemente que se detenga del hablar irreverente es impensado al recaído. En dejar el cuarto porque el tono de la conversación es degradante nunca le ocurrería al recaído ya de largo establecido. Eso requiere mucho más coraje y amor a Dios que el recaído conoce.

13. Cuando puedes ver la televisión y las películas degradantes y leer literatura que debilita moralmente, puedes estár seguro que te has recaído. Que las películas, la televisión , y la literatura se están degenerando más con cada año que pasa ha de ser obvio. Imagínate que los cristianos se permiten en ser contaminados con esta suciedad del mundo. ¿Iría Jesús contigo al teatro para ver la película de tu agrado? ¿Tendría parte de tu tiempo familiar de televisión y ver contigo cada hora? ¿Podría Él aprobar todo lo que lees? Si no, entonces tienes prueba clara de la reincidencia. A cualquier tiempo que un cristiano hace alguna cosa que no es aprobado por Jesús, está en problemas profundas. Si no puedes controlar lo que ves y lees, sería mejor que no tuvieras ojos. ¿No dijo Jesús que sería mejor que un hombre se sacara sus ojos en vez de ser llevado a la concupiscencia por lo que ve? El cristiano ha de tomar las palabras de Jesús seriamente e evitar la tentación en vez de ser corrumpido. El recaído piensa de aquellos quienes rehusan en ser corrumpidos por lo que ven como ser hipócritas santurrones. El recaído defiende su derecho en leer cualquier cosa publicada, así notando su tolerancia. No más prueba de la reincidencia que esta se necesita.

    14. Cuando roturas de la paz en la hermandad no son de ningún concernimiento para ti, eso es prueba de la reincidencia. La unidad de Su Cuerpo es una asunto de gran concernimiento para Jesucristo. La oración entera de Juan 17 se foca en este tema. Muchas de las cartas apostólicas ruegan por la unidad. Guías claras Bíblicas han sido puestas para la preservación de la unidad y su restauración cuando es quebrada. Cada individuo con un corazón en harmonía con Dios es concernido profundamente acercas de la unidad de la Iglesia. Esta unidad no puede ser quebrada sin tristeza al creyente. La persona pía no hará nada para quebrar esta unidad, ni permanecerá silencio mientras otros la están quebrando.

    No así con el recaído. ¿Qué significa para él la unidad de la iglesia? El recaído no halla ninguna problema en dividir una iglesia sobre asuntos insignificantes. Él no siente ninguna compunción en llevar una iglesia a dividirse. Si no hay ningunos asuntos doctrinales disponibles sobre los cuales en dividir el "Un Cuerpo", entonces el recaído es contento en dividirlo sobre personalidades. El recaído no siente ninguna gran tristeza cuando el compañerismo de los creyentes es rotado más aun que cuando siente el gozo cuando el compañerismo es preservado en la unidad. Los interéses personales siempre son de más mayor importancia para el recaído en vez de la verdad irresistible Bíblica. Como los apóstatas que Judas renuncia, los recaídos se separan así mismos por razones sensuales (v.19). Mientras Jesús pronuncia Su bendición sobre el pacificador, el recaído es contento en hallar su bendición en otro lugar.

    15. Cuando la escusa más leve parece ser suficiente en quitarte de la oportunidad y deber espiritual, estás recaído. Mientras el alma prospera, la oportunidad y el deber son asidos con gozo. Los cristianos fieles se deleitan en las oportunidades grandes de ser usados. Pero deja que empieze la reincidencia espiritual y las oportunidades de servicio que antes eran estimadas con entusiasmo, vienen a ser cargas muy pesadas para soportar. El recaído viene a ser un maestro en hacer excusas. Donde antes se reía con asombro de las excusas debiles de otros recaídos, ahora él puede ofrecer las razones improbables por su faltas en tomar sus responsibilidades espirituales seriamente. Él hasta espera que aquellos quienes oyen sus excusas crean sus mentiras indignas. No puede asistir a la junta de oración en la tarde "porque...", y ciertamente tampoco en la mañana "porque...". El domingo no puede ujier "porque...". Nombra cualquier cosa y él tendrá una excusa para explicar porque no lo puede hacer. No es simplemente que las excusas usualmente son frívolas, frecuentemente inconsistente con los hechos verdaderos, raramente más exactos que ligeramente, y nunca apropiados para uno que profesa ser cristiano, sino que el hacedor de excusas es apenas cauto de la condición caída que sus excusas manifiestan. Frecuentemente el recaído es el último que conoce su condición verdadera. Para entonces será humanamente imposible para reformarlo.

