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POR QUÉ EL AVIVAMIENTO ES TODO DE GRACIA 

“Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos” (Oseas 14:4) 

Sólo podemos esperar por un Avivamiento si Dios de Su buena voluntad quiere de enviarnos uno. Tenemos que mirar a Su misericordia y gracia para que la promesa de nuestro texto sea verdad para nosotros. Tristemente, hay aquellos alrededor de nosotros que insisten que si hemos de tener un Avivamiento tenemos que hacer algo acercas de ello. En hecho, a lo menos desde los tiempos de Carlos Finney, la idea general ha sido que depende en nosotros para traér Avivamiento..., que depende en nosotros para iniciar todo lo necesario para hacerlo. Me parece que esto es la idea costumbrada de lo que generalmente casi todos creen acercas del Avivamiento. Podemos ver esto cuando las iglesias sientan ciertos días del año para servicios especiales de Avivamiento e invitan a un evangelista particular, o popular, para que sea el predicador “avivatista”. También, un cierto alcance es promovido durante estos servicios particulares; y de lo que yo he visto recientemente es preparado para las “emociones y sentimientos” de la gente. Pero tristemente, la clase de servicios de avivamiento que son muy común hoy en día muy raramente producen algún Avivamiento, o Despertamiento Espiritual, en el sentido verdadero de la palabra. Bromeando, muchos dicen que después de los servicios de avivamiento el predicador se llevó el avivamiento cuando se fué.

Ahora, nuestro texto lo hace muy claro que el Avivamiento es por Dios___, que Él restaura a los reincidentes de vuelta a Él, y es porque Él quiere de hacerlo. Primero, note lo que Él dice, “Yo medicinaré su rebelión”. Esto confirma lo que dije al principio, que nuestra única esperanza  para el Avivamiento es que Dios se agrade de enviarnos uno; y ya que no podemos sanar nuestra reincidencia, tenemos que mirar a Su gracia para nuestra sanidad espiritual de nuestros pecados. Aún David reconoció que el Avivamiento depende sobre la gracia de Dios cuando ora: “¿No volverás tú á darnos vida, Y tu pueblo se alegrará en ti?” (Salmo 85:6). También, el profeta Habacuc ora: “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia” (3:1). ¿Por qué tenemos que mirar a Dios para el Avivamiento? Simplemente porque Él es el Único quien tiene el poder para darnos uno. La reincidencia no es simplemente tener un resfriado, o una fiebre pequeña. La reincidencia es muy seria; y puede ser terminal. Sí, podemos decir que la reincidencia es como un cancer incurable, o aún la lepra. Entonces, eso quiere decir que uno quien tiene cancer o la lepra tiene que mirar afuera de sí mismo para la sanidad. Por lo tanto, el reincidente tiene que mirar a Dios por ella.

Creo que podemos ver a Mateo 8 como un ejemplo de esto. Allí vemos a un leproso que viene al Señor Jesús, lanzandose a sí mismo sobre Su misericordia y gracia, cuando dijo: “Señor, si quisieres, puedes limpiarme” (v.2). Note que el leproso no presumó en la misericordia del Señor, sino también en Su gracia. El Señor podría haberlo dejado como estaba, pero le dijo al leproso: “Quiero; sé limpio” (v.3). ¿No es esto lo que promete en nuestro texto: “Yo medicinaré su rebelión”?Oh, ¡como necesitamos recordar que “Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3), y quien “Confortará mi alma” (23:3)! Tenemos que asegurar que guardamos esto en cuenta: ¡Él es nuestra ÚNICA ESPERANZA, de otra manera estamos PERDIDOS! Anna nos dice en 1 Samuel 2:6 – “Jehová mata, y él da vida: El hace descender al sepulcro, y hace subir”; o como Él mismo dice en Deuteronomio 32:29 – “Yo hago morir, y yo hago vivir: Yo hiero, y yo curo”. En otras palabras, Él es el ÚNICO quien nos puede Avivar y sacarnos de la sepultura de la reincidencia. Sabiendo esto, ojalá que oremos como el Salmista: “Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado” (Salmo 41:4); porque Él también promete en Jeremías 3:22 – “Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones”. Así que nuestra respuesta sea: “He aquí nosotros venimos á tí; porque tú eres Jehová nuestro Dios” (mismo versículo).

Secundariamente, notamos que también dice: “Amarélos de voluntad”. ¿Que movería a Dios para amarnos, no sólo cuando estabamos perdidos y muertos en nuestro pecados, pero aún ahora como Su hijos cuando nos recaemos en el pecado? ¿No tendría toda razón para simplemente lanzarnos en el infierno por despreciar Su amor y a Él? Por supuesto, si tiene, ¡sino fuera por Su Gracia Admirable! Note otra vez, Él dice: “Amarélos de voluntad”. No es que simplemente los AMA, ¡sino que lo hace DE VOLUNTAD (gratuitamente)! Amados, eso quiere decir que no hay absolutamente nada que recomiende, o haga al reincidente atractivo, para que Dios lo ame aparte de Su gracia. Pero a pesár de todo lo que el reincidente hace, or ha hecho, Él promete de amarlos “de voluntad”. Las palabras “de vountad”  son de la palabra Hebrea que quiere decir que es un amor “espontáneo”; en otras palabras, es un amor “voluntario”, o que “origina de sí mismo”, es a saber, de Dios. Oh, alabado sea Dios que Él “es amor” (1 Juan 4:8,16); y porque ÉL ama “á los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin” (Juan 13:1) “con amor eterno” (Jeremías 31:3), de que absolutamente nada los “podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). ¡¡¡Aleluya!!!

