free web hosting | website hosting | Business Web Hosting | Free Website Submission | shopping cart | php hosting
SUSPIROS DE ORACIÓN
Por Arturo W. Pink
Traducido por Lasaro Flores
VIDA GRACIA SOBERANA

    Los ejercicios del alma y las congojas del corazón hallan expresión en los suspiros y sollozos, en los quejidos y gemidos, pero de tal manera que nunca son producidos simple por la naturaleza. La palabra "suspiro" tiene una fuerza mucha más fuerte en su uso Bíblico que en nuestra conversación ordinaria, o debemos decir, en el habla más moderno, porque por trescientos años pasados ellos significaban un lamento en vez de una marca de petulancia. "Y los hijos de Israel suspiraron á causa de la servidumbre" (Éxodo 2:23), el significado del cuál es explicado en el siguiente versículo: "Y oyó Dios el gemido de ellos" (v.24). "El gemido de ellos" expresa el padecimiento y la tristeza de ellos bajo la opresión de sus cuadrilleros egipcios. Así que otra vez, leemos que el penosamente afligido Job declaró; "Pues antes que mi pan viene mi suspiro; Y mis gemidos corren como aguas" (Job 3:24). Así que por los suspiros de oración intentamos aquellas agitaciones y aspiraciones del alma que son virtualmente sinónimos con los gemidos.

    Un "suspiro" es una declaración inarticulada, y un clamar indistinto para el rescate. En veces los santos son oponidos y perturbados que no pueden hallar lenguaje adaptado a sus emociones: donde las palabras les fallan, los pensamientos y los sentimientos de sus corazones hallan expresión en los suspiros y clamores. Los trabajos del corazón de un cristiano bajo la presión del pecado que mora dentro, las tentaciones de Satanás, la oposición de los impíos, la carga de una sociedad desagradable, la impiedad del mundo, el estado bajo de la Causa de Cristo en la tierra, son describidos variamente en las Escrituras. En veces se dice de estar "afligidos" (1 Pedro 1:6), de clamar "de los profundos" (Salmo 130:1), de "bram(ar)" (Salmo 38:8), de "desmayá(r)" (Salmo 61:2), de estar "medroso" (Salmo 88:15). Las sacudidas y la angustia de su alma son describidos como "gemi(d)os" (Romanos 8:23). Los gemidos del creyente no solo son expresivos de la tristeza, pero también de la esperanza, de la intensidad de sus deseos espirituales, de su palpitar detrás de Dios, y su deseo ardiente para la bienaventuranza que le espera en lo alto - "Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial;... Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo, gemimos agravados; porque no quisiéramos ser desnudados; sino sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida" (2 Corintios 5:2,4). Tales ejercicios del alma son peculiares para los regenerados, y por ellos el cristiano se puede identificar a sí mismo. Si el lector ahora es súbdito a las tristezas y los suspiros, a los cuales era un extranjero total mientras en el estado natural, entonces se puede asegurar que ya no esta muerto en los pecados. Si se halla a sí mismo gemiendo sobre la infección de su corazón y aquellos trabajos de la corrupción interior que estorban de amar perfectamente, y servir sin interrupción, a Dios como desea de hacerlo, eso es prueba que un principio de santidad ha sido comunicado a su alma. Si gime sobre las concupiscencias de su carne encontra aquel principio de santidad, entonces tiene que estar vivo para Dios.

    El mundano gemiera sobre las penas comunes de la vida, tales como la pérdida monetarias, el dolor del cuerpo, la muerte de un amado, pero eso es únicamente la voz de la naturaleza. Pero el mundano nunca llora en secreto sobre lo resfriado de su corazón o las actividdades de la incredulidad. Los "gemidos" o los "suspiros" son la prueba de la vida espiritual, el palpitar detrás de la santidad, el hambrear y la sed detrás de la justicia. Ellos son, como el Sr. Winslow lo expresó, "Los tañidos reglados del cielo." Ellos son las prendas seguras del rescate (2 Corintios 5:4). Ellos son las marcas de la unión del cristiano con Aquel quien es el "varón de dolores" (Isaías 53:3). Antes que Cristo sanara al sordo , leemos que "mirando al cielo, gimió" (Marcos 7:34), lo cual expresa Su simpatía con el sufridor, como uno que "se pueda compadecer de nuestras flaquezas" siendo "tentado en todo según nuestra semejanza" (Hebreos 4:15). Y otra vez, cuando los Fariséos vinieron a Él, "tentándole" en pidiendole una seña del cielo, se nos dice que Cristo "gim(ío) en su espíritu" (Marcos 8:11,12), lo cuál denotaba Su santa indignación al pecado de ellos, una tristeza piadosa por sus personas, y un pesar dentro Su propia alma; porque "él mismo padeció siendo tentado" (Hebreos 2:18). Su santidad sintió el contacto con la maldad. "Lo más cercas que alguno está al cielo, lo más que desea de estár allí. Porque Cristo está allí. Porque lo más frecuente y firmes son nuestras miradas de Él por la fe, la más que anhelamos y gimiémos para la remoción de todas obstrucciones y impedimentos. El gemir es un deseo vehemente, mezclado con la tristeza, por la falta presente de lo que se desea" (Juan Owen).

    Ahora, ¡los gemidos y suspiros espirituales del cristiano son interpretados por Dios como oraciones! Aquellos sacrificios que son aceptables a Él son el "corazón contrito y humillado " (Salmo 51:17). Los sollozos del alma son de gran precio delante de Él. Los gemidos del creyente son un lenguaje inteligible al cielo: "Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro" (Salmo 6:8): aquel "lloro" poseye una súplica a Él que la elocuencia de la oración profesional no tiene. "Señor, delante de ti están todos mis deseos; Y mi suspiro no te es oculto" (Salmo 38:9).

    Nuestras lágrimas le dicen Él de la tristeza piadosa, nuestros gemidos son las aspiraciones de un espíritu contrito."Jehová miró de los cielos á la tierra, Para oir el gemido de los presos" (Salmo 102:19,20). Aquí entonces esta la consolación: Dios es privado a nuestros suspiros secretos; Cristo esta en contacto con ellos (Hebreos 4:15); ellos ascienden al cielo como peticiones, y son prendas seguras de rescate.

                  Referencia Usada: Studies in the Scriptures - 1947 por A. W. Pink