    16. Cuando estás contento con tu falta de poder espiritual y ya no buscas en ser dotado repetidamente de lo alto, te has recaído. El cristiano creciente, caracterizado con desvelos y deseos ardientes espirituales, quiere más y más de la plentitud y de la gracia de Dios. Cada experiencia en la peregrinación del cristiano es pero un estímulo para nuevas alturas. El crecimeinto de ayer es un recuerdo de las oportunidades y faltas de mañana. Una efusión resfrescante de la gracia y el poder de Dios exita el apetito por otro más. Un tiempo precioso en la Palabra y en la oración es un ánimo para más tiempos del estudio Bíblico y la oración. Sin imbargo, esto no es cierto del recaído quien está contento con sentarse y divertirse con lo que ya ha experienciado. Deja que otros sigan buscando el poder con Dios; él ya tiene todo lo que quiere. Deja que otros se adelanten hacia a nuevas metas; el recaído está cómodo en donde está. Ningunas intimaciones de las efusiones del Espíritu, ni descripciones de alturas espirituales elevadas, y ni súplicas a una consagración nueva le molestan su sueno ligero.

    17. Cuando perdonas tu propio pecado y pereza con decir que el Señor entiende y se acuerda que somos polvo, has revelado tu condición recaída. De cierto, ¡Dios entiende! Ciertamente que Él se acuerda que somos polvo, pero, ¿qué tiene que ver el entendimiento de Dios con nuestro pecado y pereza? Los cristianos no son llamados para tomar su desahogo. Los cristianos no nacieron del Espíritu de Dios para que pueden continuar en el pecado. En continuar en el pecado y en tolerar la pereza con el pretexto de apreciar la gracia de Dios son presunciones de la clase más peor. Ciertamente este acceso malo no es nuevo. Cuando Pablo preguntó, "Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca?", vehementemente él contestó su propia pregunta con declarar, "En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" (Romanos 6:1,2). La buena voluntad para condonar o perdonar la pereza espiritual y el pecado de uno mismo es una seña cierta de la reincidencia.

    18. Cuando ya no hay música en tu alma y una canción en tu corazón, el silencio testifica a tu reincidencia. El cristiano sano es caracterizado por un espíritu de alabanza. Aún aquellos que son sin talento musical cantarán "alegres á Jehová" (Salmo 98:4) cuando sus almas están sanas. El espíritu de alabanza y de gratitud siempre es el espíritu de un creyente creciente. Las misericordias pasadas son fuertes en las memorias de las almas prósperas. Salmos de acciones de gracias llenan los corazones de aquellos quienes andan con Dios. Pero deja que una poquita de la reincidencia empieze y las alabanzas se voltean a murmuración. Miles de las misericordias especiales de la mano de Dios pueden ser olvidadas delante de una pequeña aflicción. Note la actitud cambiante de los israelitas quienes no se podían acordar con acciones de gracias las misericordias del Dios de ellos. Se cayeron del lugar de dulces alabanzas a la reincidencia, a la murmuración, y de quejandose encontra Dios y sus líderes ordenados divinamente. La canción era arrebatada de sus corazones. El gozo se había ído de su  experiencia. La reincidencia era la porción y la suerte de ellos. Es lo mismo com los recaídos de cada grneración.

    ¿Se ha ído la canción de tu alma? ¿Son tus canciones de alabanza sin el sonido de gozo? ¿Se han ofuscado las misericordias pasadas de Dios? ¿Aun ahora te irritas debajo la mano más liviana de aflicción? ¿Te hallas en el apretón de un espíritu lamento? ¿Qué más prueba de reincidencia requieres?

