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ZINZENDORF Y LOS MORAVOS
Por David Smithers
Traducido por Lasaro Flores
Vida Gracia Soberana


Conde Zinzendorf

Por toda la historia de la Iglesia, siempre ha sido los amadores más ardientes de Jesús quienes han sentido la falta más grande de más de Su presencia. Seguramente es esta clase de los santos a los cuales pertenece el Conde Zinzendorf. Para Zinzendorf, el compañerismo amoroso con Cristo era la manifestación esencial de la vida Cristiana. En toda la vida del Conde, "Su presencia bendita" era su motivo todo consumador. Él había escogido desde un edad temprana como lema de su vida la confesión que ahora es famosa; "Yo solo tengo una pasión; es Jesús, solo Jesús".

Un Varón De Oración

Fluyendo del amor apasionado de Zinzendorf para Cristo vino una vida disciplinada en la oración. "Desde muy temprano, el Conde Zinzendorf había aprendido el secreto de la oracion prevalenciente. Tan activo había sido en establecer grupos de oración que en saliendo del colegio en Halle, a la edad de 16 años, el le entregó al famoso profesor Franke una lista de siete sociedades de oración". También precediendo el avivamiento grande Moravo de 1727, era el Conde Zinzendorf quien era acostumbrado de animar la oración para un derramamiento fresco del Espíritu Santo. Juan Greenfield nos describe la oración constante que siguió el avivamiento de 1727. "¿Había habido siempre en toda la historia de la iglesia tal junta asombrosa de oración como la que comenzando en 1727, que continuara por cien años? Era conocida como la ´Intercesión A Cada Hora´. Y esto quería decir que por relevos de los hermanos y las hermanas, la oración sin cesár era hecha a Dios por toda la obra y las faltas de Su iglesia". El mejor antídoto por una Iglesia sin poder es la influencia de un hombre de oración. La influencia de la vida de oración del Conde Zinzendorf no terminó con una comunidad pequeña. Últimamente continuó a influir todo el mindo.

Almas Para El Cordero

Al crecer la pasión de Zinzendorf para Jesús, también así su pasión por los perdidos. Vino a ser determinado para evangelizar el mundo con un puñado de los santos, solo equipado con un amor ardiente por Jesús y el poder de la oración. Prontamente la Hermandad Morava recibió y perpetuó la pasión del líder de ellos. Un sello fue designado para expresar el fervor misionero hallada de nuevo. El sello era compuesta de un cordero sobre un base carmesí, con la cruz de la resurrección y una bandera de triunfo con el mote: "Nuestro Cordero ha conquistado, vamos a seguirle". Los Moravos se reconocían a sí mismos en deuda al mundo como los fidei-comisarios del evangelio. Eran enseñados de abrazar un estilo de vida de abnegación, de sacrificio y de obiencia pronta. Ellos seguían el llamado del Cordero de ír a dondequiera y con el énfasis en los lugares más difíciles y peores como teniendo el primer derecho. Ningun soldado de la cruz ha sido tan valiente como explorador, más paciente o persistente en las dificultades, más heróico en el padecimiento, o más enteramente devotado a Cristo y a las almas de los hombres que la Hermandad Morava.

Bellamente los Moravas explicaban la motivación de ellos para las misiones en el sigiuente reporte evangélico de 1791: "El motivo simple de los hermanos de enviar misioneros a las naciones distantes era y es un deseo ardiente para promover la salvación de los hombre compañeros de ellos, en hacerles conocer el evangelio de nuestro Salvador Jesucristo. Les da tristeza de oír de tantos miles y de millones de la raza humana sentados en las tinieblas y gimiendo debajo del yugo del pecado y de la tiranía de Satanás; y recordando las promesas gloriosas dadas en la Palabra de Dios, que también los paganos han de ser el galardón de los padecimientos y la muerte de Jesús; y considerando Su mandamiento a Sus seguidores, de ír por todo el mundo y predicar el evangelio a cada criatura, eran llenos con las esperanzas de confianza que si íban en obediencia a, y creyendo en Su palabra, el labor suyo no sería en vano en el Señor. No se desmayaban reflejando en la pequeñez de sus medios y habilidades, y que casi no sabían el camino a los paganos cuya salvación deseaban tan ardientemente, ni por el prospecto de padecer durezas de toda clase, y aún quizas la pérdida de sus vidas en el tratarlo. No obstante, el amor de ellos por su Salvador y sus compañeros pecadores por quienes Él había derramado Su sangre, sobrepugaba todas estas consideraciones. Ellos salían en el poder del Dios suyo y Él obraba maravillas en favor de ellos."

