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UNA
RESOLUCIÓN PARA EL AÑO NUEVO
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es: las cosas
viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”
Para muchos ha venido a ser tradicional en hacer
resoluciones para empezar el Año Nuevo resolviendo de ser
mejores personas en
alguna manera u otra; o sea en sus relaciones con otras gentes, o en
dejar
algún mal hábito o vicio que tienen; o a lo menos, ser
más responsables o
solícitos de otros. También, puede ser dicho que hasta
cierto grado, habrá
algunos que cumplirán sus metas durante el año, y que
habrá cambios en sus vidas.
Aún en tal personas que no son cristianos, parecerá que
pudieron de cumplir sus
resoluciones sin orar a Dios y pedirle “gracia
para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). Por supuesto, sabemos que
esto no
es así; porque Dios todavía está en control de las
vidas de los incrédulos de
modo que los resultados de sus resoluciones es según la voluntad
soberana de
Aquél “en cuya mano están nuestras vidas,
y cuyos son todos nuestros caminos” (Daniel 5:23) de modo que
aunque “el corazón del hombre piensa su camino: Mas
Jehová endereza sus pasos” (Proverbios 16:9). En otras
palabras, uno podrá
resolver de cambiar su vida, pero ¡todavía es Dios quien
determina el éxito de
ello!
Habiendo dicho esto, vamos a tratar con la pregunta:
¿Ha de hacer resoluciones el cristiano en el Año Nuevo?
¿Sería de ayuda en
nuestra vida espiritual y andar con el Señor en hacer
resoluciones de que
seremos mejores cristianos este año venidero? Yo pensaría
que algunos dirían
que “Sí”; pero déjame preguntarte, ¿Desde el
tiempo de tu conversión no has
hecho promesas, o “resoluciones”, al Señor que vivirás
una vida más consistente
como cristiano, y todavía has venido tan corto de ello, que
tienes que pedir
perdón por tus faltas? Yo creo que tú, y yo, tenemos que
confesar que sí. En
hecho, tenemos que admitir que por todo este año pasado habido tiempos de declinaciones espirituales y
reincidencias, que aún después de prometer a nuestro
Señor de hacer mejor y de
hacerle fiel, ¡hayamos que es “imposible”! Tengo que decir que la
razón por
esto es porque estamos haciendo “resoluciones” basadas en premisas
erróneos; y
eso es, en basando el Año Nuevo como el “comienzo” de una “nueva
vida” para el
resto del año. Amados, los cristianos no necesitan de hacer
Resoluciones; lo
que necesitan es Avivamiento; porque como hemos dicho tantas veces
antes, el
Avivamiento es en Revivir, en Renovar, en Restaurar, y en Reformar al
cristiano
quien no está viviendo la Vida de Cristo; y cuando esto es
verdad de un
creyente, entonces sus vidas no serán consistentes con lo que
profesan de ser.
¿Amén?
Además, somos avisados acercas de hacer
“resoluciones”, o de prometer a Dios cualquier cosa; porque Él
nos tendrá
responsables por lo que le hemos prometido: “Cuando
á Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se
agrada de los
insensatos. Paga lo que prometieres. Mejor es que no prometas, que no
que
prometas y no pagues” (Eclesiastés 5:4,5).
“Cuando prometieres voto á Jehová tu Dios, no
tardarás en pagarlo;
porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y
habría en ti pecado.
Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado.
Guardarás lo que
tus labios pronunciaren; y harás, como prometiste á
Jehová tu Dios, lo que de
tu voluntad hablaste por tu boca” (Deuteronomio 23:21-23). Esto
nos dice,
amados, que en hacer “resoluciones” para el Año Nuevo son
negocios serios; y si
no somos fuertes “en la gracia que es en
Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1), y andando “por
fe” y “no por vista”
(2 Corintios 5:7), [este es el estado y condición espiritual de
un cristiano
reincidente], entonces es mejor en no hacer resoluciones, en vez de
hacerlos y
venir cortos de ellos.
Ahora, esto no quiere decir que no debemos de estar
interesados de nuestras faltas del año pasado, y desear
verdaderamente de “andar
el hablar”, como muchos llaman nuestra profesión de fe como
cristianos, en el año
venidero. Pero no es que vamos hacer una “resolución” del
Año Nuevo para
hacerlo, sino que seremos recordados por el “comienzo” del Año
Nuevo, que ya
tenemos un “nuevo comienzo” en Cristo Jesús, y así que
por la gracia de Dios
resolveremos de vivir como hemos sido llamados para vivir en Cristo
Jesús.
