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UNA RESOLUCIÓN PARA EL AÑO NUEVO

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”

<> (2 Corinthians 5:17). 

Para muchos ha venido a ser tradicional en hacer resoluciones para empezar el Año Nuevo resolviendo de ser mejores personas en alguna manera u otra; o sea en sus relaciones con otras gentes, o en dejar algún mal hábito o vicio que tienen; o a lo menos, ser más responsables o solícitos de otros. También, puede ser dicho que hasta cierto grado, habrá algunos que cumplirán sus metas durante el año, y que habrá cambios en sus vidas. Aún en tal personas que no son cristianos, parecerá que pudieron de cumplir sus resoluciones sin orar a Dios y pedirle “gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). Por supuesto, sabemos que esto no es así; porque Dios todavía está en control de las vidas de los incrédulos de modo que los resultados de sus resoluciones es según la voluntad soberana de Aquél “en cuya mano están nuestras vidas, y cuyos son todos nuestros caminos” (Daniel 5:23) de modo que aunque “el corazón del hombre piensa su camino: Mas Jehová endereza sus pasos” (Proverbios 16:9). En otras palabras, uno podrá resolver de cambiar su vida, pero ¡todavía es Dios quien determina el éxito de ello!   

Habiendo dicho esto, vamos a tratar con la pregunta: ¿Ha de hacer resoluciones el cristiano en el Año Nuevo? ¿Sería de ayuda en nuestra vida espiritual y andar con el Señor en hacer resoluciones de que seremos mejores cristianos este año venidero? Yo pensaría que algunos dirían que “Sí”; pero déjame preguntarte, ¿Desde el tiempo de tu conversión no has hecho promesas, o “resoluciones”, al Señor que vivirás una vida más consistente como cristiano, y todavía has venido tan corto de ello, que tienes que pedir perdón por tus faltas? Yo creo que tú, y yo, tenemos que confesar que sí. En hecho, tenemos que admitir que por todo este año pasado habido  tiempos de declinaciones espirituales y reincidencias, que aún después de prometer a nuestro Señor de hacer mejor y de hacerle fiel, ¡hayamos que es “imposible”! Tengo que decir que la razón por esto es porque estamos haciendo “resoluciones” basadas en premisas erróneos; y eso es, en basando el Año Nuevo como el “comienzo” de una “nueva vida” para el resto del año. Amados, los cristianos no necesitan de hacer Resoluciones; lo que necesitan es Avivamiento; porque como hemos dicho tantas veces antes, el Avivamiento es en Revivir, en Renovar, en Restaurar, y en Reformar al cristiano quien no está viviendo la Vida de Cristo; y cuando esto es verdad de un creyente, entonces sus vidas no serán consistentes con lo que profesan de ser. ¿Amén?

Además, somos avisados acercas de hacer “resoluciones”, o de prometer a Dios cualquier cosa; porque Él nos tendrá responsables por lo que le hemos prometido: “Cuando á Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se agrada de los insensatos. Paga lo que prometieres. Mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues” (Eclesiastés 5:4,5). “Cuando prometieres voto á Jehová tu Dios, no tardarás en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y habría en ti pecado. Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado. Guardarás lo que tus labios pronunciaren; y harás, como prometiste á Jehová tu Dios, lo que de tu voluntad hablaste por tu boca” (Deuteronomio 23:21-23). Esto nos dice, amados, que en hacer “resoluciones” para el Año Nuevo son negocios serios; y si no somos fuertes “en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1), y andando “por fe” y “no por vista” (2 Corintios 5:7), [este es el estado y condición espiritual de un cristiano reincidente], entonces es mejor en no hacer resoluciones, en vez de hacerlos y venir cortos de ellos.

