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EN LA
IGLESIA, PERO REINCIDENTE
“Mas porque eres tibio, y
no frío ni
caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16).
Vamos ahora
considerar la misericordia condescendencia
del Señor Jesucristo. Saben, que esto es lo que es tan precioso
del “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos
20:24); y es que no hay ningún pecador mas allá del
alcance de la Gracia Libre
y Soberana de Dios por qué Él es “amador
de misericordia” (Miqueas 7:18), o cuando alguno de Su pueblo se
recae en
el pecado, Él no simplemente les da Su espalda á ellos
sino que los llama de
regresar á Él; porque aún aunque “está
(su) pueblo adherido á la rebelión contra (él)” (Óseas
11:7), todavía Él
les dice: “Conviértete, oh Israel, á
Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con
vosotros palabras, y
convertíos á Jehová, y decidle: Quita toda
iniquidad, y acepta el bien”, o
recíbanos para nuestro bien…(14:1, 2). Pero del lado Divino,
miren al corazón
de Dios: “¿Cómo tengo de dejarte, oh
Ehpraim? ¿he de entregarte yo, Israel? ¿cómo
podré yo hacerte como Adma, ni
ponerte como á Zeboim? Mi corazón se revuelve dentro de
mí, inflámanse todas
mis conmiseraciones. No ejecutaré el
furor de mi ira, no
volveré para destruir á Ephraim: porque Dios soy, y no
hombre…” (11:8,
9). En otras palabras, Dios esta más presto para ser “perdonador”
(Salmo 86:5) que de castigar á Su pueblo por sus
reincidencias. Como veremos, aún a los de Laodicea son invitados
para
arrepentirse y de invitar al Señor en sus vidas a pesar de sus
rebeldías.
Pero
permíteme hacer nota: No vamos á presumir de la gracia y misericordia de Dios. Aunque es
muy cierto que no podemos hacer nada que tiene que ver con nuestra
salvación o
avivamiento (porque el Señor Jesús mismo nos dice, “Porque sin mí nada podéis hacer” (Juan
15:5); y eso aparte de Su
gracia;) sin embargo, ¡es por Su gracia que HACEMOS ALGO! Cuando
la gracia es
eficaz en nosotros, ella nos causa de arrepentirnos, en creer, o hacer
cualquier cosa que es necesario para nuestra salvación o
avivamiento. La razón
que traigo á luz esto es porque uno en su soberbia y dureza de
corazón podrá
ser inclinado en decir, “Bueno, si no puedo hacer nada sin la gracia de
Dios,
entonces me esperare hasta que Él me de gracia”. Por supuesto,
eso es
totalmente necedad; porque en decir eso, el pecador o el reincidente
esta
diciéndole á Dios que él continuará en sus
caminos hasta que Dios haga algo
acercas de ello. Eso, amados, es presumir en Dios; o de asumir que Dios
me
salvará, o me avivará, cuando Él decida en darme
gracia; pero no te olvides, ¡que
eso depende en Su voluntad soberana! Sin embargo, notarás en
nuestro texto que
el Señor en ninguna manera implica que debes de esperar por la
gracia de Dios
para hacer lo que Él le dice á los laodicenses que hagan.
Después de
descubrirles la condición espiritual verdadera de ellos,
Él les dice que han de
hacer para el Revivir, la Renovación, la Restauración, y
la Reformación de
ellos. En hecho, la prueba de la gracia de Dios en ellos es la
obediencia de
fe; porque así como Jesús “vino á ser
causa de eterna salvación á todos los
que le obedecen” (Hebreos 5:9), así “Dios
resiste á los soberbios, y da gracia á
los humildes” (Santiago 4:6). La gracia verdadera es
manifestada por
nuestras acciones; pero para uno en continuar en rebeldía hacia
Dios, no solo no conoce, pero no tiene
la Gracia de Dios.
Habiendo
dicho eso, vamos ahora considerar como la
gracia eficaz de Dios es manifestada en nuestras vidas: Primero,
una cosa que Dios hace de Su gracia es de revelar nuestra
condición espiritual. Note lo que el Señor Jesús
les dice á los laodicenses: “Y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y
desnudo” (Apocalipsis
3:17). Es verdad que uno puede saber y acordar “intelectualmente” con
lo que la
Biblia dice acercas de ellos, y en un sentido general confesar que son
pecadores, incluyendo “cristianos” profesos quienes admitirán
sus muchas
faltas. Pero, ¡todavía es una cosa totalmente diferente
que se nos diga por el
Señor mismo lo que realmente somos delante de Él! Porque “Dios…conoce los secretos del corazón” (Salmo
44:21), por
consiguiente, se dice del Señor Jesús que “no
se confiaba á sí mismo de ellos, porque él
conocía á todos, y no tenía
necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque
él sabía lo que había en el hombre” (Juan
2:24, 25). Eso
quiere decir, amados, uno puede profesar de ser como los laodicenses
dicen que
eran, pero es engañarse uno mismo, lo cual el Señor se
los reveló. Peo cuando
de Su gracia el Señor nos muestra lo que realmente somos, eso es
el comienzo,
so solo de nuestra salvación, pero también de nuestro
avivamiento. Es entonces
que, no solo somos hechos de exclamar,
“¿Qué es menester que yo haga para ser salvo?”