Los Moravos habían aprendido que el secrceto de amar las almas de los hombres era hallada en amar el Salvador de los hombres. En el 8 de octubre de 1732, una nave Holandés salió del puerto de Copenhagen para los Antillas danés. A bordo estaban los dos primeros misioneros Moravos, Juan Leonardo Dober, un alfafero, y David Nitschman, un carpintero. Ambos eran oradores diestros y prestos para venderse a sí mismos a la esclavitud para alcanzar los esclavos de los Antillas. Al salir la nave, levantaron un pregón que un día llegaría ser un llamado de reunión para todos los misioneros Moravos, "Que el Cordero inmolado reciba el galardón de Su padecimiento". La pasión de los Moravos para las almas era solo sobrepasado por la pasión de ellos para el Cordero de Dios, Jesucristo.

Ellos Tenían Todas Las Cosas En Común

Otra visión del Conde Zinzendorf era de la restauración de la comunidad Apóstolica. Él trabajó para establecer una comunidad de los santos que se amaban y se apoyaban unos a otro mediante la oración, el animo y la obligación de dar cuentas. Hasta un sumo grado, la visión de Zinzendorf vino a ser una realidad en la aldea pequeña de Herrnhut. Un sentido profundo de comunidad era mantenido mediante grupos pequeños basado en los interéses y necesidades comunes, en himnos unificantes e originales y juntas de oración continúos. En 1738, Juan Wesley visitó "este lugar feliz", y era tan impresionado que comentó en su diario, "Yo alegremente pasaría mi vida aquí... Oh, ¿cuando cubrirá este cristianismo la tierra como las aguas cubren el mar?"

Él No Tenía Ninguna Otra Felicidad Sino De Estar Cercas De Él

En ninguna manera era la vida del Conde Zinzendorf sin defecto, pero uno no puede evitarlo sino de ser movido por su pasión consumador y preocupación con la persona de Jesucristo. Una mirada de su amor ardiente por Jesús puede ser captuarada en la siguiente carta: "Nuestro método de proclamar la salvación es esto: en puntar a cada corazón el amante Cordero, quien murió por nosotros, y aunque Él era el Hijo de Dios, se ofreció a sí mismo por nuestros pecados... por la predicación de Su sangre, y de Su amor hasta la muerte, aun la muerte de la cruz, nunca, o sea en el discurso o en el argumento, de apartarnos aun por un cuarto de hora del Cordero amante: en nombrar ninguna virtud excepto en Él, y de Él y de Su cuenta, - de predicar ningún mandamiento excepto la fe en Él; ninguna otra justificación sino por la que Él hizo expiación por nosotros; ninguna otra santificación sino el privilegio de no pecar mas; ninguna otra felicidad sino de estar cercas de Él, en pensar de Él y hacer Su placer; ninguna otra abnegación sino de ser deprivido de Él y de Sus bendiciones; ninguna otra calamidad sino en desagradarle; ninguna otra vida sin en Él".

¡La fuente de el suceso del Conde Zinzendorf estaba atada en su lealtad total y amor por JESUCRISTO! De la misma manera, la fuente de las faltas de la Iglesia moderna esta en su devoción indiferente y desatención abierta por el Amador de sus almas. Como la Novia de Cristo , estamos en falta de un VERDADERO arrepentimiento antigüa desentrañador. Hoy en día, Jesús, el Novio con el corazón dolorido, todavía clama a nosotros, "Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras..." (Apocalipsis 2:4,5).