Ahora, esto no quiere decir que no debemos de estar interesados de nuestras faltas del año pasado, y desear verdaderamente de “andar el hablar”, como muchos llaman nuestra profesión de fe como cristianos, en el año venidero. Pero no es que vamos hacer una “resolución” del Año Nuevo para hacerlo, sino que seremos recordados por el “comienzo” del Año Nuevo, que ya tenemos un “nuevo comienzo” en Cristo Jesús, y así que por la gracia de Dios resolveremos de vivir como hemos sido llamados para vivir en Cristo Jesús. Ahora, sea atento, no me estoy contradiciendo con respeto a lo que dije previamente acercas de las resoluciones del Año Nuevo; no, lo que estoy diciendo es que porque ya soy “nueva criatura…en Cristo: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Por supuesto, esto ocurrió cuando nací “otra vez” (Juan 3:3,7), es a saber, fui “engendrado, node sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios” (Juan 1:13). En ese momento, “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Así que, al mirar al Año Nuevo, no sólo lo veo como un recuerdo de quien soy en Cristo Jesús, pero también como una oportunidad para invocar a Dios por un derramamiento fresco de Su Santo Espíritu de modo que también pueda “andar como él anduvo” (1 Juan 2:6), quien “dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). Esto, amado pueblo de Dios, debe de ser nuestra Resolución; y esa Resolución debe de ser basada en 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Note algunas verdades preciosas de nuestro texto que saca esto: Primero, todo creyente verdadero “es nueva criatura”, o “creación”. No es que la resolución del Año Nuevo hace a uno “nueva criatura”, sino que el cristiano ya es uno, ¡a pesar de la resolución! Esto quiere decir que el cristiano, por el poder y la gracia Divina, ha sido creado de nuevo; o es un “nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad” (Efesios 4:24). Basado en esta verdad, entonces el cristiano no tiene que hacer una resolución en el Año Nuevo para ser un mejor cristiano, sino que ha de aceptar esta verdad por la fe y actuar sobre ella para que la Vida del Señor Jesucristo sea evidente. Que esto puede ser verdad es simplemente porque, secundariamente, “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. En otras palabras, al momento en venir a ser una “nueva criatura…en Cristo”, las “cosas viejas”, es a saber, las cosas “originales” de lo que éramos fuera de Cristo como pecadores perdidos y no redimidos, son “pasadas por alto, o salidas” de nosotros de manera que ahora “todo, es saber, cada cosa” ha “sido causado de ser” “nuevo” en Cristo Jesús. Estudie con mucha oración Romanos 6 que descubre en una manera que muestra porque no tenemos que estar haciendo “resoluciones”, sino ¡simplemente creer lo que Dios dice quienes somos en Su Hijo y obedecerlo!

Especialmente note, amados, terceramente, que esto sólo puede ser verdad si estamos “en Cristo”. Lo podemos poner de otra manera: Uno podrá hacer todas clases de “resoluciones” para el Año Nuevo, pero a pesar de todas las buenas intenciones, aparte de estar “en Cristo”, realmente no puede haber un “nuevo comienzo” sin ser una “nueva criatura” y ser morado por el Espíritu Santo de Dios. Parece que nos olvidamos que aquellos que están “en Cristo” ya no son más simplemente “humanos” (ref. á 1 Corintios 3:3), porque se nos dice por el apóstol Pedro que se nos “son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia” (2 Pedro 1:4). Amados, es dicho que “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13); así que, ¿qué quiere decir esto sino que puedo vivir arriba del nivel “humano”, es a saber, ese nivel de ser mundano, natural, y carnal? Pero “en Cristo” ahora puedo tener una vida que es celestial, espiritual, y santa: Esta es la clase de Vida con la cual todo cristiano verdadero era iniciada en el Nuevo Nacimiento  para cumplir á lo que fueron llamados en su Elección “en (Cristo) antes de la fundación del mundo…” (Efesios 1:4). Esto se nos es mostrado por Pablo en Colosenses en considerar la esperanza que tenemos en Cristo: “Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatría:… dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca. No mintáis los unos á los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, Y revestídoos del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme á la imagen del que lo crió;… Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia; Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad (amor), la cual es el vínculo de la perfección” (3:5,8-10,12-14).