(Hechos 16.30); pero también
orar como David, “Vivifícame según tu
palabra”
(Salmo 119:25, 107, 134). En otras palabras, si Dios de Su gracia no
nos
muestra nuestra necesidad, entonces no
conocemos nuestra necesidad, o sea de salvación, o sea de
avivamiento, lo
cual nos quitará de ser concernidos acercas de nuestra
condición y de hacer
algo acercas de ello.
Así
que sigue, en el segundo lugar, que de Su gracia el
Señor condesciende e avisa á
estos profesos “cristianos” soberbios y que se suponen suficientes de
sí mismos
lo siguiente: “Yo te amonesto que de mí
compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido
de
vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu
desnudez; y unge
tus ojos con colirio, para que veas” (Apocalipsis 3:18). Noten que
Aquél
cuyo Nombre es “Consejero” (Isaías
9:6), y “maravilloso el consejo”
(28:29), avisa y recomienda á los laodicenses de hacer algo
acercas de su
condición espiritual peligrosa y terrible. Note que les dice que
“compren de Él” aquello que ciertamente
ellos más necesitan y lo cual Él sólo puede
suplir. Pero, ¿por qué les dice que
“compren” si es verdad que cualquiera
cosa que podemos recibir de Dios para nuestro bien es todo de gracia,
es a
saber, ¡es TODO GRATIS! Yo creo que hay razones por esto: 1ro., para mostrar la imposibilidad de “comprar”
cualquiera cosa de
Dios que es proveído gratuitamente en Cristo Jesús;
porque como va la promesa
de Romanos 8:32 – “El que aun á su propio
Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros,
¿cómo no nos dará (gratuitamente) también con él
todas las cosas?” En otras
palabras, es para mostrarles que a pesar de reclamar de ser “ricos, y
estar
enriquecidos, y no tener necesidad de ninguna cosa” (Apocalipsis 3:17),
todavía
no pueden “comprar” aquello que solo
es “sin
dinero y sin precio” (Isaías 55:1); porque es solo
disponible ¡TODO DE
GRACIA! Pero luego 2do., ¡también
podrá ser dicho que nos “costará” para “comprar”
la Salvación o el Avivamiento! No es que “pagamos” por ello;
porque somos “cuitados y miserables y pobres y ciegos y
desnudos”, sino que ¡nos “costará” la soberbia, la
presunción, la
arrogancia nuestra, y yo todo lo que consideramos de ser de valor de
nuestra “propia
voluntad”! Ciertamente por la mayor parte, nos “costará” nuestro
amor por el
pecado y de “todo lo que hay en el mundo,
la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la
soberbia
de la vida” (1 Juan 2:16). Sí, tenemos que “contar
primero…los gastos” (Lucas 14:28) para “comprar” del
Señor lo que necesitamos; porque “cualquiera de
vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no
puede ser mi discípulo” (v. 33).
Pero luego,
en el tercer
lugar, debemos de “arrepentirnos”;
y eso, amados, es otra prueba de la gracia de Dios: “Yo
reprendo y castigo á todos los que amo: sé
pues celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19). El
arrepentimiento aquí es que debemos de pensar
diferente, es a saber, considerar de
nuevo la manera que estamos viviendo, como hemos notado que los
laodicenses
estaban haciendo. Pero también noten que el Señor
tratará con nosotros de tal
manera en reprendernos y castigarnos para traernos al arrepentimiento;
y esto
es hecho porque Él ama á Su pueblo quienes se han
recaído: “Yo reprendo y castigo á todos los
que amo”. Pero gustaría que
noten algo muy solemne acercas de esto. NO TODOS LOS MIEMBROS DE ESTA
IGLESIA
SON INCLUÍDOS; ¡porque Él lo limita “á
todos los que amo”! Por eso que dije anteriormente que es peligroso
de
tomar de por sí de porque Dios “es amor”,
y “el Dios de toda gracia”, quien es “amador
de misericordia”, y presto para
ser “perdonador”, que no tenemos que
hacer nada para ser Revividos, Renovados, Restaurados, y Reformados si
nos
hallamos en la misma condición como esta iglesia: ¡TENEMOS
QUE ARREPENTIRNOS!
Si no nos arrepentimos, eso quiere decir que Él no nos ha dado
arrepentimiento
y el perdón de pecados (ref. á Hechos 5:31) para que
puedamos arrepentirnos; y
si esto verdad, ¡es porque él nos ha dejado en nuestra
reincidencia sin
reprendernos y castigarnos simplemente porque Él no nos ama! “Y estáis ya olvidados de la exhortación que
como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no
menosprecies el
castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él
reprendido. Porque el Señor al
que ama castiga, y azota á cualquiera que recibe por hijo. Si
sufrís el
castigo, Dios se os presenta como á hijos; porque
¿qué hijo es aquel á quien el
padre no castiga? Mas si estáis fuera del castigo, del cual
todos han sido
hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos” (Hebreos
12:5-8).
