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EN LA IGLESIA, PERO REINCIDENTE

“Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16).

Una de las señas tan predominante en las iglesias que profesan ser cristianas que hoy en día indica un estado reincidente es la clase de predicación y enseñanza que esta aparejado hacia las emociones y sentimientos de los oidores. Me parece que hay un esfuerzo determinado para agradar a la gente y hacerlos sentir bien. No debe de ser una sorpresa, si sabemos lo que las Sagradas Escrituras dice como ha de ser entre un cristianismo profesante en los últimos días, como expresado por el apóstol Pablo en 2 Timoteo 4:3, 4 – “Porque vendrá tiempo cuando ni sufrirán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oír, se amotonarán maestros conforme á sus concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán á las fábulas”. Tristemente, amados, ¡este es el cuadro que puede ser dibujado de mucho del “cristianismo” de hoy en día!

Es imperativo que estemos conscientes de esta realidad: La reincidencia en la iglesia no solo es un estado terrible en la cual estar, pero también como he dicho muchas veces antes, ¡es peligroso para el reincidente! Así que en este artículo me gustaría de expresarme á ustedes con toda solemnidad, y con esperanza impresionarlo á sus corazones, la seriedad de estar “en la iglesia, pero reincidente” al mismo tiempo. Podrá ser que algunos se ofenderán, pero pensaría que lo que el Señor Jesús le dice a los miembros de la iglesia de Laodicea es algo que todos nosotros debemos de considerar muy seriamente. Pero ¡ay!, temo que mucho de lo que es predicado y enseñado desde el púlpito y de la clase de la Escuela Dominical es dirigido para “hacer cosquillas” á los cristianos “tibios”, de modo que no solo no están siendo conscientes de la condición de ellos, pero también no tienen ningún deseo de ser sacados de su reincidencia. ¡Yo creo que podemos decir que la iglesia en Laodicea es un ejemplo principal de esto!


Nuestro texto lo hace muy claro, sin ninguna duda, ¡lo que el Señor Jesús mismo piensa de tales “cristianos! ¿No piensas en que se le diga á cualquiera por el Señor que porque son “tibios”, Él los “vomitará de (su) boca”, es algo que nos ha de ser temblar y temer que no nos acontezca a cualquiera de nosotros? No erréis, amado lector, estar “en la iglesia, pero reincidente”, es estar en una de las posiciones más peligrosas para uno que profesa ser cristiano, simplemente porque “yendo á la iglesia y estando envuelto en algunas de sus actividades” calma la consciencia de ser convencido de su condición espiritual, y especialmente cuando le son predicados y enseñados doctrinas erróneas que rasca la comezón de sus oídos que los causa de “apartar de la verdad el oído y de volverse á las fábulas”. No me crea Vd.…. Solo escuche lo que se predica y lo que se enseña hoy en día, y ¡verá que esta tan “centrado en el hombre” que no es maravilla que el síndrome Laodicenses es tan evidente en estos últimos días!


Primero
, vamos a considerar la hipocresía de esta iglesia; porque el Señor mismo los acusa: “Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Esta condición es representado por Pablo como “teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella” (2 Timoteo 3:5); o como Jehová mismo le dice al profeta Ezequiel: “Y vendrán á ti como viene el pueblo, y se estarán delante de ti como mi pueblo, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra: antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia” (33:31). En otras palabras, un reincidente en la iglesia tratará de “fingirse” como un cristiano y llevar acabo toda la rutina exterior, pero sus vidas espirituales no manifestarán ningún poder del Espíritu Santo; porque en vez de ser “llenos del Espíritu” (Efesios 5:18), ellos “de sus caminos son hartos” (Proverbios 14:14). Oh, ellos dirán mucho acercas de su cristianismo, pero los deseos de sus corazones será visto en su carácter mundano, carnalidad, y en siendo “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:4). Juan Gill lo pone de esta manera en su comentario: Un profeso (cristiano) es uno que sirve á Dios y al mamón; que se detiene entre dos opiniones, y no conoce qué religión es el mejor, y le importa poco de cualquiera, no obstante se guarda en la rutina del deber, aunque indiferente á ello, y se contenta á sí mismo con ello; y no es interesado acercas de la vida y el poder de la piedad, y se ocupa con la forma exterior de ello; y no piensa acercas de la gloria á Dios, el interés de Cristo y la verdad… ¡Estos son la clase de cristianos profesantes que son malos testigos del Señor Jesucristo y de Su Evangelio porque son vistos como hipócritas! Pero peor, el Señor Jesús mismo aborrece tales individuos.