Pero, ¡ay! ¿Qué corto venimos en vivir esta Vida bendita en, y para, nuestro precioso Salvador! Por supuesto, tenemos que confesar que es debido a nuestros muchas reincidencias, a las cuales tenemos una inclinación de hacer, como el Señor mismo dice: “Está mi pueblo adherido á la rebelión contra mí” (Óseas 11:7). Cada día, amados, tenemos que estar en guardia de aquellas cosas que nos causarán de recaer, no sólo de lo exterior, pero especialmente de lo interior. Tenemos que recordar que aunque hemos sido “hechos participantes de la naturaleza divina”, no obstante, todo cristiano verdadero todavía tiene una naturaleza pecaminosa en lo interior. Entonces, esto quiere decir que cada día del año puede ser una batalla constante contra toda tentación de pecar y en recaer, pero también cada día puede ser uno de sumisión regocijante al Espíritu Santo de modo que al fin del año podemos mirar hacia atrás al año, no con compunción por nuestras muchas faltas, sino con regocijos y alabanzas por las victorias que se nos dio en Cristo Jesús. Sí, todavía podemos ver nuestros tropiezos y defectos, incluyendo nuestras desobediencias y reincidencias, durante el año, pero también veremos los muchos refrescantes de la gracia de Dios en nuestras vidas al Revivirnos, al Renovarnos, al Restaurarnos, y muy ciertamente, ¡en Reformarnos! Si esto no ha sido tu experiencia, mi querido amigo, entonces tengo que decir que o eres un extranjero a la Gracia de Dios, o has sido tan endurecido en tu reincidencia que ya no “sientes” la convicción del pecado; o peor, ¡quizás Dios te ha dejado en tus pecados! Oh, ¡ojala que no sea así! 

Quizás habrá alguno que lee estas palabras y dirá, “¡Oh!, yo he tratado hacer lo mejor para vivir como cristiano y ser afectuoso, solicito, y responsable como creyente en Cristo. Pero no importa lo que he tratado; y sí, incluso en orar, ¡todavía no lo puedo hacer!” Yo te oigo, amigo mío; y creía que otros dirán lo mismo. Esto, por supuesto, es lo que trae a muchos en hacer una resolución para el Año Nuevo. Ellos están cansados de ser tan bancarrotas, y realmente quieren tener un “comienzo nuevo”; y así qué, ¿que más grande oportunidad tienen que el Año Nuevo? Esto podrá ser muy noble y loable, pero si verdaderamente estamos interesados acercas de todo esto, entonces tenemos que tratar con “la raíz del negocio” (Job 19:28); y es, ¡NUESTRO PROPIO PECADO! Tenemos que reconocerlo y confesarlo; porque el pecado ha sido envuelto en cada decisión que hicimos por todo el año, o en ser derrotados, o en ser victoriosos. Así que entonces, nuestra única esperanza que tenemos para “empezar de nuevo”, no es en hacer una resolución del Año Nuevo para tratar en vivir la vida cristiana, sino en confesar nuestros pecados y pedir perdón por amor de Cristo; porque, ¡tiene qué comenzar con ÉL! Es ÚNICAMENTE “en Cristo”, que “las cosas viejas pasaron”, incluso nuestros “pecados viejos”, y “todas son hechas nuevas”, de modo que AHORA puedes otra vez andar la Vida Nueva en Cristo en este año venidero.

Id a Él ahora mismo, y por la fe ruega Su sangre preciosa que “nos limpia de todo pecado”  (1 Juan 1:7), y Su Justicia, con la cual fuimos “hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21); y en esta misma fe, ruega la promesa de Romanos 8:32 que “el que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”, de modo que en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó” (v.37). Sí, tú podrás, y puedes, vivir este año venidero en la Gracia y Poder que sólo Dios puede darte en Cristo Jesús, lo cual Él te dio cuando de primero creíste en el Señor Jesucristo y fuiste salvo. Aún ahora, en tus más profundas reincidencias, clama é Él en “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21), y con corazón quebrantado, dile á Él, “Vuélveme, oh Jehová, á ti, y me volvere: Renueva mis días como al principio (Lamentaciones 5:21). Si verdaderamente haces esto, entonces podrás decir con Pablo: “Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13,14). ¡ES SÓLO SU MUERTE Y RESURRECCIÓN QUE LO GARANTIZA! Que Dios el Padre te conceda que así sea en el Amor del Señor Jesucristo y en el Poder de Su precioso Santo Espíritu para gloria de ellos. Amén