Ahora, sea atento, no me estoy contradiciendo con respeto a lo que dije
previamente acercas de las resoluciones del Año Nuevo; no, lo
que estoy
diciendo es que porque ya soy “nueva
criatura…en Cristo: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son
hechas nuevas” (2
Corintios 5:17). Por supuesto, esto ocurrió cuando nací “otra vez” (Juan 3:3,7), es a saber, fui “engendrado,
no…de sangre, ni
de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios”
(Juan 1:13). En
ese momento, “las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas”. Así que, al mirar
al Año Nuevo, no sólo
lo veo como un recuerdo de quien soy en Cristo Jesús, pero
también como una
oportunidad para invocar a Dios por un derramamiento fresco de Su Santo
Espíritu de modo que también pueda “andar
como él anduvo” (1 Juan 2:6), quien “dejándonos
ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas” (1 Pedro
2:21). Esto, amado
pueblo de Dios, debe de ser nuestra Resolución; y esa
Resolución debe de ser
basada en 2 Corintios 5:17: “De modo que
si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas
pasaron; he aquí
todas son hechas nuevas”.
Note algunas verdades preciosas de nuestro texto que
saca esto: Primero, todo creyente
verdadero “es nueva criatura”, o
“creación”. No es que la resolución del Año Nuevo
hace a uno “nueva criatura”, sino que el cristiano ya es uno, ¡a pesar de la resolución!
Esto quiere decir que el cristiano, por el poder y la gracia Divina, ha
sido
creado de nuevo; o es un “nuevo hombre
que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de
verdad” (Efesios
4:24). Basado en esta verdad, entonces el cristiano no tiene que hacer
una
resolución en el Año Nuevo para ser un mejor cristiano,
sino que ha de aceptar
esta verdad por la fe y actuar sobre ella para que la Vida del
Señor Jesucristo
sea evidente. Que esto puede ser verdad es simplemente porque, secundariamente, “las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas”. En
otras palabras, al momento en venir a ser una “nueva
criatura…en Cristo”, las “cosas
viejas”, es a saber, las cosas “originales” de lo que éramos
fuera de
Cristo como pecadores perdidos y no redimidos, son “pasadas por alto, o
salidas” de nosotros de manera que ahora “todo, es saber, cada cosa” ha
“sido
causado de ser” “nuevo” en Cristo
Jesús. Estudie con mucha oración Romanos 6 que descubre
en una manera que
muestra porque no tenemos que estar haciendo “resoluciones”, sino
¡simplemente
creer lo que Dios dice quienes somos en Su Hijo y obedecerlo!
Especialmente note, amados, terceramente,
que esto sólo puede ser verdad si estamos “en
Cristo”. Lo podemos poner de otra
manera: Uno podrá hacer todas clases de “resoluciones” para el
Año Nuevo, pero
a pesar de todas las buenas intenciones, aparte de estar “en
Cristo”, realmente no
puede haber un “nuevo comienzo” sin ser una “nueva
criatura” y ser morado por el Espíritu Santo de Dios. Parece
que nos olvidamos que aquellos que están “en
Cristo” ya no son más simplemente “humanos” (ref. á
1 Corintios 3:3),
porque se nos dice por el apóstol Pedro que se nos “son
dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas
fueseis
hechos participantes de la naturaleza
divina, habiendo huído de la corrupción que
está en el mundo por
concupiscencia” (2 Pedro 1:4). Amados, es dicho que “todo
lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13); así
que, ¿qué quiere decir esto sino que puedo vivir arriba
del nivel “humano”, es
a saber, ese nivel de ser mundano, natural, y carnal? Pero “en
Cristo” ahora puedo
tener una vida que es celestial, espiritual, y santa: Esta es la clase
de Vida
con la cual todo cristiano verdadero era iniciada en el Nuevo Nacimiento para cumplir á lo que fueron llamados
en su
Elección “en (Cristo) antes de la
fundación del mundo…” (Efesios 1:4). Esto se nos es mostrado
por Pablo en
Colosenses en considerar la esperanza que tenemos en Cristo: “Amortiguad, pues, vuestros miembros que
están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie,
mala concupiscencia, y
avaricia, que es idolatría:… dejad también vosotros todas
estas cosas: ira,
enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca. No
mintáis los
unos á los otros, habiéndoos despojado
del viejo hombre con sus hechos, Y revestídoos
del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme á la
imagen del que
lo crió;… Vestíos pues, como
escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de
misericordia, de
benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;
Sufriéndoos los unos á
los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno
tuviere queja del
otro: de la manera que Cristo os perdonó, así
también hacedlo vosotros. Y sobre
todas estas cosas vestíos de caridad (amor),
la cual es el vínculo de la perfección” (3:5,8-10,12-14).