Pero, secundariamente, consideramos la arrogante suficiencia de sí mismos de ellos. “Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa”. Estas riquezas o pueden ser material o espiritual. Puede ser que ellos tenían medios de buena fortuna de modo que podían proveer todo lo que querían materialmente hasta el punto que no les faltaba nada; o quizás cada ministerio en la iglesia tenían recursos amplios para proveer por ellos. La problema con esto es que se lo atribuían á sí mismos. Esto, por supuesto, puede también ser aplicado en el sentido espiritual; porque uno podría pensar que la riqueza material de ellos era debido á la riqueza espiritual que se presuponía por ellos. ¿No es esto á lo que se refiere el apóstol Pablo cuando dice “de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que tienen la piedad por granjería” (1 Timoteo 6:5)? Como sea, el concepto engañazo de ellos de ser ricos, o sea materialmente o espiritualmente, es evidenciado hoy en día si solo uno mirar alrededor de sí mismo: Mire al aumento de las iglesias grandísimas que exhiben esta clase de actitud por causa del Evangelio de la Prosperidad, o el Evangelio de Riquezas y Sanidad que es tan predominante hoy en día; pero esto también puede ser verdad de una iglesia de cualquier tamaño. La espiritualidad de ellos es tan influido por estas falsas doctrinas que en cuanto que ellos son interesados, ellos tienen todo lo que necesitan para creer y no tienen necesidad de que alguien les enseñen diferente. Oh, ¡las profundidades que uno puede caer en la reincidencia!


Consecuentemente, en el tercer lugar, cuando una iglesia, o un individuo de hecho, cae hasta ese punto, sigue que el Señor Jesucristo será dejado afuera, o ¡aún corrido de la iglesia! “He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré…” (v. 20). Oh, amados, en pensar que la Cabeza de la Iglesia (Efesios 1:2) y el Edificador de ella (Mateo 16:18) ya no es bien venido en Su iglesia es tan horrendo y despreciable que Él tiene todo derecho de dar Su espalda al reincidente y lanzarlo al infierno sin un segundo pensar de él. Pero todavía eso es lo que acontece cuando los que profesan ser cristianos se ponen tibios, soberbios, arrogantes y suficientes de sí mismos hasta al punto que ya no necesitan al Señor, y Su gracia, y Su Palabra en sus vidas; y esto puede ser cierto de cualquier iglesia o individuo. Mucho de lo que ve hoy en día en muchas iglesias es soberbia, arrogancia, adoración de sí mismos, suficiencia de sí mismos, y la ausencia del Espíritu del Señor Jesús. Esto será manifestado en el carácter mundano, y en la carnalidad, y en el materialismo, lo cual es aquello que alejará al Señor; porque el reincidente siendo lleno de todos sus caminos no tiene lugar para el Señor y Sus caminos. ¡Uno o el otro tiene que irse! Tal iglesia como la de Laodicea ha hecho eso.


Pero note, en el cuarto lugar, lo que la reincidencia hizo á estos individuos: “Y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (v. 17). Verdaderamente esta es una condición muy terrible en la cual estar, que á pesar de jactarse de tener todo y no faltando de nada, todavía el Señor Jesús mismo les dice que es el estado verdadero de ellos. ¿Cómo te gustaría estar delante del Señor como “cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo”? Por supuesto, esto es en el sentido espiritual porque aunque ellos estaban ricos en lo material, ¡todavía el estado reincidente de ellos los había traído á este punto! Todo lo que esto quiere decir e implicar, simplemente nos dice lo que puede acontecer si dejamos afuera al Señor de nuestras vidas; y sí, ¡incluyendo la “iglesia” á la cual pertenecemos! Y, ¿saben lo que es peor? ¡Qué uno puede estar en esta condición y no estar consciente de ello! En otras palabras, uno se puede se recaer hasta tal punto, que no solo no lo conocen, pero también ni aún ver (porque también la palabra “conoces” significa esto) que ellos eran “cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo”. Entonces, ¿qué esperanza puede haber si no por la Gracia Soberana y Libre de Dios que puede alcanzar á las profundidades de nuestra reincidencia para sacarnos, porque le “plugo librar (nuestra) vida del hoyo de corrupción” y de “echar tras sus espaldas todos (nuestros) pecados” (Isaías 38:17); ¡ya que Él es el ÚNICO quien puede “medicinar (nuestra) rebelión” (Óseas 14:4)! ¡Aleluya!  