Al fin, a lo
menos por ahora, en el cuarto lugar, vemos qué
maravilloso y
admirable es la gracia de nuestro Señor Jesucristo. ¿Ves dónde esta parado el Señor? ¡Afuera de la puerta! ¿Qué
esta haciendo
Él afuera cuando debe de estar dentro con Su pueblo? ¡No
lo quieren allí! Pero
todavía, amados, ¡noten que el Señor esta llamando
a la puerta para ver si
alguno abre la puerta á Él! “He aquí,
yo
estoy á la puerta y llamo: si
alguno oyere mi voz y abriere la puerta,
entraré á él, y
cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis
3:20). Verdaderamente eso es
maravilloso; porque teniendo toda razón para dar Su espalda
á esta iglesia,
¡todavía Él esta llamando á la puerta para
entrar! “Extendí mis manos todo el día
á pueblo rebelde, el cual anda por
camino no bueno, en pos de sus pensamientos” (Isaías 65:2;
compare Romanos
10:21). Oh, amados, ¡cuán grande amor que él no
dejará que Sus ovejas
reincidentes se pierdan; “Porque Jehová
ama la rectitud, Y no desampara sus
santos…” (Salmo 37:28). Sin embargo, es muy importante de notar
á quienes
es dirigido este llamado: “Si alguno”,
es a saber, á cualquiera, “oyere mi voz y
abriere la puerta…”. ¡El Señor SÓLO llama
aquellos quienes OYEN Su voz! “Mis
ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”
(Juan 10:27). Con todo, ¡qué solemne es que puede
haber aquellos que no pueden oír el
llamado de la voz del Señor Jesús!
Ahora, en
cerrar, considere la promesa: “Al que venciere, yo le
daré que se siente
conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con
mi Padre en su
trono” (Apocalipsis 3:21). Si recuerdan que hice una referencia del
peligro
de presumir en el Señor y de asumir que porque Él es “el Dios de toda gracia”, y que sobre el base de mi
“profesión de
fe” en el Señor Jesucristo, puedo continuar en mi reincidencia
hasta que Él de
Su gracia y misericordia me traiga para atrás á
Él. Note que la promesa es
hecha para “al que venciere”. Aunque
es cierto que un hijo de Dios puede tan recaer hasta el punto que
aún no esta
consciente de ello, (como David estaba hasta que el Señor
envió á Natán para
descubrir su reincidencia; ref. á 2 Samuel 12), todavía
es también verdad que
el creyente verdadero del Señor Jesucristo será guardado
de “retirarse para perdición” (Hebreos
12:39). Pero en hacerlo, el cristiano reincidente se hallará
á sí mismo “afligido” (esto quiere
decir ser “atormentado”
espiritualmente) “cada día (en) su
alma justa con los hechos de aquellos
injustos” (2 Pedro 2:8) de los laodicenses; y también con
las tentaciones
constantes para hacer lo mismo. Entonces, para “vencer” quiere
decir que a pesar de sus muchas reincidencias y
faltas, él se hallará constantemente “luchando” contra el
pecado como Pablo nos
recuerda en Romanos capítulo 7, de modo que puede ser cierto de
Él como de
Pablo: “Miserable hombre de mí!
¿quién me
librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy á Dios,
por Jesucristo Señor
nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo á la ley de
Dios, mas con la
carne á la ley del pecado” (vv. 24, 25). Estos,
amados, son aquellos quienes
vencerán y recibirán la promesa concedida por el
Señor Jesús mismo.
¿Qué
de ti, mí querido lector? ¿Eres tú un laodicense?
O, ¿te hallas tu mismo en una iglesia como los de Laodicea?
Quizás aún no
estarás consciente que estas en reincidencia, lo cual puede
acontecer muy
fácilmente cuando quitamos nuestros ojos del Señor
Jesucristo. Podemos estar
tan envueltos con todo porque todo lo tenemos que aún no estamos
conscientes
que hemos dejado al Señor fuera de nuestras vidas. Pero, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu
dice á las iglesias”
(Apocalipsis 3:22). ¿Puedes oír al Señor
llamándote que abras la puerta para
entrar á tu vida y ambos puedan comenzar de andar juntos de
nuevo? Oh, amados,
no se detengan entre dos opiniones: Huye de todo aquello que te quite
de la
promesa, sino corre á la puerta y ábrela, volando
á los brazos de tu precioso
Salvador, quien te ha esperado para que regreses á Él.
Acuérdate tú mismo de la
grandeza de Su amor que demostró en la Cruz del Calvario por tus
pecados, y de
Su victoria sobre la Muerte, el Pecado, Satanás, y el Mundo, lo
cual asegura que
Su Iglesia también ha obtenido ahora, y en la Gloria con
Él. Sí, escucha
mientras Él te llama por Su Espíritu, por Su Palabra, y
por Su siervo. Amén.