    19. Cuando felizmente te acomodas al estilo de vida del mundo, tu espejo propio te dirá de tu reincidencia. El mundo no ve ninguna problema grande con no pagár las deudas. La bancarrota es perfectamente aceptable hoy en día con los hombres impíos de negocios. La picardía como una manera de vivir es tan aceptable en la mayor parte de círculos negociales como la ganacia. El mentir apenas es notado y ciertamente considerado excusable como los medios para un buen fin.

    ¿Puede el cristiano aceptar tal conducta? No, él es requerido de renunciar las cosas escondidas de picardía, en resistir de andar  en astucia y de cesár en manejar engañosamente la verdad (2 Corintios 4:2). Con un anhelo sincero el cristiano creciente se conforma a las normas Bíblicas de justicia; no así el recaído. Las deudas son pagadas tardes deliberadamente o descuidamente, o dejadas sin pagar. Cristianos recaídos toman la bancarrota como salida de las obligaciones legales sin remordimientos serios de consciencia. También el mentir es común para el recaído. Los cristianos recaídos le dicen a la gente lo que ellos quieren oír así como lo hacen los impíos. Los convenios no son  cumplidos. Las promesas, aun en orar por una necesidad, no son acordadas. Muchas fianzas no son honradas. Cuando te puedes hallar acomodando en la manera del mundo de la deuda, estás seguro de haberte recaído. Cuando tu palabra no es firme y la verdad no es hallada dentro de tí, el sello de un reincidente es justamente tuya.

    20. Cuando la miseria humana y la injusticia existe alrededor de ti y haces poco o nada para aliviar el padecimiento, puedes estár seguro que estás recaído. El Señor Jesucristo era distinguido por la compasión; así son todos Sus seguidores. Por disposición, algunos son más atentivos a las necesidades de otros alrededor de ellos que otras personas, pero todo cristiano genuíno tiene que ser sensitivo a las dolencias de otros y ministrar con la gracia y la misericordia de Jesús según como pueda. Desemejante a Cristo, el recaído está contento en preguntar, "¿Quién es mi prójimo?", y pasar al otro lado del camino. Al cualquier tiempo que estás dispuesto en tornar una necesidad a una discusión intelectual, has sido marcado con la pluma del recaído. Todavía es un requerimiento elementario para los dicipulos fieles del Señor Jesús en dar un vaso de agua fría en el nombre del Salvador. Si tus ojos están cegados a los padecimientos de la humanidad por todo lado, y tu corazón está sellado por la indiferencia, el testimonio de tu condición recaída es tan alta e elocuente que todo el mundo puede marcar tu condición.

    21. Cuando tu iglesia se ha caído en una declinación espiritual y la Palabra de Dios ya no es predicada allí con poder, y tú todavía estás contento, estás en una condición recaída. Nunca ha sido el plan de Dios para que alguna iglesia existiera sin poder divino. No obstante, más que unas pocas iglesias están muertas, y el poder espiritual se ha ído por tanto tiempo que esta condición ha venido a ser la norma aceptada. Pero, ¿ha de ser así? Jesús mismo nunca está en declinación o faltando de poder. El creyente no tiene ninguna razón para aceptar la declinación y la falta de poder en su iglesia, y si lo hace, él tiene que enfrentar su propia condición recaída. No es justo en culpar el pastor. Seguramente puede ser parcialmente responsable, pero toma la condición de tu iglesia a corazón. Si siempre fueras ferviente en espíritu, instante en tiempo y fuera de tiempo, presto en la oración y rapido para levantar y animar en todo lo que es recto y santo,  ¿estaría tu iglesia en donde se encuentra ahora? Quizas no podrás cambiar la condición de tu iglesia, pero seguramente podrás ayudar la condición de tu alma. Si la declinación y la falta de poder marcan tu iglesia, ellas no tienen que marcar tu vida. Si estás contento con esas condiciones en tu iglesia, esa es prueba de tu propia situación recaída.