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Vamos ahora considerar la misericordia condescendencia del Señor Jesucristo. Saben, que esto es lo que es tan precioso del “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24); y es que no hay ningún pecador mas allá del alcance de la Gracia Libre y Soberana de Dios por qué Él es “amador de misericordia” (Miqueas 7:18), o cuando alguno de Su pueblo se recae en el pecado, Él no simplemente les da Su espalda á ellos sino que los llama de regresar á Él; porque aún aunque “está (su) pueblo adherido á la rebelión contra (él)” (Óseas 11:7), todavía Él les dice: “Conviértete, oh Israel, á Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros palabras, y convertíos á Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien”, o recíbanos para nuestro bien…(14:1, 2). Pero del lado Divino, miren al corazón de Dios: “¿Cómo tengo de dejarte, oh Ehpraim? ¿he de entregarte yo, Israel? ¿cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como á Zeboim? Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis conmiseraciones. No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir á Ephraim: porque Dios soy, y no hombre…” (11:8, 9). En otras palabras, Dios esta más presto para ser “perdonador” (Salmo 86:5) que de castigar á Su pueblo por sus reincidencias. Como veremos, aún a los de Laodicea son invitados para arrepentirse y de invitar al Señor en sus vidas a pesar de sus rebeldías.

Pero permíteme hacer nota: No vamos á presumir  de la gracia y misericordia de Dios. Aunque es muy cierto que no podemos hacer nada que tiene que ver con nuestra salvación o avivamiento (porque el Señor Jesús mismo nos dice, “Porque sin mí nada podéis hacer” (Juan 15:5); y eso aparte de Su gracia;) sin embargo, ¡es por Su gracia que HACEMOS ALGO! Cuando la gracia es eficaz en nosotros, ella nos causa de arrepentirnos, en creer, o hacer cualquier cosa que es necesario para nuestra salvación o avivamiento. La razón que traigo á luz esto es porque uno en su soberbia y dureza de corazón podrá ser inclinado en decir, “Bueno, si no puedo hacer nada sin la gracia de Dios, entonces me esperare hasta que Él me de gracia”. Por supuesto, eso es totalmente necedad; porque en decir eso, el pecador o el reincidente esta diciéndole á Dios que él continuará en sus caminos hasta que Dios haga algo acercas de ello. Eso, amados, es presumir en Dios; o de asumir que Dios me salvará, o me avivará, cuando Él decida en darme gracia; pero no te olvides, ¡que eso depende en Su voluntad soberana! Sin embargo, notarás en nuestro texto que el Señor en ninguna manera implica que debes de esperar por la gracia de Dios para hacer lo que Él le dice á los laodicenses que hagan. Después de descubrirles la condición espiritual verdadera de ellos, Él les dice que han de hacer para el Revivir, la Renovación, la Restauración, y la Reformación de ellos. En hecho, la prueba de la gracia de Dios en ellos es la obediencia de fe; porque así como Jesús “vino á ser causa de eterna salvación á todos los que le obedecen (Hebreos 5:9), así “Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes (Santiago 4:6). La gracia verdadera es manifestada por nuestras acciones; pero para uno en continuar en rebeldía hacia Dios, no solo no conoce, pero no tiene la Gracia de Dios.

Habiendo dicho eso, vamos ahora considerar como la gracia eficaz de Dios es manifestada en nuestras vidas: Primero, una cosa que Dios hace de Su gracia es de revelar nuestra condición espiritual. Note lo que el Señor Jesús les dice á los laodicenses: “Y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:17). Es verdad que uno puede saber y acordar “intelectualmente” con lo que la Biblia dice acercas de ellos, y en un sentido general confesar que son pecadores, incluyendo “cristianos” profesos quienes admitirán sus muchas faltas. Pero, ¡todavía es una cosa totalmente diferente que se nos diga por el Señor mismo lo que realmente somos delante de Él! Porque “Dios…conoce los secretos del corazón” (Salmo 44:21), por consiguiente, se dice del Señor Jesús que “no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocía á todos, y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre (Juan 2:24, 25). Eso quiere decir, amados, uno puede profesar de ser como los laodicenses dicen que eran, pero es engañarse uno mismo, lo cual el Señor se los reveló. Peo cuando de Su gracia el Señor nos muestra lo que realmente somos, eso es el comienzo, so solo de nuestra salvación, pero también de nuestro avivamiento. Es entonces que, no solo somos hechos de exclamar, “¿Qué es menester que yo haga para ser salvo?” (Hechos 16.30); pero también orar como David, “Vivifícame según tu palabra” (Salmo 119:25, 107, 134). En otras palabras, si Dios de Su gracia no nos muestra nuestra necesidad, entonces no conocemos nuestra necesidad, o sea de salvación, o sea de avivamiento, lo cual nos quitará de ser concernidos acercas de nuestra condición y de hacer algo acercas de ello.