Pero, ¡ay! ¿Qué corto venimos en
vivir esta Vida
bendita en, y para, nuestro precioso Salvador! Por supuesto, tenemos
que
confesar que es debido a nuestros muchas reincidencias, a las cuales
tenemos
una inclinación de hacer, como el Señor mismo dice: “Está mi pueblo adherido á la rebelión
contra mí” (Óseas 11:7).
Cada día, amados, tenemos que estar en guardia de aquellas cosas
que nos
causarán de recaer, no sólo de lo exterior, pero
especialmente de lo interior.
Tenemos que recordar que aunque hemos sido “hechos
participantes de la naturaleza divina”, no obstante, todo cristiano
verdadero todavía tiene una
naturaleza pecaminosa en lo interior. Entonces, esto quiere decir que
cada día
del año puede ser una batalla constante contra toda
tentación de pecar y en
recaer, pero también cada día puede ser uno de
sumisión regocijante al Espíritu
Santo de modo que al fin del año podemos mirar hacia
atrás al año, no con
compunción por nuestras muchas faltas, sino con regocijos y
alabanzas por las
victorias que se nos dio en Cristo Jesús. Sí,
todavía podemos ver nuestros
tropiezos y defectos, incluyendo nuestras desobediencias y
reincidencias,
durante el año, pero también veremos los muchos
refrescantes de la gracia de
Dios en nuestras vidas al Revivirnos, al Renovarnos, al Restaurarnos, y
muy
ciertamente, ¡en Reformarnos! Si esto no ha sido tu experiencia,
mi querido
amigo, entonces tengo que decir que o eres un extranjero a la Gracia de
Dios, o
has sido tan endurecido en tu reincidencia que ya no “sientes” la
convicción
del pecado; o peor, ¡quizás Dios te ha dejado en tus
pecados! Oh, ¡ojala que no
sea así!
Quizás habrá alguno que lee estas palabras
y dirá,
“¡Oh!, yo he tratado hacer lo mejor para vivir como cristiano y
ser afectuoso,
solicito, y responsable como creyente en Cristo. Pero no importa lo que
he
tratado; y sí, incluso en orar, ¡todavía no lo
puedo hacer!” Yo te oigo, amigo
mío; y creía que otros dirán lo mismo. Esto, por
supuesto, es lo que trae a
muchos en hacer una resolución para el Año Nuevo. Ellos
están cansados de ser
tan bancarrotas, y realmente quieren tener un “comienzo nuevo”; y
así qué, ¿que
más grande oportunidad tienen que el Año Nuevo? Esto
podrá ser muy noble y
loable, pero si verdaderamente estamos interesados acercas de todo
esto,
entonces tenemos que tratar con “la raíz
del negocio” (Job 19:28); y es, ¡NUESTRO PROPIO PECADO!
Tenemos que
reconocerlo y confesarlo; porque el pecado ha sido envuelto en cada
decisión
que hicimos por todo el año, o en ser derrotados, o en ser
victoriosos. Así que
entonces, nuestra única esperanza que tenemos para “empezar de
nuevo”, no es en
hacer una resolución del Año Nuevo para tratar en vivir
la vida cristiana, sino
en confesar nuestros pecados y pedir perdón por amor de Cristo;
porque, ¡tiene
qué comenzar con ÉL! Es ÚNICAMENTE “en
Cristo”, que “las cosas viejas
pasaron”, incluso nuestros “pecados viejos”, y “todas
son hechas nuevas”, de modo que AHORA puedes otra vez andar
la Vida Nueva en Cristo en este año venidero.