    22. Cuando la condición espiritual del mundo se declina alrededor de tí y no lo percibes, eso es testimonio de tu condición recaída. Cristianos crecientes son perceptivos. Así como Jesús podía discernir las señas de la vitalidad y la salud espiritual, así también Sus seguidores verdaderos. Muchos de nosotros podemos mirar a alguien quien conocemos y amamos y discernir cuando se están sintiendo mal físicamente. Tal habilidad no es considerado reparable en ninguna manera. ¿Será más reparable cuando los cristianos son sensitivos y interesados acercas del bienestar epiritual de aquellos alrededor de ellos? Si lo hallas difícil, si no imposible, para discenir los cristianos de los no-cristianos, sabiamente podrás preguntarte por qué. Si no puedes saber en dónde está tu hermano o hermana en la salud espiritual, bien podrá ser una marca de tu propia declinación. La ceguedad espiritual marca a muchos que reclaman el nombre de Jesús. Ellos mismos virtualmente sabiendo nada de la salud espiritual, lo hallan imposible en percibir la enfermedad espiritual de su propio mundo imediato. Tal debilidad es desconocida por Jesús, el Gran Médico. Cuando no puedes ver las señas de la declinación alrededor de tí y no puedes oír los gritos de las multitudes que se pierden, tienes que mirar a tu propio bienestar espiritual.

    23. Cuando estás dispuesto para engañar a tu empleador, la reincidencia es aparente. Cada empleado le debe a su empleador una medida llena. Si las horas del empleo son de las 8:00 a las 4:30, estas son designadas las horas de trabajo. La mera presencia en las premisas durante estas horas es apenas suficiente. Si uno es asalariado para trabajar cuarenta horas, eso quiere decir cuarenta horas de empleo actual productivo, y no meramente cuarenta horas, más o menos, en el sitio del trabajo. Obviamente, provisiones de oficina, herramientas, equipo, y materiales proveído para el trabajo no son para el hogar o uso personal. Los cristianos conocen estas cosas y los creyentes cuidadosos toman seriamente sus responsabilidades. Es inconcebible que un seguidor verdadero de Jesucristo engañe a su empleador. ¿Se puede imaginar a Jesús engañando a Su Padre del cielo mientras estaba aquí en la tierra para hacer una obra?

    El recaído no parece en verlo de esta manera. Él halla poca dificultad de venir tarde al trabajo y de irse temprano. El recaído considera el tiempo de comida y para el café flexibles, y si dos o tres horas son de tal consumidas, no tiene luchas interiores con esta picardía. Ni visitando con otros empleados y interrumpiendo el trabjo de ellos le causa angustia al recaído. Un poco robo de tiempo, un poco robo de bienes, "¿Qué es tan extraordinario de esto?" pregunta el recaído. Estando lleno de sus propios caminos, ¿se puede esperar realmente en interesarse con el bienestar de su empleador?

    24. Cuando te hallas rico en gracia y misericordia y te maravillas en to propia piedad, entonces te has caído muy lejos en tu reincidencia. Todo verdadero cristiano es marcado con la humildad espiritual. No hay manera que un cristiano creciente se imagine de si mismo de haber llegado. Jesús habló elocuentemente sobre este tema en el Sermon del Monte: "Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:3). Quienes son los pobres en espíritu sino aquellos quienes conocen que todavía tiene tanto que ír -- aquellos quienes, habiendo visto a Dios en Su santidad y majestad infinita, realizan verdaderamente como tan disagual son a Dios. Mientras son apreciados de cada misericordia recibida y de cada gracia practicada, los podres en espíritu siempre están cautos que las gracias que les faltan son mucho más numerosas que la gracia que ellos se gozan, y la misericordia que ellos muestran es nada en comparación con la misericordia que ellos mismos experiencian. A Su propia palabra sobre los pobres en espíritu tiene que ser ligada la palabra de Jesús de aquellos que lamentan. Ellos también son benditos o felizes "porque ellos recibirán consolación" (Mateo 5:4). Aquellos quienes lamentan son aquellos quienes, habiendo visto a Dios como Él es, luego se han visto a si mismos como ellos son. ¿Qué puede hacer el hombre quien se compare a si mismo con Dios sino lamentar? De algún modo el recaído falta en percibir las cosas en esta manera, y esa culpa es evidenica irresistible de sus condición trágica.