Así que sigue, en el segundo lugar, que de Su gracia el Señor condesciende e avisa á estos profesos “cristianos” soberbios y que se suponen suficientes de sí mismos lo siguiente: “Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (Apocalipsis 3:18). Noten que Aquél cuyo Nombre es “Consejero” (Isaías 9:6), y “maravilloso el consejo” (28:29), avisa y recomienda á los laodicenses de hacer algo acercas de su condición espiritual peligrosa y terrible. Note que les dice que “compren de Él” aquello que ciertamente ellos más necesitan y lo cual Él sólo puede suplir. Pero, ¿por qué les dice que “compren” si es verdad que cualquiera cosa que podemos recibir de Dios para nuestro bien es todo de gracia, es a saber, ¡es TODO GRATIS! Yo creo que hay razones por esto: 1ro., para mostrar la imposibilidad de “comprar” cualquiera cosa de Dios que es proveído gratuitamente en Cristo Jesús; porque como va la promesa de Romanos 8:32 – “El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará (gratuitamente) también con él todas las cosas?” En otras palabras, es para mostrarles que a pesar de reclamar de ser “ricos, y estar enriquecidos, y no tener necesidad de ninguna cosa” (Apocalipsis 3:17), todavía no pueden “comprar” aquello que solo es “sin dinero y sin precio” (Isaías 55:1); porque es solo disponible ¡TODO DE GRACIA! Pero luego 2do., ¡también podrá ser dicho que nos “costará” para “comprar” la Salvación o el Avivamiento! No es que “pagamos” por ello; porque somos “cuitados y miserables y pobres y ciegos y desnudos”, sino que ¡nos “costará” la soberbia, la presunción, la arrogancia nuestra, y yo todo lo que consideramos de ser de valor de nuestra “propia voluntad”! Ciertamente por la mayor parte, nos “costará” nuestro amor por el pecado y de “todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida” (1 Juan 2:16). Sí, tenemos que “contar primero…los gastos” (Lucas 14:28) para “comprar” del Señor lo que necesitamos; porque “cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo” (v. 33).      

Pero luego, en el tercer lugar, debemos de “arrepentirnos”; y eso, amados, es otra prueba de la gracia de Dios: “Yo reprendo y castigo á todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete(Apocalipsis 3:19). El arrepentimiento aquí es que debemos de pensar diferente, es a saber, considerar de nuevo la manera que estamos viviendo, como hemos notado que los laodicenses estaban haciendo. Pero también noten que el Señor tratará con nosotros de tal manera en reprendernos y castigarnos para traernos al arrepentimiento; y esto es hecho porque Él ama á Su pueblo quienes se han recaído: “Yo reprendo y castigo á todos los que amo”. Pero gustaría que noten algo muy solemne acercas de esto. NO TODOS LOS MIEMBROS DE ESTA IGLESIA SON INCLUÍDOS; ¡porque Él lo limita “á todos los que amo”! Por eso que dije anteriormente que es peligroso de tomar de por sí de porque Dios “es amor”, y “el Dios de toda gracia”, quien es “amador de misericordia”, y presto para ser “perdonador”, que no tenemos que hacer nada para ser Revividos, Renovados, Restaurados, y Reformados si nos hallamos en la misma condición como esta iglesia: ¡TENEMOS QUE ARREPENTIRNOS! Si no nos arrepentimos, eso quiere decir que Él no nos ha dado arrepentimiento y el perdón de pecados (ref. á Hechos 5:31) para que puedamos arrepentirnos; y si esto verdad, ¡es porque él nos ha dejado en nuestra reincidencia sin reprendernos y castigarnos simplemente porque Él no nos ama! “Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él reprendido. Porque el Señor al que ama castiga, y azota á cualquiera que recibe por hijo. Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como á hijos; porque ¿qué hijo es aquel á quien el padre no castiga? Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos” (Hebreos 12:5-8).  