Entonces, esto quiere decir ya que Dios ama a Su pueblo “de voluntad”, ¡el Avivamiento será TODO DE GRACIA! Él hará TODO lo que es necesario, y suplirá TODO lo que se necesita para Revivir, para Renovar, para Restaurar, y para Reformar a Su santos quienes se han recaído al pecado. Considere lo que le dice a Su pueblo reincidente referido como a Ephraim: “¿Cómo tengo de dejarte, oh Ehpraim? ¿he de entregarte yo, Israel? ¿cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como á Zeboim? Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis conmiseraciones. No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir á Ephraim...” (Oseas 11:8,9). Aún aunque “está (su) pueblo adherido á la rebelión contra (él)” (v.7), y merecen de ser castigados como Adma y Zeboim (ciudades que fueron destruídos con Sodoma y Gomorra), todavía podemos ver el corazón de Dios en Su Amor, y Gracia, y Misericordia hacia Su pueblo rebelde que no los destruirá. Por lo tanto, podemos decir con toda certeza que Él “con cuerdas humanas..., con cuerdas de amor” (v.4) los traerá atrás a Él en Avivamiento Total. Amén.

Terceramente, notamos otra cosa que Dios dice: “Porque mi furor se apartó de ellos”. Uno de los conceptos más tristes que he oído y leído de otros acercas de Dios es que por que Dios es amor y misericordioso, Él nunca se enojará con Su pueblo; y si se enoja, lo pintan como uno quien “guiña el ojo” y le dice al pecador, “Oh, Yo entiendo, sólo estás siendo humano”. Pero, amados, lee las Escrituras: Dios si se enoja con Su pueblo; hay muchos ejemplos de esto. “Y el furor de Jehová se encendió en Israel, é hízolos andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fué acabada toda aquella generación, que había hecho mal delante de Jehová” (Números 32:13); “Porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está; porque no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la haz de la tierra” (Deuteronomio 6:15); “Vuélvenos, oh Dios, salud nuestra, Y haz cesar tu ira de sobre nosotros(Salmo 85:4); “Sabemos quién es el que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará su pueblo. Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo” (Hebreos 10:30,31). ¿Por qué oraría David: “JEHOVA, no me reprendas en tu furor, Ni me castigues con tu ira” (Salmo 6:1); “No escondas tu rostro de mí, No apartes con ira á tu siervo: Mi ayuda has sido; No me dejes y no me desampares, Dios de mi salud” (27:9)?

Sí, Dios se enoja con Su pueblo, y los castiga; y en veces severamente. No es sólo un golpecillo cariñoso en la mano como algunos tratan de implicar. Todavía, en Su misericordia en no tratar con nosotros como lo merecemos, Él quita de nosotros Su enojo. Como el profeta Miqueas dice: “¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia” (7:18); y también; “Empero él misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía: Y abundó para apartar su ira, Y no despertó todo su enojo(Salmo 78:38). Cada uno de nosotros debemos de poder decir con el Salmista: “No ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; Ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados” (103:10). ¿Por qué? Porque en Su misericordia no nos ha dado lo que merecemos, sino que en Su gracia nos ha dado lo que no merecemos; y eso es, en ser perdonados de nuestra reincidencia porque se acuerda que “nos hizo aceptos en el Amado” (es a saber, en Su Hijo, el Señor Jesucristo), “En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia” (Efesios 1:6,7).

Ahora, en cerrar, déjame decir esto: La promesa maravillosa de nuestro texto no es separado de la oración. Note en Oseas 1:1,2, lo que se le dice al pueblo de Dios: “CONVIÉRTETE, oh Israel, á Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros palabras, y convertíos á Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y daremos becerros de nuestros labios”. Amados, no puedes separar el Avivamiento Verdadero de la Oración del reincidente. Pero entienda que nuestro deseo para Orar también viene de la Gracia de Dios, eso es, porque es el “espíritu de gracia y de oración” (Zecarías 12:10) que es derramado sobre el pueblo de Dios que los mueva a orar. Por lo tanto, en ser convencidos de nuestro pecado (“porque por tu pecado has caído”), somos traídos a orar en confesión y quebrantamiento (“Quita toda iniquidad, y acepta el bien”) para el perdón de nuestros pecados y para ser restaurados en nuestra relación á Él; o como algunos dicen que puede significar, “de recibirnos para atrás para nuestro bien”, o “toma el bien que nos haz dado para Tu gloria”. De cualquier manera, nuestro Dios recibirá TODA LA GLORIA, como es entendido por, “y daremos becerros de nuestros labios”. ¡Le alabamos por las riquezas de Su gracia derramadas sobre nosotros en un Avivamiento Total!

Así que, pueblo amado de Dios, vamos a empezar de orar como nunca hemos orado antes para que nuestro Dios venga a ser como dice á Su pueblo, “Yo seré á Israel como rocío” (Oseas 14:5) para que lo siguiente sea verdad de nosotros: “Él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Extenderse han sus ramos, y será su gloria como la de la oliva, y olerá como el Líbano. Volverán, y se sentarán bajo de su sombra: serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid: su olor, como de vino del Líbano” (vv.5-7). Que “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10) nos conceda por “el Espíritu de gracia” (Hebreos 10:29) de recibir “gracia sobre gracia” (Juan 1:16) de la plenitud de Jesucristo. Amén.