    25. Cuando tus lágrimas seán secado y la verdad espiritual fría y dura de tu existencia no las suelta, puedes ver esto como un testimonio terrible de ambos de la dureza de tu corazón y la profundidad de tu reincidencia. Si tu falta de la oración no causan que fluyen las lágrimas, ¿no estás confrontado con la prueba de tu reincidenica? Si tu propio pecado personal no te provoca a las lágrimas, ¿no estás siendo confrontado con la dureza de tu corazón? Si la declinación del interés espiritual alrededor de ti son ambos en no ser notados y no alarmantes y totalmente incapazes de forzar lágrimas de tus ojos, ¿no es por causa de tu condición recaída? Si la perdida de tus propios hijos, tus padres, tus hermanas, tu esposo, tu esposa, tus hermanos, tus vecinos, tus amigos, tus compañeros de la escuela y del trabajo no pueden soltar las lágrimas, ¿no es porque ya realmente no te importa por las mismas cosas que profundamente más mueven el corazón de Dios? Cuando las cosas que entristecen al Salvador no tienen poder para entristecerte, ¿no tienes la evidencia clara que tú estás en una condición recaída? Jesús miró a Jerusalén, y Él lloró. ¿No lloras tú sobre tu Jerusalén? Cuando Jesús vió la dureza de los corazones de los hombres, Su propio corazón era quebrantado. ¿Qué tal el tuyo? Seguramente no hay más cierta seña de la reincidencia que posiblemente pudiera existír que una inhabilidad en llorar con el Hijo de Dios y una repugnancia en participar con Su corazón quebrantado.

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    Si algunos de estos aspectos de la reincidencia son aplicables a ti, no pierdas la esperanza. Pregunta, ¿cómo llegue a tal condición recaída? ¿Aconteció en una noche? ¿Es el resulto de solo un momento de descuidadez? ¿Era causado por solo un pecado? No, esto sería altamente improbable. Generalmente, la reincidencia ocurre un poco y poco con el tiempo. Dejame ilustrar. Es la hora de mayor tránsito en el subterráneo en Nueva York. Aquí está la escena: el trén está apretado y ya no hay sillas. No obstante, hay un espacio de tres o cuatro pulgadas entre ti y una persona a tu derecha. Un pasajero agresivo, no queriendo estar parado, observa el boquete angosto, y se sienta-----casi todo sobre ti y tu vecino. Con unos cuantos torcidos atrevidos el recién venido, se maneja en forzase a si mismo en un lugar en donde un alma más tímido nunca considería ser posible. Así es con los pecados que llevan a la reincidencia. Tu vida como cristiano parece ser llena de Cristo y no hay lugar para el Yo, pero un pecado agresivo viene y se tuerce metiendose en tu vida, sacando a Cristo afuera solo un poco. Le das lugar a este pecado y pronto otro viene y hace la misma cosa. Últimamente, tu vida ya no esta llena de Cristo sino con la reincidencia. El pecado por el pecado, el error por el error, el egoísmo por el egoísmo, continúa la reincidencia hasta cuando virtualmente estás vacío de Cristo y lleno del pecado y de uno mismo.

    ¿Cuando se necesita un avivamiento? El avivamiento nunca más se necesita que cuando se aparecen las señas de la reincidencia. El avivamiento nunca más se necesita que cuando la reincidencia envuelve la iglesia, penetra sus ministerios, y destruye su efectivadad. El avivamiento nunca más se necesita que cuando millones de los que profesan ser cristianos son marcados con las señas trágicas de la declinación espiritual y la prueba de su reincidencia se levanta como un apeste terrible en las narices de Dios. El avivamiento nunca más se necesita que cuando una iglesia se supone victoriosa en las líneas de la batalla, pero en realidad todo alrededor de ella se hallan los cadáveres heridos de las víctimas de su reincidencia. El avivamiento se necesita cuando el recaído está lleno de si mismo.

Tomado del libro REVIVAL por Richard Owen Roberts