Al fin, a lo menos por ahora, en el cuarto lugar, vemos qué maravilloso y admirable es la gracia de nuestro Señor Jesucristo. ¿Ves dónde esta parado el Señor? ¡Afuera de la puerta! ¿Qué esta haciendo Él afuera cuando debe de estar dentro con Su pueblo? ¡No lo quieren allí! Pero todavía, amados, ¡noten que el Señor esta llamando a la puerta para ver si alguno abre la puerta á Él! “He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Verdaderamente eso es maravilloso; porque teniendo toda razón para dar Su espalda á esta iglesia, ¡todavía Él esta llamando á la puerta para entrar! “Extendí mis manos todo el día á pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos” (Isaías 65:2; compare Romanos 10:21). Oh, amados, ¡cuán grande amor que él no dejará que Sus ovejas reincidentes se pierdan; “Porque Jehová ama la rectitud, Y no desampara sus santos…” (Salmo 37:28). Sin embargo, es muy importante de notar á quienes es dirigido este llamado: “Si alguno”, es a saber, á cualquiera, “oyere mi voz y abriere la puerta…”. ¡El Señor SÓLO llama aquellos quienes OYEN Su voz! Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen (Juan 10:27). Con todo, ¡qué solemne es que puede haber aquellos que no pueden oír el llamado de la voz del Señor Jesús!

Ahora, en cerrar, considere la promesa: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Si recuerdan que hice una referencia del peligro de presumir en el Señor y de asumir que porque Él es “el Dios de toda gracia”, y que sobre el base de mi “profesión de fe” en el Señor Jesucristo, puedo continuar en mi reincidencia hasta que Él de Su gracia y misericordia me traiga para atrás á Él. Note que la promesa es hecha para “al que venciere”. Aunque es cierto que un hijo de Dios puede tan recaer hasta el punto que aún no esta consciente de ello, (como David estaba hasta que el Señor envió á Natán para descubrir su reincidencia; ref. á 2 Samuel 12), todavía es también verdad que el creyente verdadero del Señor Jesucristo será guardado de “retirarse para perdición” (Hebreos 12:39). Pero en hacerlo, el cristiano reincidente se hallará á sí mismo “afligido” (esto quiere decir ser “atormentado” espiritualmente) “cada día (en) su alma justa con los hechos de aquellos injustos” (2 Pedro 2:8) de los laodicenses; y también con las tentaciones constantes para hacer lo mismo. Entonces, para “vencer” quiere decir que a pesar de sus muchas reincidencias y faltas, él se hallará constantemente “luchando” contra el pecado como Pablo nos recuerda en Romanos capítulo 7, de modo que puede ser cierto de Él como de Pablo: “Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado” (vv. 24, 25). Estos, amados, son aquellos quienes vencerán y recibirán la promesa concedida por el Señor Jesús mismo.     

¿Qué de ti, mí querido lector? ¿Eres tú un laodicense? O, ¿te hallas tu mismo en una iglesia como los de Laodicea? Quizás aún no estarás consciente que estas en reincidencia, lo cual puede acontecer muy fácilmente cuando quitamos nuestros ojos del Señor Jesucristo. Podemos estar tan envueltos con todo porque todo lo tenemos que aún no estamos conscientes que hemos dejado al Señor fuera de nuestras vidas. Pero, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias” (Apocalipsis 3:22). ¿Puedes oír al Señor llamándote que abras la puerta para entrar á tu vida y ambos puedan comenzar de andar juntos de nuevo? Oh, amados, no se detengan entre dos opiniones: Huye de todo aquello que te quite de la promesa, sino corre á la puerta y ábrela, volando á los brazos de tu precioso Salvador, quien te ha esperado para que regreses á Él. Acuérdate tú mismo de la grandeza de Su amor que demostró en la Cruz del Calvario por tus pecados, y de Su victoria sobre la Muerte, el Pecado, Satanás, y el Mundo, lo cual asegura que Su Iglesia también ha obtenido ahora, y en la Gloria con Él. Sí, escucha mientras Él te llama por Su Espíritu, por Su Palabra, y por Su siervo. Amén.